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Siempre que Dios elige a alguien para una obra, sabe muy bien lo que hace, sabe muy bien
a qui�n elige, sabe en todo momento hacia d�nde va la obra que le conf�a, sabe las
dificultades que se presentar�n y sabe el valor del hombre en el cual pone sus ojos divinos.
"El Se�or de La Salle ten�a todas las cualidades para triunfar: era hombre de
car�cter, de celo ardiente, de caridad tierna e insinuante, afable en el trato y por
encima de todo, era un enamorado de los sacrificios y de la penitencia". Su patrimonio fue la lucha. El triunfo no le sonri� durante su vida de forma visible. Cada paso que daba lo preparaba con oraci�n y con mortificaci�n. Se preparaba para la dificultad. Sin embargo, Juan Bautista de La Salle hab�a llegado a la firme seguridad de que las Escuelas Cristianas eran una necesidad en la Iglesia que a �l le tocaba vivir y resist�a valerosamente los obst�culos. "Su esp�ritu psicol�gico se nos presenta con un gran sentido pr�ctico y con una admirable dosis de naturalidad. Conservaba siempre un perfecto dominio de s�. Manifestaba una calma capaz de enfrentarse con cualquier prueba. Parec�a que le�a en las personas como en un libro abierto. La fina intuici�n para las personas es una de las cosas m�s hermosas de su car�cter... Ten�a un tremendo instinto pr�ctico... Y cuando actuaba, sab�a, en todo momento, hacia d�nde iba y lo que pod�a resultar de sus compromisos". |
Integrantes del Equipo:
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En t�rminos humanos, era lo que pudiera decirse una persona valiente, decidida, fuerte,
equilibrada, reflexiva, consciente de su responsabilidad. Y, en t�rminos cristianos, estaba
firmemente convencido de que actuaba como instrumento elegido por Dios para una
empresa importante. No se preocupaba por sus fracasos personales. Era lo suficientemente humilde para no darles importancia. Pero, cuando lo que estaba en juego era la eficacia salvadora de las almas, no ced�a f�cilmente en sus prop�sitos. Romp�a con quien fuere preciso, con tal de salvar su obra. No defend�a sus ideas, sino las intuiciones de Fundador. Por eso la fidelidad es la m�s bella de sus cualidades humanas: fidelidad a Dios en primer lugar; fidelidad a la Iglesia; fidelidad a sus Hermanos, a quienes amaba tiernamente; fidelidad a los alumnos de sus escuelas; fidelidad a su propia conciencia. " El Santo de La Salle est� a igual distancia del pensamiento natural de Rouseau y del pesimismo moral que inspira el pensamiento jansenista. Cuando piensa en el hombre y en el ni�o, se mantiene a prudente distancia de ambos. Por su fidelidad a la Iglesia, piensa lo que reclama su prudencia y lo que va conforma a su doctrina". |
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Desde el primer momento de su actuaci�n pedag�gica, Juan Bautista de La Salle advierte
que no son las ideas te�ricas las que solucionan los problemas; sino la disponibilidad
pr�ctica y la b�squeda de cauces concretos. No es un idealista que escribe para los dem�s,
como nos puede hacer suponer sus m�ltiples libros y sus frecuentes reflexiones. Ante
todo
es un educador interesado por las personas. No puede ejercer su misi�n normalmente
por s� mismo. Pero convive con hombres que pasan muchas horas al d�a con los ni�os de
las Escuelas y a los cuales tiene que ofrecer soluciones vitales y creadoras. " Habiendo perdido a varios Hermanos, tuvo que reemplazar �l mismo la presencia de uno de ellos. Se aplic� a instruir a los ni�os con una dulzura y con una paciencia, con un inter�s y una tranquilidad que sirvi� de modelo a todos los Hermanos". "Se vio a este Doctor en Teolog�a, a este antiguo Can�nigo de Reims, a este Superior de Congregaci�n religiosa, considerar como un honor y un placer el instruir a los ni�os peque�os, ense�ar a unos el abecedario, a otros a leer y escribir y sobre todo el dar las primeras lecciones de la doctrina cristiana". "La soltura con que cumpl�a este oficio hac�a ver el gusto que experimentaba y el inter�s que tomaba en practicar las virtudes a que da ocasi�n en cada momento la vida de la escuela. Si hac�a alguna distinci�n entre los escolares, era para favorecer a los m�s pobres. Su preocupaci�n por ellos se notaba por el inter�s que tomaba por hacerles adelantar en la lectura y en la escritura; pues, como dec�a, les era m�s necesario que a los dem�s. Si entre ellos hab�a alguna preferencia, era para los m�s ignorantes. Como �stos generalmente son abandonados a su retraso por los maestros poco celosos y caritativo |