Titulo: Devuelveme la Vida

Clasificación : PG-13

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CAPITULO NUEVE.- Por nuestra amistad.-

-No... no puedo... creerlo... es... imposible – murmuraba Hermione entre sollozos, tratando de encontrarle sentido a lo que había ocurrido hacía solo unos minutos.  Ella y Ron estaban en la habitación de la chica, Hermione, sentada sobre su cama, mientras Ron estaba de pie al lado de la ventana.  El pelirrojo no había dicho una sola palabra desde que salieron del despacho del Director, y desde que habían llegado a la habitación de su amiga, no había dejado de ver a través de la ventana, como si estuviera sumido en una profunda meditación.  Y eso no estaba muy lejos de la verdad.

Desde esa ventana  se podían vislumbrar los aros de las metas del campo de Quiddich. El cielo estaba libre de cualquier nube que pudiera empañar la luminosidad del astro rey, lo que provocaban que los aros destacaran de forma brillante en el campo. ¿Cuántas veces había estado en ese campo con Harry? Millones.  Tantas cosas habían compartido en ese lugar, no solo partidos, sino también tantas aventuras, desde las bancas de ese lugar había apoyado a Harry en el Torneo de los Tres Magos, aún y cuando habían estado peleados por una estupidez suya, Harry lo perdonó sin cuestionarlo, y para Harry era difícil volver a confiar en una persona cuando de alguna manera habían desconfiado de él, pero él lo habían perdonado y confiado en él hasta el grado de pedirle cuidar lo que más amaba: Draco y Hermione.

Hermione era como la hermana perdida de Harry, la mejor amiga, la mejor consejera, aunque en ocasiones quisieran desaparecer para no recibir sus regaños, sin duda eso no quitaba que fuera la hermana mayor, en otros casos la madre preocupada, pero siempre había estado en el corazón de Harry, porque pocas personas se habían tomado la molestia de preocuparse por él y arriesgar tanto como ella lo había hecho, y Harry valoraba eso, porque Harry nunca había sentido lo que era el que se preocuparan por él, el que se arriesgaran hasta el punto de arriesgar la vida, o hasta ser expulsados lo que sería peor para Hermione.

Y por otro lado estaba Draco.

Cierto que desde que conoció al idiota pomposo y patán, quedó claro para él que nunca sentiría más que odio y antipatía hacia el hijo de un mortifago.  Que equivocado estaba.

Claro que los años pasaron y su odio hacia ese idiota albino no hacían más que aumentar, y cuando Harry les comunicó su relación con él no hizo otra cosa que estallar como un volcán en erupción, ese momento era decisivo para su amistad con Harry: o aceptaba su relación con Draco o perdía a su mejor amigo de toda la vida.  La decisión fue obvia, tuvo que tragarse su orgullo y respetar la decisión de su amigo. Claro que no fue sencillo.

No fue hasta en las vacaciones navideñas del séptimo curso que su desconfianza y odio dejaron de existir. La Madriguera había sido atacada por los Mortifagos, Harry había ido ahí para pasar las navidades, y Voldemort había pensando que el mejor regalo para Harry sería con una comitiva de mortifagos esperándole.  La batalla fue terrible, heridos, muertos, dolor, desesperación, humillación. Todo lo que el ver morir poco a poco a tus seres queridos pudiera provocar. Varios de sus amigos cayeron, la mayoría era de la Orden, entre ellos Remus Lupin, lo que fue un terrible golpe para Harry. Pero también, gracias a esa cruenta batalla, Ron Weasley ganó un amigo y aliado.  Draco Malfoy había estado en una reunión con otros miembros de la Orden, planeando estrategias para contra atacar los movimientos de Voldemort, y estuvo ahí cuando la Orden recibió el llamado de auxilio, ni siquiera lo pensó dos veces cuando ya estaba en la Madriguera peleando por salvar vidas, las vidas de aquellos a los que amaba, entre ellas la de su hermana.  Ginny estaba haciendo frente a un mortifago particularmente violento, estaba herida y su rendimiento no era muy bueno, estuvo a punto de morir por un Avada cuando Malfoy apareció de pronto y salvó a su hermanita. Lo vio pelear espalda con espalda al lado de Harry, lo vio arriesgarse y enfrentar a su padre solo por Harry, eso le demostró que Draco no estaba jugando con su mejor amigo, y desde ese momento el odio y el desprecio desaparecieron, para dar paso a otro sentimiento mucho más fuerte: amistad.

