Una nube negra cubrió a la Estrella
y el ruiseñor sintió frío.
Asomó tímidamente su cabeza entre las ramas.
- ¿Adónde fuiste que no te veo, Estrella amada?
Elevó su canto en la noche sin Estrella
hasta que agotado, de madrugada
cayó rendido al pie del árbol que lo cobijaba.
Una dulce voz le dijo junto a él:
- No desesperes, cantor enamorado,
es solo una nube que el viento arrastrará.
Ten fe y confianza, la Estrella
de nuevo brillará.
El ruiseñor, aún aturdido,
olió el perfume de la flor,
observó su color violeta
y con un suspiro de su pecho enamorado
meció las hojas, que de nuevo hablaron.
- Ella te ama. Solo está asustada.
Sigue, no abandones, pues ella
aunque tu lo la veas
escucha tu canto en la noche,
y así sabe que no está sola
que también es amada.
¡Vamos, ánimo, pronto la nube pasará!
El ruiseñor agitó sus plumas, lavó su cara
en el torrente, aclaró su garganta
y de un impulso subió de nuevo a la rama.
- Esperaré a la noche –se dijo- si la noche es oscura
ella brillará aún más que el Sol.
y así, despacito, muy despacito, se fue quedando dormido.
y soñó que un temporal de viento
arrastraba las nubes negras y al polvo.
Y vio en su sueño a su amada Estrella
y junto a ella,
una pequeña planta de violetas…
11-IV-1995