CHILOE

Te conozco Chiloé, desde niño, eras solo leyendas entonces, eras para mí, isla de la fantasía y del ensueño. Te conocí a través del Caleuche, El Trauco y los Pelapechos y por otras tantas historias, contadas y cantadas. Te conocí, ahora, siendo amante del norte de Chile y sintiéndome, yo, desierto atacameño. Me embrujaste, con los misterios de tu isla grande y de las pequeñas que te envuelven, con tus bosques llenos, con tus parajes tan distintos a mi tierra árida. Y también te amé, amé, a tu gente sencilla, alegre y generosa como mi gente. El mar que te baña, Chiloé, es más agresivo que el nuestro y también me enamoró, como lo hizo mi mar nortino alguna vez. Al conocerte, isla hermosa uní, contigo, el desierto grande a través de un salto de amor, y confundí tus leyendas lejanas con las que conozco hoy, transmitidas por esta otra tierra, seca y hermosa. Mis ojos no fueron suficiente para conocerte, tierra lejana, los llenaste con tu belleza indescriptible, tal y cual como, el desierto me llena el alma.

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