Colima en los Últimos Tiempos
En el siglo XX Colima, como el resto del país, vivió un periodo de guerras fraticidas: la revolución. Después vino una paz, casi calificable como "pax priísta". Una de las diferencias con la mayor parte del país es que en nuestro estado la revolución se prolongó más años porque las secuelas del nuevo régimen callista originó la llamada guerra cristera.
El nuevo siglo XX y uno de sus símbolos en Colima: el tranvía de mulitas.
Con la excepción de algunas gavillas revolucionarias, los acontecimientos empezaron tardíamente, como todos los hechos históricos en Colima. Podemos mencionar como hecho catalizador la llegada del ejército carrancista en 1914. El contingente revolucionario que tomó Colima fue el dirigido por Álvaro Obregón. Este cuerpo militar estaba conformado, principalmente, por la temible caballería e infantería de indios yaquis, armados de sus flechas y tocados con sus plumas. En el plano público depusieron al gobernador, ajusticiaron algunos funcionarios del régimen y masacraron a cien federales porfiristas, que a pesar de haberse entregado, fueron fusilados.
En el plano familiar, mi abuela paterna, Dolores, cuenta un pequeño episodio que padeció a la llegada de los yaquis a Colima. Tenía mi abuela como diez años de edad, era la hija mayor y, con dos o tres hermanos más chicos que ella, debía ayudar a su madre a conseguir el diario sustento. La abuela María, su madre, apremiada por las circunstancias: pobreza extrema y ocultamiento de víveres, ordena a mi abuela (sabedoras que los caballos de los yaquis estaban comiendo abundante y buen maíz que a ellas les estaba negado) que se confundiera entre las patas de los caballos y que en el reboso trajera cuanto maíz pudiera cargar. Su descuido. Su impericia. En fin, los centinelas descubren a la niña haciendo el hurto y es detenida inmediatamente. ¿dónde sucedió esto?, ¿en la plaza?, ¿en el cuartel recién requisado a los federales? ¿a fuera de los comercios saqueados por los revolucionarios? No lo sé, pero aún recuerdo el gesto de gran impresión con el que mi abuela nos contaba su aventura. Finalmente, fue requerida la madre, que desde no lejos observaba los frustrados intentos de la hija por conseguir la preciada semilla. La abuela María era consciente de lo mucho que podía complicarse la situación, así que no tuvo más que aceptar los hechos y explicar lo que es obvio: la pobreza y el hambre. Afortunadamente la furia de los revolucionarios no se dejó venir sobre ellas, les impusieron un castigo: fueron llevadas hasta el vivaque de los yaquis para que hicieran tortillas para que comieran también las cabalgaduras de los caballos.
Los revolucionarios impusieron como nuevo gobernador a Juan José Ríos, personaje célebre en el estado por la gran transformación social que promovió su poder revolucionario. En una sociedad inmovilista, como la porfiriana, la pobreza, la explotación, la injusticia, el cacicazgo, la ignorancia etc dominaban el panorama social del estado. Lo anterior era el signo distintivo: contra todo ello actuó el gobernador Díaz: expropió tierras, amplió escuelas, aumentó salarios a profesores, obligó a los manufactureros a crear escuelas en sus haciendas para los hijos de los obrero y prohibió que los menores trabajaran.
Indios colimenses al iniciar el siglo XX
Dicen que los porfiristas se hicieron como los gatos cuando los arrojan: caen bien parados. En efecto, después de algunos años de concluida la revolución la mayoría de los ricos porfiristas rehicieron sus fortunas y continuaron siendo los amos del país. En Colima sólo fue necesario dos periodos gubernamentales más para que los acaudalados recuperaran el poder. En 1919 fue electo Miguel Álvarez García como gobernador, este folclórico hacendado era apodado "Capacha" y para él el poder sería un elemento más para decorar su atildada presencia. Miguel Álvarez era nieto del primer gobernador colimense Manuel Álvarez, y será padre de Griselda Álvarez, primera mujer gobernadora en el país, y apoderada entre 1979 y 1985.
El otro gran conflicto militar en Colima, en este siglo XX, fue la revolución cristera. Los primeros visos del conflicto se presentaron a finales de 1925, cuando el gobernador, Solórzano Béjar, trató de reglamentar el culto religioso, y por esa vía hacer efectiva la constitución en cuanto a la condición laica del estado y la educación. La curia reaccionó y en 1927 organizó las guerrillas de los cristeros, que al lema de "viva cristo rey" tomaron las armas contra el ejército federal.
Fue la revolución de los cristeros la que más daño causó a la economía y a la vida pública del estado. Mientras que los demás hechos de armas habían sido vividos casi a flor de piel (cada vez que llegaba un bando era aceptado y se le permitía ostentar el poder, y hasta se le juraba fidelidad). En cambio la cristeada, realmente sí dividió a la sociedad y provocó que, incluso, en una misma familia hubiera cristeros y federales. Las consecuencias de estas divisiones no dejaron de hacerse patentes: masacres, persecuciones, exilios, barbaridades, fue la tónica vivida durante casi tres años (de 1927 a 1929).
Los hombres dejaban desamparadas a sus familias por temor a ser incorporados por la fuerza al ejército federal, y huían a los montes a esconderse, o bien, por gusto y por presión de los sacerdotes se incorporaban a las guerrillas cristeras. Este último caso fue el de mi abuelo materno, Jesús Rodríguez, que abandonó a mi abuela y a sus hijos por irse de cristero. Esta fue en sentido estricto la única y verdadera guerra civil en Colima, pues ni la independencia, ni la reforma, ni el imperio, ni el porfirismo ni la revolución (maderista o carrancista) les importó; sufrieron estos conflictos porque no había otra opción, pero de buena gana cambiaban de bando para ahorrarse lo más posible las penas de la guerra. Quizá el resultado, en cuanto a cuota de dolor y muerte, sea el mismo si se vive distantemente o de forma apasionada y partidaria el conflicto, pero el hecho fue este.
Finalmente concluiré estas notas sobre la historia de Colima con una
reflexión en torno al poder y la poca movilidad social que siempre hubo en Colima. Esto surge como una pregunta inevitable, ¿por qué en pleno periodo revolucionario regresan los ricos al poder político?; no lo sé, pero es evidente que los colimenses siempre han estado con quien detente el poder en el centro, no importando si este personaje impuesto es o no popular. Uno de los últimos casos fue el del gobernador Carlos de la Madrid Virgen, (tuvo el poder entre 1991 y 1997) tío del expresidente Miguel de la Madrid, e impuesto por éste como gobernador, a pesar de ser conocida su condición de hombre rico y conservador. Por otro lado la triada Manuel, Miguel y Griselda Álvarez confirma una tendencia general del país y del sentido patrimonial del poder que tenemos los mexicanos y que posiblemente heredamos de los trescientos años de colonia. Si no, ahí está Cuauhtémoc Cárdenas, Miguel Alemán o Roberto Madrazo, reclamando sus derechos de linaje para ostentar el poder político de nuestro país. Qué no podríamos decir de Miguel de la Madrid, descendiente directo de aquel gobernador porfirista. A pesar de que los colimenses no tendríamos mucho que reprocharle pues inyectó muchísimo capital a la economía de nuestro estado, pero su amor por su tierra no le hizo renunciar al poder caciquil de señalar con el dedo a su tío como gobernador.
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La conquista y la colonia en Colima
Colima en el siglo XIX
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