GERMAN ENRIQUE ARCINIEGAS
"A Solas"
Quieres que hablemos?...Esta bien...Empieza
Habla a mi corazon como otros dias.....
Pero no.....Que dirias?
?Que podrias decir a mi tristeza?....
No intentes disculparte: !todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secò el verano
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.
Amor arrepentido,
ave que quieres regresar al nido
a traves de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
donde fuiste feliz....!ya todo ha muerto!
No vuelvas...!Todo lo hallaràs en ruinas!
A que has venido? ?Para que volviste?
?Que buscas? !Nadie habrà de responderte!
!Està sola mi alma y estoy triste
inmensamente triste hasta la muerte!
Todas las ilusiones que te amaron
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron cansadas de no verte.
Cuando por vez primera
en mi camino te encontrè, reia
en los campos la alegre primavera;
todo era luz, aromas y armonia.
!Hoy todo cuan distinto!..Paso a paso
y solo voy por la desierta via,
nave sin rumbo entre revueltas olas,
pensando en la tristeza del ocaso
y en la tristeza de las almas solas.
En torno la mirada no columbra
sino asperezas y pàramos sombrios,
los nidos en la nieve estan vacios,
y la estrella que amamos, ya no alumbra
el azul de tus sueños y los mios.
Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
?Recuerdas?....Te llamaba mi esperanza,
!Pero ya mi esperanza no te nombra!
!No ha de nombrarte!....Para que?...Vacia
està el ara, y la historia yace trunca.
!Ya para que esperar que irradie el dia!
?Ya para que decirnos: todavia,
si una voz grita en nuestras almas: Nunca?
Dice que eres la misma: que en tu pecho
la dulce llama de otro tiempo arde;
que el nido de amor no està deshecho;
que para amarnos otra vez no es tarde...
!Te engañas!....!No lo creas!...Ya la
duda
echò en mi corazon fuertes raices,
y la fè de de otros años no
me escuda;
!quedò de sueño mi ilusion desnuda,
y no puedo creer lo que me dices!...
!No lo puedo creer! Mi fe burlada,
mi fe en tu amor perdida,
es ancla de una nave destrozada,
ancla en el fondo de la mar caida...
Anhelos de un amor, castos risueños,
ya nunca volvereis....Se van.... se esconden..
?Los llamas?...Es inutil....No responden.
!Ya los cubre el sudario de mi sueños!
Hace tiempo se fue la primavera.....
!Llegò el invierno fùnebre y
sombrio!
Ave fue nuestro amor, ave viajera,
!Y las aves se van cuando hace frio!...
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JOSE MANUEL MARROQUI
La Perrilla
Es flaca sobremanera
toda humana previsión,
pues en más de una ocasión
sale lo que no se espera.
Salió al campo una mañana
un experto cazador,
el más hábil y el mejor
alumno que tuvo Diana.
Seguíale gran cuadrilla
de ejercitados monteros,
de ojeadores, ballesteros
y de mozos de traílla.
Van todos apercibidos
con las armas necesarias,
y llevan de castas varias
perros diestros y atrevidos,
caballos de noble raza,
cornetas de monte, en fin,
cuanto exige Moratin
en su poema La Caza.
Levantan pronto una pieza,
un jabalí corpulento,
que huye veloz, rabo al viento,
y rompiendo la maleza.
Todos siguen con gran bulla
tras la cerdosa alimaña;
pero ella se da tal maña
que a todos los aturulla;
y aunque gastan todo el día
en paradas, idas, vueltas,
y carreras y revueltas,
es vana tanta porfía.
Ahora que los lectores
han visto de qué manera
pudo burlarse la fiera
de los tales cazadores,
oigan lo que aconteció,
y aunque es suceso que admira,
no piensen, no, que es mentira,
que lo cuenta quien lo vio,
Al pie de uno de los cerros
que batieron aquel día,
una viejilla vivía,
que oyó ladrar a los perros;
y con gana de saber
en qué paraba la fiesta,
iba subiendo la cuesta
a eso del anochecer.
Con ella iba una perrilla,
mas, sin pasar adelante,
es preciso que un instante
gastemos en describilla:
perra de canes decana
y entre perras protoperra,
era tenida en su tierra
por perra antediluviana;
flaco era el animalejo,
el más flaco de los canes,
era el rastro, eran los manes
de un cuasi-semi-ex-gozquejo;
sarnosa era, digo mal,
no era una perra sarnosa,
era una sarna perrosa,
y en figura de animal;
era, otrosí, derrengada;
la derribaba un resuello;
puede decirse que aquello
no era perra ni era nada.
