Cuando me olvido de mirar al Cielo
en una noche estrellada…
recuerdo el brillo de tus ojos
que son dos luceros sonrientes
desde lo más hondo de si sentimiento.
Cuando absorto en el pensar
no veo al mar embravecido llegar a la orilla…
una sonrisa tuya me regala Agua de Vida
hacia la Eternidad.
Cuando andando, sin ya saber hacia donde ir
siento una caricia tuya…
río con el Viento y bailo sobre los cerros
gritando: ¡Te amo!
Y las altas montañas se inclinan ante mí…
y los ríos vienen a mojarme los pies cansados…
y un pequeño pájaro, tan pequeño que casi no lo veo,
viene a decirme: Descansa ya viajero, descansa.
Tu camino de regreso acaba en ese grito de Amor.
Extiendo los brazos, girando en el espacio
para atrapar ese instante de infinita alegría.
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Sentado sobre una roca, mirando al horizonte
al final de un pequeño sendero, entre algunos árboles
allí te espero amor…
Sólo, sonriendo…
10-I-1995