PatricioM - Argentina (10/09/2004)
La actitud es un tema del
que hablamos permanentemente cuando juzgamos a nuestro
personal. Es una variable que ponemos sobre la mesa cada
vez que tenemos que premiar o castigar. Es la atenuante
o agravante que muchas veces inclina la balanza. Incluso
solemos ponerla sobre otros valores a la hora de
evaluar.
Entonces ¿a qué llamamos actitud? A nuestra postura o
forma de colocarnos, dirigimos o realizar algo según
nuestro estado de ánimo.
Normalmente en el ámbito laboral lo asociamos a la
voluntad o intención con que nos desempeñamos.
Son las emociones las que la regulan y las percepciones
las que alimentan.
Podemos enunciar de éste modo que nuestra actitud va a
depender de las emociones y percepciones negativas o
positivas que vivamos.
Pero hay algo que incide en nuestra actitud laboral que
es la motivación por un lado y el gusto por realizar
nuestra tarea.
Ambos a su vez se ven afectados por muchos otros
factores.
¿Se puede manejar la actitud? Sí, se puede a través de
ejercitar actitudes positivas frente a los problemas.
Las actitudes positivas se basan en la práctica de
virtudes relegando a su vez los defectos o utilizando
las malas experiencias para la corrección y el
aprendizaje.
Difícilmente se pueda exigir a nuestro personal que
tengan una actitud positiva si no tiene:
Motivación.
Buena interrelación con sus pares y jefes.
Condiciones agradables y seguras de trabajo (ambiente).
Compañerismo.
Confianza.
Trabajo en equipo.
Objetivos laborales claros.
Vida emocional estable.
Posibilidades de progreso.
Conocimiento de su trabajo.
Trabajo dinámico.
Posibilidades de aportes al trabajo.
Justicia dentro del trabajo.
Tranquilidad laboral.
Trasparencia de gestión.
Satisfacción por la tarea.
Aquí solo enumeramos algunas condiciones que a menudo
escuchamos como factores de quejas o factores que hacen
llevadero el trabajo.
¿Cuantos de éstos factores dependen de los mandos para
mejorarlos?. Incluso deben estar dentro de los objetivos
primarios del líder.
Es función fundamental del líder fomentar la actitud
positiva dentro del entorno laboral.
Las actitudes positivas provocan la satisfacción del
equipo de trabajo y de la actitud personal de los
involucrados a través del reconocimiento y del éxito
alcanzado.
Por el contrario un entorno negativo y la crítica
permanente provocan desmotivación y más fracasos. El
clima se transforma en contagioso y provoca la
desintegración del equipo haciendo perder el interés
laboral y hasta detestar a su jefe.
Viéndolo de éste modo quien trabaja en seguridad observa
entre el personal los diferentes estados de ánimo de los
guardias de seguridad especialmente a través de las
actitudes. A quién le gusta el trabajo seguramente tiene
una actitud diferente a la que no le gusta. Quien conoce
las tareas su actitud es diferente a quien desconoce las
consignas. Así veremos a guardias que parecen haber
nacido para trabajar en seguridad y a otros que terminan
abandonando el rubro.
Ahora al momento de evaluar al personal ¿Cuánto
conocemos de lo que sucede dentro de nuestro ámbito
laboral? ¿Qué determina las actitudes que el personal
tiene?
Somos actores principales de nuestro propio destino y
fiel reflejo de nuestras actitudes.
A triunfar!