SEGUNDA PARTE
Fundamentos
No cabe duda que el Poder Judicial, y la Abogacía, viven una crisis profunda, inclusive ni siquiera es exclusiva para nuestro País. Esta enfermedad se cura o se mejora de una sola manera: Trabajando esforzadamente, con persistencia.
Pero para trabajar de esa manera, con sacrificios y a veces en modo heroico, en línea persistente, es necesario tener Fe. Sin embargo, para tener Fe, es también imprescindible tener en claro los objetivos, y confiar en que ellos pueden ser logrados.
Por lo tanto, no estamos hablando de una Fe vaga, literaria, romántica, sino de una Fe concreta, posible, necesaria.
Tampoco se trata de tener otras opciones. No tenemos ninguna otra opción que no sea una de las dos posibilidades siguientes: o nos abandonamos a nuestro destino, sufrimos cada vez más y terminamos muy mal, o nos disponemos a luchar y revertir este estado de cosas.
En este breve artículo, seguiremos algunos conceptos básicos provenientes de Ortega y Gasset. Pero antes señalaremos que, la crisis ha producido muchos desorientados y desalentados, y también no pocos escépticos, pero es menester distinguir, entender, la diferencia abismal que existe entre esos conceptos.
La crisis nos mueve el piso, es muy natural que al desaparecer el piso y perder todo punto de apoyo, caigamos en la desorientación y el desaliento, lo cual tiene remedio, simplemente fabricando otro piso.
Pero los escépticos son hipocondríacos del alma es decir los enfermos fingidos y engañadores, que sin embargo terminan verdaderamente enfermos de su propia mentira. Por ejemplo una Colega quo nos dijo: Esto no tiene remedio, el Colegio no nos da nada, el Colegio no sirve para nada, yo no voy a ir ni a votar. Curiosamente la Colega Incurre en una afirmación demasiado infantil para creerle. Es como si tuviera una alcancía, nunca pusiera en ella una moneda, y se quejara todos los días porque la alcancía no tiene dinero. Esto es tan infantil, que se parece mucho más a una gran mentira, como sería la de encubrir, por via de negación, no importa aquí si consciente o inconsciente, su verdadero pensamiento que sería no trabajar, no luchar, no arriesgarse, no poner la cara, dejar que los otros peleen y después gozar de los resultados sin haberse esforzado ni arriesgado.
Si calificamos esta postura en un sentido etimológico, deberíamos decir que esta Colega es una atorrante, que se dedica a
atorrar, es decir que trabajen los otros.
Además nunca conocimos a ningún escéptico, en primer lugar porque ser escéptico ya implica creer en algo, en segundo lugar por que los sedicentes escépticos generalmente siguen viviendo y bastante bien e inclusive se contradicen porque usan la Fe a cada minuto, ya que por ejemplo se compran un automóvil con fe en que va a funcionar. Si fueran verdaderamente escépticos no tendrían fe en que les va a funcionar ni la heladera, ni las llaves para entrar en sus casas. Estos escépticos cuando se sienten mal van al médico y se toman los remedios, todo lo cual no se entiende si dicen que no creen en nada.
Tales escépticos en realidad son unos mentirosos y son parientes cercanos de los tibios, a los cuales como sabemos, los vomita Dios.
No escribimos pues para ellos. Nos tomamos este trabajo para los desalentados y los desorientados que anhelan encontrar una salida.
Esta crisis profunda, es total, lo cual no es ninguna novedad desde el punto de vista histórico. Total quiere decir que afecta todos los planos de nuestra sociedad, esto es, lo económico, lo moral, lo Jurídico, lo judicial, lo tocante a la seguridad, a la educación, a la salud, etc.
Este tipo de problemas es lo que ha permitido el desarrollo de la inteligencia, y la invención de la Ciencia. Quiere decir que la inteligencia humana usada en modo científico puede lograr soluciones. Claro está que intentamos hablar de Ciencia y no de parloteo de Universidades ni de Academias.
Parece útil recordar algunos conceptos que nos legara Don José, uno de los Maestros más Grandes del Siglo.
Dice que "crisis histórica" es un concepto o mejor, una "categoría de la historia" o sea una forma fundamental que puede adoptar la estructura de la vida humana y que consiste en un "peculiar cambio histórico". A tal fin diferencia el cambio normal del sistema de convicciones en que la figura del Mundo es un poco distinta pero con continuidad, sin salto, y en el cual la armazón principal del Mundo permanece vigente o sólo ligeramente modificada, la diferencia decimos del salto que implica un cambio vital en que el hombre se queda sin aquellas convicciones y por lo tanto, sin Mundo. El Hombre vuelve a no saber qué hacer, porque vuelve a no saber qué pensar sobre el Mundo.
Trátase de una catástrofe, porque el Mundo en que se vivía se ha venido abajo y por lo pronto nada más.