A ver pues la batahola
la vieja al cerro subía,
de la perra en compañía,
que era lo mismo que ir sola.
Por donde iba, hizo la suerte
que se hubiese el jabalí
escondido, por si así
se libraba de la muerte.
Empero, sintiendo luégo
que por ahí andaba gente,
tuvo por cosa prudente
tomar las de Villadiego.
La vieja entonces, al ver
que escapaba por la loma,
¡sus! dijo por pura broma,
y la perra echó a correr.
Y aquella perra extenuada,
sombra de perra que fue,
de la cual se dijo que
no era perra ni era nada,
aquella perrilla, sí,
cosa es de volverse loco,
no pudo coger tampoco
al maldito jabalí.
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GUILLERMO VALENCIA
Los Camellos
Dos lánguidos camellos, de elásticas
cervices,
de verdes ojos claros y piel sedosa y rubia,
los cuellos recogidos, hinchadas las narices,
a grandes pasos miden un arenal de Nubia.
Alzaron la cabeza para orientarse, y luego
el soñoliento avance de sus vellosas
piernas
-bajo el rojizo dombo de aquel cénit
de fuego-
pararon silenciosos, al pie de las cisternas...
Un lustro apenas cargan bajo el azul magnífico,
y ya sus ojos quema la fiebre del tormento;
tal vez leyeron, sabios, borroso jeroglífico
perdido entre las ruinas de infausto monumento.
Vagando taciturnos por la dormida alfombra,
cuando cierra los ojos el moribundo día,
bajo la virgen negra que los llevó
en la sombra,
copiaron el desfile de la Melancolía...
Son hijos del desierto: prestóles la
palmera
un largo cuello móvil que sus vaivenes
finge,
y en sus marchitos rostros que esculpe la
Quimera
¡sopló cansancio eterno la boca
de la Esfinge!
Dijeron las Pirámides que el viejo
sol rescalda:
«Amamos la fatiga con inquietud secreta...»
y vieron desde entonces correr sobre su espalda,
tallada en carne viva, su triangular silueta.
Los átomos de oro que el torbellino
esparce
quisieron en sus giros ser grácil vestidura,
y unidos en collares por invisible engarce
vistieron del giboso la escuálida figura...
Todo el fastidio, toda la fiebre, toda el
hambre,
la sed sin agua, el yermo sin hembras, los
despojos
de caravanas... huesos en blanquecino enjambre...
todo en el cerco bulle de sus dolientes ojos.
Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles,
ni las volubles palmas que riegan sombra amiga,
ni el ruido sonoro de claros cascabeles
alegran las miradas del rey de la fatiga.
¡Bebed dolor en ellas, flautistas de
Bizancio,
que amáis pulir el dáctilo al
son de las cadenas;
sólo esos ojos pueden deciros el cansancio
de un mundo que agonia sin sangre entre las
venas!
¡Oh, artistas! ¡Oh, camellos de
la llanura vasta
que vais llevando a cuestas el sacro monolito!
¡Tristes de esfinge! ¡Novios de
la palmera casta!
¡Sólo calmáis vosotros
la sed de lo infinito!
¿Qué pueden los ceñudos?
¿Qué logran las melenas
de las zarpadas tribus cuando la sed oprime?
Sólo el poeta es lago sobre este mar
de arenas,
sólo su arteria rota la Humanidad redime.
Se pierde ya a lo lejos la errante caravana
dejándome -camello que cabalgó
el Excidio...-
¡Cómo buscar sus huellas al sol
de la mañana,
entre las ondas grises del lóbrego
fastidio!
¡No! Buscaré dos ojos que he
visto, fuente pura
hoy a mi labio exhausta, y aguardaré
paciente
hasta que suelta en hilos de mística
dulzura
refresque las entrañas del lírico
doliente.
Y si a mi lado cruza la sorda muchedumbre
mientras el vago fondo de esas pupilas miro,
dirá que vio un camello con onda pesadumbre
mirando, silencio, dos fuentes de zafiro.
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JOSE ASUNCION SILVA
Crisalidas
Cuando enferma la niña todavía
salió cierta mañana
y recorrió, con inseguro paso
la vecina montaña,
trajo, entre un ramo de silvestres flores
oculta una crisálida,
que en su aposento colocó, muy cerca
de la camita blanca...
..........................................................................
