|
|
Capítulo XI
Harry soñó con esa puerta abierta muchas veces. Tenía sueños donde incluso
intentaba entrar, pero sus piernas no le obedecían y no podía moverse en esa
dirección. También soñaba con otras puertas. La puerta de la habitación de Ron
en La Madriguera, o la puerta de la habitación de Snape.......de la gente que
había perdido.....
Funcionaba por necesidad. Durante el primer año, despertaba en la mañana,
estudiaba, trabajaba y se iba a dormir. Durante el segundo, el estudio cesó y
trabajó a tiempo completo, como había hecho desde antes, para Gringotts. El día
que había ido al banco planeando sacar su dinero y desaparecer del mundo mágico
de una vez por todas, le habían ofrecido una posición como uno de los Magos
Directores del Departamento de Seguridad de la Institución. Había aceptado la
oferta, casi aturdido. Y desde entonces había trabajado en varias partes del
mundo.....pero nunca en Gran Bretaña.
De vez en cuando, recibía cartas de Hermione, Remus, los Weasley y casi
sorprendentemente de Hannah, y todas decían lo mismo: nadie lo culpaba, lo
amaban, querían que regresara. Sus respuestas siempre eran corteses, pero
claras. Lentamente, comprendieron que Harry estaba construyendo una nueva vida,
lejos de sus recuerdos, y su culpa, y la insistencia en que regresara cesó.
Y Harry realmente trató de construir una nueva vida. Cambió su nombre a Harold
Evans, adoptando el apellido de la familia de su madre, y compró una casa en
Cape Town (su cuartel general, por así decirlo). Después de dos años, incluso
había intentado tener una cita con una de sus compañeras, pero no había
funcionado. No sabía qué le impedía profundizar la relación, incluso era incapaz
de lograr intimidad verbal con ella, por no mencionar sexualidad. No lo
entendía. Ella era inteligente sin ser arrogante, por el contrario, era un tanto
tímida. Y también era bonita, y encantadora, y amable, pero.......
Pero todo lo que deseaba era arrastrarse de regreso en el abrazo de Snape y
llorar hasta quedarse sin lágrimas abrazado a él, y hacerle el amor.
Quizás ya no era derecho
Había muchas noches en que charlando con Ron, luego del tercero o cuarto whisky
de fuego, le preguntaba si su obsesión por Snape sería consecuencia del Síndrome
de Estocolmo (sí, lo había buscado una vez, cuando no tenía nada más que hacer
para matar el tiempo, una noche de insomnio) o si realmente estaba prendado del
hombre. Ron, por supuesto, nunca respondía, como no responden los recuerdos. Y
cuando despertaba la mañana siguiente, con la cabeza latiéndole, notaba, no sin
una pequeña cantidad de nostalgia, que una ducha en solitario no era
capaz de librarlo de su resaca.
Sus compañeros veían su dolor, y le suplicaban que viera un consejero, pero los
ignoraba. Su falta de atención había matado a Sirius y a Ron. Merecía la culpa
que sentía. Esa culpa era ya una parte de él. Lo hacía el mejor Mago de
Seguridad del Banco: siempre estaba vigilante (querido, viejo Moody) y
disponible. Hacía su trabajo con meticulosidad y sin cansancio, enfocándose con
más fuerza que nadie en la seguridad personal de los empleados del banco y de
sus clientes.
Vivía con su culpa y miseria, y se abrazaba a ellos como una retorcida
penitencia.
Para finales de su cuarto año estaba absolutamente exhausto y comenzó a cometer
errores. No grandes, pero sabía que podía tener consecuencias a largo plazo.
Entonces, uno de los ejecutivos del banco lo invitó a charlar.
-Señor Evans- comenzó el duende con corteesía, pero resueltamente-. Por años, he
recibido montones de alabanzas sobre su trabajo, de parte de sus supervisores y
colegas. Sin embargo, mencionan que se está agotando, y en el último mes, las
primeras señales de su sobrecarga han comenzado a evidenciarse en su trabajo. No
se haga una idea equivocada, señor Evans, no intento reclamarle de ningún modo,
pero sugiero que se transfiera a otro campo por un par de meses.....hasta que se
recupere y recobre sus fuerzas lo suficiente como para continuar con su muy
apreciado trabajo.
