Desde niño sentí
la partida como
un tren perdido en
el atardecer.
Al caer la noche,
sentía que te ibas,
no te conocía aún
y entristecía cuando
la noche asomaba.
¿Cuantos amores se han ido
desde entonces?.
Sentía ya los abandonos,
con el último beso, llenos
de promesas futuras de
retorno.
¿Cuantos volvieron?
Vivía las palabras del poeta
y veía desde el fondo de los
ojos de cada enamorado,
un niño triste y perdido.
Hoy ese niño está en mis ojos
y te pierdo, sin haberte siquiera
encontrado.
El tren del crepúsculo ha llegado
hoy para mí y para tí.
Siento todo el dolor de tantas
despedidas.
¡De todas las despedidas ¡
Fuiste sueño, y quimera, fantasía,
ilusión de niño desolado y perdido.
Lo llenaste todo.
Y hoy estoy vacío,
no te encuentro
¡No te encontraré¡
¡No me encontrarás¡
Te perdí el día que te encontraba,
te soñaba y ya no estabas.
¿Como he de hallarte entonces?
No soy dueño de tu tiempo futuro,
ni tu del mío.
Fuiste y serás el tren crepuscular
de despedida, de mi niñez.