¡Qué anhelo de espera
ver crecer en tu vientre la sementera
de Amor!
Y hoy, día nueve de mayo,
el sol roza, acariciando, los pétalos
de las rosas.
Y hoy, Estrella,
se levanta un vendaval, mil chispas de luz
del pecho surgen al fundirnos en ti, en mí, en él.
¡Cómo crece, qué deprisa!
Y ya nos ves a los dos, tal vez después de regresar,
Yamir, de algún viaje a los confines del mundo.
O tal vez, porque me ha reconocido en el mí o yo en él.
Y tú entre los dos, Amor...
Será alto y fuerte y a la vez sencillo y alegre.
Trataremos de hacerle ver la grandeza de la Vida
en la pequeña hormiga,
la maravilla del Universo en el vuelo de la polilla,
la gracia del habla en el canto del mochuelo...
Enseñarle, no domarle. Mostrarle, no educarle...
¿Entiendes?
Y poco a poco,
ya casi sin palabras
hablarle con gestos,
con ojos cómplices de amigo.
Pero antes de eso.
Levantarse de noche a vigilar su sueño,
arroparle con cuidado, darle un beso.
Sonreír, mi mano en tu hombro, Amor...
¡Ya está aquí de nuevo ese Viejo Compañero!
Cuantas más veces debe de empujarme,
de mostrarme el sendero en el cual camino.
¡Qué difícil será verlo tan pequeño!
Y guardar el secreto en mi pecho.
¡Ay Amor como deseo el paso del Tiempo!