Harry bajó la cabeza avergonzado. Estaba consciente de los errores que había
cometido y más. Pesaban sobre él en adición a la enorme cantidad de culpa que
previamente estaba portando, cansándolo aún más.
-¿Qué debo hacer?- susurró, quebrado, y eel duende asintió.
-Tengo un trabajo para usted- le dijo y aalzó un documento-. Es Febrero, y hace
dos semanas Hogwarts perdió su último Profesor de Defensa bajo ciertas
ah......circunstancias. Considerando el hecho de que estamos a mitad de año, y
como no hay demasiados aspirantes al trabajo, necesitan un sustituto hasta
Junio. Yo pensé en usted. Su trabajo aquí lo ha convertido en un experto en las
técnicas de defensa. Es muy bueno para lidiar con personas diversas, como leí en
su archivo personal, y quizás un trabajo en otra área lo relajaría y......
-De verdad que aprecio su oferta, señor, pero no puedo aceptar- Harry se paró y
casi cayó cuando sus rodillas se doblaron-. No puedo regresar allí.........
-Firmó un contrato de cinco años con el bbanco. El trabajo en Hogwarts no es una
oferta sino una obligación. De hecho, ya he informado a Albus Dumbledore sobre
su disponibilidad, y él está verdaderamente contento de que le proveyera de un
candidato para unirse a su cuerpo de profesores por los próximos cinco meses.
Por supuesto, el banco le seguirá pagando, como a cualquiera de nuestros
funcionarios.
-¿Señor, por qué está haciendo esto?- Harrry lo miro; su voz no podía ocultar lo
herido que se sentía.
-Se lo debo a Albus Dumbledore- dijo el dduende simplemente-. Además, aprecio el
trabajo que hace para nuestro banco, y no quiero perder a una persona tan
talentosa como usted. Señor Evans, tiene que ir allí y reconciliarse con su
pasado......o esto lo destruirá.
-¿Puedo decir algo sobre esto?- hizo un úúltimo intento.
-No. Es Miércoles. El Sábado, se reportarrá en la oficina de Albus Dumbledore a
las nueve de la mañana. Lo estará esperando.
***
El regreso a Hogwarts fue difícil, más difícil de lo que había imaginado. Cada
lugar estaba lleno de recuerdos: Sirius, Ron y Severus. Lo atacaron desde el
primer momento que había aparecido frente a las puertas del colegio.
Jaló su capa roja y negra (los colores del banco) apretándola con más fuerza
alrededor de su cuerpo. El viento soplaba helado y una ventisca impactaba en su
cara con agresividad. Pronto, su pelo goteaba y sus orejas parecían haberse
congelado. Bajó la cabeza, y con un giro de la varita, hizo que su baúl flotara
tras él. Se maldijo a si mismo por haber olvidado lanzarse un hechizo repelente
de agua, pero era demasiado tarde. Caminó con paso pesado por el resbaladizo
camino de barro, dedicando todo su esfuerzo a no caer de narices, y conseguir
una humillación completa. Ya pronto enfrentaría suficiente humillación.
Su estómago se apretó ante el pensamiento de reunirse con sus colegas, sus
antiguos profesores. Snape, su ex-esposo. El pensamiento hizo que comenzara a
sudar, pero no fue evidente en su rostro mojado. Su estómago estaba tan duro
como una piedra, sus extremidades pesadas, sus manos temblorosas, sus rodillas
dobladas, sentía náuseas y estaba al borde de una crisis nerviosa.
Antes de atravesar las puertas del castillo, sacudió cuidadosamente el lodo de
sus botas (no quería empezar su primer día de vuelta peleando con Filch).
Tomando una profunda bocanada de aire, se encaminó a la oficina de Dumbledore,
eligiendo una ruta que evitaba el Gran Comedor. La gárgola estaba tan fea como
siempre, y cuando Harry se detuvo frente a ella, cobró vida y se hizo a un lado,
dándole acceso a la escalera de caracol.
