| PAREMOS EL FASCISMO, por Mart�n Gu�dez | ||||
| Lo ocurrido en Alto Prado, zona del Este de la ciudad de Caracas habitada por clase media, es s�lo un episodio m�s, ni el primero ni el �ltimo, tampoco el m�s importante de cuantos se han vivido en los �ltimos tiempos en esta ciudad postrada a los pies del cerro El �vila. Es s�lo uno m�s. Uno m�s, entre muchas expresiones de la t�pica intolerancia fascista a la cual ha sido conducida una parte de la sociedad venezolana, formalmente adscrita a valores cristianos y democr�ticos. | ||||
| Lo grave del episodio no est� en su naturaleza inocultable sino en la incapacidad para verse a s� mismos, como en un espejo, a quienes lo protagonizaron. Quiz�s les pasa como a aquel buscador de hongos, que se enfadaba con su compa�ero que acababa de encontrar un reloj entre las hierbas: �Pero t� en que est�s? �Buscando hongos o Rolex?. | ||||
| Los de la ?sociedad civil? del Este caraque�o est�n buscando hongos, ocupados en parar las ?agresiones? del r�gimen contra sus medios y las posibles agresiones contra sus ?cosas?. Y, claro, no pueden distraerse con sus propias expresiones. El lenguaje de sus pitos, cacerolas y banderas soporta impasible la agresi�n, la discriminaci�n y su propia concepci�n fascista de la vida social. Quienes pensamos que con la actuaci�n democr�tica de los sectores progresistas �puede dificultarse el ascenso fascista, debi�ramos anotar que es urgente repensar el fascismo y comprender su vigencia. | ||||
| La mejor referencia del fascismo sigue siendo el nazismo alem�n. Porque Hitler lleg� al poder en unas elecciones democr�ticas, y en uno de los pa�ses m�s desarrollados y cultos del mundo, de la mano de una mayor�a de alemanes que ni siquiera eran nazis. Y m�s tarde, con Hitler ya en el poder y aniquilada toda posibilidad de oposici�n democr�tica interior, el nazismo prepar� la mayor destrucci�n de vidas humanas de la historia, ante la pasividad incre�blemente irresponsable de los principales pol�ticos ?democr�ticos? de Europa. | ||||
| La violencia est� en el n�cleo inicial del fascismo. Como los fascismos alem�n, italiano o espa�ol de los a�os treinta, el fascismo venezolano est� naciendo en medio de un ambiente de tolerancia democr�tica inaudita. Pero fue al llegar al poder cuando se vio clara la falacia de los primeros fascistas. Y es que la violencia es m�s que nunca necesaria en democracia para quien se empecina en vencer a los propios convecinos, cuando sabe que ya no le va a ser posible convencerlos. | ||||
| Aunque la violencia por s� sola no basta para que surja el fascismo. En el caso de los nazis, la violencia f�sica encontr� el mejor complemento en el lenguaje. As�, toda la terminolog�a utilizada por los pichones de fascistas venezolanos posee los ingredientes necesarios para transfigurarse en violencia f�sica. Adolf Hitler aport� su especial talento para transfigurar la violencia en un lenguaje totalitario. Sus discursos empezaban hundi�ndose en el victimismo para resurgir luego como profec�as terribles. Tales discursos hubiesen parecido pat�ticos o c�micos. Pero no era para tomarlos a broma, porque la violencia real que los nazis practicaban colmaba de sentido las palabras y los gestos m�s histri�nicos. | ||||
| La finalidad de todo ese montaje no es otro que el poder. Un poder pol�tico y social sin l�mites. Sobre todo, sin l�mites morales. Es lo que los nazis llamaban el triunfo de la voluntad. Si no puedes hacer que te amen, haz que te tengan terror. Y hacen de su principal carencia una virtud, erigi�ndose a s� mismos en encarnaci�n de la voluntad de la gente. Vencer en tales condiciones exige eliminar, no s�lo f�sica, sino sobre todo moralmente a cualquier adversario potencial. Aqu� el lenguaje viene a sumarse a la violencia y se convierte en fascista, al servicio del poder plutocr�tico totalitario. | ||||
| El poder no es s�lo el fin de ese movimiento. Es tambi�n el medio que permite m�s poder, mayor violencia y que su lenguaje llegue a silenciar cualquier otra voz. Aqu� radica uno de los mayores errores que solemos cometer muchos dem�cratas. Creemos que con el poder y la estabilidad econ�mica se moderan los fascistas. Cuando sucede lo contrario, que cuanto m�s poder tienen, m�s quieren y mayores son sus posibilidades de arrancarlo. Las metas del fascismo se mueven siempre hacia delante. | ||||
| El lenguaje totalitario tiene una primera funci�n de coartada para la violencia. Pero, m�s a�n, sirve de multiplicador de los efectos de la violencia f�sica. Agredir a unos pocos para aterrorizar a miles. Y una funci�n a�n m�s importante, legitimar a los criminales fascistas y deslegitimar, presentando como criminales, a quienes se atreven a oponerse. Por desgracia, esto no s�lo lo hacen los fascistas. Partidos de historial democr�tico contribuyen a la legitimaci�n del fascismo de formas m�s sutiles y sin ning�n peligro de caer bajo el c�digo penal. Es una alquimia del lenguaje capaz de trasmutar en oro acu�ado el plomo de las balas. | ||||
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