Feria, tierra de "coritos", señorial y
encastillada, no ha querido bajar a la llanura y la mece el aire serrano
en las primeras cumbres verdeolivas de Sierra Morena que vigilan los
fértiles Barros, balcón, faro y atalaya de la baja Extremadura.
Por estas fechas, en Feria
entre quebradas se siente el primer barrunto primaveral. Las niñas y las
mozas presienten que se aproxima el acontecimiento de una fecha señalada.
Es la llamada amorosa de la Primavera, la cita con la Cruz de Mayo. Cuenta
la leyenda, que una Santa Condesa, Ana Ponce, la del Cuarto Conde,
implantó éste modo y manera de dar culto a la Cruz en su Condado, el
Condado de Feria. Y todo el pueblo se prepara para la cita que le manda la
fuerza de la sangre y tradición de sus mayores. Se presiente un febril
ajetreo entre las jóvenes, y un misterioso secretismo se apodera de ellas.
A la llamada atávica de viejas costumbres se agrupan y entre ellas
conciertan la manera en que han de vestir éste año la Cruz, su Cruz, que
ha de ser única, irrepetible. Todo lo llevan en absoluto secreto, porque
ha de ser diferente y la mejor. Será la que llame más la
atención.
De repente, tras un largo
tiempo de silencio, Feria despierta con los primeros aleluyas de Pascua.
Se transforma. Presiente el despuntar de Mayo el florido. Sus calles pinas
se convierten en Vía Crucis floreadas. Salen las primeras cruces al
atardecer y las niñas las pasean orgullosas, las enseñan y cantan a su
Cruz:
Cruz bendita de Mayo, Resplandeciente, Bendita y
alavada Seas para siempre
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Cuatro cruces he visto con ésta cinco la de la Iglesia
Santa se lleva el vito
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¿ Quién te ha puesto tan linda blanca
paloma?. Excusada pregunta, Mi mayordoma. |
La cruz de la Iglesia es la más bonita, porque lleva
en el medio Las esquinitas
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Cuatro cruces he visto con
ésta cinco la de la Iglesia Santa, se lleva el vito
Son extrañas y viejas
coplas que se pierden en la memoria…Y los atardeceres se vuelven
pregoneros de la fiesta que se avecina.
Mientras, los jóvenes ultiman
una tarea de arte e imaginación. El amor y el deseo se hace flor y ramo, y estalla en increíble
colorismo. Se afanan en el supremo acto de "vestir la Cruz". Un ritual que
parece responder a ritos ancestrales. El trasunto de la Cruz de Mayo
se hunde en lo pagano: el árbol
-mayo, árbol sagrado, y la "maya", aparecen cristianizadas en la Cruz de
Mayo. Vestir la Cruz es un alarde de expresión artística y amorosa, pero,
además, lleva consigo un poco de creencias ya pasadas, parece tener
antecedentes en la antigua costumbre de adornar al árbol sagrado y a la
"maya", aquella joven a la que se vestía y engalanaba con flores y joyas
con un sentido alegórico. Se convierte en un rito; y es tal el barroquismo
empleado, que la cruz al vestirla pierde su figura; se transfigura; se
esfuma la esencia de sus coordenadas, para convertirse en una aureola
floreada, expresión religiosa, ceremonial y artística. Se transforma en un
Mayo floreciente, en una maya sagrada.
El resultado de todo ello es
deslumbrante. Son muchas las cruces y de variado tamaño. Unas son para
pasearlas; otras se exponen en aposentos convertidos en capillas. La
decoración y el diseño de éstas cámaras sagradas es de un virtuosismo
difícil de explicar. La armonía de colores entre la estancia y la Cruz es
de belleza sorprendente. Todo parece flotar
sobre tules y finísimas telas que se cruzan en delicados pliegues; y se
traban y suspenden con invisibles pinzas. Se diría que un leve soplo
pudiera desvanecerlas. Y en el centro, majestuosa y mágica se eleva la
Cruz.
Ya está dispuesto todo para
la gran fiesta. La víspera del día grande se abrirán las habitaciones; y
en las callejuelas un ir y venir. No cesan los comentarios: difícil es
señalar la que presenta mayor fantasía. Todas las cruces quedarán
expuestas a la contemplación del público. Se ha realizado el milagro: el
anhelo, la imaginación y el esfuerzo de muchas horas de trabajo, se ha
hecho bella realidad, obra de arte. Y el corazón de Feria se abre cómo el
poeta ante una rosa primaveral.
Al
atardecer, el pueblo se alborota y la plaza, de mudéjares formas, se
transforma en escenario floreciente. Allí se darán cita todas las cruces
de éste año. La vieja plaza se alborota; es una explosión de bello
colorido. Es la presentación, el encuentro del pueblo con sus cruces; es
el momento de exaltar la belleza creada. Allí se le canta y se declama, y
allí se proclaman las más bellas. Son los juegos florales.
