Colima en el Siglo XIX

El siglo diecinueve encuentra a Colima  unido a Michoacán, como lo dejamos al concluir la conquista en el siglo XVI, pero cada vez con mayor influencia de Jalisco en todas las áreas: emigración poblacional, comercio, economía,  agricultura, etc.

   a finales del siglo XVIII (1786) las reformas borbónicas del estado español se reflejan por fin en la nueva España y su principal expresión será la creación de intendencias al estilo francés. La alcaldía mayor de Colima, (que por tal hecho era autónoma, políticamente hablando,  de Michoacán o nueva Galicia), se incorpora como uno de los partidos de la recién creada intendencia de Valladolid. Las alcaldías menores y curatos  que la rodeaban (Motines, Caxitlán, Zapotlán, Ixtlahuacán, etc.) ya formaban parte de la provincia de Michoacán, por lo tanto la corona formalizaba (al anexar  Colima a Michoacán), en el papel  lo que era un hecho histórico.  Lo que no calcularon los burócratas borbónicos era que con el paso de los años,  en esa zona costera,  la importancia   de Valladolid  había ido cediendo terreno a la más cercana y próspera ciudad de Guadalajara. Así pues, el obispo de esta ciudad reclamó sus derechos,  la corona atendió estas peticiones y varios partidos y curatos de Valladolid tienen que pasar al obispado e intendencia de Guadalajara, entre ellos Colima. Ruinas del Convento de San Francisco, Almoloyan

   Al consumarse la independencia de México, la intendencia de Guadalajara pasó a ser el estado de Jalisco y el partido de Colima uno de los 28 partidos que conformaban el estado. Los colimenses aprovecharon los buenos aires federalistas que  prometían los liberales en el poder y lograron en 1824 la creación del territorio federal de Colima, y aunque no obtuvieron su plena libertad, pues no se les concedió el ser  un estado más de la federación, sí pudieron ganar su autonomía tanto de Jalisco como de Michoacán (que seguía  reclamando las tierras colimotas  como propias). El territorio de Colima tuvo como capital la villa de Colima que a partir de ese mismo año se elevó al rango de ciudad.

   La caída de los liberales del poder federal y la entronización de la república centralista hizo perder a Colima su recién ganada autonomía. En 1837 los estados dejan de serlo para llamarse departamentos y el territorio de Colima, ahora llamado distrito, se ve sometido a la tutela  michoacana. Las vueltas de la política nacional permiten a Colima recuperar su estatus de territorio federal diez años después.

   Gracias a la constitución de 1857 Colima logra su objetivo de convertirse en estado libre. Su primer gobernador fue el general Manuel Álvarez, en cuyo honor el pueblo de Almoloyán, años después,  cambiaría su nombre al de villa de Álvarez.

   En fin, que todos los avatares políticos nacionales se dejaban sentir en nuestro estado,  más tarde que temprano arribaban   los conflictos  políticos en un tan inestable siglo XIX. Por ejemplo, Juárez sale huyendo de los conservadores; en 1858 se embarca en el puerto de manzanillo con dirección a Veracruz vía panamá. en ese mismo año Miramón (después fusilado junto con Maximiliano y mejía) toma la plaza de Colima  obligando a replegarse a degollado, representante de Juárez durante su ausencia. En el efímero segundo imperio los estados volvieron a ser departamentos (controlados en ocho grupos de "comisarías",  remedo de las intendencias) y junto con Jalisco, Michoacán, Aguascalientes, nayarit y  Zacatecas formó la comisaría de Guadalajara.

   Finalmente en 1867 se restauran, tanto la república federal, como el estado de Colima . Su gobernador liberal retoma el poder: el general ramón r. De la vega. en 1876 la rebelión porfiriza derroca a lerdo, que intentaba reelegirse, e inicia así "la paz porfiriana". Como en la silla presidencial, en la silla estatal, existe un hombre fuerte: el general francisco santa cruz, que gobernó, aproximadamente, 16 años. para su desgracia  la  muerte  lo sorprende y tiene que tomar el relevo enrique o. De la Madrid (abuelo del expresidente miguel de la Madrid), quien detentó el poder absoluto por lo menos nueve años, hasta que la revolución lo echó del gobierno en 1911.  

   Es  lógico que en un siglo tan conflictivo los progresos, el crecimiento poblacional, las mejoras de salud e industria a penas se reflejaran.  La recién enaltecida villa de Colima  a  rango de ciudad de Colima en 1824 no implicó más nada. Era una manera en que la federación daba un premio de consolación a los colimenses, que querían erigir su propio estado; a final de cuentas Colima, villa o ciudad, seguía siendo un pueblo. Un pueblo con no más de diez mil habitantes. ¿cómo era?: no es difícil imaginarlo, muy pocas casas de cal y canto y  el resto, la mayoría de madera y paja. una plaza pública en la que se hacía el mercado, dejando su estela de rabos de cebolla, cáscaras de cacahuates, hojas de elotes, ladridos de perros, boñigas de animales, y en fin, dos o tres calles que separaban y a ala vez unían a los vecinos y sus deyecciones matutinas.

    ¡Claro!, las pocas calles no deberían tener ni empedrado, y la zanja de aguas negras debería obligar a los  viandantes a saltar por encima de ellas para ir de un lugar a otro.

 

 Pintura de Gabriela  Ulloa que recrea  la  plaza principal de Colima. Este cuadro naíf  aparece  en  la   portada del  libro  Un censo una historia de Rosa Margarita Nettel . Se basa esta recreación en una pintura idéntica, anónima, que se supone fue pintada a principios del siglo XIX.

     Este cuadro nos puede dar una idea de cómo fue Colima, pero a pesar de su buena intención de salvar del olvido tantas cosas que se han perdido irreparablemente de mi tierra, deja varias preguntas: ¿hasta dónde llegaban esas calles? ¿qué edificio o solar había a un lado de la iglesia?: ¿las casas reales?, ¿el atrio?, ¿el panteón?. Todos los pueblos tenían su panteón en el atrio de su parroquia, por qué Colima debería ser la excepción. ¿acaso parte de la plaza fue el atrio, en otros tiempos, y  en consecuencia el panteón? ¿por qué un pozo de agua en la plaza principal?, sobre todo pues a  una cuadra de ahí está el río de Colima que dividía a los dos barrios: el de indios y el de españoles, y adonde seguramente iban las mujeres  a  lavar  la ropa.

   Si la población, en este inicio de siglo xix era mayoritariamente negra, por qué ninguna de las seis figuras que se ven ahí –a pesar de lo débil de los rasgos pictóricos–, tiene aspecto de negro. ¿cómo se sostenía en pie esa casa de dos  niveles que se ve al final de la calle? Lo más probable es que fuera una construcción  de frágil adobe y en tierra de sismos es casi impensable una construcción de dos niveles.

   Ese portal, esos aleros de teja roja o ese balcón recuerdan a la arquitectura de Pátzcuaro, comparación que es válida  ya  que este pueblo fue un tiempo la capital de la provincia de Michoacán y en consecuencia, modelo a seguir para Colima, pero Pátzcuaro no es tierra sísmica.

   Otra pregunta básica es ¿cómo logró este siglo de guerras civiles y destrucciones darse una tregua para construir un portal de columnas de piedra o un palacio de gobierno de dos niveles y aireados balcones?

 
 La misma calle y la misma plaza al terminar un siglo e iniciar el otro.

 

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