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CAPÍTULO 3: CARA A CARA
Tercera parte
Amor vs. Desamor
Es evidente que en la sociedad donde reina el llamado por Fromm síndrome de decadencia, reinará también el desamor. En las novelas sucederá así. Todas las parejas que aparecen en estas obras mantienen una relación que va desde la conveniencia mutua, hasta las parejas totalmente desavenidas.
El amor no es una realidad sino una posibilidad. Si hemos de reflejar su aparición en función del tiempo, podemos decir que el amor es un pasado y un futuro, pero no un presente. En cuanto tal se da la posibilidad de que se realice, pero no en el aquí y en el ahora. En las novelas aparecen muchas parejas(1) amorosas, esposos o novios, pero en ninguna se da el amor. En el caso de los esposos la relación es más bien de compañía de soledades, proyectos compartidos, frustraciones comunes, odios recíprocos, etc. Pero nunca habrá un presente amoroso, acaso un recuerdo de lo que fue, e incluso, en la mayoría de las veces un olvido. En la circunstancia de los novios, es una relación de cosas por hacer, de algún día casarse y esperar que con el matrimonio llegue el amor.
El amor en presente, como un hecho dado aparece ocasionalmente y también tiene su cuota de desamor. Como en otros temas que hemos visto, el tema del amor y el desamor se presenta por pares y en oposición a. Por ejemplo, el amor como presente se da en dos novelas: Los bravos y El Jarama, en las dos otras no.
El amor en pasado es la forma más recurrente, tenemos constantes parejas, pero en ninguna novela se habla de que se amen, y más bien, cuando se especifica su relación, es para señalar sus desavenencias y conflictos. En El fulgor y la sangre, ya hemos visto, aparecen cuatro parejas(2) : Felisa y Ruipérez, Sonsoles y Pedro, María Ruiz y Baldomero y Ernesta y Guillermo; en ninguna de ellas, en efecto, se habla de que se amen y, cuando el autor refiere la situación afectiva, ésta suele estar determinada por la frustración y el deseo de fuga(3). En Los bravos también hay varias parejas, desde la establecida por conveniencia entre don Prudencio y Socorro (ella está con él por necesidad económica y él con ella por miedo a la soledad), pasando por Manolo y su esposa (que tan sólo pueden compartir el trabajo de su cantina) hasta la de Antón y su mujer que desgastan sus vidas en el odio; él escondiéndose de ella. En El Jarama el amor en pasado está representado por el grupo de adultos que van a pasar el domingo en el cafetín de Mauricio, en oposición al amor en futuro que estaría representado por el grupo de jóvenes que se baña en el río. A Mauricio y Faustina los une la necesidad, trabajan incansablemente en la cantina para poder subsistir míseramente, han renunciado a sus vidas dignas por tal de subsistir precariamente. Felipe y Petra sobreviven de los pobres ingresos de un viejo taxi, él tiene que soportar los reclamos de ella por la pobreza en que están. Sergio y Nineta, cuñados de Felipe y Petra, sobrellevan con mayor dignidad, mejor dicho resignación, su miseria.
El amor en futuro lo representan las jóvenes parejas de novios. Justina, hija de Mauricio el ventero, deposita las ilusiones de un buen matrimonio, que no de amor, en su pobre novio; aunque cada vez que tenga que verlo sea una bronca con su padre porque ella se va y no ayuda más en la cantina. Otras posibilidades de amor a futuro en El Jarama son entre lo jóvenes paseantes: Sebastián y Paulina, Carmen y Santos, etc. Son tan pocas las posibilidades de amor en una sociedad como la mostrada por estas novelas que las palabras de Pepe en Los bravos reseñan muy claramente las pocas perspectivas de amarse:
-Hay que casarse para que la mujer le ayude a uno. Los hombres no nos bastamos. El estar soltero, para quien le guste. Está bien mientras se es joven, pero luego ¿qué? Si no hay hijos te mueres de asco. Los hijos ayudan y la mujer también. (Los bravos, 69)
En cuanto al amor en presente, ya dijimos, se muestra en dos novelas, pero en ambas son sólo remedos de amor, en el fondo son formas del desamor. El protagonista de Los bravos, por ejemplo, se engaña pensando en que ama a su mujer: "hizo revivir dentro de él, en toda su ternura, el amor que por ella sentía". Pero es evidente que se engaña, toda su conducta, sus olvidos, su forma en como se la apropia, muestra su desamor por ella: se hace amante de Socorro aprovechando la ausencia de don Prudencio; para ella fue una furtiva mudanza, el amor se reduce a un deseo: "el sólido pecho acusó bajo el chal sus formas redondas. Aquello era la vida: la casa, aunque no aquella; la casa, la mujer, los hijos..." (Los bravos, 119). Cuando el pueblo se revuelve en su contra, piensa sólo en su seguridad y se olvida de ella: "Se llamó bruto y egoísta porque en su frenesí la había olvidado" (Los bravos, 172).
