INTRODUCCION:El propósito fundamental de este
artículo consiste en esbozar una reflexión acerca de
aspectos importantes en la evaluación psicológica actual,
centrándonos fundamentalmente en el proceso de evaluación
seguido dentro de la psicologia clínica. En el se discuten
los modelos de evaluación más utilizados actualmente: La
evaluación conductual y la evaluación tradicional.
Aunque el sustrato empírico y teórico de la evaluación
tradicional ha sido criticado duramente, se ha favorecido el
desarrollo de la evaluación conductual. Las nuevas
concepciones de los modelos de rasgos significan un
acercamiento entre ambos puntos de vista.
El análisis critico sobre la evaluación psicológica
comporta ciertas dificultades debido a la diversidad de
enfoques teóricos y también por la constante aparición de
nuevas aportaciones teóricas y prácticas.
Sin embargo, durante las ultimas décadas, el desarrollo
de la disciplina evaluativa, empezando por la figura del
evaluador (ha pasado de ser un asesor tradicional a ser uno
conductual) ha contribuido a considerarla una actividad
paralela y simultanea a la elección y aplicación de
tratamientos.
A continuación, examinaremos los dos modelos de
evaluación tradicional y conductual, mencionando algunas
características estimadas adecuadas para poder ser
contrastados.
EVALUACIÓN TRADICIONAL
En opinión de Chorot, el diagnostico tradicional
supone un modelo de evaluación que falla a la hora de
proporcionar una información adecuada, útil y relevante para
que el psicólogo lleve a cabo su labor terapéutica. Así, la
evaluación se entiende como una actividad independiente y
separada del tratamiento (Ciminero)
La evaluación tradicional se caracteriza por la
existencia de contructos internos de la personalidad
que explican y determinan, en mayor o menor grado, la
conducta del sujeto. De modo que ésta es entendida como la
manifestación indirecta de alguna disposición interna,
con lo que en opinión de ciertos autores se generan un
máximo de inferencias y se recogen muy pocos datos.
Podemos concluir que estamos ante un modelo de rasgos
que va a acoger un planteamiento correlacional y un
supuesto de consistencia frente al planteamiento
experimental y supuesto de especificidad ofrecido por la
evaluación conductual, que más tarde veremos.
Debido a que los contenidos de los ítems de los tests
reflejan únicamente los rasgos de personalidad del
individuo: la conducta nunca es obsevada directamente, de
ahí que el modelo de evaluación tradicional tenga que
valerse de metodos de medida indirectos. Como por
ejemplo pueden ser las técnicas proyectivas y las
psicométricas.
Las primeras derivan de las teorías dinámicas de la
personalidad y por lo tanto, reflejan los aspectos
inconscientes y los conflictos internos subyacentes al
psiquismo del individuo (por ejemplo: el test de
Rorschach). Estas técnicas evaluativas han sido
fuertemente criticadas por cuestiones metodológicas de
fiabilidad y validez. De hecho, a pesar de los enormes
esfuerzos realizados por los investigadores de la materia
para operativizar y hacer objetivas las técnicas
proyectivas, estas, actualmente no pueden ser
consideradas como instrumentos científicos y precisos de
evaluación.
Por otra parte, las técnicas psicométricas se valen de
tests estandarizados, construidos en base a estrategias
teórico-racionales, empíricas y factoriales, que pretenden
evaluar las variables organísmicas o rasgos del sujeto.
Estas son las que van a conformar la perspectiva
correlacional. Como ejemplos tenemos el MMPI ( Minnesota
Multiphasic Personality Inventory)
Pero a mediados de los años sesenta, se empieza a
producir un fuerte cuestionamiento de la adecuación de los
instrumentos de medida tradicionales y tiene lugar un
importante giro hacia los determinantes situacionales de la
conducta.
EVALUACIÓN CONDUCTUAL
También llamado en las ultimas décadas “Análisis
funcional de la conducta”, se apoya fundamentalmente en
los conocimientos adquiridos por la psicologia
experimental, lo que supone una vuelta al método
científico. Este, según Pelechano, representa una
especialidad en auge.
A grandes rasgos, la evaluación conductual trata de
determinar de una manera operativa, objetiva y cuantitativa
las relaciones causales que surgen entre la conducta
problema y los factores que la provocan. De ahí que se
incluyan tanto las conductas directamente observadas como
las encubiertas.
La gran diferencia entre el enfoque tradicional y el
conductual, estriba en que en el primero la evaluación y
el tratamiento son independientes.
