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miércoles, abril 30 Brasil y las reformas sociales de Lula La tasa de interés se ha mantenido alta y
los ajustes graduales van en la misma dirección de buscar el crecimiento.
Pero tampoco es sensato decir que esta senda sea una renuncia a las
exigencias sociales que Lula se ha marcado, puesto que sin una economía
productiva en expansión y la estabilización externa e interna, cualquier otra
política verá recortada sus bondades potenciales. Una de las primeras medidas
que más expectación causó fue el reconocimiento de los derechos de propiedad
de las favelas
de las grandes ciudades del país. Así, muchos habitantes de viviendas
precarias, instalados en la marginalidad, se convierten en propietarios de
capital al expedírseles los preceptivos títulos formales. La exclusión
sufrida por tantas familias que no alcanzan a satisfacer sus necesidades
básicas se ve aliviada en parte con esta oportunidad: podrán acceder al
crédito, formalizar sus trabajos, vender al alcanzar mayor prosperidad. Todos
los obstáculos que las reformas que Lula querría implantar se encuentren por
el camino deben ser afrontados con imaginación y firmeza en los objetivos,
porque además de las reticencias de algunos sectores sociales, el peor augurio
que pesa sobre el gobierno de Brasil es que pase a la historia como el de las
oportunidades perdidas. Por falta de convicción de algunos ministros, como se
comenta. El mayor activo de Lula es el caudal de
esperanza que tiene que administrar. Las ilusiones que tantos brasileños
ponen en su gobierno trascienden a la mera evaluación de resultados dentro de
un par de años: el proyecto reformista que encarna se ha convertido en un
paradigma para América Latina. Al poner en marcha planes como el de Hambre Cero,
se busca un cambio radical en la sociedad a partir de la dignidad recuperada
del país que da de comer a todos sus habitantes. Ese camino de la
transformación social es el que con perseverancia Lula puede legar como
patente a la izquierda latinoamericana, consciente de que desde ese puesto de
poder es posible tratar de igual a igual con el otro poder real, el de las
oligarquías económicas. Y consciente también de que más que una revolución política,
los brasileños quieren tener un futuro, el estómago lleno y una sociedad con
menos desigualdades. Brasil, con 180 millones de habitantes y con el
potencial de ser motor económico del continente, puede consagrar un verdadero
modelo republicano si es capaz de unir la educación y la cohesión social a la
exigencia de una nueva ciudadanía: la democracia participativa, con ejemplos
como el de Porto Alegre, sirve para la creación de redes cívicas y la
acumulación de capital social. Es todo un reto para conjurar la
desestructuración de la sociedad. Como todo el mundo comprende, la sensatez
obliga a cualquier gobierno a esforzarse por cambiar el estado de las cosas
sin traumas: se evita una política que dispare la inflación, se mantiene un
equilibrio fiscal adecuado y, por supuesto, se respeta el compromiso con las
inversiones productivas internas y las que llegan de fuera. Pero es evidente
que el programa con el que vence Lula comprende un ímpetu en las reformas a
aplicar que debería ser consecuente
con las oportunidades que los instrumentos de gobierno le ofrece. Es de
esperar que en el medio plazo la crítica hacia una actitud continuista no
persista, al emprender Brasil los compromisos sociales que se ha marcado
consigo mismo. También es significativo el interés por ahondar en la
integración regional del Mercosur. Que en Sudamérica se priorice la puesta en
común de logros políticos, culturales, sociales para marchar hacia un mayor
intercambio económico, comercial e institucional es importante. Servirá para
manejar con mayor autonomía las relaciones con EEUU, cuyo proyecto de Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) sólo tendría sentido si sirviera para
que las economías latinoamericanas crezcan comercialmente con la supresión de
la protección del mercado de EEUU. Brasil con Lula busca precisamente crecer
fuera, con un objetivo: fortalecer lo que sería un nuevo reformismo en
América Latina. Ojalá satisfaga a todos. miércoles, abril 23 El virus global La globalización de este riesgo que
atemoriza a medio mundo es fruto de los avances en el transporte y la
intercomunicación global: en cuestión de horas, a través de un par de viajes
en avión, se expande la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo
(SRAS). La respuesta ha sido positiva en cualquier caso: la colaboración
entre especialistas de varios países, la investigación y la información
proporcionada por la OMS.