Esto pasó tan rápido.....estaba parado frente a las familiares puertas de roble
pulido con la aldaba de metal. Dio un paso saliendo de la escalera y vaciló,
escuchando. Podía oír voces en el interior de la oficina.
-¡......y le diste el trabajo a un compleeto extraño!
El corazón de Harry se detuvo. Era Snape.
-Las recomendaciones fueron suficientes ppara mí, Severus. Por favor, trata de
calmarte. Pronto llegará. Dije que podía venir a las nueve y ya casi es la hora.
-Director, sabes que soy lo bastante comppetente para dictar esa asignatura....
-No te perderé a menos de un año por esa maldición.
-Podría romperla....
-¡No soy capaz de romperla!- bufó Dumbleddore y Harry quedó estupefacto.
¿Dumbledore.....incapaz?¿Dumbledore.......enojado? Pero no quiso seguir
husmeando. Levantó su mano para golpear con la aldaba, pero antes que pudiera
tocar el frío metal, la puerta se abrió de par en par.
-Qué demonios…..-murmuró Snape girando enn redondo, su varita fuera de su
bolsillo, y apuntó a Harry, tal y como estaba haciendo Dumbledore.
Por un momento, el mundo pareció detenerse y Harry se dio cuenta de dos cosas.
Primero, que Dumbledore no había sido informado de su identidad, y su aparición
había resultado una gran impresión, tanto para él como para Snape. Segundo, que
el anciano lo había tomado literalmente cuando dijo que su puerta siempre
estaría abierta para él.
Tragó y se movió ligeramente bajo la amenaza de los dos hombres. El Maestro de
Pociones fue el primero que recuperó su capacidad de habla.
-¿Harry?- se acercó un paso, bajando la vvarita, y un extraño temor apareció en
su delgado rostro- ¿Eres.......eres tú realmente?
-Sí- Harry se removió incómodo, incapaz dde descifrar los sentimientos del
hombre-. Sí. Soy yo.
-Yo....-Snape dio un paso hacia él, los bbrazos abiertos tentativamente, como si
deseara abrazarlo, pero rompió el movimiento, los brazos cayendo como pájaros
muertos, se tambaleó y se detuvo, el dolor irradiando de su extraña y congelada
postura. Harry no pudo evitar acercarse un paso y aferrarlo en sus brazos,
estabilizándolo, abrazándolo, y se miraron fijamente uno al otro, olvidados de
la presencia de Dumbledore, o los momentos pasados.
Harry aclaró su garganta
-Soy el nuevo Profesor de Defensa- dijo ccon tono de disculpa.
Con un movimiento repentino, Snape liberó sus brazos del agarre de Harry y casi
echó a correr hacia la puerta.
-Discúlpenme- murmuró, antes de dejar la habitación y a un confundido Harry tras
él.
Dumbledore se acercó al muchacho.
-Harry, esto fue bastante impactante. >
El joven mago se giró hacia él.
-Pensé que le habrían informado mi identiidad.....- musitó, todavía temblando-.
Yo....
Dumbledore suspiró.
-Quizás hubiera sido mejor que nos informmaran. No lo sé. Probablemente, Severus
estaría en el otro lado del mundo en este momento.
-¿Cuál es su problema conmigo?- preguntó Harry temeroso-. ¿Tanto me odia?
-Oh, no, Harry- el rostro de Dumbledore eera duro, como piedra-. Pero no soy yo
quien debe hablar de esto. Tienes que acudir a él y preguntarle tú mismo.
-No puedo.....- susurró Harry, destrozadoo-. No puedo permitir que me hiera
nuevamente.
Dumbledore lo guió hasta un sillón, y ambos se sentaron.
-¿Qué quieres decir? ¿Nuevamente?
El rostro de Harry se ensombreció, pero pronto, las viejas huellas de culpa y
dolor remplazaron el enfado.
-No importa. De todas maneras, lo merezcoo......
-Harry- Dumbledore aferró su hombro-. ¡Laa muerte de Ron no fue tu culpa!
