·· CAPÍTULO 3 ··
Tal y como había dicho Harry, al día siguiente se volvieron
a encontrar. Malfoy le ayudó en su trabajo para pociones, y él ayudó al rubio
con el de defensa. Y así cada dos días, que era cuando a los amigos de Harry
les tocaba ronda de prefectos. Aunque milagrosamente no tuvieran deberes,
ellos dos se encontraban en la habitación secreta. Aunque Ron hubiera empezado
a sospechar que su amigo no iba sólo a pensar, ya que muchos días llegaba con
los deberes hechos y olor a cerveza en el aliento, Harry seguía yendo a la
habitación, sólo para disfrutar de la compañía de Draco.
Después de dos semanas, en las que a Harry casi se le escapa donde iba cada
noche delante de Ron. Empezó a llover, Cuando cayeron las primeras gotas eran
las tres de la tarde, y Harry les contó a sus amigos que después de la última
clase iría al lago.
-No te preocupes Harry, te esperaremos en la sala común.- le dijo Hermione.
-Sí, tranquilo, esperaremos a que llegues para celebrar la fiesta.- le consoló
Ron.
-Gracias, pero es vuestra fiesta de aniversario, hacéis seis meses, lo
tendríais que celebrar los dos solos...
-Oh!, No. Eso sí que no. – negó Hermione.
-Si no hubieses intervenido aún estaríamos solteros o peor, con alguna otra
persona.
-Bueno, pues esperarme si queréis.
Harry se dirigió hacia el lago. Se quitó la ropa, la dejo detrás de un arbusto
y se metió en el agua. Al notar la sustancia acuosa en su piel la maldición
hizo acto de presencia y empezó a cambiar el cuerpo humano de Harry por el de
un tritón. Cuando hubo acabado, Harry se metió en el agua para pasar una hora
o dos con las sirenas...
Cuando había empezado a llover Draco se había sentido contento, podría ir a
ver a Harry al lago, con su preciosa cola... Otra vez esos pensamientos.
Sonó el timbre que indicaba el fin de clases por ese día y Draco corrió hasta
su sala común para dejar sus cosas e irse al lago. Los jueves, los Gryffindors
acababan una hora antes, así que seguro Harry ya estaría en el lago.
Subió las escaleras que le llevaban hacía el pasillo central y al llegar a la
puerta de entrada abrió el paraguas. Fue caminando tranquilamente hacia el
lago, pensando que Harry se debía sentir muy sólo. Algunas veces le había
contado que las sirenas y los humanos no tienen los mismos intereses y mucho
menos la misma manera de ver la vida, así que se aburría mucho en compañía de
esos seres, sin nada de que hablar ni experiencias que compartir...
Llegó a la orilla y se sentó en una piedra. Observó el paisaje, el cielo y la
escuela. Ese era su último año en Hogwarts, ¿Qué haría después? No lo sabía
pero... Que cosa tan extraña, había pensado, por un momento, que le gustaría
estar con Harry.
La verdad es que sí que le echaría en falta ahora que se habían hecho amigos,
pero tanto como estar con él cada día... "No, no me importa" le había dicho su
mente, y es que era cierto, des de hacía unas semanas veía a Harry de
diferente modo. Ya no como a un simple amigo y mucho menos como a un mero
conocido, no. Ahora sus ojos le miraban con ternura y cariño. Si no, por qué
se preocupaba de que se aburriera con las sirenas? ¿Por qué le hacía casi
todos los trabajos de pociones? Porqué quería verle contento? Por qué le
gustaba la manera en que le sonreía y le daba las gracias, Y sobre todo por
qué amaba quedarse a charlar largo rato con Harry muy cerca de él, los dos
sentados en el sofá y tapados con una manta.
En esas se encontraba, que no se dio cuenta cuando Harry salió del lago. Fue
al oír como crujía una rama cerca de donde estaba sentado que giró la cabeza.
Se encontró con un torso bien formado, con todos los abdominales bien marcados
y por lo que la poca luz permitía, de piel morena. Alzó la vista para ver a
quien pertenecían y se topó con dos ojos verdes que le miraban con curiosidad.
-Qué haces aquí Draco? Te va a coger frío y te vas a constipar.- le dijo Harry
mientras se abotonaba la camisa.
-Yo... Te estaba esperando, como no te gusta pasar el rato con las sirenas
pensé que cuando salieras podríamos ir a la habitación y que descansaras un
poco...- le dijo Draco con un poco de timidez, decirlo en voz alta no sonaba
igual a como él lo había pensado.
