Hemos caminado hoy,
sobre el crepúsculo
del atardecer del desierto
y nos adentramos también
en la noche oscura y estrellada.
Respiramos polvo de estrellas
trasnochadas y descubiertas
en el amanecer de nuestra tierra.
Tus manos eran de estrellas
y en tus ojos oscurecidos por la noche,
relucían luceros encendidos.
Buscamos en el espacio infinito,
astros lejanos y perdidos.
Jugábamos a cazar planetas lejanos.
Mirábamos asombrados
los misterios estelares.
La noche oscura del desierto
se iluminaba con tu presencia.
En la tierra estabas tú,
luminosa, resplandeciente
y en la bóveda del cielo
titilaban y refulgían
astros y estrellas.
Tú mirabas hacia
la luz del cielo
y yo miraba hacia
la luz tuya,
iluminadora siempre
de mis ojos perdidos.
Mi mirada nocturna la dirigía
hacia tu espacio estelar,
hacia la luminosidad tuya,
siempre eterna.