Recambio proteico

Las prote�nas del cuerpo est�n en un continuo proceso de renovaci�n. Por un lado, se degradan hasta sus amino�cidos constituyentes y, por otro, se utilizan estos amino�cidos junto con los obtenidos de la dieta, para formar nuevas prote�nas en base a las necesidades del momento.
A este mecanismo se le llama recambio proteico. Es imprescindible para el mantenimiento de la vida, siendo la principal causa del consumo energ�tico en reposo (Tasa de Metabolismo Basal).

Tambi�n es importante el hecho de que en ausencia de gl�cidos en la dieta de los que obtener glucosa, es posible obtenerla a partir de la conversi�n de ciertos amino�cidos en el h�gado. Como el sistema nervioso y los leucocitos de la sangre no pueden consumir otro nutriente que no sea glucosa, el organismo puede degradar las prote�nas de nuestros tejidos menos vitales para obtenerla.

Las prote�nas de la dieta se usan, principalmente, para la formaci�n de nuevos tejidos o para el reemplazo de las prote�nas presentes en el organismo (funci�n pl�stica). No obstante, cuando las prote�nas consumidas exceden las necesidades del organismo, sus amino�cidos constituyentes pueden ser utilizados para obtener de ellos energ�a. Sin embargo, la combusti�n de los amino�cidos tiene un grave inconveniente: la eliminaci�n del amoniaco y las aminas que se liberan en estas reacciones qu�micas.
Estos compuestos son altamente t�xicos para el organismo, por lo que se transforman en urea en el h�gado y se eliminan por la orina al filtrarse en los ri�ones.

A pesar de la versatilidad de las prote�nas, los humanos no estamos fisiol�gicamente preparados para una dieta exclusivamente proteica. Estudios realizados en este sentido pronto detectaron la existencia de importantes dificultades neurol�gicas.



Balance de nitrogeno



El componente m�s preciado de las prote�nas es el nitr�geno que contienen. Con �l, podemos reponer las p�rdidas obligadas que sufrimos a trav�s de las heces y la orina. A la relaci�n entre el nitr�geno proteico que ingerimos y el que perdemos se le llama balance nitrogenado.
Debemos ingerir al menos la misma cantidad de nitr�geno que la que perdemos. Cuando el balance es negativo perdemos prote�nas y podemos tener problemas de salud. Durante el crecimiento o la gestaci�n, el balance debe ser siempre positivo.



Aminoacidos escenciales



El ser humano necesita un total de veinte amino�cidos, de los cuales, nueve no es capaz de sintetizar por s� mismo y deben ser aportados por la dieta. Estos nueve son los denominados amino�cidos esenciales, y si falta uno solo de ellos no ser� posible sintetizar ninguna de las prote�nas en la que sea requerido dicho amino�cido.
Esto puede dar lugar a diferentes tipos de desnutrici�n, seg�n cual sea el amino�cido limitante. Los amino�cidos esenciales m�s problem�ticos son el tript�fano, la lisina y la metionina. Es t�pica su carencia en poblaciones en las que los cereales o los tub�rculos constituyen la base de la alimentaci�n. Los d�ficit de amino�cidos esenciales afectan mucho m�s a los ni�os que a los adultos.



Valor biologico de las proteinas



El conjunto de los amino�cidos esenciales s�lo est� presente en las prote�nas de origen animal. En la mayor�a de los vegetales siempre hay alguno que no est� presente en cantidades suficientes.
Se define el valor o calidad biol�gica de una determinada prote�na por su capacidad de aportar todos los amino�cidos necesarios para los seres humanos. La calidad biol�gica de una prote�na ser� mayor cuanto m�s similar sea su composici�n a la de las prote�nas de nuestro cuerpo. De hecho, la leche materna es el patr�n con el que se compara el valor biol�gico de las dem�s prote�nas de la dieta.

Por otro lado, no todas las prote�nas que ingerimos se digieren y asimilan. La utilizaci�n neta de una determinada prote�na, o aporte proteico neto, es la relaci�n entre el nitr�geno que contiene y el que el organismo retiene. Hay prote�nas de origen vegetal, como la de la soja, que a pesar de tener menor valor biol�gico que otras prote�nas de origen animal, su aporte proteico neto es mayor por asimilarse mucho mejor en nuestro sistema digestivo.

