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Unía a sus dotes de poeta de la más alta calificación la correcta ejecución de nuestros instrumentos típicos, como también del violín y del piano, así como la composición musical y el arte de la pintura. Fué integrante de la “Lira colombiana” de Pedro Morales Pino, su maestro musical, amigo y compadre, en la que ejecutaba el violín y era vocalista. El pasillo “Mis flores negras” , del cual es autor y compositor, y cuya primera grabación estuvo a cargo del dueto Briceño y Añez en Nueva York en 1924, fué su mayor éxito en materia de composiciones musicales. Atacado por una dispepsia hepática busca un sitio tranquilo de clima caliente en procura de un alivio y es así como se radica en Usiacurí, pequeña municipalidad del Departamento del Atlántico. Allí logra una real mejoría en su salud y se dedica a negocios de finca raíz. Una noche conoce a Petra Moreno Nieto, hermosa declamadora costeña en la flor de sus quince años, recitando sus poemas. Inicia una relación que termina en unión libre y cinco hijos: Evangelina Cielo, Lastenia Divina Alegría, Dolores Lira, León Julio y Hugo Policarpo. Ya con los hijos en edades juveniles decide legalizar su unión y contrae matrimonio en 1922 Meses mas tarde su salud sufre deterioros irreparables. Julio Flórez murió el 7 de febrero de 1923 en Usiacurí, Atlántico. |
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Ruge el mar, y se encrespa y se agiganta;
la luna, ave de luz, prepara el vuelo
y en el momento en que la faz levanta,
da un beso al mar, y se remonta al cielo.
Y aquel monstruo indomable, que respira
tempestades, y sube y baja y crece,
al sentir aquel ósculo, suspira...
y en su cárcel de rocas... se estremece!
Hace siglos de siglos, que, de lejos,
tiemblan de amor en noches estivales;
ella le da sus límpidos reflejos,
él le ofrece sus perlas y corales.
Con orgullo se expresan sus amores
estos viejos amantes afligidos:
ella le dice "te amo!" en sus fulgores,
y él prorrumpe "te adoro!" en sus rugidos.
Ella lo duerme con su lumbre pura,
y el mar la arrulla con su eterno grito
y le cuenta su afán y su amargura
con una voz que truena en lo infinito.
Ella, pálida y triste, lo oye y sube,
le habla de amor en su celeste idioma,
y, velando la faz tras de la nube,
le oculta el duelo que a su frente asoma.
Comprende que su amor es imposible,
que el mar la copia en su convulso seno,
y se contempla en el cristal movible
del monstruo azul, donde retumba el trueno.
Y, al descender tras de la sierra fría,
le grita el mar: "en tu fulgor me abraso!"
no desciendas tan pronto, estrella mía!
estrella de mi amor, detén el paso!
Un instante mitiga mi amargura,
ya que en tu lumbre sideral me bañas!
no te alejes!...no ves tu imagen pura,
brillar en el azul de mis entrañas?"
Y ella exclama, en su loco desvarío:
"por doquiera la muerte me circunda!"
Detenerme no puedo monstruo mío!
Compadece a tu pobre moribunda!
Mi último beso de pasión te envío;
mi postrer lampo a tu semblante junto!...
y en las hondas tinieblas del vacío,
hecha cadáver, se desploma al punto.
Entonces, el mar, de un polo al otro polo,
al encrespar sus olas plañideras,
inmenso, triste, desvalido y solo,
cubre con sus sollozos las riberas.
Y al contemplar los luminosos rastros
del alba luna en el obscuro velo,
tiemblan, de envidia y de dolor, los astros
en la profunda soledad del cielo.
Todo calla!... el mar duerme, y no importuna
con sus gritos salvajes de reproche;
y sueña que se besa con la luna
en el tálamo negro de la noche!.
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Le aserraron el cráneo
le estrujaron los sesos,
y el corazón ya frío
le arrancaron del pecho.
Todo lo examinaron
los oficiales médicos;
mas la causa no hallaron
de la muerte de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tanto versos
como el espacio, azules...
y como el mar, acerbos...
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Oye la historia que contóme un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.
Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa.
En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra... y se llevó
en los brazos
el rígido esqueleto de la amada.
Y allá en la oscura habitación
sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
dejó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.
Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.
Llevó a la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado.
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Cuando lejos, muy lejos, en hondos mares,
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares,
mándame ese suspiro sobre las olas.
