Chicanos

Ana Belaunzarán O'Gorman

Lic. en Historia, 2do. Semestre

Grito a los cuatro vientos ¿quién soy en realidad? ¿mexicano o americano, gringo, americano-mexicano, chicano, pocho, pachuco...? Pues, ¿dónde está mi identidad? Ah! ya sé, tendré fe en nuestra madre santa, la virgen de Guadalupe, sí! La Guadalupana! ella sabrá responder y mientras tanto, “yo” espero y espero...

No podemos negar la situación existente acerca de esta “nueva raza”, cultura o como queramos llamarle, que se presenta como una problemática que existe desde tiempo atrás; y como tal ha ido adquiriendo mayor fuerza en cuanto al número de emigrados a los Estados Unidos de América, juntándose con los ya residentes o los simplemente nacidos ahí, pero que guardan costumbres “mexicanas.”

Pero antes de llegar a un análisis de esta realidad, hago una breve referencia histórica, en el aspecto de cómo va surgiendo este apego a nuestro territorio vecino. Para comenzar, generalmente hablamos de chicanos, cholos, etcétera, pero desconocemos su raíz, así mismo su significado. Antiguamente, el término chicano tenía un significado peyorativo que hacía referencia al mexicano de clase “inferior”1; éste, viene a raíz de la referencia que se hacía al obrero mexicano recién llegado a los Estados Unidos, y que fue a través de la red ferroviaria norte americana y su conexión con México, que la migración a finales del siglo diecinueve, se volvió cercana y accesible.

Las causas en cierto modo eran las mismas que actualmente: desconfianza en un país que no resultaba digno de vivir en un cierto nivel socioeconómico merecedor, y el deslumbramiento ante un país (Estados Unidos), que “brindaba” grandes esperanzas pero sin saber realmente la verdad a la que se enfrentarían.

Por otra parte se encuentra “el pocho”, que se cree sería el mexicano americanizado, el cual “se sentía más de allá que de acá”,2 así mismo lo encontramos en su origen etimológico de raíz indígena opata (potzi) que significa “arrancar la hierba”3, o sea, arrancar de su nacionalidad. Este tipo de personaje sería entonces, el que daría lugar a la marginación social de sus mismos compatriotas, pues se encontraba en un rango “más elevado” por no ser obrero, y utilizar una lengua perfectamente bilingüe que le otorgaba un mayor status o posición social. Y bueno, los ya conocidos pachucos, característicos de los años treinta. En fin, pachucos, chicanos, o cholos como se les quiera nombrar son los entes en su papel de súbditos manipulados del gobierno norteamericano, que abarcan todo un universo ideológico difícil de definir.

Hablando ahora de la realidad actual, existen infinidad de causas (las cuales no menciono todas), que han conducido a la creación de esta “nueva tierra”, sobre todo, lo que viene siendo California que, como sabemos en un momento de nuestra historia perteneció al país, pero que ahora parece vislumbrar la reconquista de éste.

Esta realidad no reside solamente en una necesidad de trabajar y buscar una mejor calidad de vida económica, sino que es un conflicto psico-social que todos como mexicanos venimos arrastrando desde la conquista. Acarreamos resentimiento, dolor, pobreza, injusticia, desconfianza, promesas, engaños e infinidad de sentimientos entremezclados que fueron moldeando una personalidad; un perfil psicológico del mexicano sobre todo de clase social económica baja, cayendo poco a poco en la no nueva sumisión, pero que vio en nuestro vecino del norte una chispa de luz que podría mitigar aunque sólo fuera el hambre, y sobre todo lograr una aceptación social como seres dignos merecedores de ésta.

Como ya se sabe, a través de inves-tigadores reconocidos conocemos los trágicos pasajes de la historia de México y esa falta de cohesión que había como nación: hubo guerras, enfrentamientos disputándose el poder unos con otros, sin realmente buscar soluciones para un país, que por donde voltearan, había un descontrol social, político y económico; provocando pobreza, inconformidad, coraje, idealismos... y hasta esclavitud. Todo este contexto favoreció la huida de muchos mexicanos a Norteamérica y muy claramente lo podemos ver con algunas estrofas del corrido El lavaplatos4 en la década de los veinte:

Soñaba en mi juventud

ser una estrella de cine

y un día de tantos me vine

a visitar Hollywood

 

Un día muy desesperado

por tanta revolución,

me pasé para este lado

sin pagar la inmigración.

Adiós sueños de mi vida

adiós estrellas del cine

vuelvo a mi patria querida

más pobre de lo que vine...

Ahora haciendo referencia a lo que es el chicano. Actualmente existen cuatro tipo de migrantes: en primer lugar están los que son ciudadanos norteamericanos, es decir, aquellos que se desnaturalizaron; en segundo término, están los residentes que pueden vivir y trabajar de manera indefinida en Estados Unidos, conocidos popularmente como emigrados; en tercer lugar los que tienen visa de trabajo, la green card o tarjeta verde que pueden vivir y trabajar en cualquier parte de Estados Unidos, y por último, los que tienen mica o pasaporte fronterizo.5

Ahora bien, hablando del aspecto psicológico de las mentes de estas personas, vemos una realidad, un conflicto “bicultural, bilingüe y un fuerte bisensibilismo.”6 O sea, una lucha por buscar un lugar en donde postrarse seguramente como individuo que porta una identidad.

