Te conozco Chiloé, desde niño,
eras solo leyendas entonces,
eras para mí, isla de la fantasía
y del ensueño.
Te conocí a través del Caleuche,
El Trauco y los Pelapechos
y por otras tantas historias,
contadas y cantadas.
Te conocí, ahora, siendo amante
del norte de Chile
y sintiéndome, yo,
desierto atacameño.
Me embrujaste,
con los misterios
de tu isla grande y
de las pequeñas que te envuelven,
con tus bosques llenos,
con tus parajes tan distintos
a mi tierra árida.
Y también te amé,
amé, a tu gente sencilla,
alegre y generosa
como mi gente.
El mar que te baña, Chiloé,
es más agresivo que el nuestro
y también me enamoró,
como lo hizo mi mar nortino alguna vez.
Al conocerte, isla hermosa
uní, contigo, el desierto grande
a través de un salto de amor,
y confundí tus leyendas lejanas
con las que conozco hoy,
transmitidas por esta otra tierra,
seca y hermosa.
Mis ojos no fueron suficiente
para conocerte, tierra lejana,
los llenaste con tu belleza
indescriptible, tal y cual como,
el desierto me llena el alma.