Se sabe o se cree saber que las ideas y normas tradicionales son falsas, pero no se sabe qué pensar de nuevo.
El Hombre está desorientado porque lo que le permitía andar con cierta seguridad entre las cosas era un sistema de convicciones que ha desaparecido. El Hombre se mueve entonces sin orden y se finge a sí mismo estar convencido. Estas son épocas de posiciones falsas en arte, en política, y en doctrinas.
En tales condiciones todo lo que haga sienta, piense y diga, ese Hombre, será decidido y ejecutado sin convicción positiva, es decir, sin efectividad. Será un espectro de hacer, sentir, pensar y decir. Será una vida vacía de si misma, inconsciente, inestable.
En tal situación no se sabe bien qué es cada Hombre, porque no es nada decisivamente: hoy es una cosa y mañana otra. Son como individuo que en medio del campo ha perdido la orientación: Dará pasos en direcciones inclusive contrarias. Tal Hombre sentirá angustia al sentirse perdido, o bien frenesí para gozar lo que encuentre a su paso, carne, lujo, poderío.
Sin embargo no hay que desesperar, porque el sólo hecho de estar en crisis implica que ya empieza a germinar la Fe en otras cosas, al principio confusa e inclusive inadvertida.
Pero hay que tener cuidado y no hay que creer que estos vaivenes, que no son novedosos en la Historia de la Humanidad, necesariamente duren poco. Pueden durar mucho si no adoptamos medidas urgentes, por ejemplo hasta Descartes la crisis venía
durando dos siglos en que el hombre se encontraba ahogado en una cultura sobrecargada como el primer hombre iniciador de la cultura lo estaba por su contorno cósmico.Las Ciencias Sociales deberían servir para algo más que para pagarles el sueldo a los docentes o para que algunos equilibristas vendan sus libros. Deberían servir para acelerar la curación ante la enfermedad como las sulfamidas. En este orden de ideas y con profundo optimismo declaramos que toda crisis coloca al Hombre en Soledad y lo reenvía al Ensimismamiento, que es el retorno al Sí Mismo, desde el cual el Hombre vuelve a tomar contacto con los problemas radicales, siente necesidades auténticas, adquiere ideas, valoraciones, entusiasmos, estilos de pensamiento, de arte y Derecho, que emanan sinceramente del fondo radical del Hombre. De esa manera se vuelve a reconstituir el piso que nos habían sacado y dejamos de estar desalentados y desorientados.
A este estado de cosas hemos llegado, del mismo modo que han llegado nuestros antepasados remotos y recientes, porque la creación de un repertorio de principios y normas culturales trae consigo un inconveniente constitutivo y hasta este momento histórico, irremediable: las generaciones siguientes no tiene que crearla. El que recibe una idea tiende a ahorrarse la fatiga de repensarla y tiende a no sentir las necesidades que Integran su vida y a usar modos mentales - ideas, valoraciones, entusiasmos- que son opiniones ajenas, de un yo colectivo que no sabe porqué piensa lo que piensa ni siente lo que siente.
Toda cultura al triunfar se convierte en tópico y en frase.
Tópico es la idea que se usa, no porque es evidente sino porque la gente lo dice. Frase es lo que no se piensa sino que se repite.
Entendemos nosotros, pues esto no lo dice Ortega, que este vaivén perdurará hasta que por vía de Evolución se logre un cambio cuántico, en que la Humanidad mute en media aritmética normal, es decir hasta el momento en que la "inmensa minoría" de que hablaba Juan Ramón Jiménez, se transforme en mayoría.
Pero esto es futuro y por el momento tenemos que solucionar el presente, que, como hemos explicado, tiene solución.
Por tajes motivos nos permitimos predicar que hay que luchar y que hay que luchar con Fe.
LA LUCHA POR EL DERECHO
Muchas veces hemos sido criticados por usar las palabras lucha, pelea, guerra, enemigos, en relación al tema del Derecho y del Poder Judicial.
Nuestros detractores pretenden ponerse en situación de civilizados y colocarnos a nosotros en posición de barbarie, a lo que prontamente agregaron otros epítetos descalificadores como que nosotros somos antidemocráticos, dictatoriales, fascistas, mesiánicos, etc..
Inclusive hasta algunos de nuestros amigos nos han dicho cariñosamente que somos 'frontales', esto es, algo así como primitivos o torpes, aun cuando admitan que somos bien intencionados, honrados y creíbles.