Inconscientemente apretó su mano, sintiendo como al mismo tiempo apretaba algo que sostenía: la carta de Harry

Extendió el pergamino mirándolo con fijeza, como si creyera que de un momento a otro las letras impresas se esfumarían y él solo se quedaría con el trozo de pergamino y los desoladores sentimientos que en ese momento lo rodeaban. Decidido, regresó su vista hacia el inicio de la carta, y una vez más comenzó a leerla:

Ron:
 
 
Hola amigo, ¿Me recuerdas? Soy aquel enano cuatro ojos que Saturno predijo nacería a 
finales de julio... y el cual tuviste la gracia de conocer en el Anden 3/4 porque no sabía como tomar 
el expreso que me llevaría a Hogwarts.  Se que esto parece algo inverosímil, el que tu amigo, quien 
murió hace más de un año, te escriba una carta con fecha de hace un día... algo poco creíble 
¿cierto?, por no decir una locura o broma de mal gusto, pero antes que pienses que Draco te esta 
jugando una broma con su muy particular sentido del humor, déjame decirte que no se trata de 
ninguna broma, soy yo, Harry quien te escribe, tu amigo y casi hermano, al cual se le permitió volver 
a vivir por una noche a través del Altar de Muertos que Draco elaboró. 
 
Algo increíble ¿cierto?  
 
¿Pero acaso no nos han pasado cosas poco creíbles desde que nos conocimos? Cierto, se que la 
mayoría de las cosas poco creíbles y que generalmente son problemas me buscaban a mi, pero 
también se que tu al igual que yo les dabas la bienvenida con los brazos abiertos, algunas veces 
por gusto, aunque la mayoría era porque tu sentido de la amistad te obligaba a poner tu vida en 
peligro ¿y sabes? Eso es algo que te agradezco profundamente: El estar conmigo en los momentos 
más difíciles, en las bromas y regaños de Hermione, el aguantar mi mal carácter, y mi insistente 
obsesión de jugar a ser el héroe, pero sobre todo, el aceptar a Draco dentro de mi familia, porque 
tu, Hermione y los Weasley eran mi única y verdadera familia, y el aceptar a Draco a pesar de todo 
lo idiota, pomposo y patán que era, es y seguiría siendo, ha sido la mayor prueba de que no solo eres 
mi amigo, sino mi hermano.
 
Nunca había tenido un amigo, hasta que te conocí. Has sido mi primer y mejor amigo, ¿sabes? Nunca 
me he arrepentido de aquella decisión en el expreso de Hogwarts, cuando nos conocimos, cierto, tal 
vez si hubiera aceptado esa mano, Draco y yo hubiéramos estado juntos desde hacía mucho tiempo, 
pero no la acepté, y a cambio de ello gané al mejor de los amigos ¿y sabes algo? Tu amistad es 
invaluable para mi, y aún y cuando estoy muerto, sigue siendo así...
 
Porque estoy muerto amigo, aunque creo que eso algo obvio para todos, y espero sinceramente 
que no estés sufriendo un infarto al momento de leer esta carta, no porque no quiera verte y 
revivir todas aquellas cosas que compartimos, pero quisiera que ese momento tardara todo el 
tiempo posible, después de todo no soy tan egoísta como para desear tu muerte, solo para estar 
juntos como cuando estábamos vivos...
 
Morir...
 
Es una palabra que evitamos mencionar, pero que nos asecha constantemente... morir... ese es 
el final que a todos nos espera, unos antes que otros tienen que morir, yo lo hice antes que ustedes, 
por un lado fue lo mejor, si pudiéramos regresar el tiempo, y me hubieran dado la opción de morir y 
dejarlos vivir, sin dudar la hubiera tomado... aunque por otro lado... es doloroso estar lejos de aquellos 
a los que amas y más doloroso es verlos sufrir por mi causa...
 

Se que has intentando ser fuerte, pero aunque suene cruel, intentarlo no basta, tienes que ser fuerte, no solo por Hermione y por tu familia, si no por ti mismo, por tu propio bienestar y salud, por tu propia felicitad tienes que ser fuerte.  El dolor nunca se irá, pero con el tiempo, ira menguando hasta ser tolerable, estoy muerto, y eso es algo que no va a cambiar, aunque Draco insista en lo contrario, mi vida se extinguió y aunque me haya permitido vivir por una noche, no significa que sea eterno, mi tiempo terminó y el tuyo aún continua.  Deja mi muerte en el pasado, porque al pasado es a donde pertenece, deja el dolor y la desesperación atrás y continua con tu vida, se feliz, y no hagas que me sienta culpable por ser el causante de tu dolor y de las constantes peleas con Draco y las lágrimas de Hermione ¿O acaso tienes idea de cómo me siento Ron? ¿De cómo sufro con su dolor? ¿De lo mucho que me odio cuando te veo abrazar a Hermione tratando de darle fuerzas cuando tu te estas desmoronado? Claro que lo sabes, por tu mismo has tenido esa sensación de impotencia, y es doloroso... y frustrante...

La muerte… es un constante enigma, pero por mas extraña o dura que parezca siempre tiene una razón de ser, no importa lo que suceda siempre hay que seguir adelante sin importar cuanto duela... aunque a veces… solo un respiro es el que se necesita tomar y no pensar en comprender algo que jamás saciara nuestro dolor...

Si, porque por más que duela... a veces lo último que queda por decir, es adiós.