Necesidades diarias de proteinas



La cantidad de prote�nas que se requieren cada d�a es un tema controvertido, puesto que depende de muchos factores. Depende de la edad, ya que en el per�odo de crecimiento las necesidades son el doble o incluso el triple que para un adulto, y del estado de salud de nuestro intestino y nuestros ri�ones, que pueden hacer variar el grado de asimilaci�n o las p�rdidas de nitr�geno por las heces y la orina.
Tambi�n depende del valor biol�gico de las prote�nas que se consuman, aunque en general, todas las recomendaciones siempre se refieren a prote�nas de alto valor biol�gico. Si no lo son, las necesidades ser�n a�n mayores.

En general, se recomiendan unos 40 a 60 gr. de prote�nas al d�a para un adulto sano. La Organizaci�n Mundial de la Salud y las RDA USA recomiendan un valor de 0,8 gr. por kilogramo de peso y d�a.
Por supuesto, durante el crecimiento, el embarazo o la lactancia estas necesidades aumentan.

El m�ximo de prote�nas que podemos ingerir sin afectar a nuestra salud, es un tema a�n m�s delicado. Las prote�nas consumidas en exceso, que el organismo no necesita para el crecimiento o para el recambio proteico, se queman en las c�lulas para producir energ�a.
A pesar de que tienen un rendimiento energ�tico igual al de los hidratos de carbono, su combusti�n es m�s compleja y dejan residuos metab�licos, como el amoniaco, que son t�xicos para el organismo. El cuerpo humano dispone de eficientes sistemas de eliminaci�n, pero todo exceso de prote�nas supone cierto grado de intoxicaci�n que provoca la destrucci�n de tejidos y, en �ltima instancia, la enfermedad o el envejecimiento prematuro. Debemos evitar comer m�s prote�nas de las estrictamente necesarias para cubrir nuestras necesidades.

Por otro lado, investigaciones muy bien documentadas, llevadas a cabo en los �ltimos a�os por el doctor alem�n Lothar Wendt, han demostrado que los amino�cidos se acumulan en las membranas basales de los capilares sangu�neos para ser utilizados r�pidamente en caso de necesidad. Esto supone que cuando hay un exceso de prote�nas en la dieta, los amino�cidos resultantes siguen acumul�ndose, llegando a dificultar el paso de nutrientes de la sangre a las c�lulas (microangiopat�a).
Estas investigaciones parecen abrir un amplio campo de posibilidades en el tratamiento a trav�s de la alimentaci�n de gran parte de las enfermedades cardiovasculares, que tan frecuentes se han vuelto en occidente desde que se generaliz� el consumo indiscriminado de carne.



Proteinas animales y vegetales



� Las prote�nas de origen animal son mol�culas mucho m�s grandes y complejas, por lo que contienen mayor cantidad y diversidad de amino�cidos. En general, su valor biol�gico es mayor que las de origen vegetal.
Como contrapartida son m�s dif�ciles de digerir, puesto que hay mayor n�mero de enlaces entre amino�cidos por romper. Combinando adecuadamente las prote�nas vegetales (legumbres con cereales o l�cteos con cereales) se puede obtener un conjunto de amino�cidos equilibrado. Por ejemplo, las prote�nas del arroz contienen todos los amino�cidos esenciales, pero son escasas en lisina. Si las combinamos con lentejas o garbanzos, abundantes en lisina, la calidad biol�gica y aporte proteico resultante es mayor que el de la mayor�a de los productos de origen animal.

� Al tomar prote�nas animales a partir de carnes, aves o pescados ingerimos tambi�n todos los desechos del metabolismo celular presentes en esos tejidos (amoniaco, �cido �rico, etc.), que el animal no pudo eliminar antes de ser sacrificado. Estos compuestos act�an como t�xicos en nuestro organismo. El el metabolismo de los vegetales es distinto y no est�n presentes estos derivados nitrogenados. Los t�xicos de la carne se pueden evitar consumiendo las prote�nas de origen animal a partir de huevos, leche y sus derivados. En cualquier caso, siempre ser�n preferibles los huevos y los l�cteos a las carnes, pescados y aves. En este sentido, tambi�n preferiremos los pescados a las aves, y las aves a las carnes rojas o de cerdo.

� La prote�na animal suele ir acompa�ada de grasas de origen animal, en su mayor parte saturadas. Se ha demostrado que un elevado aporte de �cidos grasos saturados aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

En general, se recomienda que una tercera parte de las prote�nas que comamos sean de origen animal, pero es perfectamente posible estar bien nutrido s�lo con prote�nas vegetales. Eso s�, teniendo la precauci�n de combinar estos alimentos en funci�n de sus amino�cidos limitantes. El problema de las dietas vegetarianas en occidente suele estar m�s bien en el d�ficit de algunas vitaminas, como la B12, o de minerales, como el hierro.




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