EL PARAÍSO RESTAURADO
Una
teología bíblica de señorío
David
Chilton
Dominion
Press
Tyler,
Texas
©
1ero.
1985; 6to. 1999
Capítulo
20
LA BESTIA Y EL FALSO
PROFETA
(Apocalipsis 13)
Por
lo tanto, el bienaventurado Moisés de la antigüedad
ordenó la gran fiesta de la Pascua, y nuestra celebración
de ella porque, a saber, Faraón fue muerto y el pueblo fue
librado de la esclavitud. Porque en aquellos tiempos ocurría
especialmente que, cuando los que tiranizaban al pueblo habían
muerto, las festividades temporales y los días especiales se
celebraban en Judea.
Sin
embargo, mis
amados,
ahora que el diablo, ese tirano contra el mundo entero, es muerto, no
nos acercamos a ninguna fiesta temporal, sino a una fiesta
eterna
y celestial. No en sombras, sino que venimos a ella en verdad. Porque
ellos, habiéndose llenado de la carne de un cordero inocente,
tuvieron la fiesta y, habiendo ungido con la sangre los dinteles de sus
puertas, imploraron ayuda contra el destructor. Pero ahora nosotros,
comiendo el Verbo del Padre, y teniendo nuestros corazones sellados con
la sangre del Nuevo Testamento, reconocemos la gracia que nos ha dado
el Salvador, que dijo: "He aquí os doy potestad de hollar
serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará" [Lucas 10:19]. Porque ya no reina más la
muerte; porque, en vez de la muerte, de ahora en adelante reina la
vida, pues nuestro Señor dijo: "Yo soy la vida" [Juan 14:6];
así que todo está lleno de gozo y alegría; como
está escrito: "Jehová reina; regocíjese la tierra"
[Sal. 97:1].
Atanasio,
Letters [iv]
El libro de Apocalipsis es un documento de pacto.
Es una profecía, como las profecías del Antiguo
Testamento. Esto significa que no tiene que ver con hacer
"predicciones" de sucesos asombrosos como tales. Como
profecía, el centro de su tema es redención y
ética. Tiene que ver con el pacto.
No hay ninguna oportunidad de que los escritores bíblicos
hubiesen considerado importante profetizar sobre helicópteros
Cobra (que habrían quedado anticuados a causa del "Blue
Thunder"), o computadoras personales, o goma de mascar, o naves
espaciales. Tampoco les habría interesado predecir el futuro de
los Estados Unidos de América, la Unión Soviética,
o el Gran Ducado de Luxemburgo. El punto no es que estas cosas no son
importantes (en grados variables), ni que los cristianos "espirituales"
no deben preocuparse de todas las áreas de la vida; debemos
hacerlo. Pero el punto es que la
Biblia es la revelación de Dios acerca de su pacto con su pueblo.
El libro no se escribió para satisfacer nuestra curiosidad sobre
el Mercado Común ni la tasa de interés prime. Se
escribió para mostrar lo que Dios ha hecho para salvar a su
pueblo y glorificarse a Sí mismo por medio de ese pueblo.
Por lo tanto, aun cuando Dios
habla del Imperio Romano en el libro de
Apocalipsis, su propósito no es contarnos emocionantes noticias
sobre la vida en la corte de Nerón. Dios habla de Roma
sólo en relación con el pacto y la historia de la
redención. El Imperio Romano no es visto en términos de
sí mismo, sino solamente en términos de (1) la tierra (Israel)
y (2) la Iglesia.
La bestia que sube del mar
El
Imperio Romano está simbolizado en Apocalipsis como un animal
voraz y feroz, salvaje y bajo maldición. Juan dice que su
aspecto era como el de un leopardo, un oso, y un león (Apoc.
13:2) - los mismos animales que se usan para describir a los tres
primeros de los cuatro grandes imperios mundiales en Daniel 7:1-6
(Babilonia, Medo-Persia, y Grecia; véase la descripción
que hace Daniel de los mismos imperios bajo un símbolo
diferente, en Dan. 2:31-45). El cuarto imperio, Roma, participa de las
características malvadas y bestiales de los otros imperios, pero
es mucho peor. "Después de esto, miraba yo en las visiones de la
noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en
gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de
hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y
era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y
tenía diez cuernos" (Dan. 7:7). La bestia de Apocalipsis es
claramente el Imperio Romano.