Por favor, cuida de Hermione, ambos sabemos que esto será un duro golpe para ella, creo que esta vez debes de ser tu quien mantenga la cabeza fría... y por favor... no dejes de estar ahí para Hermione y Draco, se que no será fácil, pero te conozco, y se que eres fuerte y lo harás bien, confío en ti, siempre lo he hecho...

Tu Hermano del alma

Harry

-Confía en mi amigo – susurró. Varias lagrimas habían trazado su camino a lo largo del pecoso rostro, sin embargo, Ron no hacía nada para evitarlas, les permitía su paso de manera silenciosa, permitiendo que abandonaran sus párpados de la misma forma que le abandonaba ese sentimiento de haberle fallado a quien fuera su mejor amigo. Esta vez sería diferente, esta vez se aseguraría de estar, si no a su lado, seguro de que Draco era feliz, no importase cual fuera el medio o que tan inverosímil fuera lo que al slytherin le haría feliz, él se aseguraría de que Draco recobrara sus deseos de vivir.

-Ron - la suave voz de su amiga le hizo saltar sorprendido, se había enfrascado en sus pensamientos a tal grado de aislarse por completo de lo que sucedía a su alrededor. Pasó rápidamente la manga de su túnica por sus ojos, limpiándolo de cualquier rastro de haber llorado

-¿Dime? - preguntó encarando a su mejor amiga, lo que casi le hizo llorar de nuevo.  Hermione estaba tan desvalida como él, o tal vez más si se juzgaba por su aspecto.  Tenia el rostro manchado y los ojos hincados por tanto llorar, su ropa estaba un poco desaliñada, y su cuerpo se convulsionaba un poco debido a los constantes sollozos que se le escapaban, mientras retorcía sus manos sobre su regazo – Oh Mione - suspiró acercándose a ella. Se sentó a su lado y la abrazó, atrayendo su frágil cuerpo al suyo... en aquel simple gesto había tantos sentimientos, tanto dolor, tanta ternura, miedo e inseguridad que nunca demostraría de otro modo

-No... no se que hacer...

-No siempre vas a tener la respuesta a toda pregunta Mione

-Pero no puede... ser cierto todo lo que dijo... todo lo que dice...

-La carta de Harry – la interrumpió Ron a lo que Hermione guardó silencio – porque ese pergamino que leíste te lo envió Harry, y tan seguro estoy de ello porque mi carta también es de él.

-Pero entonces... ¿tu crees que...

-No lo creo Herm, estoy seguro:  Harry regresó a la vida por una noche, por medio de ese Altar de Muertos, Draco tenía razón... siempre la tuvo

-Me parece algo... imposible – susurró contra el pecho del pelirrojo

-Lo es... pero acaso, cuando sucede algo que no puedes explicar, los muggles lo llaman milagro

-¿Crees en los milagros?

-Creo... que comenzaré a creer desde este momento

Permanecieron en silencio, cada uno sumergido en sus propios pensamientos y sentimientos. Sensaciones que agolpaban su pecho, tanto habían sufrido, tanto se habían aferrado a una idea basada en el miedo.  Y saber... que su miedo estaba fundado en un imposible, olvidando por completo que vivían en un mundo donde la Magia existe y que puede hacer posible los mayores anhelos de sus corazones.

-¿Porqué apoyaste a Draco? – le preguntó la chica, mucho más calmada y separándose ligeramente del cuerpo del otro. Ron pareció pensar un poco su respuesta

-Se que esperaban que estallara y gritara como es mi costumbre, pero algo me hizo pensar mejor las cosas, y el ver a Draco tan decidido, como solía ser, supe que no mentía y que no importara cuanto nos opusiéramos a sus ideas, él las llevaría a cabo. Así que pensé que lo mejor sería apoyarlo, al menos así podré sentir que no le fallé a Harry y ayudar a Draco cuando más me necesite – Hermione sopesó las palabras de su amigo.  Tenía razón.  Se habían portado como unos egoístas, solo pensando en su propio dolor, sin ser capaces de ver a su alrededor y ver que otras personas también sufrían además de ellos.

-Pero Draco parece tan...

-Tan endemoniadamente decidido – completó Ron acariciando el largo cabello de su amiga. Hermione asintió contra el pecho del pelirrojo

-Pero es... una locura. No puede... no debe... es peligroso – la chica aferró con mayor fuerza sus manos a la espalda de su amigo – ¿Y si no regresa? ¿Y si le pasa algo?

-Creo que todo eso ya lo pensó él Hermione

-Él no piensa... tal vez esta... esta trastornado...

-Es su decisión, el solo busca lo que es mejor para él, y lo único que puede hacerlo sentir mejor es estar al lado de Harry, y solo nos queda ayudarlo

-¿Pero cómo? – Hermiione se volvió hacia Ron, una luz de dolor oculto brilló en sus ojos – ¿Cómo se supone que vayamos a ayudarle, cuándo está tan cerca de perder la noción de quién es realmente? ¿Cuándo no sabe qué pensar, o sentir, o cómo hacer frente a algo que ni siquiera entiende por completo?