-Oh! Lo siento, hoy no puedo. Hace seis meses que Ron y Hermione salen juntos,
hacen una fiesta y bueno, tengo que ir, ya la han retrasado para que yo
pudiese ir al lago... De veras que lo siento mucho Draco.
Los ojos de Harry mostraban arrepentimiento verdadero, y un poco de tristeza,
Draco lo entendió y no se enfadó.
-Tranquilo, otro día será. Pero la próxima vez que tengas que bajar quiero ir
contigo, no quiero que te aburras tanto...- El Slytherin rezó por no ponerse
rojo en ese momento. Sí era cierto que le quería acompañar, pero no era
necesario decir el por qué, o al menos no la versión real.
-Eh? Bueno... supongo que no pasará nada. Mañana volverá a llover así que
puedes estar aquí a las siete con un branquialga y un bañador. Pero no tienes
por que hacerlo, de verdad que tampoco es tan malo...
-No! Quiero hacerlo, además, me servirá para el trabajo de criaturas mágicas.
-Pues hasta mañana a las siete?
-Adiós y felicita al Weasly y a Granger... Por aguantarse tanto tiempo
mutuamente!
-Claro.- le contestó sonriente Harry.
El Gryffindor se fue corriendo para no mojarse. Cuando Draco le vio llegar al
portal, se dio un golpe en la frente, él que llevaba paraguas y no se lo
dejaba. Había perdido la oportunidad de estar muuuy cerca de Harry... Otra vez
los pensamientos sobre Harry, parecía una costumbre.
Se levantó de la roca y también se fue hacia la escuela, tenía que preparar la
branquialga si quería acompañar a Harry en su excursión...
Harry fue caminando por los pasillos oscuros y fríos del castillo en dirección
a su sala común. Le había dolido no poder estar con Draco esa noche también,
pero últimamente se había distanciado de Ron y Hermione. Por muy novios que
fuesen, no implicaba que ya no pudiesen hablar como antes, ¿no? Cuando llegó
delante del cuadro se aplicó un hechizo para secarse y dijo la contraseña.
-Brisa marina.
Éste se abrió y Harry entró a la sala de Gryffindor. Allí estaban todos,
sentados en los sillones, con cervezas de mantequilla, hablando tranquilamente
y con una música romántica que sonaba de fondo.
-Harry! Por fin viniste! Toma una cerveza y brindemos.- le dijo Ginny
-Gracias.
-Que pena que McGonagall te castigara,- le dijo Seamus- Ron y Hermione no
querían hacer nada si no estabas aquí.
-Eh? Si, claro.- contestó Harry sin saber de qué hablaba.
Ron se le acercó por detrás y le susurró.
-Les hemos dicho que McGonagall te había castigado para encubrir lo del
lago...
-Gracias.
Todos los Gryffindor alzaron sus botellas.
-Por Ron y Hermione! Que duren muchos años más!
Todos brindaron y después siguieron con lo suyo. Harry fue a sentarse al lado
de su amiga.
-Y qué te ha regalado Ron?
Hermione se puso roja y no contestó.
-No vas a decírmelo?.- al ver que no recibía respuesta Harry continuó
hablando.- pues, a ver, déjame pensar.... Un día me dijo que le gustaría verte
en tanga de leopardo así que...
No pudo continuar. Hermione había escupido la galleta que estaba comiendo.
-Qué pasa? He adivinado?
-Claro que no! .- Hermione se relajó, miro a Harry y le preguntó.- de verdad
te dijo eso?
-No, sólo era para que me contaras que te ha regalado...
-Si insistes... me ha regalado un ramo con seis rosas rojas y un libro de un
autor muggle.
-Oh.... Que bonitooooo
-Harry, no te metas con él.
-Por cierto, dónde está?
Hary giró la cabeza buscando a su amigo y lo encontró hablando con los
hermanos Creevy.
-Dios... esos dos no se cansan nunca? Nos han estado persiguiendo todo el día.
Están haciendo un reportaje sobre la vida diaria de una pareja o no sé
que...No sé como los aguantas...
Harry sólo se encogió de hombros. Recordaba como cada vez que ganaba un
partido de Quidditch venían los dos hermanos ha hacerle una entrevista,
también en los años anteriores cuando había ganado alguno de los concursos...
Hermione tenía razón, eran muy pesados.