Sin embargo, esta bestia no es
sólo una institución, sino
una persona; específicamente, como veremos, el emperador
Nerón. ¿Cómo podía este símbolo
haberse referido tanto al emperador como al imperio? Porque, en cierto
sentido (particularmente la manera en que la Biblia considera las
cosas), los dos
podrían ser considerados como uno.
Roma era identificada con su líder; el el imperio estaba
personificado en Nerón. Por ello, la Biblia puede moverse hacia
atrás y hacia adelante entre ellos, o considerarlos a ambos
juntos, bajo la misma designación. Y tanto Nerón como el
imperio estaban hundidos en actividades degradantes, degeneradas y
bestiales. Nerón, que asesinó a numerosos miembros de su
propia familia (incluyendo a su esposa embarazada, a la cual
mató a patadas); que era homosexual, la etapa final de la
degradación (Rom. 1:24-32); cuyo afrodisíaco
consistía de observar a personas sufrir las torturas más
horripilantes y repugnantes; que se vestía como una bestia
salvaje para atacar y violar a prisioneros y prisioneras; que usaba los
cadáveres de cristianos que ardían en la hoguera como las
originales "velas romanas" para iluminar sus obscenas fiestas de
jardín; que desató la primera persecución imperial
de los cristianos a instigación de los judíos, para
destruir la iglesia. Este
pervertido animalístico era el jefe del imperio más
poderoso de la tierra. Y fijó la tónica para sus
súbditos. Roma era la cloaca moral del mundo.
Consideremos lo que el libro de Apocalipsis nos dice sobre
Nerón/Roma, la bestia. Primero,
Juan lo vio "saliendo del mar" (Apoc. 13:1). En un sentido visual,
dramático, por supuesto, el poderoso Imperio Romano sí
pareció surgir del mar, desde la península itálica
a través del océano. Sin embargo, más que esto,
hay el simbolismo bíblico del mar. En la creación
original, la tierra era una masa de oscuridad, fluida, informe,
inhabitable, que la luz del Espíritu "venció"
(Gén. 1:2; Juan 1:5). Obviamente, no había ningún
conflicto verdadero entre Dios y su creación; en el principio,
todo era "muy bueno". El mar es más fundamentalmente una imagen
de vida. Pero, después de la caída, se usa la imagen
del abismo rugiente y se desarrolló en la Escritura como
símbolo del mundo en caos por medio de la rebelión de los
hombres y las naciones contra Dios: "Los impíos son como el mar
en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y
lodo" (Isa. 57:20; ver 17:12). Por eso se le dice a Juan más
tarde que "las aguas que viste ... son pueblos y multitudes y naciones
y lenguas" (Apoc. 17:15). De esta caótica y rebelde masa de
humanidad surgió Roma, un imperio entero fundado en la premisa
de oposición a Dios.
Segundo,
Juan vio que la
bestia tenía "diez cuernos y siete
cabezas" (Apoc. 13:1), a la imagen del dragón (12:3), que le da
a la bestia "su poder y su trono y gran autoridad" (13:2). Los diez
cuernos (poderes) de la bestia se explican en Apocalipsis 17:12 en
términos de los gobernadores de las diez provincias imperiales,
mientras que las siete cabezas se explican como la línea de los
Césares (17:9-11). Nerón es una de las "cabezas"
(regresaremos a esto en el próximo capítulo).
Tercero, "y
sobre sus cabezas,
un nombre blasfemo" (13:1). Como ya hemos visto, los Césares
eran dioses. Cada emperador era llamado Augusto o Sebasto, que
significa Al que debe
rendírsele culto;
también, tomaban el nombre de divus
(dios) y hasta los de Deus
y Theos
(Dios). Se les erigieron muchos templos por todo el Imperio,
especialmente, como hemos visto, en Asia Menor. Los Césares
romanos recibían honores que pertenecían sólo al
único Dios verdadero; Nerón exigía absoluta
obediencia, y hasta se hizo construir una imagen, de 120 pies de
altura. Por esta razón, Pablo llamó a César "el
hombre de pecado"; Pablo dijo que César era "el hijo de
perdición, que se opone y se levanta contra todo lo que se llama
Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios
como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes. 2:3-4). Juan
subraya este aspecto de la bestia: "También se le dio boca que
hablaba grandes cosas y blasfemias ... Y abrió su boca en
blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su
tabernáculo, y de los que moran en el cielo" (13:5-6). Los
cristianos fueron perseguidos precisamente porque rehusaron participar
en este idolátrico culto al emperador.