Unos días después, en el momento
en que ella expiraba,
y todos la veían, con los ojos
nublados por las lágrimas,
en el instante en que murió, sentimos
leve rumor de älas
y vimos escapar, tender al vuelo
por la antigua ventana
que da sobre el jardín, una pequeña
mariposa dorada...
..........................................................................
La prisión, ya vacía, del insecto
busqué con vista rápida;
al verla vi de la difunta niña
la frente mustia y pálida,
y pensé ¿si al dejar su cárcel
triste
la mariposa alada,
la luz encuentra y el espacio inmenso,
y las campestres auras,
al dejar la prisión que las encierra
qué encontrarán las almas?
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Una
noche
Nocturno III
Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos
y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial
y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida,
toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras
te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos
esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lángida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías
de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el
tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros
a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío
que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío
de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos
y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella...
¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan
en las noches de negruras y de lágrimas!...
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Poeta
di paso
¡Poeta!, ¡di paso
los furtivos besos!...
¡La sombra! ¡Los recuerdos! La
luna no vertía
allí ni un solo rayo... Temblabas y
eras mía
Temblabas y eras mía bajo el follaje
espeso,
una errante luciérnaga alumbró
nuestro beso,
el contacto furtivo de tus labios de seda...
La selva negra y mística fue la alcoba
sombría...
En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda...
Filtró luz por las ramas cual si llegara
el día,
entre las nieblas pálidas la luna aparecía...
¡Poeta, di paso
los íntimos besos!
¡Ah, de las noches dulces me acuerdo
todavía!
En señorial alcoba, do la tapicería
amortiguaba el ruido con sus hilos espesos
desnuda tú en mis brazos fueron míos
tus besos;
tu cuerpo de veinte años entre la roja
seda,
tus cabellos dorados y tu melancolía
tus frescuras de virgen y tu olor de reseda...
Apenas alumbraba la lámpara sombría
los desteñidos hilos de la tapicería.
¡Poeta, di paso
el último beso!
¡Ah, de la noche trágica me acuerdo
todavía!
El ataúd heráldico en el salón
yacía,
mi oído fatigado por vigilias y excesos,
sintió como a distancia los monótonos
rezos!
Tú, mustia, yerta y pálida entre
la negra seda,
la llama de los cirios temblaba y se movía,
perfumaba la atmósfera un olor de reseda,
un crucifijo pálido los brazos extendía
y estaba helada y cárdena tu boca que
fue mía!
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Un Poema
Soñaba en ese entonces en forjar un
poema,
de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema,
escogí entre un asunto grotesco y otro
trágico
llamé a todos los ritmos con un conjuro
mágico
Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
juntándose en las sombras, huyéndose
y buscándose,
ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
unos cual choques de armas, otros cual cantos
de aves,
de Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta
el Norte
de metros y de formas se presentó la
corte.
Tascando frenos áureos bajo las riendas
frágiles
cruzaron los tercetos, como corceles ágiles
abriéndose ancho paso por entre aquella
grey
vestido de oro y púrpura llegó
el soneto rey,
y allí cantaron todos... Entre la algarabía,
me fascinó el espíritu, por
su coquetería
alguna estrofa aguda que excitó mi
deseo,
con el retintín claro de su campanilleo.
Y la escogí entre todas... Por regalo
nupcial
le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.
En ella conté un cuento, que huyendo
lo servil
tomó un carácter trágico,
fantástico y sutil,
era la historia triste, desprestigiada y cierta
de una mujer hermosa, idolatrada y muerta,
y para que sintieran la amargura, exprofeso
junté sílabas dulces como el
sabor de un beso,
bordé las frases de oro, les di música
extraña
como de mandolinas que un laúd acompaña,
dejé en una luz vaga las hondas lejanías
llenas de nieblas húmedas y de melancolías
y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
cruzan ágiles máscaras al compás
de la orquesta,
envueltas en palabras que ocultan como un
velo,
y con caretas negras de raso y terciopelo,
cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
de sentimientos místicos y humanas
tentaciones...
Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
les di olor de heliotropos y color de amatista...
Le mostré mi poema a un crítico
estupendo...
Y lo leyó seis veces y me dijo... «¡No
entiendo!».
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PORFIRIO BARBA JACOB
(1883-1942)
Canción
de la Vida Profunda
Hay días en que somos tan móviles,
tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga, y abierta
como un mar...
Y hay días en que somos tan fértiles,
tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales
lluvias,
el alma está brotando florestas de
ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos,
tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro
pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien
y el Mal.
Y hay días en que somos tan plácidos,
tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo!
¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro
que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen
sonreír...
