Gastos, Francisco de Goya

ASPECTOS DEFINITORIOS

EL BARROCO ESPAÑOL

La relación existente entre el modernismo y el barroco se da principalmente por la coincidencia de ambos movimientos en hacer de la forma literaria un culto. En la vieja polémica entre la supremacía del fondo o la forma, los dos movimientos en cuestión optaron abiertamente por la forma, para ellos no habría buena poesía si ésta no se expresaba en una buena forma. Para ellos una buena forma era la construida con cuidado, con pulcritud, con corrección, con perfección en el manejo del metro, el ritmo y la rima, en la novedad de las técnicas utilizadas, en la sorpresa causada en el lector por el atrevimiento en la construcción de la sintaxis, por el dominio de la lengua a través de la semántica y el léxico, en la creación y recreación de neologismos, arcaísmos, latinismos. Por ejemplo, en los poemas “La vuelta de los campos” de Julio Herrera y Reissig y  “Tras la bermeja aurora...” de Góngora, podemos ver un mismo culto a la forma y un desinterés (que no descuido) por el fondo.

LA VUELTA DE LOS CAMPOS

La tarde paga en oro divino las faenas.

Se ven limpias mujeres vestidas de percales,

trenzando sus cabellos con tilos y azucenas

o haciendo sus labores de aguja, en los umbrales.

 

Zapatos claveteados y báculos y chales...

Dos mozas con sus cántaros se deslizan apenas.

Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas.

Un suspiro de Arcadia  peina los matorrales.

 

Cae un silencio austero... Del charco que se nimba

estalla una gangosa balada de marimba.

Los lagos se amortiguan con espectrales lampos,

 

las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas.

Y humean a lo lejos las rutas polvorosas

por donde los labriegos regresan de los campos.

 

 

                       * * *

Tras la bermeja  Aurora el Sol dorado

Por las puertas salía del oriente,

Ella de flores la rosada frente,

Él de encendidos rayos coronado.

 

Sombraban su contento o su cuidado,

Cuál con voz dulce, cuál con voz doliente,

Las tiernas aves con la luz presente,

En el fresco aire y en el verde prado.

 

Cuando salió bastante a dar Leonora

Cuerpo a los vientos y a las piedras alma,

Cantando de su rico albergue, y luego

 

Ni oí las aves más, ni vi la aurora;

Porque al salir, o todo quedó en calma,

o yo (que es lo mas cierto) sordo y ciego.

 

En los dos sonetos se describe un instante (en el primero el atardecer, en el segundo el amanecer), es más bien un cuadro de paisaje, de ambiente, casi detenido en el tiempo: cumbres coronadas de rosas, verdes prados. Los poemas se resuelven sin más objetivo que la recreación de un momento, el mensaje (es decir el fondo) no existe, acaso se puede inferir lejanamente en el dejo melancólico del primer cuadro, y en la sorpresa recibida por el yo poético del segundo. Pero en los dos poemas se trata de arrebatar toda solemnidad al asunto (una manera más de negar el mensaje) con ciertos rasgos zumbones: en el primero se dice “estalla una gangosa balada de marimba” y en el segundo “salió... Leonora...  yo (que es lo mas cierto) [quedé] sordo y ciego”.

Por otro lado, el culto a la forma se expresa, como ya dijimos, en la búsqueda de formas poéticas novedosas: ambos movimientos cultivaron metros y temas propios de la poesía latina, que por su diferencia con la métrica tradicional representaban la diferencia, lo sorprendente. Frente a la sintaxis española que ordena sujeto +verbo + modificadores del predicado, los modernistas por influencia barroca prefirieron la muy latinizada sintaxis de sujeto +modificadores del predicado +verbo, a pesar de que con ello se violentara el sentido de la oración, o ésta quedara oscura. Sor Juana dice “con más terneza mi infeliz estado lloro”, y Delmira Agustini por su parte afirma: “[el amor] sobre la vida rosa su majestad levanta”, cuando en castizo castellano diríamos, respectivamente: [yo] lloro mi infeliz estado con más terneza” y “[el amor] levanta sobre la vida [color de] rosa  su  majestad” En cuanto a la versificación o la métrica, ya son clásicos lo hexámetros latinos de Darío, que con un endiablo sentido del ritmo y la musicalidad dice “Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”. Aunque es casi imposible igualar este hexámetro, si no es en latín, los barrocos también buscaron la métrica latinizante y decían, siguiendo el estilo de la Eneida de Virgilio cosas como: “Este el corvo instrumento/ que al Albano cantó, segundo Marte,/ de sublime ya parte/ pendiente, cuando no pulsarle el viento,/ solicitar le oyó silva confusa,/ ya a docta sombra, ya a invisible musa”.

Son dos las escuelas literarias que contribuyeron a enriquecer la métrica española de manera sustancial y sorprendente, esas fueron el barroco y el modernismo; no hubo forma existente que no hubieran cultivado, por exótica, antigua o extranjera. Qué no decir de las métricas inventadas por ellos, sor Juana escribió romances decasílabos, Darío sonetos octosílabos, y un largo etcétera tedioso de enumerar. ¿Para qué reafirmar esta influencia del barroco en el modernismo citando las, ya citadas, palabras liminares a las Prosas profanas de Darío, donde expresa  su clara inclinación, entre otros, por Góngora, Quevedo o Gracián?.

        Incluso, poetas comprometidos con su realidad, y en consecuencia muy preocupados por el fondo, por el mensaje político o social de su poesía, como es el caso de José Martí, se dieron un tiempo para romper con ese compromiso y escribir una poesía que se recrea a sí misma, es decir, que no tiene otro compromiso que el arte mismo de hacer poesía. El propio cubano se autocensuró cuando se niega a publicar sus famosos Versos libres, porque su conciencia política le decía que estaba concediendo demasiado a su espíritu de señoritingo,  que reprimía a su pesar. No obstante, se justifica y da el paso adelante cuando dice en uno de los primero poemas de este libro:  “Ganado tengo el pan: hágase el verso,/ Y en su comercio dulce se ejercite/ La mano”. Otro tanto podemos decir de la influencia directa del barroco, cuando en este mismo libro sigue, en más de una ocasión, a autores barrocos como Calderón de la Barca. En “Yugo y estrella” hay muchos versos de Martí que evidencian la lectura de La vida es sueño, este es un ejemplo:  “Flor de mi seno, Homagno generoso/ De mí y del mundo copia suma,/ Pez que en ave y corcel y hombre se torna” por su parte Calderón afirma: “Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave”. En los dos autores el campo semántico es el mismo: el conflicto ante el libre albedrío; en los dos autores los símbolos semánticos son los mismos: pez, ave, corcel (por bruto).

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