Cuarto,
Juan vio "una de sus
cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada"
(13:3). Algunos han señalado que, después de que
Nerón fue asesinado, comenzó a circular el rumor de que
resucitaría y recuperaría el trono; se supone que, de
algún modo, Juan debe estar refiriéndose a ese mito. Esto
me parece un modo muy insatisfactorio de tratar con la Escritura. Juan
menciona la "herida mortal" de la bestia tres veces en este pasaje (ver
v. 12, 14); claramente, este es mucho más que un símbolo
casual, y debemos intentar una explicación bíblica para
él.
Como ya vimos, la bestia se
parece a la serpiente. El hecho de que
recibe una herida en la
cabeza
debería hacernos pensar en la escena del huerto de Edén,
cuando Dios prometió que Cristo vendría y
aplastaría la cabeza de la serpiente. Daniel había
profetizado que, en los días de los gobernantes romanos, el
reino de Cristo aplastaría a los imperios satánicos y los
reemplazaría, llenando la tierra. En consecuencia, el testimonio
apóstolico proclamó que eñ reino de Cristo
había llegado, que el diablo había sido derrotado,
desarmado, y atado, y que todas las naciones comenzarían a
confluir hacia el monte de la casa de Jehová. Dentro de la
primera generación, el evangelio se difundió
rápidamente alrededor del mundo, a todas las naciones; surgieron
iglesias por doquiera, y los miembros de la propia casa de César
vinieron a la fe (Fil. 4:22). En realidad, Tiberio César hasta
solicitó formalmente que el Senado romano reconociera
oficialmente la divinidad de Cristo. En consecuencia, durante un
tiempo, pareció que estuviese ocurriendo un golpe: el
cristianismo estaba en ascnso, y pronto asumiría el control. La
cabeza de Satanás había sido aplastada, y con ella, el
Imperio Romano había sido herido de muerte con la espada (Apoc.
13:14) del evangelio.
Pero entonces la situación se
invirtió. Aunque el
evangelio se había difundido por todas partes, también lo
habían hecho la herejía y la apostasía; y bajo la
persecución de los judíos y el estado romano, gran
número de cristianos comenzó a apostatar. El Nuevo
Testamento da la definida impresión de que la mayor parte
de las iglesias se desmoronó y abandonó la fe; bajo la
persecución de Nerón, la iglesia parecía haber
sido aplastada enteramente. La bestia había recibido la herida
en la cabeza, la herida de muerte - pero todavía vivía.
La realidad, por supuesto, era que Cristo había
derrotado al dragón y a la bestia; pero las implicaciones de su
victoria todavía tenían que ser resueltas; los santos
todavía que vencer, y tomar posesión (Dan. 7:21-22; Apoc.
12:11).
Quinto, "y se maravilló toda la
tierra en pos de la bestia; y
adoraron al dragón, porque dio su autoridad a la bestia; y
adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y
quién podrá hacer guerra contra ella? (13:3-4). Juan
está hablando ahora del mundo
después de la bestia; la palabra que él usa aquí
debe traducirse como tierra, que
significa Israel. Sabemos esto por el contexto porque el
contxto
identifica a sus adoradores como los
que moran en la tierra
(Apoc. 13:8, 12, 14) - una frase técnica usada varias veces en
Apocalipsis para denotar al Israel apóstata. En el Antiguo
Testamento griego (la versión usada por la iglesia primitiva),
es una expresión profética común para referirse al
Israel rebelde, idólatra
que
estaba a punto de ser destruido y expulsado de la tierra
(Jer. 1:14; 10:18; Eze. 7:7; 36:17; Oseas 4:1,3; Joel 1:2, 14; 2:1;
Sof. 1:8), basándose en el uso original en los libros
históricos de la Biblia para
referirse a los paganos rebeldes e idólatras que estaban a punto
de ser destruidos y expulsados de la tierra
(Núm. 32:17; 33:52, 55; Josué 7:9; 9:24; Judas 1:32; 2
Sam.5:6; 1 Crón. 11:4; 22:18; Neh. 9:24). Israel se había
convertido en una nación de paganos, y estaba a punto de ser
destruido, exiliado, y suplantado por una nueva nación. Por
supuesto, es verdad que Nerón era amado en todo el imperio como
el benévolo proveedor de bienestar y entretenimiento. Pero es Israel
en particular el que es condenado por el culto al emperador.
