Ayer volví a tener doce años como cuando te leí, hace ya tanto tiempo. Estuve en Hungría en la calle Pal, sufrí cada una de las aventuras de mi niñez, volví a mi escuela y a mi barrio. De nuevo en clases, con mis compañeros y amigos tan lejanos y perdidos en el tiempo, no los de Hungría sino, los de mi barrio. Integré de nuevo esa pandilla, con la cual ya defendíamos lo que creíamos justo. Te leí de nuevo y no quería terminarte, pues si lo hacia, mi niñez reencontrada se iría con tu última hoja. Pero no pude resistir conocer el fin de la aventura y volví a ser adulto, con los recuerdos de mi niñez mas frescos y claros. Libro amigo, gracias por darme el reencuentro con tantos que ya no están, con los que estuvieron conmigo, con los amigos perdidos. Gracias por trasladarme a mi barrio, a mi escuela de barrio pobre y transportarme a una calle lejana de la Europa desconocida, a un país jamas visto, pero que lo sentí mío.
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