-Sabes tan bien como yo que no es así – Ron tomó el rostro de Hermione entre sus manos, obligándola a verlo a los ojos – el Draco que acabamos de ver, no es el Draco al que escuchábamos gritar cada noche por una pesadilla, no es el Draco que a la primera mención de Harry estallaba en un ataque de furia para pasar a otro de llanto, este Draco, es aquel al que llegamos admirar por su ambición y fuerza de voluntad para lograr aquello que ambicionaba, es aquel slytherin que con su sangre fría logró rescatar nuestro pellejo en varias ocasiones. Y créeme que cuando te digo esto no lo hago solo para tranquilizarte, sino porque lo he visto y estoy seguro de ello. Draco esta decidido a llegar a Harry, sin importarle que tenga que entrar al país de los muertos, lo hará, porque ese es su objetivo, y su espíritu slytherin no lo dejara desistirse.

Hermione sintió como su garganta se estrechaba por la emoción; apenas podía creer que Ron hubiera dicho lo que acababa de decir. Era cierto, se había centrado tanto en el Draco que estaba desecho, en el manojo de desperdicios como solía llamarle Ron, que se había olvidado por completo del verdadero Draco, al estratega de la Orden del Fénix, el mago que, pese a ser tan joven, era uno de los más poderosos que había en el Mundo Mágico. De repente parecía que las cosas no eran desesperadas y tristes, sintió como de pronto la luz que antes había estado oscilando se hacía más luminosa; y en esos momentos el dolor que le corroía en lo más profundo se volvió algo más soportable, porque no todo era tan oscuro como pensaba, y sobre todo, porque no estaba sola para soportarlo, estaba al lado de la única persona que nunca la había dejado ser absorbida por la oscuridad que se empeñaba en absorberla.

-¿Qué se supone debo hacer ahora? – susurró Hermione. Odiaba el sentirse perdida como en ese momento. Le aterraba no saber qué hacer, el no tener ningún control sobre la situación o de cómo se sentía; una completa estúpida y desvalida chica que no tenía control sobre sus emociones por escuchar lo que su mente le gritaba y no hacer caso a lo que su corazón le decía: cree. Ron pudo ver el dilema en que estaba su amiga. Extendió la mano y acarició ligeramente su espalda.

-Por el momento, tienes que calmarte, luego, cuando estés tranquila, tu propia cabeza y corazón te dirán que hacer – le dijo Ron a la vez que separaba su frágil cuerpo y se ponía de pie, dirigiéndose hacia la puerta

-¿A dónde vas? – preguntó la chica

-Al mismo lugar que tu, cuando no sabes que hacer – le sonrió antes de desaparecer tras la puerta.  Hermione observó la puerta por la que había salido su amigo con una expresión de extrañeza y duda

-¿A la biblioteca?

***********

-No puedo creerlo... esto es horrible... estoy con una odiosa serpiente... en medio de un ejercito de mandrágoras lloronas... esto debe de ser una pesadilla... si eso... una pesadilla… –  se quejaba  Andrew Bones mientras intentaba mantener bajo control una mandrágora que se empeñaba en querer capturar su dedo con sus dientes.

-Deja de quejarte, Bones, esto fue tu culpa – le siseó David Morag a la vez que lanzaba su mandrágora hacia una maceta, para luego ajustar sus orejeras, que estaban encantadas para que únicamente el “adorable grito” de las Mandrágoras no los penetrara

-¿Mi culpa? – preguntó incrédulo olvidando por completo a su “gritona amiga” que arrojaba la tierra que había dentro de su maceta – ¿De quién fue la *grandiosa* idea de tener el duelo en esa aula?

-Bueno... lo hecho, hecho está – David tuvo la decencia de parecer ligeramente apenado consigo mismo – lo bueno del caso es que tu no fuiste tan estúpido como para seguirme, oh,  ¿pero que digo? Si eres estúpido ¿Si no de que otra forma estarías aquí? Claro que eso sería algo difícil de creer … no, un momento, sí lo puedo creer…

-¿Estás hablando conmigo? – le inquirió Andrew comenzando a molestarse


-No, en realidad con tu otro yo … que si es inteligente

-Oh, que bien, por un momento temí que tu ego se hubiera inflado a tal grado que ya hubiera dos como tu, lo que obviamente sería peor que tener un dementor al lado – le respondió de manera mordaz

-Piérdete Bones – le respondió con fría tranquilidad – Ni siquiera tú me vas a estropear más el día –  una de las cejas del joven contrario se arqueó.

-¿Has formulado un propósito para Navidad desde hoy? – le preguntó tratando de contener la risa. David bufó indignado


-Al contrario de personas como tu, que carecen de un propósito para tu vida, yo si tengo uno.

-Idiota

-Estúpido

-Serpiente rastrera

-León sin colmillos

-Egocéntrico

-Basura

-Bien chicos ¿Cómo van con su castigo? – preguntó el profesor Neville entrando al invernadero con una sonrisa amable mientras los otros chicos trataban de reprimir el impulso de arrojar su mandrágora al otro.

