ANTOFAGASTA

Antofagasta no te conocí hasta ayer. Asustado llegaba hacia ti, pues las descripciones capitalinas eran lapidarias. Eras seca, hostil, inamistosa, y llegue a ti, y tu llegaste a mí invadiéndome, y me sentí tuyo. Tus cerros secos, de mil colores, tu mar verde, azul, gris, reverberante en las noches, si parece que todas las estrellas se bañan en e, sólo de noche. Tu gente parece hostil, desconfiada, no generosa, pero como parecerlo, sí la tierra que posees Antofagasta es seca y no maduran las semillas. El minero debe ganarle, a tu desierto sin trigo, el pan, el que obtiene con el cobre, del salitre y del oro. Cuando entré en la tierra árida me encontré con el trabajo del minero y me hice uno con los hombres tuyos Antofagasta. Sólo ahí los conocí. Y son amistosos, generosos, y viven de mil fantasías. El mar te alimenta también en forma dura, con sus pescadores de amanecida, y son duras sus caras, como todos lo que te habitan pero como ser de otro modo si nada es fácil en ti Antofagasta. A ti, hay que conocerte, enamorarte, conquistarte enamorarse y entregarse por entero, entonces y solo entonces te descubres y te muestras toda, como sólo saben hacerlo los que se enamoran.

[Página inicial] [Página Anterior] [Página Siguiente]

Hosted by www.Geocities.ws

1