En todo esto es evidente que estamos en inferioridad de condiciones, por cuanto rige una constelación de prejuicios, que se ocultan enmascaran y disparan en palabras que cumplen esas funciones en modo automático. Por ejemplo decir que en política hay adversarios y no enemigos, es un prejuicio arraigado, que a su vez obra como objeto gatillo, ya que también en forma automática, quién dice que en política tiene enemigos y no adversarios, resulta espontáneamente pintado como un bárbaro antisocial. Y de ello hay un paso para acusar de fascista porque el bárbaro antisocial que no tolera adversarios y los califica de enemigos, está dispuesto a destruirlos y matarlos, con lo cual desaparece toda posibilidad de democracia y aparece la bestia fascista en toda su dimensión de sangre y crimen.
Por tales problemas, sucesos y prejuicios, hemos repetido muchas veces que las palabras sirven para entenderse, pero mucho más sirven para no entenderse.
También hemos explicado en infinitas oportunidades que hay que tener mucho cuidado con las palabras, porque ellas pueden hacer mucho daño: pueden cortar como una espada, pueden ocultar la Verdad, pueden disfrazar la Mentira, pueden conducir a la ruina a personas y naciones enteras.
Pueden las palabras glorificar traidores, deshonrar patriotas, condenar inocentes, absolver criminales, esclavizar pueblos, desatar guerras, sembrar barbarie, obstruir progresos, y pueden nublar mentes y corazones como pueden también desvelar claridades. Pueden las palabras ocultar el Camino o revelarlo.
Por ello: �cuidado con las palabras!.
Por ejemplo, días pasados, un Colega nos decía que votaba por nuestra Lista porque hemos defendido realmente al Abogado y a la Profesión, a pesar que somos un poco "frontales". Lo miramos a los ojos y tranquilamente le dijimos: Dr., se supone que Ud. y nosotros sabemos Derecho y conocemos la práctica judicial. Ud. acepta que decimos la Verdad, pero nos califica de frontales. �no estará Ud. aconsejándonos que seamos hipócritas? �decir la Verdad es ser frontal? �y entonces que quiere decir ser mentiroso?.
El Colega trastabilló mentalmente. Es obvio que se le conmovieron los prejuicios acumulados en largos años de convivencia con slogans, lugares comunes, pensamientos enlatados, mentiras sociali
zadas, domesticaciones colectivas y reflejos condicionados. Pero la cosa era tan sencilla, que tuvo que decir y dijo: tienen razón Colegas.Es que nosotros llamamos pan al pan y vino al vino y no solamente no vemos en ello mal alguno, sino que nos resulta muy sospechoso que alguien intente Denominar de otra manera al pan y al vino. Inclusive nos resulta sospechoso porque nos parece que intenta quitarnos el pan y el vino, y darnos a cambio un juego de palabras, que puede ser admirable como calembour, pero que no es nutritivo.
Por otra parte, el hecho que no queramos engañar a la gente no quiere decir que no tengamos capacidad y habilidad para hacerlo, como ya lo demostró en su momento Zenon de Elea.
Puede ser que seamos frontales porque no tenemos habilidad para ser mentirosos, pero también puede ser que no tengamos deseos de mentir aunque podamos hacerlo.
Asimismo hemos advertido que los pocos buenos profesores que hemos conocido, hablaban con singular claridad, en tanto que toda la cohorte profesoral de insensatos, simuladores del talento y hasta ignaros habla de modo que nadie los pueda entender, como sello de sabiduría, cuando precisamente la sabiduría consiste en todo lo contrario.
Los problemas que tenemos los abogados y tiene la Nación respecto al Derecho y al Poder Judicial, son demasiado graves e inminentes como para andar haciendo circunloquios o mentir con eufemismos. Se necesita un diagnóstico preciso, que determine bien la enfermedad y su profundidad, para no equivocar la terapéutica.
En tal sentido, esta crisis, es una enfermedad tan grave, que indudablemente requerirá cirugía mayor, lo que implicará inexorablemente descubrir mentiras y excomulgar mentirosos.
En ese orden de ideas digamos entonces que una cosa es la opinabilidad y otra distinta la malicia. Hay que respetar las opiniones distintas de las personas en Derecho y en la Vida.
Pero de ningún modo hay que respetar a los embaucadores, a los corruptos, que pretenden presentar como opinables sus actos delictivos ejecutados con temeridad y malicia y con desprecio por el prójimo. Ni tampoco son respetables los miedosos que llaman locos a los valientes.
La gente de buena fe que no piensa como nosotros, son adversarios. Los delincuentes y malvivientes son enemigos y no adversarios, aunque sean profesores, doctores, magistrados y funcionarios, como además frecuentemente lo son.
Nuestra Lista 13 ha sido fundada sobre firmes y concretas bases filosóficas, dentro de las cuales, el libro "La Lucha por el Derecho" de Von Ihering, a nuestro juicio una pequeña joya, ocupa un lugar no solamente destacado, sino básico.
Consideramos que la Teoría, sirve necesariamente para la Práctica. Entendemos que lo mejor para el comportamiento humano, es la unidad holística entre Teoría y Práctica, que los Griegos llamaban Praxis, y que también podría denominarse Sabiduría.