**************

Draco se dirigía con paso firme al aula once, deseaba hablar un poco con el Profesor de Adivinación. Sabía que Firenze, por ser un centauro, tenía un mayor conocimiento sobre los peligros que enfrentaría, quería consultarlo y tratar de sacar el mayor provecho de la información que le diera. No pensaba ir a la guerra sin armas ¿cierto?

El aula donde daba clases, aún seguía siendo el aula número once, la cual estaba en la planta baja, en el pasillo que salía del vestíbulo, al otro lado del Gran Comedor. Pronto estuvo frente a la gran puerta que resguarda el lugar donde residía el centauro, la abrió con lentitud, admirando el cambio de ambiente que se presentaba frente a él.  El suelo del aula estaba cubierto de musgo y en él crecían árboles; las frondosas ramas se abrían en abanico hacia el techo y las ventanas, y la habitación estaba llena de sesgados haces de una débil luz verde salpicada de sombras.  Entró al bosque, admirando su belleza, recordó que a Harry le gustaba ir ahí y pasar horas admirando el lugar, escuchando las predicciones que Firenze hacía, aunque fuera solo para distraerse con la voz mística del centauro.  Dio unos cuantos pasos, internándose un poco más, hasta encontrar un claro, en medio del claro, donde no había árboles, estaba Firenze

-Profesor Malfoy – lo saludó el centauro acercándose a él, inclinando su rubia cabeza

-Profesor Firenze – Draco le devolvió el saludo

-Lo estaba esperando – le dijo el centauro sin dejar de mirarlo con sus penetrantes ojos azules. Draco asintió en silencio, desviando su vista hacia el techo, que en ese momento reflejaba el atardecer. Sus ojos grises reflejaron los tonos naranjas y rojizos del cielo.

-¿Sabes algo sobre el Hades, profesor? – le preguntó sin más rodeos

-Es la morada de las almas de aquellos cuyas vidas se han extinguido, vidas como la de Harry Potter – le dijo sin dejar de verlo con sus profundos ojos azules. Draco asintió con seriedad desviando su vista hacia el centauro

-Exacto.  ¿Y sabes lo que planeo profesor?

-El firmamento, con sus planetas y lunas me han permitido ver la esperanza que guarda tu corazón, y el propósito que se ha incrustado en él

-¿Qué es lo que te han permitido ver?

Firenze agitó su larga y blanca cola, levantó una mano hacia el toldo de hojas que tenían sobre las cabezas y luego la bajó lentamente.  La luz de la sala se atenuó inmediatamente, de modo que parecía que había anochecido, apareciendo estrellas en el techo. – Observad el cielo profesor – le indicó Firenze con voz sosegada – en él esta escrito el destino de nuestras razas.  Los centauros llevamos siglos desentrañando los misterios de los movimientos de los planetas y sus lunas.  Nuestros hallazgos nos han demostrado que el futuro se puede vislumbrar en el cielo. He leído en él vuestro futuro y el de Harry Potter

-¿Qué has visto Firenze? – le preguntó, su voz cargada con anhelo reprimido

-Los centauros sostenemos que la posición de los astros en el momento exacto del nacimiento de una persona y sus movimientos posteriores, reflejan el carácter de esa persona y por tanto su destino.  El destino de Harry Potter estaba escrito desde antes de su nacimiento

-¿La Profecía?

-Exactamente

-La Profecía se cumplió, pero aún así Harry...

-Murió – completó Firenze – ese era su destino

-Un destino cruel tanto para él como para mi

-El destino en sí es cruel profesor, los planetas y las estrellas no piden opiniones, en la religión griega antigua, el destino cósmico parece haber sido superior incluso a los grandes dioses, por lo tanto, superior a los mortales

-Pero puede cambiarse – intervino Draco, tratando de encontrar algo que le sirviera de esperanza.  Firenze lo vio directamente a los ojos sin pestañear, con lentitud regresó su vista hacia el cielo nocturno, centrando su atención en las estrellas. Permanecieron en silencio durante unos minutos, hasta que el centauro comenzó a hablar

-Mercurio ha estado brillando de una forma particular – le indicó señalando una estrella con brillo azulado

-Mercurio, en Roma, era la representación de Hermes en Grecia – Firenze no respondió en cambio, señaló otra estrella que parpadeaba con intensidad

-Venus, el lucero de la tarde, resplandece de forma extraordinaria.  Muchos subestiman el valor del amor, su fuerza... su poder, pero pocos son capaces de verlo por si mismos – Firenze se giró para ver de frente a Draco – Venus protege al sentimiento más puro y poderoso que existe, si vuestro amor es digno de la protección de Venus, éste saldrá triunfante de cualquier empresa

Permanecieron en silencio, Firenze  lo miraba sin parpadear con aquellos asombrosos ojos azules suyos, con una expresión inescrutable, en cambio Draco lo observaba, tratando de descifrar aún más misterios que le rodeaba, deseaba más respuestas a sus preguntas, pero de alguna forma, estaba seguro que eso sería todo lo que el centauro le diría.