Y hay días en que somos tan lúbricos,
tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar
un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres,
tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto
del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un
día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede
retener!
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LUIS CARLOS LOPEZ
(1879 - 1950)
A
mi Ciudad Nativa
Ciudad triste, ayer reina de la mar.
J. M. de Heredia
Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas...
Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín... Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada...
-¡Ya no viene el aceite en botijuelas!
Fuiste heroica en los años coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.
Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno les tiene a sus zapatos viejos...
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A un
Bodegón
¡Oh, viejo bodegón, en horas gratas
de juventud, qué blanco era tu hollín,
y qué alegre, en nocturnas zaragatas,
tu anémico quinqué de kerosín!...
Me parece que aún miro entre tus latas
y tus frascos cubiertos de aserrín,
saltar los gatos y correr las ratas,
cuando yo no iba a clase de latín...
¡Pero todo pasó!... Se han olvidado
tus estudiantes, bodegón ahumado,
de aquellas jaranitas de acordeón...
¡No vale hoy nada nuestra vida! ¡Nada!
Sin juventud la cosa está fregada,
más que fregada, viejo bodegón!...
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MIGUEL ANTONIO CARO
(1843 - 1909)
Patria
¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.
No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.
Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.
Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy
pedazo.
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JOSÉ MARÍA RIVAS
GROOT
(1863 - 1923)
Constelaciones
El Hombre:
Amplias constelaciones que fulguráis
tan lejos,
mirando hacia la tierra desde la comba altura,
¿por qué vuestras miradas de
pálidos reflejos
tan llenas de tristeza, tan llenas de dulzura?
Las Constelaciones:
¡Oh soñador, escúchanos!
¡Escúchanos, poeta!
Escucha tú, que en noches de oscuridad
tranquila
nos llamas, mientras tiemblan con ansiedad
secreta
la súplica en tu labio y el llanto
en tu pupila.
Escucha tú, poeta, que en noches estrelladas
cual bajo augusto templo descubres tu cabeza,
y nos imploras, viendo que están nuestras
miradas
tan llenas de dulzura, tan llenas de tristeza.
¿Por qué tan tristes? Oye:
nuestro fulgor es triste porque ha mirado
al hombre.
Su mente y nuestra lumbre hermanas son.
Por siglos de compasión, existe en
astros como en almas
la misma pesadumbre.
Por siglos hemos visto la Humanidad errante
luchar, caer, alzarse... y en sus anhelos
vanos
volver hacia nosotras la vista suplicante,
tender hacia nosotras las temblorosas manos;
y ansiar en tal desierto, ya lánguida,
ya fuerte,
oasis donde salten aguas de vida eterna;
ya llega, llama -y sale con su ánfora
la muerte
brindando el agua muda de su glacial cisterna.
Tronos, imperios, razas, vimos trocarse en
lodo:
vimos volar en polvo babélicas ciudades.
Todo lo barre un viento de destrucción,
y todo es humo, y sueño, y nada...
y todo vanidades.
Es triste ver la lucha del terrenal proscrito;
es triste ver el ansia que sin cesar le abrasa;
el ideal anhela, requiere lo infinito,
crece, combate, agítase, llora, declina
y pasa.
Es triste ver al hombre, que lumbre y lodo
encierra,
mirarnos desde abajo con infinito anhelo;
tocada la sandalia con polvo de la tierra,
tocada la pupila con resplandor del cielo.
Poeta, no nos llames -conduele tu lamento;
poeta, no nos mires- nos duele tu mirada.
Tus súplicas, poeta, dispérsanse
en el viento;
tus ojos, ¡oh poeta! se pierden en la
nada.
Con íntima tristeza miramos conmovidas,
con íntima dulzura miramos pesarosas,
nosotras -las eternas- vuestras caducas vidas,
nosotras -las radiantes- vuestras oscuras
fosas.
El Hombre:
¿Todo es olvido y muerte?
Pasan gimiendo a solas el mar con sus olajes,
la tierra con sus hombres;
¿y al fin en mudas playas deshácense
las olas,
y al fin en mudo olvido deshácense
los nombres?
¿Y nada queda? ¿Y nada hacia
lo eterno sube?
Decid, astros presentes a todo sufrimiento:
la ola evaporada forma un cendal de nube,
¿y el alma agonizante no asciende al
firmamento?
¡No, estrellas compasivas! Hay eco a
todo canto;
al decaer los pétalos, espárcese
el perfume;
y como incienso humano que abrasa un fuego
santo,
al cielo va el espíritu, si el cuerpo
se consume.
