POEMA INACABADO

 

 

Recogí, en un tiempo olvidado, una rosa sin espinas

del Árbol del Amor.

Aspiré y fui embriagado del aroma de la Paz en el sendero del Viento

y sin apenas aliento

levanté las manos al Sol y comencé a caminar.

 

Subí a las Montañas del Deseo,

removí piedras y rocas,

descubrí oscuras cavernas del placer

en las que entré sin Luz… y salí,

pues allí no había Esperanza.

 

Cansado, descendí a los Valles.

Caminé por las veredas de las alamedas, oyendo al Viento

susurrar nombres extraños, y al Río…

reír a mi lado.

 

El Tiempo pasó, no sé si rápido o despacio.

 

Atravesé pueblos y ciudades, siempre caminando…

Mudo, asombrado, como buscando algo,

algo, que perdido, me llamaba a gritos

desde lo más hondo del Espacio.

 

Cansado, desesperado, llorando… apoyé la espalda en un árbol

y dormí…

 

Ahora, medio despierto, aspirando el perfume del crepúsculo

una sonrisa saluda al Sol poniente.

 

Y ya levantado, agarro al Viento entre las manos… y

me acaricia, cuando quiere, el rostro… y

me revuelve el pelo…

Y jugando con mi anhelo

se aleja hacia el Mar de Mil Destellos…

 

25-V-1994

 

 

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