CAPÍTULO TRES: CARA A CARA
Cuarta parte
Trabajo vs. no Trabajo de la Técnica Narrativa
Siempre ha sido evidente que la crítica literaria ha descuidado el estudio de la forma en la novela de posguerra. Críticos como Ynduráin señalan que los estudiosos han privilegiado el tema en detrimento de la forma. Él mismo explica las causas de por qué tal fenómeno: la relevancia tan grande para estos autores del contenido y, casi, el desprecio por la forma. Así lo explica:
El fenómeno parece responder a la convicción de que la novela de esos años posee una rara homogeneidad estilística -el realismo-, que liberaría al estudioso de analizar en cada caso ese aspecto de la creación literaria. Aunque esta homogeneidad formal no se declare en todos los casos de manera explícita, me parece que no otra es la causa de tal olvido y de la correspondiente preferencia por los contenidos(1)
Más allá de la crítica a la crítica, me interesa señalar algunos aspectos concomitantes a esta afirmación. En efecto, las obras analizadas determinan el cómo del análisis, así es que si el contenido es lo más relevante en ellas luego entonces el estudio debe privilegiar este aspecto del análisis, de hecho este estudio es básicamente un estudio del contenido. En efecto, lo plano de las formas literarias utilizadas por la novela de posguerra hace casi inútil su estudio, ahora bien, el asunto no es tan homogéneo como lo plantea Ynduráin; hay, a mi parecer, una clara diferencia entre las formas de la novela de los años cuarenta (que sí, en efecto, descuida la forma) y la novela de los años cincuenta, que es la que nos ocupa.
Al arrancar formalmente la novela de posguerra en 1942 con La familia de Pascual Duarte, Cela marca el camino de lo que será el también llamado tremendismo, ciclo novelesco de los años cuarenta que se habrá de caracterizar por una fuerte denuncia social y por una pobre valoración de las formas literarias, a esta novela de Cela podemos agregar novelas como Javier Mariño (1943) de Torrente Ballester o Nada (1944) de Carmen Laforet. Todas ellas en efecto, se caracterizan por relegar a un segundo plano la técnica narrativa, pero al llegar los años cincuenta, Cela nuevamente, marca el camino cuando en 1952 La colmena viene a demostrar que la denuncia y la crítica social no tienen por qué estar peleadas con el trabajo de la técnica narrativa. En La colmena, por ejemplo no es menos importante y protagónica la forma que el contenido, el equilibrio alcanzado y la calidad de lo escrito se convierte en paradigma y reto para los jóvenes creadores. Es en este contexto en el que se han de publicar las novelas que nos ocupan que van, sus fechas de publicación, de 1954 a 1959.
Así pues, la ubicación generacional como la influencia de los escritores previos, han de marcar el camino a nuestros cuatro novelistas y ellos han de seguir gustosamente, y más o menos fieles, a sus maestros; Cela en particular. Y digo más o menos fieles nuestros cuatro autores se preocuparon por trabajar la técnica, pero también por ocultar dicho trabajo, es decir, que no querían que este elemento viniere a ensombrecer el particular interés que se le ponía al contenido. O, dicho de otra manera, mientras que en Cela la forma de La colmena determina totalmente la lectura que de ella se haga, nuestros autores prefirieron disimular al máximo dicha estructuración para que la atención del lector, finalmente, recayere, si no exclusivamente, sí por lo menos de manera muy clara en el tema; dejando para el especialista el reconocimiento y estudio de la forma, forma que ha de llegar a modelos muy complejos, como en Campos de Níjar.
No es mi intención hacer aquí un estudio sobre las formas de las cuatro novelas que me ocupan, dado el caso remito al lector a los diferentes estudios que sobre las mismas han hecho otros estudiosos(2), doy por entendido que lo más relevante, en cuanto a la técnica, en El fulgor y la sangre y El Jarama es el manejo del tiempo: ambas novelas se construyen en función del transcurso del día; también doy por entendido que en Los bravos se destaca la narración anticlimática y que, finalmente, en Campos de Níjar el trabajo es tal que la abolición del tiempo, el anticlímax, la disolución del punto de vista y la mezcla de los géneros literarios hacen de ella la más compleja de las cuatro novelas. Doy por hecho, repito, el estudio de la técnica y me limito sólo a señalar que la afirmación más o menos frecuente de la crítica de que los autores de la posguerra descuidaron la técnica narrativa no es acertada o por lo menos es una verdad a medias. La novela de los años cincuenta, a pesar de que en su mayoría oculta el trabajo de la técnica narrativa, siempre tuvo una gran preocupación por la misma y que sus diferencias con la novela de los años cuarenta, en este aspecto, son muy claras.
Para concluir este último apartado he de señalar que así como hay una evolución entre la novela de los años cuarenta respecto de la novela de los años cincuenta, también es evidente que, dentro de la misma novela de los años cincuenta, a medida que transcurre la década, los cambios son claramente perceptibles. Es claro que las novelas más viejas (1954) El fulgor y la sangre y Los bravos son novelas que, comparativamente, fueron menos trabajadas que El Jarama (1956) y Campos de Níjar (1959) y que, esta última, es la más complejamente estructurada.
Tres años faltaban para que en 1962 se publicara la novela que habría de ser el gran parteaguas de la narrativa española de esta parte de la segunda mitad del siglo XX: Tiempo de silencio. Esta novela también ha de confirmar que el camino iniciado por Cela hacia la experimentación formal y continuado por los más jóvenes era el correcto. Esta novela también habrá de confirmar que la novela española, por muy experimental que llegue a ser no podía disociarse de la problemática social, así lo hicieron nuestros cuatro novelistas, así lo hizo Martín-Santos y así lo harían los consagradores de la experimentación formal de los años setenta y principios de los ochenta: el mismo Goytisolo con su trilogía "Álvaro Mendiola" (Señas de Identidad, Reivindicación del Conde don Julián y Juan sin Tierra) o Juan Marsé con Si te dicen que caí (1973). Así pues, el último cara a cara que podemos mencionar es el existente entre la novela realista y la novela experimental; las cuatro obras que nos ocupan son como un Jano que mira hacia los dos lados del corpus novelístico español de esta segunda mitad del siglo XX: trabajo y no trabajo de la técnica narrativa.
NOTAS A LA CUARTA PARTE DEL CAPÍTULO 3:
TRABAJO VS. NO TRABAJO DE LA TÉCNICA NARRATIVA
1. Domingo Ynduráin, "La novela" en Historia y crítica de la literatura española, pp. 319 y 320
2. Cf. Historia y crítica de la literatura española, La novela española contemporánea, Temas y técnicas de la narrativa de Jesús Fernández Santos, etc. Véase la bibliografía al final de este estudio.