Existe un árbol perdido entre el cielo

y el desierto.

 

Sus ramas, sin hojas, son como dedos

de una mano acariciando al Viento.

 

Las raíces, mordiéndola arena,

aguantan impasibles el paso del Tiempo.

 

Dos niños juegan un poco alejados

y se miran y se sonríen…

Y el niño, tímido, le dice a su princesa

que quiere ser blanco como ella,

para poder casarse

y cabalgar juntos hasta el horizonte.

 

Ella lo mira y sonríe. Calla.

Pero en sus ojos hay algo antiguo y secreto.

 

Él sabe que no será posible

y aún así, el corazón le estalla

cuando se cruzan sus miradas.

 

1-IX-1994

 

 

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