Una duda se adueñó del corazón del ruiseñor.
¿Por qué –pensaba- durante el día mi Amor
desaparece y en su lugar se encuentra el Sol?
¿No es ella la luz de mi Alma,
la que alumbra mi existencia,
la que da sentido a mi canto…?
Y sin embargo, el Sol con su esplendor,
con su luz y calor,
hace que la Estrella se esconda
¿Es acaso el Sol más fuerte que el Amor?
En la mañana, en el reinado del Sol,
la vida cotidiana te absorbe en el mirar,
en el continuar existiendo,
en la rutina del día a día.
¡Es fuerte el Sol!
Orgulloso de su porte,
altivo en su camino.
Y sin embargo, yo amo a la Estrella.
A esa Estrella pequeña y vibrante
que a veces parece temblar en la lejanía,
y a veces es fuerte en su brillar…
Amo a esa Estrella, su color,
su andar en el cielo, despacio, sin dar a nadie
cuenta de su paso,
si acaso, a las demás Estrellas
que con ella, encumbradas en el firmamemtno
forman un mapa luminoso,
un curso de vida eterno y sin retorno…
Las noches nubladas, cuando ella brilla
y yo no la veo
sufro en silencio la falta de luz
y es entonces cuando imagino
un rostro hermoso y sereno,
sonriente,
y dos luceros en sus ojos relucientes.
Le hablo bajito, como si estuviera a mi lado.
Le cuento cosas que me han pasado, buenas y malas,
vivencias… Sonrío e imagino su sonrisa.
Toco su pelo suave, acaricio su mejilla
y besando sus labios le juro un “Te quiero”.
Mi mano en su corazón trata de darle aquello que creo poseer,
la cabeza reclinada en su seno,
y el anhelo ¡el anhelo de poseer el Tiempo!
De despertar cada mañana y tenerla al lado,
de volver a casa y verla…
de fundirme, sin darme cuenta, en su alma luminosa.
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Y el ruiseñor canta desde el fondo del alma,
la llama a gritos y es tanta su desesperanza
que ya no oye ni ve nada,
solo su nombre repite sin cesar,
en cada esquina, sobre cualquier rama,
a quien quiera escuchar…
Solo su nombre en su cantar…
25-IV-1995