Cuando el sol, con sus rayos, desde el oriente,
rasgue las blondas gasas de las neblinas,
si una oración murmuras por el ausente,
deja que me la traigan las golondrinas.
Cuando pierda la tarde sus tristes galas,
y en cenizas se tornen las nubes rojas,
mándame un beso ardiente sobre las
alas
de las brisas que juegan entre las hojas.
¡Que yo, cuando la noche tienda su manto,
yo, que llevo en el alma sus mudas hullas,
te enviaré, con mis quejas, un dulce
canto
en la luz temblorosa de las estrellas!
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“Aquí estás, a mis plantas, tembloroso,
tendida al ronco viento la melena
blanca y azul; tu aliento de coloso
alza hasta mí la movediza arena.
Y te oigo respirar, monstruo gigante,
que a los siglos atado te estremeces
con estremecimientos de bacante.
Ya que al fin a mis ojos apareces,
inmensamente triste,
con tus espumas níveas y tus olas
que de púrpura y oro el sol reviste,
voy a contarte mi secreto a solas”.
Así le dije al mar y con sentida
voz, le conté el desastre de mi vida.
Y al conocer mi negra desventura,
-“ ¡Hombre! - exclamó con dolorido
acento-
Soy grande, pero más es su tormento;
soy hondo, pero más es tu amargura”.
Y en el propio momento,
en que bajaba la tiniebla oscura
y yo... como un espectro me alejaba,
a merced de una ráfaga de viento,
me pareció que el monstruo sollozaba.
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A veces melancólico me hundo
en mi noche de escombros y miserias,
y caigo en un silencio tan profundo
que escucho hasta el latir de mis arterias.
Más aún: oigo el paso de la vida
por la sorda caverna de mi cráneo
como un rumor de arroyo sin salida,
como un rumor de río subterráneo.
Entonces presa de pavor y yerto
como un cadáver, mudo y pensativo,
en mi abstracción a descifrar no acierto
Si es que dormido estoy o estoy despierto
si un muerto soy que sueña que está
vivo
o un vivo soy que sueña que está
muerto.
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Dejó caer el bardo moribundo
la cabeza en el hombro de su amada;
miró el mar, miró el cielo,
miró el mundo,
y a todo dijo adiós con la mirada.
Y miró el sol sin pestañear,
sin miedo,
al sol que declinaba en ese instante,
y habló así, señalando
con su dedo
el disco del sangriento agonizante:
-Mira, amada, ese sol que paso a paso
va descendiendo como inmensa bola
de fuego, y que nos ve desde su ocaso
juntos, mañana te verá a ti...
sola.
Cuan feliz ese sol que se engalana
para expirar, y su vivir no trunca,
porque ese sol te mirará mañana,
yo, ni mañana, ni después, ni
nunca.
Mañana ese gran sol que es mago experto
abrirá con sus dardos vibradores
los picos de las aves en tu huerto,
y en tu jardín los labios de tus flores.
Ese sol todo luz, todo energías,
volverá con su faz, siempre lozana,
al nacer, a decirte: “buenos días”,
y a decirte al morir: “hasta mañana”.
Él volverá de cielos apartados
a confundir sus oros con las densas
ondas de rubios hilos perfumados
que fulgen en los cables de tus trenzas.
Y volverá desde la cumbre agreste,
con su cortejo de celajes rojos,
a ver él -dueño del azul celeste-
un azul más azul: el de tus ojos.
Cuán feliz ese sol que te despierta
todos los días, que vendrá mañana
a asomarse al resquicio de tu puerta
y a colarse otra vez por tu ventana.
Y yo no volveré; ya la esperanza
de vivir y de verte en esta vida,
que mi razón a comprender no alcanza,
se va, se va como mi fe perdida.
Mira cómo se muere en lontananza
el postrer rayo de la tarde, mira,
así se está muriendo mi esperanza:
oye mi corazón cómo suspira.
Pon en mi pecho tu cabeza, escucha:
¿no oyes como el rumor de un miserere?
¿como el fin angustioso de una lucha?
Es mi pobre esperanza que se muere;
Es mi pobre esperanza que se esfuma
como si ese último rayo en la tiniebla;
mírala... ya se va... copo de espuma.
Bésame... ya se fue... gasa de niebla-.
Así dijo el poeta. Su pupila
volviose hacia las cumbres de la muerte,
y su cabeza resbaló tranquila
con los ojos inmóviles, inerte.