Una Teoría correcta nos marca con claridad el Camino y los objetivos que debemos transitar y perseguir. Es el Pensamiento que inmediatamente orienta e impulsa a la Acción.
Recomendamos leer, o releer, dicha obra de Von lhering.
Aquí solamente señalaremos algunos puntos de la misma, especialmente sensitivos ante la problemática actual que enfrentamos.
Dice este brillante jurista que la expresión del Derecho encierra una síntesis que nace de esta idea, de la que es completamente inseparable: la lucha y la paz; la paz es el término del Derecho, la lucha es el medio para alcanzarlo.
Se podrá objetar que la lucha y la discordia son precisamente lo que el Derecho se propone evitar, porque semejante estado de cosas implica un trastorno, una negación del orden legal, y no una condición necesaria en su existencia. La objeción podría ser justa si se tratase de la lucha de la injusticia contra el derecho; pero aquí se habla de la lucha del derecho contra la injusticia. Si en esta hipótesis el Derecho no lucha, es decir no hace una heroica resistencia contra aquélla, se negará a sí mismo.
Esta lucha durará tanto como el Mundo, porque el Derecho habrá de prevenirse siempre contra los ataques de la injusticia. La lucha no es pues, un elemento extraño al Derecho; antes bien, es una parte integrante de su naturaleza y una condición de su idea.
Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha; esos principios de Derecho que están hoy en vigor ha sido indispensable imponerlos por la lucha a los que no los aceptaban, por lo que todo derecho, tanto el derecho de un pueblo, como el de un individuo, supone que están el individuo y el pueblo dispuestos a defenderlos.
El Derecho no es una idea lógica, sino una idea de fuerza, he ahí por qué la Justicia, que sostiene en una mano la balanza donde pesa el Derecho, sostiene en la otra la espada que sirve para hacerlo efectivo. La espada, sin la balanza, es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada es el Derecho en su impotencia; se completan recíprocamente y el Derecho no reina verdaderamente, más que en el caso en que la fuerza desplegada por la justicia para sostener la espada, iguale a la habilidad que emplea en manejar la balanza.
El Derecho es el trabajo sin descanso, y no solamente el trabajo de los poderes públicos, sino también el de todo el pueblo. Si abrazamos en un momento dado toda su historia, nos presenta nada menos que el espectáculo de toda una Nación desplegando sin cesar para defender su Derecho tan penosos esfuerzos como los que hace para el desenvolvimiento de su actividad en la esfera de la producción económica e Intelectual. Todo hombre que lleva en sí la obligación de mantener su derecho, toma parte en este trabajo nacional y contribuye en lo que puede a la realización del Derecho sobre la Tierra.
Pero en este punto, aclara este Maestro, que este deber, no se impone a todos en las mismas proporciones. Miles de hombres pasan su vida felizmente sin lucha, dentro de los límites fijados por el Derecho, y si les habláramos de lucha por el Derecho, afirmando que el Derecho es lucha, no nos comprenderían, porque siempre fue para ellos el reino de la Paz y del orden Desde el punto de vista de su personal experiencia, estos hombres tendrían perfecta razón porque hacen como todos aquellos que tienen riquezas heredadas y que han recogido sin pena el fruto del trabajo de otros.
Lo que decimos del Derecho se aplica no sólo a los individuos sino también a generaciones enteras. La vida de las unas es la paz la de las otras es la guerra, y los pueblos, como los individuos, son llevados hacia el mismo error; nos alimentamos en ocasiones del sueño de una larga paz y nos creemos en la paz perpetua, hasta el día en que suene el primer cañonazo.
Si vivís en la paz y en la abundancia pensad que otros han debido luchar y trabajar por vosotros.
Solicitamos a los lectores que al releer esta genial obra de Von Ihering pongan especial atención en la importancia que le da al Derecho Privado. Estamos acostumbrados en este Siglo en el cual nos ha tocado vivir entre Imperios Internacionales y dictaduras vernáculas, a darle mayor importancia al Derecho Público, que al Privado y darle gran predicamento a ese personaje que es una hipóstasis como diría Cossio, llamado Estado, en detrimento de las personas, con lo cual el medio se volvió fin, y las creaciones que deberían estar al servicio de las personas, se volvieron sus mandantes, como ocurre por ejemplo con el Estado, que somete a la gente en lugar le estar a su servicio, o como los magistrados y funcionarios, que siendo mandatarios, es decir empleados a sueldo, se transforman en mandantes, con lo cual de dependientes que deberían ser se tornan patrones.
En definitiva, queridos lectores, estamos en crisis y se acabaron los años de las vacas gordas y los años de la paz.
Esto significa luchar o perecer.
Nuestra Lista 13 ha decidido luchar y para ello fue creada.