-¡¡¡¡¡Draco, Draco!!!!! – escuchó que lo llamaban fuera del aula, casi enseguida un Neville lleno de tierra y jadeando abrió la puerta

-Parece que un lazo de diablo te dio un delicado abrazo Neville – le dijo divertido

-Bones y Morag... estallido... mandrágoras volando... inconscientes... enfermería – alcanzó articular, apoyándose en el marco de la puerta. Draco se acercó hacia él

-Tranquilo, todo estará bien... por lo pronto – Draco sonrió de una manera que hizo que Neville lo viera como si de pronto le hubiera brotado una segunda cabeza, lo que sería peor para todos.

-¿Aún... falta? – Draco asintió complacido, provocando que Neville se recargara completamente contra la puerta y se dejara caer

-Bien, me retiro a verlos – se giró hacia Firenze – muchas gracias por todo Profesor, espero que la próxima vez que nos veamos las cosas sean diferentes – Draco se dio vuelta listo para irse de esa aula, pero la voz del centauro lo hizo detenerse

-Nunca, jamás existe el suficiente aire para llorar, pero existe el suficiente aire para poder volver a hacer respirar un alma. – con esas palabras Firenze se dio media vuelta y se internó en el bosque. Draco lo observó alejarse por unos segundos, luego regresó su vista hacia su compañero que seguía sentado sobre el verde pasto

-¿Qué... vas a... hacer? – le preguntó Neville

-Oh, no mucho, solo darles de beber un poco de una poción... lo necesitarán

*************

Caminaba a paso lento, conciente de que a cada paso se alejaba más de la seguridad del castillo, para adentrarse en la peligrosidad del Bosque Prohibido, pero no le importaba, en su mano derecha sujetaba su varita lista para cualquier peligro, mientras que en su mano izquierda llevaba un porta retrato, donde había una fotografía.  Finalmente llegó a su destino. Una capilla en lo profundo del Bosque, la capilla que el Profesor Dumbledore mandó construir, y en la que descansaba, entre otros cuerpos, el de su mejor amigo: Harry Potter.

La capilla estaba realizada en un estilo románico, de pilares macizos y hermosos de mármol blanco, los ventanales eran de un color azul claro, lo que le confería a la capilla una apariencia divina, casi fantasmal en medio de la oscuridad del Bosque Prohibido.  Entró con paso decidido, apreciando la grandeza de la estructura, desde el centro podía apreciarse su estructura octogonal, hacia donde mirara había una puerta con forma de arco, cada puerta se dirigía hacia una cúpula aún más pequeña donde se encontraban los cuerpos de los caídos, justo frente a ella, se encontraba la cúpula donde descansaba el cuerpo de Harry, se dirigió hacia ella, abriendo las puertas de caoba, al entrar, fue recibida por una vista familiar.  Las paredes de la cúpula estaban finamente talladas, con grabados que honraban a la persona que descansaba en ese lugar, había también, varias velas que perfumaban el aire así como la placa en la que ella, Ron y Draco habían plasmado sus sentimientos hacia la persona que descansaba en ese lugar, y justo al centro se encontraba el féretro de su amigo.  Se acercó a él y no pudo reprimir un sollozo, su varita cayó al piso provocando un leve tintineo, reprimiendo el impulso de echarse a llorar ahí mismo, abrazó con fuerza el retrato.

En esa fotografía, estaban las personas más importantes que tenía, ella estaba al lado de Harry, como en toda su vida había sido siempre cada vez que había alguna dificultad, al lado izquierdo de su amigo de ojos verdes estaba Draco, abrazándolo con cariño en un gesto posesivo, al lado de ella, se encontraba Ron, abrazándola con cariño, todos sonreían, todos eran felices porque estaban juntos... pero todo cambió cuando Harry murió, se encerraron en su dolor y miedo a sufrir de nuevo, y... se separaron.

Hermione abrió el féretro, viendo el joven cuerpo de Harry Potter, del Salvador del Mundo Mágico, de su mejor amigo.  Sin poder retenerlas por más tiempo, las lagrimas escaparon de sus ojos, el cuerpo de Harry se veían tan... lleno de vida, como si solo estuviera durmiendo, y peor aún, como si tuviera un sueño agradable y no las constantes pesadillas que le asechaban. Acercó su mano temblorosa a la mejilla del chico, acariciando el bello rostro, sintiendo el frío de la piel sin vida. Retiró su mano asustada por la cruel realidad.  Cerró los ojos tratando de mantener bajo control las emociones que se agolpaban en su pecho y la torturaban poco a poco, tratando de desgarrarle el alma. Abrió los ojos dispuesta a enfrentarse a la realidad, y vio frente a ella la fotografía de su familia, la sonrisa de Draco y Harry, dichosos por amarse uno al otro... por estar juntos...