Enfrentados con una elección entre Cristo y César,
habían proclamado: ¡No tenemos más rey que
César! (Juan 19:15). Su reacción a la guerra
aparentemente victoriosa de César contra la iglesia (Apoc. 11:7)
fue de asombro y adoración. Israel
se puso de parte de César y el imperio contra Cristo y la iglesia.
Por consiguiente, en fin de cuentas, estaban adorando al dragón,
y por esta razón, Jesús mismo llamó a sus
asambleas de culto sinagogas
de
Satanás (Apoc. 2:9; 3:9).
Sexto, a la
bestia se le dio
"autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses" (13:5), "para
hacer guerra contra los santos y vencerlos" (13:7). El período
de 42 meses (tres años y medio) - un
siete roto)
es una figura simbólica en lenguaje profético, que
significa un tiempo de tristeza, cuando los enemigos de Dios
están en el poder, o cuando el juicio está siendo
derramado (tomado del período de sequía entre la primera
aparición de Elías y la derrota de Baal en el monte
Carmelo). Su uso profético no es principalmente
literal, aunque es
interesante que la
persecución de Nerón contra la iglesia sí
ocurrió durante 42 meses, desde mediados de noviembre de
64 hasta principios de 68.
Séptimo,
Juan les
proporcionó a sus lectores una identificación positiva de
la bestia: "Aquí hay sabiduría. El que tiene
entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es
número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y
seis. Hay varios aspectos importantes de este extraño
número; sólo examinaremos dos de ellos aquí.
El primer punto es que el
Antiguo Testamento ya nos ha hablado del 666.
Se encuentra en los libros de Reyes y Crónicas, ciertamente
algunos de los libros más descuidados de la Biblia. Sin embargo,
es interesante notar que Juan toma muchos de sus números
simbólicos de estos libros (por ejemplo, compárese a 1
Crón. 24:1-19 con Apoc. 4:4). Estos escritos históricos
nos dicen que Salomón (un tipo bíblico tanto de Cristo
como de la bestia) recibió 666
talentos de oro
en un año, en la cúspide de su poder y su gloria (1 Reyes
10:14; 2 Crón. 9:13). Ese número marca tanto la
cúspide de su reino como el principio de su declinación;
de allí en adelante, todo va cuesta abajo hasta llegar a la
apostasía. Una por una, Salomón viola las tres leyes de
reinado piadoso registradas en Deuteronomio 17:16-17: no amontonar oro
(1 Reyes 10:14-25), no tener muchos caballos (1 Reyes 10:26-29), y no
tener muchas mujeres (1 Reyes 11:1-8). Para los hebreos, el 666 era un signo terrible de
apostasía, la marca tanto de un rey como un estado a imagen del
dragón.