La otra novela donde el amor se da en presente es El Jarama, entre Lucita y Tito, como hemos visto por otras causas, sólo hay interés físico: ella lo desea a él y él, finalmente concede, con los resultados trágicos ya sabidos. Con Erich Fromm(4) podemos decir que, de las diferentes formas del amor, sólo el deseo carnal es el vínculo que pueden establecer estas parejas; es decir, el desamor disfrazado de cópula. Como toda forma de amor basada en la pasión, apela al sentimiento de muerte(5).
Esta acotación de Bataille me permite relacionar este tema del amor versus desamor con el segundo y primer tema tratados en este capítulo. Tiene relación con el segundo en la medida que el amor como pasión asociado a la muerte reconfirma la idea de que la España de posguerra es una sociedad basada en la muerte, que ésta, a pesar de haber concluida la guerra sigue atrapada en un círculo de muerte. Con el primer apartado lo puedo relacionar por que expresa un sentimiento propio del existencialismo. Para el existencialismo el amor sólo es un apetito carnal y como tal se acepta y asume. Amar es desear, poseer.
La idea del amor como un deseo, como una posesión le viene a estos novelistas por doble vía, por un lado está la influencia del existencialismo de Sartre y Camus. La genitalidad como forma de expresión amorosa la toman estos personajes de sus correlatos literarios de La nausea, por ejemplo. Pero en los novelistas de posguerra hay una otra influencia literaria que también influye esta visión del amor: sus lectura de la Generación Perdida norteamericana(6), en particular de Ernest Hemingway, evidencian esta óptica pesimista. H. Straumann explica así la visión del amor de Hemingway:
La relación entre hombre y mujer es esencialmente de naturaleza física. No se habla del "amor"; en realidad, apenas se hablan el uno al otro. Primordialmente se atraen entre sí por su aspecto y por sus instintos sexuales, y a veces uno de ellos[...] apenas se da cuenta de sus propios sentimientos (7.)
NOTAS A LA TERCERA PARTE DEL CAPÍTULO 3: AMOR VERSUS DES AMOR
1. Excepción hecho con Campos de Níjar en la que no se plantea el tema amoroso.
2. Cf. capítulo 1, "Separación del iniciado de su antiguo grupo"
3. Cf. La cita de El fulgor y la sangre en que Carmen reniega del destino que le da su marido siendo como es, guardia civil. en el capítulo 1.
4. Cf. E. Fromm, El arte de amar, Paidòs, Buenos Aires, 1987
5. Cf. George Bataille, El erotismo, Tusquetes, Madrid, 1988
6. Juan Goytisolo menciona que una influencia decisiva para él y su generación no fue sólo la de los existencialistas franceses, sino también la de los norteamericanos: "Autodidacta como todos los hombres y mujeres de mi generacioón [...] Minetras consumía obras de Proust, Gide, Malraux, Dos Passos o Faulkner, ignoraba olímpica-mente nuestro renacimiento". Cf. Coto vedado, Seix-Barral, Barcelona, 1988, P. 120 y ss.
7. Heinrich Straumann, La literatura norteamericana en el siglo XX, F.C.E., México, 1978, p. 156