ANDRES ELOY BLANCO
Renuncia
He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quede mirando como el río se
iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña
los dientes;
como el marítimo que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillos otoñales,
con los ojos estáticos y las manos
vacías,
que empañan su renuncia, soplando,
los cristales
en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final ¡ Cuántas veces el
anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos !
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio
dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta
el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
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Píntame
angelitos negros
¡ Ah mundo ! La Negra Juana,
¡ la mano que le pasó !
se le murió su negrito,
sí señor.
Ay, compadrito del alma,
¡ tan sano que estaba el negro !
yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso,
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.
Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de Santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.
Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tanto pintores viejos
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.
Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mangos
por las barriadas del cielo.
Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.
Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientitos y de los buenos.
Aunque
No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros
y entonces ¿ Adónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento ?
Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
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Las
uvas del tiempo
Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están
de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ Ah cómo
gritan !
claro como que todos tienen su madre cerca...
Yo estoy tan solo, madre,
¡ tan solo ! pero miento, que ojalá
lo estuviera;
estoy con tu recuerdo y el recuerdo es un
año
pasado que se queda.
Si vieras, si escucharas este alboroto: hay
hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores de sartenes,
cencerros y cornetas,
el hálito canalla
de las mujeres ebrias,
el Diablo con diez latas prendidas en el rabo
anda por esas calles inventando piruetas
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas.
Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda
para olvidar que hay alguien que está
cerrando un libro,
para no ver periódica liquidación
de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
por lo que sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una pérdida.
Aquí es de tradición que en
esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año
Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compás
de las horas,
las doce uvas de la noche vieja.
Pero aquí no se abrazan ni gritan:
"Feliz Año"
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola y la tristeza
del que está al margen del tumulto
acusa
lo inevitable de la casa ajena.
¡ Oh, nuestras plazas, donde van las
gentes,
sin conocerse, con la nueva buena !
las manos que se buscan con la efusión
unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un
árbol,
le dicen de honda fortaleza:
Venir, compadre, que las horas pasan,
¡ pero aprendamos a pasar con ellas
!
Y el cañonazo en la Planicie
y el Himno Nacional desde la Iglesia,
y el amigo que viene a saludarlos:
Feliz Año, señores, y los criados
que llegan,
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.
Y el beso familiar a media noche:
la bendición, mi madre.
Que el señor te proteja...
y después, en el claro comedor, la
familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos y tú,
madre, a mi lado
y mi padre algo triste presidiendo la mesa.
¡ Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia !
¡ Mi casona oriental ! aquella casa
con claustros coloniales portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los Reinos de la Naturaleza
Al lado, el gran corral donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia,
el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las
abejas !
Bajo el parral hay un estanque,
un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca.
Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces
una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus telas blancas,
sorda a la canción de las abejas...
Y ahora, madre, que tan solo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoye que exprimo la uva de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue
dulzura
las uvas de la ausencia.
Y ahora me pregunto:
¿ Por qué razón estoy
yo aquí ? ¿qué fuerza
pudo más que tu amor, que me llevaba
a la dulce anonimia de tu puerta ?
¡ oh, miserable vara que nos mides !
el Renombre, la Gloria... ¡ pobre cosa
pequeña !
cuando dejé mi casa para buscar la
Gloria,
¡ Cómo olvidé la gloria
que me dejaba en ella !.
Y ésta es la lucha ante los hombres
malos
y ante las almas buenas;
yo soy un hombre a solas en busca de un camino;
¿Donde hallaré la rapidez camino
mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre, la vereda que corta
por los campos frutales, pintada de hojas
secas
siempre recién llovida,
con pájaros del trópico, muchachas
de la aldea,
hombres que dicen - Buenos días, niño
-
y el queso que me guardas siempre para merienda
?
esa es la gloria, madre, para un hombre
que se llamó Fray Luis y era poeta.
Oh, mi casa sin críticos, mi casa donde
puede
mi poesía andar como una Reina !
¿ Qué sabes tú de formas
y doctrinas,
de metros y de escuelas ?
tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti yo soy grande cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...
Y mientras exprimimos en las uvas del tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando
y el momento de irnos está cerca
y no pensamos que se pierde todo!
Por eso en esta noche mientras pasa la fiesta
y en la última uva Libo la última
gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar y en sus ojeras
y manos pulcras y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva,
que eres hermosa, madre todavía
y yo estoy loco por estar de vuelta
porque tú eres la gloria de mis años
¡ y no quiero volver cuando estés
vieja !...
Uvas del tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca
¡ Cómo me pierdo medre en los
caminos,
hacia la devoción de tu vereda !
Y en esta algarabía de la ciudad borracha
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los
meses
yo me acojo al recuerdo como niño en
una puerta.
Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.
Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre
cerca
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta...
Y vino toda la acidez del mundo
al destilar sus doce gotas trémulas
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la noche vieja.
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AQUILES NAZOA
Amor,
cuando Yo muera
Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
no llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras "pataletas" que al vecindario alarmen
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.
No te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte
el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de !Bésame!.
Hazte, amada, la sorda cuando algún
güelefrito
dictamine, observándome, que he quedado
igualito.
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira
cuando alguno comente que parece mentira.
Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda:
Yo quiero ser un muerto como los de Neruda;
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores:
!Eso es para los muertos estilo Julio Flórez!
No se te ocurra, amada, formar la gran "llorona"
cada vez que te anuncien que llegó
una corona;
pero tampoco vayas a salir de indiscreta
a curiosear el nombre que tiene la tarjeta.
No me grites, amada, que te lleve conmigo
y que sin mí te quedas como en "Tomo
y Obligo",
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada
a divulgar detalles de mi vida privada.
Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen
todas;
no copies sus estilos, no repitas sus modas:
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre
extinto,
!sepa la menos el mundo que fui un muerto
distinto!.
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