-///... mi vida tuvo que terminar en aquel momento, y las de ustedes aún continua, no importa lo que diga Draco, esto es así, nacemos, vivimos, y luego morimos, siempre ha sido así y no hay manera de cambiarlo///

-Te equivocas Harry – dijo en susurro sin dejar de mirar el tranquilo rostro de su amigo – si hay manera de cambiarlo

Y con una firme decisión instalada en su corazón, salió de la cúpula y la capilla a paso decidido, dejando atrás una fotografía, donde se plasmaba una realidad que tal vez ponto podría repetirse...

*************

-¿Acaso te comieron la lengua, Morag? – el aludido lo encaró con esa mirada llena de odio desde la otra cama

-Para tu desgracia no Bones – le respondió de manera mordaz – Es solo que tengo cosas más importantes en que pensar que ocuparme de ti

-Oh vaya, el estúpido de Morag no se digna a hacerme la vida un infierno ¿me pregunto que cosa podría ser más importante que eso? –  Andrew fingió pensar en esa posibilidad

-No seas idiota Bones. Estoy harto de soportar a gente como tu: sin cerebro

-Y estoy harto de soportar a una alimaña rastrera como tu

-¡Mira hijo de p...

-¡Silencio! – gritó la señora Pomfrey dirigiéndose hacia ambos chicos, Tanto Bones como Morag estaban en la enfermería, uno frente a otro, después de prácticamente hicieron estallar el invernadero donde estaban replantando mandrágoras. – ahora, guarden silencio y tomen esto – les dio una copa a cada uno

-¿Qué es? – preguntó un desconfiado Morag

-Una poción reconstituyente que el profesor Malfoy les hizo

-¿El Profesor Malfoy? – preguntó extrañado Bones – ¿No se supone que la Profesora Granger es quien hace las pociones?

-El Profesor Malfoy es excelente elaborando pociones, y ya dejen de hacer preguntas tontas y bébanla – les dijo verificando que tomaran hasta la última gota, para luego dejar las copas vacías sobre un mueble cercano a ellos – bien, ahora guarden silencio y compórtense como lo que son, y no como lo que parecen – diciendo esto la señora Pomfrey se encerró en su despacho

-Vieja amargada – murmuró David

-Yo pienso que es una buena persona, solo... algo estricta

-¿Alguien te preguntó tu opinión Bones?

-No

-Entonces guarda silencio ¿quieres?

-No, no quiero – David comenzó a exasperarse

-Mira idiota, estoy cansado, herido, y aún no me recupero del todo de ese concierto de mandrágoras, así que no estoy de humor para soportarte

-Oh, es una verdadera lastima – se lamentó Andrew con notable sarcasmo en su voz

-Terminemos con esto. De una vez por todas ¿no? ¿Qué demonios quieres para callarte? ¿Una paliza? ¿Otro duelo? Puedo humillarte en cualquier momento, porque por lo visto eso es lo que quieres

-No te atrevas a asumir lo que quiero Morag

-¿A no? – David entrecerró los ojos con malicia, viendo directamente a los ojos castaños de Andrew –  ¿Y qué es lo que quiere el señor Andrew Bones?

-A ti – la respuesta fue dicha con tal simpleza, como si Andrew no hubiera sido conciente de lo que decía, que ambos abrieron los ojos con genuina sorpresa

-¿Qu... qué diablos? – preguntó Morag con cara de asco

-¡¡No dije nada!! ¡¡¡No escuchaste eso!!! – se defendió Andrew, cubriendo sus labios con sus manos

-Oh, claro que dijiste algo, yo lo escuché, y además era algo estúpido debo agregar

-¡¡Mentira!! ¡Tu... tu escuchaste mal! ¡Los gritos de las mandrágoras... debieron afectar tu cerebro! – le dijo Andrew, a la vez que observaba a todos lados en busca de alguna salida.

-No, yo se lo que escuché – insistió David – y quiero que lo repitas

-¡¡¡No diré nada!!!

-¡Eso lo veremos! – Morag salió de su cama acercándose a paso peligro hacia Andrew, abalanzándose contra él y sujetándolo por los hombros con fuerza - ¡¡Repítelo!!

-¡¡¡No quiero!!! – gritó el gryffindor tratando de librarse del fuerte agarre del otro

-¡Claro que lo harás!

-¡¡No es asunto tuyo!! ¡¡¿Porqué quieres saberlo?!!

-¡Porqué yo también te quiero! – de pronto, los dos se quedaron petrificados. David abrió los ojos con sorpresa y temor, llevando sus manos hacia sus labios, como si ese movimiento impidiera que hablara más de la cuenta

-¿Qu... qué... dijiste? – alcanzó a preguntar Bones en medio de esa confusión. Como si no quisiera hacerlo, las manos de Morag aligeraron su presión, haciéndolo responder con voz monótona

-Que te quiero – enseguida volvió a cubrir sus labios con mayor fuerza, como si él nunca hubiera dejado salir esas palabras, sus ojos azules empañados por una sombra de miedo, no, de pánico

-No es cierto – murmuró Andrew

-¡¡¡Claro que no es cierto!!! – gritó David bajando de la cama e intentando regresar a la suya, cosa que no fue posible porque Andrew lo sujetó con firmeza del brazo, haciéndolo girarse y encarar el gryffindor

-¿Es verdad?