El segundo punto que debemos
considerar sobre el número 666 es
éste. Tanto en griego como en hebreo, cada letra del alfabeto es
también un numeral (véase la tabla de los numerales al
final de este capítulo). Por eso, el "número" del nombre
de cualquier persona podría calcularse simplemente sumando el
valor numérico de sus letras. Es claro que Juan esperaba que sus
lectores contemporáneos
fuesen capaces de usar este método para descubrir el
número de la bestia - indicando así, nuevamente, el
mensaje contemporáneo
de Apocalipsis; Juan no esperaba que sus lectores calculasen el
número de algún funcionario de un gobierno
extranjero del
siglo veinte. Sin embargo, al mismo tiempo, Juan les dice que no
será tan fácil como piensan: será necesario que
alguien "entienda". Porque Juan no dio un número que pudiese ser
interpretado en griego, que es lo que esperaría un funcionario
romano que examinara Apocalipsis en busca de contenido subversivo. El
elemento inesperado en el cómputo era que tenía que ser
interpretado en hebreo,
un idioma que conocerían por lo menos algunos miembros de las
iglesias. Para ahora, sus lectores habrían adivinado que estaba
hablando de Nerón, y los que entendían hebreo
probablemente captaron el mensaje inmediatamente. Los valores
numéricos de las letras hebreas en
Nerón
Kesar (Nerón César) son:
Es
significativo que
todos los primeros escritores cristianos, aun los que no
entendían hebreo y, por lo tanto, estaban confundidos por el
número 666, relacionaron al Imperio Romano, y especialmente a
Nerón, con la bestia. No debería haber ninguna duda
razonable en cuanto a esto. Juan estaba escribiendo para los cristianos
del siglo primero, advirtiéndoles de cosas que tendrían
lugar "pronto". Estaban involucrados en la batalla más crucial
de la historia, contra el dragón y el malvado imperio que el
dragón poseía. El propósito de Apocalipsis era
reconfortar a la iglesia con la certeza de que Dios estaba en control,
de modo que ni siquiera el tremendo poderío del dragón y
la bestia podrían sostenerse delante de los ejércitos de
Jesucristo. El número de hombre es seis (Gén. 1:27, 31);
Cristo fue herido en el calcañar el sexto día (viernes) -
pero ése es el día en que aplastó la cabeza del
dragón. Juan dice que, en su poderío máximo,
Nerón es sólo un seis,
o una serie de seises; nunca un siete.
Sus planes de dominio mundial jamás se cumplirían, y la
iglesia vencería.
La bestia que sube de la tierra
Así
como la bestia que sube del mar era una imagen del dragón,
así también vemos otra criatura en Apocalipsis 13, que es
una imagen de la bestia. Juan vio a esta bestia que "subía de la
tierra" (13:11), que surgía desde dentro del mismo Israel. En
Apocalipsis 19:20 se nos da la identidad de esta bestia de la tierra:
es "el falso profeta". Como tal, representa lo que Jesús
había predicho que ocurriría en los últimos
días de Israel: "Porque vendrán muchos en mi nombre,
diciendo. Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán ...Y
muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán
a muchos" (Mat. 24:5, 11). El surgimiento de los falsos profetas era
paralelo al de los anticristos; pero, mientras que los anticristos
habían apostatado hacia el judaísmo desde dentro de la
iglesia, los falsos profetas eran líderes religiosos
judíos que trataban de seducir a los cristianos desde fuera.
Es importante recordar que el
judaísmo no
es religión del Antiguo Testamento, sino más bien un
completo rechazo de la fe bíblica en favor de la herejía
farisaica, talmúdica. Como los Mormones, los Testigos de
Jehová, la Iglesia de la Unificación, y otras sectas, el
judaísmo afirma que está basado en la Biblia; pero su
verdadera autoridad procede de las tradiciones de hombres. Jesús
hablaba bastante claro: el judaísmo niega a Cristo porque niega
a Moisés. Sólo
el cristianismo ortodoxo es la verdadera continuación y el
verdadero cumplimiento de la religión del Antiguo Testamento
(véase Mat. 5:17-20; 15:1-9; Mar. 7:1-13; Luc. 16:29-31; Juan
5:45-47; 8: 42-47).
Los falsos profetas judíos
tenían la apariencia de un
cordero (Apoc. 13:11), como Jesús había advertido (Mat.
7:15); pero "hablaban como dragón" (Apoc. 13:11).
¿Cómo habla el dragón? Usa un lenguaje
engañoso, sutil, seductor para alejar al pueblo de Dios de la fe
y llevarlo a una trampa (Gén. 3:1-6, 13; 2 Cor. 11:3; Apoc.
12:9); además, es mentiroso, calumniador, y blasfemo (Juan 8:44;
Apoc. 12:10). El libro de Hechos registra numerosos ejemplos de falso
testimonio draconiano por los judíos contra los cristianos, un
gran problema para la iglesia cristiana (Hech. 6:9-15; 13:10; 14:2-5;
17:5-8; 18:6, 12-13; 19:9; 21:27-36; 24:1-9; 25:2-3, 7).
Los dirigentes judíos,
simbolizados por esta bestia que
surgía de la tierra, unieron fuerzas con la bestia de Roma en un
intento por destruir a la iglesia (Hech. 4:24-28; 12:1-3; 13:8; 14:5;
17:5-8; 18:12-13; 21:11; 24:1-9; 25:2-3, 9, 24). Llevaron a Israel a
rendirle culto al emperador (Apoc. 13:12); y, al servicio de la
apostasía, los falsos profetas hasta hicieron milagros (Apoc.
