| EL�XIR DEL ESTERCOLERO DEMOCR�TICO, por Mart�n Gu�dez | ||||||
| ������ La democracia, seg�n Lincoln, es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No es m�s fiel este t�tulo a la naturaleza real de sus contenidos que muchos otros con los cuales se han envuelto, como en papel de regalo, las m�s caras aspiraciones de la especie humana. Ya desde su origen en el viejo mundo hel�nico, la democracia, era en realidad un sistema de gobierno que exclu�a a las grandes mayor�as y garantizaba el acceso al poder s�lo a unos sectores bien determinados. | ||||||
| ������ Posteriormente, a partir de la Revoluci�n Francesa, la democracia devino en un sistema muy apropiado para el desarrollo y evoluci�n de una agresiva nueva clase social que, encontr� en ella el marco adecuado para su revolucionario sistema econ�mico que requer�a de: libertad, para la circulaci�n de sus mercanc�as y la contrataci�n de la mano de obra asalariada; igualdad, en el trato con los m�s d�biles, de modo que �stos resultaran oprimidos por el poderoso y; fraternidad, de los primeros entre iguales de este singular sistema. | ||||||
| ������ En los tiempos m�s recientes los pueblos han debido soportar el fraude de la democracia representativa y burguesa,� que abri� el camino a la participaci�n de los eternos excluidos, s�lo que para elegir una vez cada cierto n�mero de a�os y retornar a la cueva oscura de sus pesares a rumiar su miseria hasta nuevo aviso. Hoy, cuando en Venezuela se ha puesto en marcha un nuevo modelo de democracia, participativa y protag�nica, que est� recogida en la Constituci�n Bolivariana aprobada en diciembre de 1999, la vieja democracia representativa, envuelta en el vaho nauseabundo de lo extinto asoma sus peores lacras: la plutocracia, en la versi�n m�s grosera que haya conocido la humanidad, unos pocos se�ores, sin m�s m�rito que el requerido para robar en grande, arrog�ndose el poder supremo de decisi�n sobre lo humano y lo divino en cuanto ata�e al pueblo venezolano. | ||||||
| ������ �Qu� representatividad popular, distinta a la de cualquier hijo de vecina, ostenta el magnate de nuevo cu�o Gustavo Cisneros para concertar los t�rminos en que se desarrollar� la campa�a electoral que se avecina con el Presidente Hugo Ch�vez, elegido en justa lid por m�s de tres millones setecientos mil ciudadanos?, �Acaso, de conformidad con el principio de igualdad consagrado en la Constituci�n, podr�a cualquiera de nosotros exigir al Presidente una reuni�n para ?tratar sobre el tema??. | ||||||
| ������ Esta es una perversi�n inaceptable que pareciera haber preocupado a muy pocos. Es inaceptable que los competidores del Presidente, en un escenario verdaderamente democr�tico, sean unos cuantos se�ores del dinero sin m�s legitimidad que la derivada de sus abultadas cuentas bancarias. Es absolutamente inaceptable que la interlocuci�n al poder leg�timo sea ostentada por unos pocos ladrones, seg�n lo proclama el titular a ocho columnas, letras de guerra y en rojo del pasqu�n llamado DIARIO 2001, que reza: ?LOS MEDIOS DE OPOSICI�N SE REUNIR�N CON EL GOBIERNO?. | ||||||
| ������ El acabose, el el�xir del estercolero democr�tico, la quinta esencia de la plutocracia m�s abyecta. A un sector mayoritario de los venezolanos los representa un l�der pol�tico, un proyecto social y econ�mico, una constituci�n y al otro sector un grupo de vulgares mercachifles, charangueros y ladrones. Pero, la indignaci�n que me embarga en estos momentos no la motiva s�lo la osad�a de esta gentuza o el dolor de la mediocridad irredenta en la cual han ca�do muchos de nuestros compatriotas opositores, algunos de ellos hombres cultos y formados, am�n de buenos amigos. La indignaci�n me la provoca la estulticia, acaso bondadosa y de buena fe, de algunos de nosotros. Hace unos minutos, interrogada por unos periodistas la compatriota, miembro del Comando Maisanta, Mari Pili Hern�ndez, expres� su complacencia por la reuni�n de Cisneros con el Presidente de la Rep�blica y Comandante de un proceso revolucionario, porque ?eso indica que Cisneros admite por f�n y reconoce el liderazgo del Presidente?. | ||||||
| ������ �Desde cuando, compatriota Mari Pili, necesita el Comandante Ch�vez el ?reconocimiento? de Cisneros si posee el �nico reconocimiento que otorga legitimidad: el del pueblo venezolano?. En momentos como los actuales, cuando nada nos es m�s necesario que la unidad, opto por atribuir esto a un desafortunado desliz de esta valiosa compatriota, pero en todo caso queda en pie la necesidad de colocar, m�s temprano que tarde, a estos plut�cratas atrabiliarios en el lugar que les corresponde: el estercolero de la historia.� | ||||||
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