Sollozante la amada
lanzó un ¡ay! -gota que el dolor
destila-;
miró el azul, y un cálido reproche
iba a exhalar, cuando, maravillada,
vio que surgía como etéreo broche,
bajo la ardiente comba encresponada,
otro sol en la cima de la noche.
Subir
En un playón del bajo Magdalena,
que lame el agua con su oleaje mudo,
hay un árbol fantástico, desnudo
de toda pompa, en medio de la arena.
Igual a mí con majestad serena,
resiste el golpe de huracán sañudo:
solos y sin verdor... yo te saludo:
compañero, la misma es nuestra pena.
Una tímida garza cruza el cielo
y de aquel tronco en las calladas ruinas,
refrena el blando y silencioso vuelo;
y encima de esos míseros escombros,
se me parece a ti... cuando reclinas
tu cabecita frágil en mis hombros.
Subir
Un inmenso arenal; dunas desiertas
álzanse allí, sinuosas, a millares;
los árboles sin nidos, sin cantares
con las hojas raquíticas y yertas.
Sólo las golondrinas sus alertas
dan al marcharse a sus antiguos lares,
lejos del sitio aquél, donde los mares
dejaron al azar sus conchas muertas.
Las brisas al pasar, su soplo débil
dan a una flor pequeña y delicada
que al suelo inclina su corola débil
y que suelo llamar “La flor del muerto”
que se parece a ti, niña adorada,
flor de mi triste corazón desierto..
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Entre las hojas de laurel, marchitas,
de la corona vieja,
que en lo alto de mi lecho suspendida,
un triunfo no alcanzado me recuerda,
una araña ha formado
su lóbrega vivienda
con hilos tembladores
más blancos que la seda,
donde aguarda a las moscas
haciendo centinela
a las moscas incautas
que allí prisión encuentran,
y que la araña chupa
con ansiedad suprema.
He querido matarla:
Mas... ¡imposible! Al verla
con sus patas peludas
y su cabeza negra,
la compasión invade
mi corazón, y aquella
criatura vil, entonces,
como si comprendiera
mi pensamiento, avanza
sin temor, se me acerca
como queriendo darme
las gracias, y se aleja
después, a su escondite
desde el cual me contempla.
Bien sabe que la odio
por lo horrible y perversa;
y que me alegraría
si la encontrara muerta;
mas ya de mí no huye,
ni ante mis ojos tiembla;
un leal enemigo
quizás me juzga, y piensa
al ver que la ventaja
es mía, por la fuerza,
que no extinguiré nunca
su mísera existencia!
En los días amargos
en que gimo, y las quejas
de mis labios escapan
en forma de blasfemias,
alzo los tristes ojos
a mi corona vieja,
y encuentro allí la araña,
la misma araña fea
con sus patas peludas
y su cabeza negra,
como oyendo las frases
que en mi boca aletean!
En las noches sombrías,
cuando todas mis penas
como negros vampiros
sobre mi lecho vuelan,
cuando el insomnio pinta
las moradas ojeras,
y las rojizas manchas
en mi faz macilenta,
me parece que baja
la araña de su celda,
y camina y camina...
hasta que el alba llega.
¿Es compasiva? ¿es mala?
¿Indiferente? Vela
mi sueño, y, cuando escribo,
silenciosa me observa.
¿Me compadece acaso?¡
¿de mi dolor se alegra?
Dime quién eres ¡monstruo!
¿En tu cuerpo se alberga
un espíritu? Dime;
¿es el alma de aquella
mujer que me persigue,
todavía, aunque muerta?
¿La que mató mi dicha
y me inundó en tristeza?
Dime: ¿acaso dejaste
la vibradora selva,
donde enredar solías,
tus plateadas hebras,
en las obscuras ramas
de las frondosas ceibas,
por venir a mi alcoba,
en el misterio envuelta,
como una envidia muda,
como una viva mueca?
Te hablo y tú nada dices,
te hablo y no me contestas!
¡Aparta, monstruo, huye
otra vez a tu celda!
Quizás mañana mismo,
cuando en mi lecho muera,
cuando la ardiente sangre
se cuaje en mis venas
y mis ojos se enturbien,
tú alimaña siniestra,
bajarás silenciosa
y en mi obscura melena
formarás otro asilo,
formarás otra tela,
sólo por perseguirme
¡hasta en la misma huesa!
¡Qué importa!... nos odiamos,
pero escucha: no temas,
no temas por tu vida,
¡es toda tuya, entera!
¡Jamás romperé el hilo
de tu muda existencia!
Sigue, viviendo, sigue,
pero... ¡oculta en tu cueva!