13:13-15). Jesús había advertido que "se
levantarían falsos Cristos, y falsos profetas, y harán
grandes señales y prodigios, de tal manera que
engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat.
24:24). Nuevamente, Hechos registra casos de milagros llevados a cabo
por los falsos profetas judíos, incluyendo el hecho de que, como
había predicho Jesús (Mat. 7:22-23), algunos de ellos
hasta usaron el nombre de Él en sus encantamientos (Hech.
13:6-11;19:13-16).
Los líderes judíos hacían
cumplir la
sumisión al emperador. De hecho, su acusación contra
Cristo mismo era que era rival de la abarcante autoridad de
César (Juan 19:12-15). De manera similar, organizaban boycots
económicos contra los que rehusaban someterse a César
como Señor, y llegaron hasta a ejecutarles (Apoc. 13:15-17). El
libro de los Hechos está tachonado de incidentes de
persecución judía organizada contra la iglesia (Hech.
4:1-3, 15-18; 5:17-18, 27-33, 40; 7:51-60; 9:23, 29; 13:45-50; 14:2-5;
17:5-8, 13; 18:17; 20:3; 22:22-23; 23:12, 20-21; 24:27; 26:21;
28:17-29; ver 1 Tes. 2:14-16).
El Nuevo Testamento da
abundante testimonio de este hecho. Los altos
dirigentes judíos estaban envueltos en un intento organizado y a
gran escala por destruir la iglesia por medio del engaño y la
persecución. En procura de esta meta diabólica, se
aliaron en conspiración con el gobierno romano contra la
cristiandad. Algunos de ellos consiguieron hacer milagros al servicio
de Satanás. Y esto es exctamente lo que se nos dice de la bestia
que surge de la tierra. El falso profeta de Apocalipsis no era otro que
la dirigencia del Israel apóstata, que rechazó a Cristo y
adoraba a la bestia.
Hay una interesante reversión
de imágenes en el texto. El
libro de Job nos ha preparado para la profecía de Juan,
porque también nos habla de la bestia terrestre (behemoth,
Job 40:15-24) y una bestia marina (leviatán, Job 41:1-34). Pero
las visiones de Juan amplían las descripciones de Job de estos
dinosaurios, y el orden de su aparición se ha invertido.
Primero, vemos a Satanás como el dragón,el verdadero
leviatán (Apoc. 12); luego viene la bestia marina, que es la
imagen del dragón (Apoc. 13:1); finalmente, caminando a la zaga
de ellos y sirviéndoles, va la bestia terrestre, a imagen de la
bestia marina. Al mostrar así las bestias en orden inverso, Juan
subraya su punto: Israel, que debió haber sido un reino de
sacerdotes para las naciones del mundo, ha entregado a leviatán
su posición de prioridad. En vez de poner un sello piadoso sobre
toda cultura y toda sociedad, Israel ha sido rehecho a imagen del
estado pagano y anticristiano. Los hijos de Abraham se han convertido
en la simiente del dragón (Juan 8:37-44).
Durante los tres años de
ministerio en Éfeso, el
apóstol Pablo sufrió persecución continuamente a
causa de las "asechanzas de los judíos" (Hech. 20:19); al
describir sus conflictos con ellos, les llama "fieras" (1 Cor. 15:32).
La bestia judía era el enemigo más engañoso y
peligroso de la iglesia primitiva, y Pablo amonestaba vigorosamente a
la iglesia acerca de estos seductores judaicos:
Porque
hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores,
mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar
la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia
deshonesta lo que no conviene. Uno de ellos, su propio profeta, dijo:
Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.
Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente,
para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas,
ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las
cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e
incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia
están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos
lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda
buena obra (Tito 1:10-16).
TABLA DE NUMERALES EN USO
DURANTE EL PERÍODO BÍBLICO

Fuente:
J.
D. Douglas, ed., New Bible Dictionary. Second Edition
(Leicester,England: Inter-Varsity Press; Wheaton, Ill.: Tyndale House
Publishers, Inc., 1982), 842-43).
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