Te he estado llamando desde la luminosa aurora

al crepúsculo dorado, desde el tambor del indígena

al sublime piano.

 

Te llamo desde el corazón amado

para llegar a ti, en cualquier lado.

Es desde la alta montaña iridiscente

al fondo del lago

que te busco con el ansia del enamorado.

 

¿Cuándo, amor mío, por fin juntos en este mundo

recorreremos los senderos del Viento,

enseñaremos a nuestros hijos el juego de la vida,

la alegría de respirar satisfecho…?

 

Es ahora cuando anhelo tu presencia,

que me da serenidad y aplomo.

¡Cómo te hecho de menos

como te busco dentro…!

 

Y sé que estás aquí,

agazapada, esperando

y soy tan tonto que pasando,

casi rozándote, no te veo.

 

Ten paciencia, algún día,

una sorpresa te saldrá al camino

cuando menos lo esperes.

Tocaré tu hombro y te diré:

¡Hola, soy yo y estoy aquí!

 

 

 

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