En cambio, los errores imperdonables de las autoridades chinas denotan esa
falta de transparencia que está llamada a ser obstáculo para el desarrollo en
la era global. Sin embargo, ni las más pesimistas expectativas en torno a
esta plaga que se extiende por el planeta son comparables con la incidencia
de otras enfermedades infecciosas en la actualidad. No creo que en África
preocupe más el SRAS que las gravísimas secuelas que el sida está dejando en generaciones
enteras. Por no hablar del peligro que sufre gran parte de la población ante
la extensión de la malaria o la tuberculosis. Ahora descubrimos que la
interdependencia mundial nos acerca a los focos de nuevas enfermedades al
convertirnos a todos sin excepción en habitantes de la misma aldea, pero no
estaría de más recordar que el resto de males también nos incumben, en tanto
los padecen personas que respiran este mismo aire que nos rodea. miércoles, abril 16 Fidel Castro y la izquierda Recordemos el único objeto de esta tragedia:
el régimen del 'camarada' Fidel ha ejecutado a tres cubanos, en un contexto
de represión
masiva, junto al arresto de 75 disidentes juzgados y condenados por
actividades que muchos de los que justifican estas acciones contra la
oposición interna y la libre expresión política realizan en sus países con
absoluta libertad. Siempre me ha parecido la condena verbal de cualquier
hecho condenable de una manera tan evidente un ejercicio retórico
innecesario. Vemos ahora cómo algunos, sobre todo políticos o cruzados
de todo pelaje aficionados a cargar contra la izquierda, achacan a ésta el
'amparar' las dictaduras que le son afines por no condenar, con firmeza, el
totalitarismo de regímenes nacidos de revoluciones e ideales con los que
siempre ha simpatizado. No estoy conforme con esa generalización; es
detestable que se instrumentalice la represión en Cuba para señalar con el
dedo a una izquierda pretendidamente entregada por completo al castrismo con
el único objetivo de emponzoñar el debate político. Sin embargo, no hay que
negar que la doblez moral está instalada en cierta parte de la izquierda a la
hora de valorar las situaciones de los países en función del signo del
régimen de turno. Ya digo: adornar el discurso con explicaciones sobre el
'contexto' es la vía para la justificación indigna de estos hechos. En la izquierda no debería haber más
resquicios, como ha escrito el diputado de IU Luis Carlos Rejón, para
practicar ese doble juego, intentado suavizar lo que no tiene justificación
alguna y que provoca tanto estupor a la ciudadanía en general. Y sobre todo a
los izquierdistas que siempre podrán ver manchada su ética, sus principios,
su renuncia a creer que haya víctimas de segunda, por las declaraciones de
algún botarate que aún busque la impunidad de los disparates de Castro
mediante el silencio de la izquierda. Porque la idea de ésta que los más
dogmáticos tienen en la cabeza coincide con ese fantasma que tanto airean sus
detractores. Pero esta vez, me da la impresión, la respuesta ha sido contundente.
Pocos se explican a estas alturas qué tiene que ver el socialismo
con un estado policial, con un entramado represor de cualquier signo de
disidencia, con una camarilla dictatorial que desde hace décadas gobierna un
país con millón y medio de sus ciudadanos viviendo en el exterior. Este
sector ideológico tan plural al que, por una simpatía en su momento hacia la
revolución cubana, se le tacha de castrista; eso que llamamos la 'izquierda',
en definitiva, ha albergado en sus filas a lo largo del tiempo de todo: desde
los cómplices de las mayores atrocidades cometidas en su nombre, hasta
quienes con más energía han denunciado los usos perversos de las ideologías. Como uno tiene la convicción de que, en la
izquierda, o hay autocrítica o se está pervirtiendo su razón de ser, no
acepto la simpleza argumental que trata de desacreditar a toda ella con el
espantajo, en este caso, de Castro. Porque no me cabe en la cabeza que las
reflexiones basadas en los principios más indiscutibles -la democracia, la
libertad para disentir- en torno a todo cuanto acontece en el mundo, sean
síntomas, o bien de 'traición' -de estar vendido a la derecha-, o bien de
'capitulación' en la defensa de cualquier otra causa progresista. Imagino que
habrá zoquetes que aún no entiendan este extremo: se puede seguir siendo de
izquierdas y criticar a la vez la impresentable dictadura cubana. El rechazo
a la brutal represión de este último mes ha sido casi unánime en Europa.
Quizá haya un elemento implacable en este proceso que ojalá termine dejando
solo al gobierno de Castro, sin apoyo exterior, ni siquiera la anuencia de destacados
intelectuales que ahora se apartan del mito: el elemento
generacional. Conforme pasa el tiempo, la defensa de ese fundamentalismo en
el poder que resiste ante al enemigo yanqui se hace más insostenible para quienes
no vivieron los 60. Antes que hundirse en la vergüenza que estos reductos
dictatoriales producen a cualquier demócrata, la izquierda que mira hacia el
futuro los rechaza con decisión. Porque, a estas alturas, no hay necesidad de
confundirse con esa otra izquierda, la de Fidel Castro y sus amigos. viernes, abril 11 Cae Saddam y llega el caos domingo, abril 6 Washington lanza una OPA (hostil) sobre
Bagdad Estamos en los momentos previos, de asedio a
las ciudades, que van a dar lugar a la toma de éstas y al asalto definitivo a
la capital. En Irak se está llevando a la práctica la OPA lanzada sobre
Bagdad: desde el gobierno de Bush se ha planeado con tanto detalle la
ocupación del país como su administración posterior. Será un nuevo mercado ganado
para la economía occidental. Pero, ojo, las cosas no se pueden hacer de
cualquier manera, puesto que los 258.000 millones de dólares de coste
estimado de esta guerra no se pueden despilfarrar. Nada menos que el 4% de la
última partida aprobada en el Congreso de EEUU iba para ayuda humanitaria.
Generosidad sin límites de unos políticos de Washington que, tras dar la
espalda a la ONU, le preparan un futuro papel en Irak como ONG humanitaria.
Porque de la reconstrucción ya se encargan ellos. El dinero invertido debe
servir para lo que estaba destinado: redistribuir los fondos desde el déficit
que pagará el ciudadano medio hacia la industria militar y los empresas
beneficiadas por trabajos en Irak. Y por supuesto: los países cobardes que no
se han sumado a los 'liberadores' del pueblo iraquí como Francia, Alemania y
Rusia no
podrán participar en los contratos. Esa difícil tarea de reconstrucción,
y el pago mediante el petróleo rescatado de las garras de Saddam, serán
responsabilidades del nuevo gobierno de Bagdad. Que para consumar la OPA
lanzada a golpe de dentellada propia de tiburón bursátil, deberá ser liderado
por EEUU. No hay que complicarse la vida con discusiones -incluso entre
«aliados»- sobre la posibilidad de una administración
de la ONU. Su papel será, en todo caso, bendecir lo ya decidido por
el Gobierno Bush. |