Bailamos, ¿recuerdas?, al borde del acantilado,
yo te ofrecía flores,
tú sonreías turbada y alegre.
Corríamos hacia el río,
mientras los pájaros nos saludaban
y los juncos se apartaban.
Jugábamos contentos y despreocupados
absorbiendo cada ínfima parte de aliento.
Y cuando se cruzaban nuestras miradas
saltaba para coger la nube más cercana….
18-X-1994