Vendrá noche de siglos a todo cuanto
existe;
y expirarán, en medio de hielos y amargura,
los últimos dos hombres sobre una roca
triste,
las últimas dos olas sobre una playa
oscura.
Y moriréis ¡oh estrellas! en
el postrero día...
Mas flotarán espíritus con triunfadoras
palmas;
y alumbrarán entonces la eternidad
sombría,
sobre cenizas de astros, constelaciones de
almas.
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RAFAEL POMBO
Simon
el bobito
Simón el Bobito llamó al pastelero:
"¡A ver los pasteles! ¡los quiero
probar!"
Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
ver ese cuartillo con que has de pagar.
Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
y dijo: ¡De veras! no tengo ni unito.
A Simón Bobito le gusta el pescado
y quiere volverse también pescador,
y pasa las horas sentado, sentado,
pescando en el balde de mamá Leonor.
Hizo Simoncito un pastel de nieve
y a asar en las brasas hambriento lo echó,
pero el pastelito se deshizo en breve,
y apagó las brasas y nada comió.
Simón vio unos cardos cargando ciruelas
y dijo: ¡Qué bueno! las voy a
coger.
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
le hicieron brincar y silbar y morder.
Se lavó con negro de embolar zapatos
porque su mamita no le dio jabón,
y cuando cazaban ratones los gatos
espantaba al gato gritando: ¡ratón!
Ordeñando un día la vaca pintada
le apretó la cola en vez del pezón;
y ¡aquí la vaca! le dio tal patada
que comió un trompito bailó
con Simón.
Y cayó montado sobre la ternera
y doña ternera se enojó también,
y ahí va otro brinco y otra pateadera
u dos revolcadas en un santiamén.
Se montó en un burro que halló
en el mercado
y a cazar venados alegre partió,
voló por las calles sin ver un venado,
rodó por las piedras y el asno se huyó.
A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
y él lo trajo a casa con gran precaución
colgado del rabo de un caballo rucio
para que llegase limpio y sabrosón.
Empezando a apenas a cuajarse el hielo
Simón el Bobito se fue a patinar,
cuando de repente se el rompre el suelo
y grita :¡Me ahogo! ¡vénganme
a sacar!
Trepándose a un árbol a robarse
un nido,
la pobre casita de un mirlo cantor...
desgájase el árbol, Simón
da un chillido,
y cayó en un pozo de pésimo
olor.
Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
y volviendose a casa le dijo al papá:
Taita, yo no puedo matar pajaruco
porque cuando tiro se espanta y se va.
Viendo una salsera llena de mostaza,
se tomó un buen trago creyéndola
miel,
y estuvo rabiando y echando babaza
con tamaña lengua y ojos de clavel.
Vio un monton de tierra que estorbaba el paso,
y unos preguntaban: ¿Qué haremos
aquí?
¡Bobos! dijo el niño resolviendo
el caso;
que abran un grande hoyo y la echen allí.
Lo enviaron por agua, y él fué
volandito
llevando el cedazo para echarla en él:
Así que la traiga el buen Simoncito
seguirá su historia pintoreca y fiel.
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LEON DE GREIFF
1895-1976
RELATO DE SERGIO STEPANSKY
Juego
mi vida, cambio mi vida.
Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...
Y la juego o la cambio por el más infantil
espejismo,
La dono en usufructo, o la regalo...
La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora,
en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un
motín;
la juego definitivamente, desde el principio
hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
-en la periferia, en el medio,
y en el subfondo... -
Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
Y la juego, -o la cambio por el más
infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo... :
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me dá lo mismo:
lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto,
lo malo...
Todo, todo me dá lo mismo:
todo me cabe el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.
Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó
la túnica inconsútil:
-por lo más anodino, por lo más
obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota rubia,
la pálida morena, la amarilla oriental,
o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por un anilo de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo
que tenía en los dedos Carlomagno:
- para echar a rodar la bola.../b>
Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar que le pintaron al
gordo Capeto;
o por la rígida ducha que le llovió
en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio por un
soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca...
o por ésa muñeca que llora
como cualquier poeta.
Cambio mi vida al fiado – por una fábrica
de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por la perlas que se bebió la cetrina
Cleopatra-
o por su naricilla que está en algún
Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de
lentejas...
¡o por dos huequecillos minúsculos
-en las sienes-
por donde se me fugue, en griseas podres,
toda la hartura, todo el fastidio, todo el
horror que almaceno en mis
odres...!
Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...
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