Contrariamente, en el segundo, la actividad evaluadora es
inseparable del tratamiento y en ese sentido debe servir
de base para la intervención (Fernández-Ballesteros)
Desde una postura interaccionista, el enfoque
conductual se caracteriza por explicar la conducta en base a
la interacción entre las variables organísmicas y las
variables situacionales (sujeto y ambiente). La evaluación
se centrara en datos observables y consistentes con
la realidad empírica, de manera que los niveles de
abstracción son muy bajos. Por lo tanto, las respuestas del
sujeto serán tomadas como una muestra representativa de la
conducta ocurrida ante situaciones ambientales que provocan,
mantienen o inhiben tales respuestas.
En definitiva, la evaluación conductual utiliza
patrones de respuesta específicos ante situaciones
determinadas y analiza la conducta en términos de
antecedentes y consecuencias. Dado que se ocupa de las
conductas concretas, se requiere un análisis especifico y
adecuado a cada sujeto: tiende a dirigirse al caso
individual (metodología idiográfica)
REFLEXION:
Una vez comentadas las características de ambos modelos
de evaluación, podemos deducir que la diferencia
básica reside en la forma de explicar la conducta
del sujeto.
Desde la postura tradicional, esta ultima vendría
dada por los rasgos de personalidad (constructos
internos).Y aboga por una conducta con un alto grado de
consistencia transituacional y estabilidad temporal. Si
el comportamiento emana esencialmente de las características
propias y peculiares con que el sujeto aborda una situación
concreta, quedando las variables situacionales en un segundo
plano, parece lógico esperar que la conducta presente un
grado considerable de continuidad y consistencia a lo largo
del tiempo y de las diversas situaciones. Así las variables,
mecanismos y estructuras subyacentes en la persona son las
responsables de la determinación de la conducta en grado
máximo, a la vez que de la continuidad y consistencia de la
misma.
Sin embargo el enfoque conductual, pone el acento
explicativo en el contexto situacional en el que la
conducta se manifiesta, por lo que sus centros de interés se
dirigen hacia el valor determinante de la situación, la
especificidad de la conducta y la conveniencia de estudiar
sistemáticamente los parámetros que definen la situación. Al
estimar las características de la situación como los
factores explicativos de la conducta, se deduce lógicamente
su carácter variable y especifico.
Aquí cabe hacer un alto para formular una pregunta a los
teóricos situacionistas: ¿Qué me dicen sobre los estados?
¿Qué me dicen sobre la tristeza o la alegría?
Entre los críticos de estos planteamientos
teóricos, contamos con Holzman, que advierte que: “El
esquema conductual ha sido elaborado a expensas de la
eliminación arbitraria de la complejidad de la conducta
humana”.
Otro autor que aquí sería interesante mencionar es
Bermúdez: “...si bien el estudio de la situación es
importante, el enfoque situacionista entendido desde una
postura radical es totalmente inadecuado, al igual que
ocurre con el modelo de rasgos, resultando en cierto modo
insostenible entender y estudiar las situaciones como algo
independiente de la persona...”
Desde nuestro modesto punto de vista, las explicaciones
derivadas de cada enfoque por separado, se muestran
insuficientes, sobre todo cuando el objeto de estudio es
la conducta humana.
Esto nos lleva a pensar en la vieja problemática de la
disciplina Psicológica: el eterno complejo de poco
científica, que lleva a que los investigadores se
radicalicen y se repartan en dos frentes: internalistas y
ambientalistas, idealistas y materialistas, organicistas y
mecanicistas, realistas y escépticos, subjetivistas y
objetivistas... Pero estos enfrentamientos no solo abundan
en las investigaciones psicológicas, sino que ocurre hasta
en las mejores “familias”; recordemos sino los acalorados
debates filosoficos entre los partidarios de la razon contra
los devotos del empirismo. También podríamos citar una larga
lista de términos que conocemos enfrentados, como por
ejemplo: cualitativo vs cuantitativo, idiografico vs
nomotético, categorial vs dimensional... Vemos pues, como la
historia del pensamiento humano avala la polemica que hoy
nos ocupa.
Vayamos por partes.
La evaluación conductual, en sus aspectos
metodológicos, utiliza la observación y los registros
objetivos con bajos niveles de inferencia o abstracción
para así evitar las posibles variables contaminantes. Esto
es muy propio del espíritu científico: buscar el rigor y la
exactitud de la objetividad. El evaluador se ciñe a la
realidad y no a como quiere que sea esa realidad.