No es mi afán atacar solamente la falta de identidad que sufren los chicanos, puesto que el resto de la población mexicana acarreamos también con un biculturalismo, y no me refiero a esa biculturalidad norteamericana (aunque también presente), sino a esa doble identidad: española e indígena, desde tiempos de la conquista. Pero no es el punto a exponer, sino hacer énfasis a esta ideología psicológica que envuelve al mexicano-americano: el chicano. Es pues, una persona que arrastra el  complejo del mexicano, ese sentimiento de inferioridad por pertenecer a un tipo de clase social baja y reprimida, y que al emigrar a Estados Unidos, cambia toda su ideología, adquiere una idiosincrasia, y aunque crean tener un trabajo digno, en el fondo saben lo explotados que están siendo.

Un día platicando con una persona chicana que venía de vacaciones a visitar a sus “paisanos” y a recordarse a sí mismo: “soy mexicano de corazón.” Me decía: Pues como ves, ya traigo los dólares pá gastarlos a mi antojo, ahora que sí los tengo y presumirlos a los jodidos de aquí. Y yo pensaba que se iban a Estados Unidos a ganar dólares y ahorrarlos!(sí! claro que ahorrarlos!, pero para venirlos a gastar a la fiesta de “su pueblo”). –Me acerco y le digo: ¿Disculpa, tienes un encendedor que me prestes? Me dice: ¿qué? Sí, encendedor, le digo señalándole mi cigarro, y contesta: oh! Sí, fire, la laira! Fue con esta mezcla de vocablos mexicanos-americanos que siguió mi conversación, por lo que pude concluir que ese  Ah sí!, con el que siempre tendemos a decir que sí a todo, dando lugar a una especie de resignación, ya no existe, ahora se ha modificado por el oh sí! (que a final de cuentas es lo mismo que el Ah sí!); refugiándonos y depositando toda nuestra confianza en nuestra “santa madre” la castísima virgen de Guadalupe, la cual los chicanos han decidido tomar como estandarte, y no nada más esto, sino como símbolo: es su escudo, su protectora, su aliada, su bastón, su pan, su patrona, su valium.

Toda esta ideología nos ha llegado a México ya sea por moda, por ser vecinos de Estados Unidos, o inconscientemente; pero lo vemos por doquier, sobretodo en los cholos y su forma de conducirse muy semejante a la de los chicanos, y bueno, hasta para muchos de nosotros que lo podemos hacer presente en vocablos que utilizamos como: estoy en shock, me da el shake, estoy out, y así muchos más, que comercialmente se califica como vida loca.

Retomando esto del complejo del mexicano, que es un rechazo a nosotros mismos, es un querer ser y no tia racial del resultado físico-genético de un bebe al nacer; lo divinizan si tiene piel y ojos claros; se menosprecia al obscuro, pero al mismo tiempo, se presume con orgullo este color, raíz de nuestros antepasados indígenas; se odia a nuestros vecinos norteamericanos, pero los imitamos, deseamos los beneficios que otorga el gobierno estadounidense al ciudadano, pero luego decimos, No! Si nosotros somos “patriotas” de corazón. Así es como vivimos esta gran contradicción ideológica, claro está, hablando en términos generales. Todo esto viene de raíz como hilos conductores del cruce ideológico y cultural que nos trajo este choque de dos mundos (indígena-español) e infinidad de realidades interrelacionadas. A consecuencia de todo esto y más, surge el chicano en su esencia, sin excluir cuestiones políticas, económicas y demás.

Sin hacer solamente alusión al chicano, como ser, como ente, y hablando de lo que es la comunidad chicana, se descubre también, que es un grupo heterogéneo que se mueve en diferentes círculos culturales, socio-económicos y políticos, donde hay desde meseros a empresarios, desde amas de casa hasta artistas dignos de elogio.

Para terminar, no hago referencia a causas y consecuencias de esta problemática; es solamente el querer crear un poco de conciencia a este fenómeno que está latente: ya sea como una expresión contracultural, como una verdadera necesidad, o hasta por presiones psicológicas provocadas éstas por el consumismo actual pero, que forma en cierta manera, parte de nuestra cultura y avanza rápidamente, ya sea como problemática o como beneficio, dependiendo al nivel que se observe y se asimile, o sea, dependiendo la realidad que se viva. Pues como quiera que sea, los chicanos han entrado de manera definitiva en la historia de México y Estados Unidos. Entonces ¿Cuál será el resultado final de la fusión entre estas dos culturas?

 

AÑORANZA

Yo creía ya agotado

Todo aquel caudal sensible

De mi fuente lacrimal

Pero aquí de pie de nuevo

En el uno cero cuatro

Que abrigó mi juventud

Se ha escapado inesperado

Un suspiro cristalino

Conmovido busco ansioso

Los paisajes y perfiles

Que de joven conocí

Y en el ámbito vigente

Con la magia del recuerdo

Veo el barrio de mi ayer...8

 

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Notas:

 

1Villanueva, Tino (Compilador), Chicanos: antología histórica y literaria, Fondo de Cultura Económica, México, 1980,p.7

2 Idem. p.10

3 Idem. p.12

4 Idem. p.8

5 Durant, Jorge, Arias, Patricia, La experiencia migrante, Editorial Pandora, México, 2000, pág. 193

6 Villanueva, Tino, Op.Cit. p.65

7 Actualmente en los vocablos norteamericanos que se utilizan en el habla mexicana, se utiliza wanna be o mejor dicho quiero ser, para designar a personas que quieren ser alguien mas de lo que son y no pueden, o les cuesta trabajo llegar a ser esa persona idealizada

8 Idem. p.278, Poema de Roberto Galván

 

 

 

 

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