No recuerdo el día de mi nacimiento,
Ni cuando di mi primer beso…
Solo recuerdo cuando nuestras miradas
se cruzaron y al vernos
un poema de infinitos versos
empezó a componer el Viento.
Hay momentos de pausa, punto y seguido,
comillas, signos de admiración y preguntas,
y también, por qué no decirlo, punto y aparte.
Pero es solo para retomar de nuevo el verso
y hacerlo más ligero, sin apenas peso,
y así, ligero ligero, el Viento lo eleva
en una espiral de música y fuego,
como las antorchas que arden en invierno,
y elevándose, más y más, llega al firmamento
y ¿por qué no, amor mío? Allí en lo alto del cielo
ese infinito poema será una pequeña estrella
en una noche estrellada…