En cambio, la perspectiva tradicional, propia de
los teóricos del rasgo, considera que las variables
personales juegan un papel predominante sobre los factores
del ambiente y se valen de técnicas proyectivas y
psicométricas para llevar a cabo las evaluaciones
(propio de la metodología nomotética). Pero aquí
también podemos hacer una pregunta a los partidarios de este
enfoque: “¿ Las personas se comportan igual en todas las
situaciones?”
Podemos adelantar la respuesta: obviamente, no.
Acudiremos de nuevo a la historia para tratar de dar
solución a este enfrentamiento. Haciendo alusión al
anteriormente citado debate Racionalismo-Empirismo,
proponemos el ejemplo del mayor representante de la
Ilustración Alemana: Kant.
El pensamiento Kantiano puede dividirse en dos etapas:
La primera, el periodo precrítico, donde es un filósofo
racionalista continuador de Liebniz, partidario pues de la
razón para conocer el mundo.
La segunda, el periodo critico, donde reconoce la
necesidad de la experiencia y la razón
utilizadas conjuntamente para conocer la realidad. (Critica
de la Razón Pura). Aún hoy en día en el siglo XXI, este
problema no esta del todo resuelto, pero no resulta una mala
idea y puede ser un paso adelante.
En la línea de Kant, y siguiendo con el tema que nos
atañe, pensamos que lo mejor es combinar o fusionar ambos
métodos: al valerse de ambos, el campo que no abarca uno
de ellos, lo abarca el otro, de manera que se nos escape el
mínimo de información posible acerca del sujeto a evaluar.
A este propósito, Bermúdez nos dice: “Los aspectos
más importantes de la conducta humana, surgen a partir del
continuo proceso de interacción entre situación,
organismo y conducta... Al mismo tiempo, la conducta,
fruto de la relación estructura orgánica-contexto estimular,
altera las condiciones, tanto del organismo como del
contexto, dando lugar a cambios que no traducen
sencillamente la acumulación cuantitativa del efecto de cada
una de los factores actuantes; mediante esta mutua
interrelación se producen estados que son cualitativamente
diferentes a los precedentes (Bermúdez 1989, p.81)
En este sentido, la integración propuesta por los
planteamientos interaccionistas parecen muy adecuada ya que
parte de la consideración de la interacción de las variables
personales y situacionales como unidad de análisis y
explicación de la conducta. Este planteamiento integrador se
desprende que la conducta se debe, en parte, a factores
de diferenciación individual, en parte, a las
características de la situación, pero fundamentalmente a la
interacción entre las características de ambos polos de la
disensión.
Resultaría interesante analizar en función de que
características, bien sean de la persona o de la situación,
la conducta permanece estable o varia. Así, cualquier
manifestación conductual refleja tanto características de la
persona como de la situación.
CONCLUSIÓN
Unas conductas pueden estar en mayor medida determinadas
por factores personales en algunos sujetos: en otros
sujetos las mismas conductas pueden estar determinadas en
mayor medida por factores situacionales. En vez de
pretender dilucidar si los determinantes de una conducta son
internos o externos, lo que realmente interesa es analizar
de que forma los factores personales y situacionales se
interrelacionan y codeterminan en su influencia sobre la
conducta para cristalizar en el desarrollo y mantenimiento
del patrón de estabilidad y cambio que cada individuo
presenta en su conducta.
En definitiva, la cuestión es ver como interactúan
persona y situación para conseguir en el individuo un
patrón coherente de comportamiento que le identifique.
Y estamos seguros de que la confluencia de la
investigación tradicional con las aportaciones realizadas
por el modelo conductual generarán una gran apertura hacia
nuevos e interesantes tipos de datos.
BIBLIOGRAFÍA
_CHOROT, P. (1984) Perspectivas actuales y futuras de la
evaluación psicológica. Revista de Psicologia General y
Aplicada.
_FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (1992) Introducción a la
evaluación Psicológica. Madrid, Pirámide.
-GOROSTIAGA, A. Fundamentos Metodológicos de la
Psicologia. UPV, Donostia.
_IBÁÑEZ AGUIRRE, C. Evaluación Psicológica: lecciones
introductorias. Servicio editorial UPV, Bilbao.
_ZUMALABE, J.M. (1993) Tendencias actuales en el estudio
y la evaluación de la personalidad. Servicio Editorial UPV,
Donostia.
Reflexión sobre las diferencias entre la evaluación
tradicional y la evaluación conductual