¡No salgas! ¡no me mires!
No escuches más mis quejas,
ni me muestres tus patas
¡ni tu cabeza negra!...
Sigue viviendo, sigue,
inmunda compañera,
entre las hojas de laurel marchitas,
de la corona vieja,
que en lo alto de mi lecho suspendida,
¡un triunfo, no alcanzado, me recuerda!
Subir
Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
en el fondo de esta alma que ya no alegras,
entre polvo de sueños y de ilusiones
yacen entumecidas mis flores negras.
Ellas son mis dolores, capullos hechos
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces cual los helechos,
en las húmedas grietas de las montañas.
Ellas son tus desdenes y tus rigores;
son tus pérfidas frases y tus desvíos;
son tus besos vibrantes y abrasadores
en pétalos tornados, negros y fríos.
Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por la auroras
de tus ojos... auroras que no eran mías.
Ellas son mis gemidos y mis reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son por eso tan negras como las noches
de los gélidos polos... mis flores
negras.
Guarda, pues, este triste, débil manojo
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
guárdalo; nada temas: es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.
Subir
Algo se muere en mi todos los días;
del tiempo en la insonora catarata,
la hora que se aleja me arrebata
salud, amor, ensueños y alegrías.
Al evocar las ilusiones mías,
pienso: “!Yo no soy yo!.” ¿Por qué,
insensata,
la misma vida con su soplo mata
mi antiguo ser tras lentas agonías?
Soy un extraño ante mis propios ojos,
un nuevo soñador, un peregrino
que ayer pisaba flores y hoy... abrojos.
Y en todo instante, es tal mi desconcierto,
que ante mi muerte próxima, imagino
que muchas veces en la vida... he muerto
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Todo nos llega tarde, -hasta la muerte.
Nunca se satisface ni se alcanza
la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más
fuerte.
Todo puede llegar; pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia; la alabanza,
cuando está ya la aspiración
inerte.
La Justicia nos muestra su balanza,
cuando sus siglos en la Historia vierte
el tiempo mudo que en el orbe avanza;
Y la Gloria, esa ninfa de la suerte,
sólo en las viejas sepulturas danza.
Todo nos llega tarde: -hasta la muerte.
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Ojos indefinibles, ojos grandes,
como el cielo y el mar hondos y puros,
ojos como las selvas de los Andes:
misteriosos fantásticos y oscuros.
Ojos en cuyas místicas ojeras
se ve el rastro de incógnitos pesares,
cual se ve en la aridez de las riberas
la huella de las ondas de los mares.
Miradme con amor, eternamente,
ojos de melancólicas pupilas,
ojos que semejáis bajo su frente,
pozos de aguas profundas y tranquilas.
Miradme con amor, ojos divinos,
que adornáis como soles su cabeza,
y, encima de sus labios purpurinos,
parecéis dos abismos de tristeza.
Miradme con amor, fúlgidos ojos,
y cuando muera yo, que os amo tanto
verted sobre mis lívidos despojos,
el dulce manantial de vuestro llanto.
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¿Ves esa vieja escuálida y horrible?
Pues oye; aunque parézcate imposible,
fue la mujer más bella entre las bellas;
el clavel envidió sus labios rojos,
y ante la luz de sus divinos ojos
vacilaron el sol y las estrellas.
Y hoy... ¿quién puede quererla?
¡Quién un beso
podrá dejar en su semblante impreso?
¡Yo! -me dijo el extraño que
me oía-
Yo que por ella en la existencia lucho,
que soy feliz cuando su voz escucho...
¡Esa vieja es la hermosa madre mía!
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Si porque a tus plantas ruedo
como un ilota rendido,
y una mirada te pido
con temor, casi con miedo;
si porque ante ti me quedo
estático de emoción,
sintiendo que el corazón
se va en mi pecho a romper,
piensas que siempre he de ser
esclavo de mi pasión,
! te equivocas, te equivocas !.....
fresco y fragante capullo;
yo quebrantaré tu orgullo
como el minero las rocas.
Si a la lucha me provocas,
dispuesto estoy a luchar;
tú eres espuma, yo mar
que en sus cóleras confía;
me haces llorar; pero un día
yo también te haré llorar.
Y entonces, cuando rendida
me ofrezcas toda tu vida,
perdón pidiendo a mis pies,
como mi colera es
formidable en los excesos,
Sabes tú lo que haré en esos
momentos de indignación?....
! Arrancarte el corazón
para comérmelo a besos !!!!!
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