-Usted no sabe eso.......Nuevamente falléé en Oclumencia. Voldemort lo utilizó
contra mí.....
-¡Detén esto!- el enfadó apareció en el aanciano rostro, enfado e irritación-.
¡Nosotros, los adultos, fuimos los que te fallamos! A ti, y a Ron, y a Sirius, y
a las otras víctimas de esta guerra. Pero esto no fue tu culpa. ¿No lo
entiendes? Fallamos en salvarlos, pero sus muertes no fueron nuestra culpa. De
Voldemort y sus Mortífagos, pero no nuestra. ¡No mía, aunque llevé la
responsabilidad más fuerte, y por supuesto, no tuya! ¡Tuya menos que de nadie!
Creciste en una familia carente de amor. Hiciste todo lo que nosotros, los
adultos, te pedimos. Estudiaste Oclumencia, pero yo te fallé y Sirius murió.
Luego te casaste con Severus y sacrificaste la parte más íntima de tu vida, y al
final, Ron murió. Pero ninguna de esas cosas fue tu culpa, Harry. Sé lo que te
hizo Voldemort. Sé cuan difícil fue asimilar todo aquello.....
-¡No!- Harry gritó y saltó sobre sus piess-. ¡Usted no sabe nada!- se alejó del
anciano, y miró por la ventana, hacia el exterior-. No sabe cuan difícil
fue.......acostado en la enfermería, dos días después.......después de todo
aquello.......y recibir el.......documento que....me demostraba que yo no
importaba....
-¿Qué documento?- preguntó Dumbledore inddeciso.
-El papel del divorcio- susurró Harry-. SSnape ni siquiera pudo esperar a que
saliera de mi lecho de enfermo....
Silencio prolongado.
-Pero....- Dumbledore habló suavemente-. No fue él……quien inició el divorcio,
Harry. Eran los términos del matrimonio. No era un matrimonio normal. Era una
unión arreglada, y no consentida por una parte, que se suponía duraría hasta el
fallecimiento de Voldemort. Cuando él fue derrotado, el matrimonio finalizó de
manera automática y el Ministerio registró el divorcio.
Harry sintió un nudo en su garganta, y el mundo giró a su alrededor.
-No fue él........
-No, Harry. Ambos supusimos que estabas ffeliz de librarte del enlace.
-Yo….-Harry sacudió la cabeza batallando contra el ataque de las lágrimas-. Yo
no quería el divorcio....- no podía reconocer su propia voz, de tan delgada.
Sintió la mano de Dumbledore en su hombro.
-Debes hablar con Severus.
Harry sacudió la cabeza, derrotado.
-Él me odia, señor. Y en cualquier caso, yo......
-No te odia, Harry.
-Lo escuche diciéndolo....
-No te odia. Después que te fuiste, estabba devastado. No comía, ni dormía. Se
volvió más aislado que antes de su matrimonio. Ve con él. Háblale. Dile lo que
sientes.
-No puedo hacerlo.
-Harry, sólo tenemos una vida. Ve y hablaa con él. No esperes más.
-No puedo- la posibilidad de una respuestta positiva de Severus lo asustaba aún
más. No merecía a Severus. No merecía la felicidad.
No te culpo
No.
-Harry, tu culpa no traerá a tu amigo de vuelta- Dumbledore apretó su hombro-.
No eres responsable de su muerte. Pensé que con todos estos años ya lo habrías
comprendido y serías capaz de avanzar, pero todavía te culpas a ti mismo. Eso es
parcialmente mi culpa. No me di cuenta de cuan profundamente herido
estabas.....cuan profundos eran tus sentimientos hacia Severus. Y por esto, dejé
que te fueras sin percatarme de cuán fuertemente atadas a ti estaban esas dos
cosas- se levantó y ayudó a Harry a pararse-. No quiero cometer dos veces el
mismo error. Como tu jefe, te ordeno que vayas a hablar con Severus. Estás libre
hasta las cinco, cuando habrá una reunión de profesores. Ve.
Y Harry fue
|
|