Pero el mes de Mayo tiene la magia
de esas fiestas que se adornan d e soñadas tradiciones, que se envuelven
en el mito y la leyenda. La Cruz no es sólo flor; es también canto, lírico verso y escenificación
dramática. Por doquier brota en el aire la copla, una extraña musiquilla
que encarna el cancionero, el Cancionero de la Cruz de Mayo, una vieja
creación del pueblo venida no se sabe de donde, para alabarla y piropearla. Allí donde hay una Cruz salta la
copla:
Cruz
bendita de
Mayo Resplandeciente Bendita
y alabada
Seas para siempre.
Y en la
víspera de la gran fiesta; la "Entrega". La "Entriega como antes se decía,
es una pieza de teatro popular, que tiene por escenario la Plaza pública.
Su naturaleza llama la atención; un coro de mujeres, utilizando esa
antigua música, narra el drama de Santa Elena que busca el Lignum Crucis,
mientras los actores, casi ausente el diálogo, en litúrgicos movimientos,
desarrollan la acción. Y la Plaza, corazón de la Villa, se convierte en
escenario, donde se mezcla lo bíblico con lo histórico, el misterio de la
Cruz, con elementos festivos del lugar. Pieza única en el conjunto del
teatro popular español, que tiene su manifestación en los lugares del
Ducado de Feria, con epicentro en ésta localidad. Y llega el día grande.
Al despuntar el día, el pueblo se alborota. A los sones de la banda de
música, los cofrades se despiertan. Todos se dan cita en la Iglesia. Se
vuelve loca la campana Gorda. Se cumple así una vieja obligación: dar
culto sagrado a la Santa Cruz. Lo demás es todo poesía.
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Si eres precavido, al término
de la Misa, has de buscar un sitio para presenciar el
espectáculo. La Plaza se llena de gentío y, entre la
algarabía, surge la sorpresa. Por cada bocacalle, mariposas en volandas.
Apenas se abren camino. Este año dicen que son unas cincuenta o sesenta. ¡
Mira…! ¡ ¡Aquella pintada de grana que se pierde entre la muchedumbre,
apenas puede ser llevada por niñas tan pequeñas! ¡Azul y malva la de los
niños del Colegio!. ¡La grande, rosa y salmón, se alza y emerge sobre los
hombros de cuatro mozas esbeltas!. ¿Y aquella? ¡Aquella ha sido premiada
por su acertado colorido y fina composición…! Y la Plaza se vuelve poquito
a poco, jardín de Mayo.
Todo está
lleno de cruces, apenas un espacio para situarse; y entonces cómo una
crisálida que abre las alas, lentamente, hace su aparición la Cruz de la
Iglesia. Sale y se enmarca su plateada aureola en el labrado granito de la
bella portada gótica y plateresca. Y entre aplausos, voces y música,
arranca el grito desgarrado de una mujer que
canta, desde no se sabe dónde:
¿ Quién te
ha puesto tan
linda blanca
paloma?
Excusada pregunta, 
mi mayordoma.
Y apenas terminada una copla
entra otra, casi pisando las últimas notas:
La
Cruz de la
Iglesia es
la más
bonita, porque
lleva en el
medio las
esquinitas.
Después todo son
piropos: "flor del paraíso", "romero florecido", "flor de la Jara",
"hermoso lirio", "blanca paloma"…Y el cortejo de cruces enfila las calles
cortejadas por los Hermanos de la Hermandad. Calles tortuosas,
engalanadas, apretadas y pinas; de sencilla arquitectura popular. Todo se
conjuga en armoniosa composición: flores, cal y piedra; música y copla;
paisaje de bella arquitectura y brava serranía que se asoma a cada
esquina. Y al horizonte el verde mar de pámpanos que despuntan en los
Barros. Una riada de cruces enfiladas llenan la calle de la Iglesia. Los
balcones tupidos; y desde cualquier "barranco", rompe el aire una mujer
que canta.
Termina la procesión con
el sol puesto en su cenit. Tiempo habrá después para pasear entre
callejuelas y contemplar esas primorosas y deslumbrantes capillas,
elaboradas por manos expertas, donde la ingeniería fantástica se hace
poesía, arte, filigrana y atávica ilusión. Alguien habrá, que en la
madrugada, cierre la fiesta, no con tristeza, sino con la alegría de haber
revivido un año más la tradición nunca perdida: 
La
Cruz se despide con
alegría
y
se vuelve a su trono
hasta
otro día.
En el ambiente
queda la nostalgia de un gozo que se acaba. Pero es mayor la ilusión que espera ilusionada, porque, para la próxima
Cruz, mi Cruz será la más bonita, Y volverá de nuevo a lucir la Primavera.
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