-Si... ¡¡¡No!!!

-¡¡Decídete!! ¡¡¿Es verdad?!!

-Si... ¡¡No, no y no!!

-¡¡No juegues con esto Morag!!

-¡No estoy jugando! ¡Algo... algo... me hace decir estupideces! – David sacudió su brazo con fuerza en un afán de liberarse del asimiento de Andrew

-¿Qué quieres decir con que ‘algo te hace decir estupideces’? – de pronto ninguno hizo movimiento alguno, se observaron con temor, comenzando a tomar conciencia de lo que muy probablemente había ocurrido. Como si estuvieran sincronizados, ambos dirigieron su mirada hacia las copas vacías que yacían frente a ellos.

Solo había algo que te hacía decir estupideces....

O verdades...

La realidad los golpeó con fuerza.

-¡¡¡¡¡¡¡¡NNNNNNNNOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!

**************

-Diablos, esto es más difícil de lo que pensé, no entiendo como Hermione puede hacer esto ¡No entiendo siquiera como puede disfrutarlo!

Ron cerró el libro que leía, y tomó otro que estaba en un pila a su lado, comenzando a buscar en el índice lo que buscaba. Llevaba la mayor parte de la tarde, tratando de encontrar algún tipo de información que le fuera de utilidad para ayudar a Draco en lo que planeaba hacer, pero era algo muy difícil, ni siquiera sabía con exactitud que buscaba, mucho menos sabía donde buscar. Había cientos de libros en la Biblioteca de Hogwarts, ¿cómo sabría en cual de ellos debía buscar?

Se revolvió el cabello desesperado, cerró el libro de golpe, cruzó sus brazos sobre él y descansó su cabeza sobre ellos. Definitivamente buscar información no era su fuerte...

En realidad era el fuerte de Hermione...

Y pensando en Hermione ¿ya se encontraría mejor?  Tenía que aceptar que el dejarla sola en ese estado no era lo más considerado de su parte, pero tenía que hacerlo, ella tenía que pensar y razonar las cosas sola, no podía influir en sus decisiones y menos en algo tan delicado, además de que tenía que buscar algo que le ayudara a Draco en su nueva ‘misión’ y de que el tiempo era poco y se acababa rápidamente.

Bien...

Tenía que seguir torturándose

-“Por ayudar a una serpiente venenosa” –  se record

Volvió a abrir el libro que había cerrado, no había leído ni la primera palabra cuando escuchó que abrían la puerta de la Biblioteca y una cabellera castaña se acercaba a él a toda velocidad

-¿Hermione que...

-No hay tiempo Ron – lo interrumpió ella dirigiéndose a paso decidido a la Sección Prohibida – hay que encontrar la mayor cantidad de información para ayudar a Draco

Ron la observó boquiabierto, mientras ella apilaba más libros entre sus brazos, parpadeó sorprendido, sin poder creer que la chica llorosa que había dejado hacía unas horas fuera la misma que ahora tomaba y leía libros sin reparar en nada más.   Hermione se acercó a la mesa en donde estaba su amigo y depositó en ella al menos diez libros diferentes.

-¿Y bien? – le inquirió con seriedad – ¿Qué esperas para leer?

Ron observó a los libros y luego a Hermione, los libros y luego Hermione, libros, Hermione, finalmente fue ahí donde dejó descansar su vista, sonrió y con un saludo militar le respondi

-A la orden

************

Draco se dirigía a su habitación, caminaba con paso arrogante, y una sonrisa maliciosa en su rostro. Por su mente pasaban las posibles escenas que muy probablemente estarían ocurriendo en la enfermería con dos de sus alumnos.

Simplemente encantador.

Como le hubiera gustado estar ahí y ver sus rostros cuando averiguaran que lo que en realidad habían bebido no era una poción reconstituyente, sino veritasirium, porque terminarían por averiguarlo, sobre todo si hacían preguntas directas.

Sonrió con arrogancia.

Entró a su habitación, cerró la puerta y se aseguró de que no fuera molestado. Aunque las únicas personas que podrían molestarlo serían Ron y Hermione, pero no los había visto en todo el día, después del “incidente” en el despacho del Director, ni siquiera en la comida y la cena.  Tal vez aún estarían demasiado afectados por los hechos revelados. Bueno, no era como si hubiera pensado contar con su ayuda, desde un principio había pensado en hacerlo solo, y solo es como lo haría.

Se acercó a su escritorio donde varios pergaminos, mapas lunares y libros de Magia Oscura le esperaban. Había mucho trabajo por hacer, necesitaba averiguar todo lo posible sobre el Inframundo y los peligros que representaba para un ser vivo penetrar en él, y sobre todo y lo más importante, los peligros que representaba el regresar un alma al mundo de los vivos.

Porque sin duda alguna, traería a Harry de vuelta...

Después de todo, él era un slytherin, y los slytherin siempre conseguían lo que ambicionaban...

Y él ambicionaba el alma de Harry Potter...

 

 

¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

   

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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