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Capítulo 3
Por Nymphadora Tonks1
Un mes atrás, días después que Harry partiera a la Batalla contra Voldemort
Cansado, tan cansado. Harry intentaba levantarse, pero no lo lograba; estaba
demasiado débil. Levantó la cabeza unas cuantas pulgadas del piso y trató de
observar lo que lo rodeaba, pero estaba completamente oscuro. Intentó sentir el
suelo bajo él, ver si era de tierra, o concreto, o de qué; pero su cuerpo estaba
completamente entumecido, y no era capaz de mover otra cosa que su cabeza, y eso
con mucha dificultad. Descansó su mejilla sobre el suelo, que estaba húmedo, lo
podía asegurar. Se lamió los labios resecos y probó el sabor de la sangre.
Estaba tirado sobre un charco de sangre. Trató de recordar lo que había
sucedido, qué estaba haciendo aquí. Vagamente, podía rememorar la batalla contra
Voldemort, pero era un recuerdo borroso. En lo único que podía pensar era en que
quería regresar al lado de Severus.
Fue durante el transcurso de la batalla cuando tomó conciencia que amaba a
Severus más que a ninguna otra cosa. Y no había podido confesarle sus
sentimientos; y al parecer, ahora nunca tendría oportunidad de hacerlo. Había
sido sólo una noche, pero era todo lo que había necesitado. Recordaba sus
sensaciones bajo los besos de Severus, el sentimiento de completa realización
que sintió al penetrar al mago mayor, mientras compartían de la manera más
íntima. Sentía la conexión que habían compartido; una que siempre había sabido
que estaba ahí, pero había elegido ignorar. Una que sabía que Severus también
sentía y había disfrazado con ira, comentarios cortantes y miradas feroces.
Pensaban que podrían alejar esto, ignorarlo, pero la verdad era que nunca
podrían. Todo esto había tomado una sola noche, su primera noche, quizás su
última noche.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, o cómo era que todavía seguía vivo.
Pero dondequiera que estuviera, tenía que regresar a casa; decirle a Severus que
lo que habían compartido era algo especial, y que deseaba más; confesar su amor
por su Maestro de Pociones. Necesitaba aparecerse; pero estaba tan cansado, tan
débil. Sentía como si toda su magia hubiera sido drenada junto con su energía, y
aparentemente, una gran cantidad de sangre. Abrió los ojos una vez más, peleando
con todas sus fuerzas contra la pérdida de conocimiento que amenazaba con
dominarlo; sí perdía la conciencia, era posible que nunca la recuperara, y tenía
que regresar con Severus.
Enfocando toda la fuerza y magia que podía. Trato de desaparecer, cerrando los
ojos renuente por el esfuerzo. Pensaba que había escuchado un ‘crack’ pero no
estaba seguro. No podía decir si estaba caído en un lugar diferente o no; estaba
demasiado entumecido, y todo era demasiado oscuro. La repentina urgencia de
perder el conocimiento era demasiado fuerte, y no pudo luchar contra ella. *Por
favor....alguien....* y Harry no supo nada más
**************
Hagrid estaba sentado frente al fuego, bebiendo una taza de té, cuando escuchó
un angustiado grito proveniente del Bosque Prohíbido. Sonaba como un Thestral, y
uno dolorido. Se levantó con rapidez, colocándose su abrigo, y aferrando su
ballesta, en caso que tuviera que liberarlo de su sufrimiento. Abandonó su
pequeña cabaña en los terrenos, y caminó hacia los gruesos árboles. Estaba muy
oscuro; difícilmente podía ver algo. Escuchó con atención con la idea de captar
cualquier sonido, pero no oyó nada. Continuó caminando hasta internarse más
profundamente en el bosque, y dio la vuelta bruscamente al escuchar un crujido
detrás de él.
-Bane- exclamó, mirando al centauro-. No hhas visto algún Thestral herido por
aquí, ¿verdad?
Bane miró hacia el cielo, y luego a Hagrid.
-Saturno está extrañamente oscuro esta nocche- fue la respuesta del centauro.
Hagrid sabía de qué iba esto; nunca se podía conseguir una respuesta directa de
un centauro. Aún cuando conocía la respuesta, pensó que debía preguntar una vez
más.
-Nunca vi a Saturno tan oscuro- replicó Baane esta vez.
-Sí, bien, gracias de todas formas- mascullló el semigante.
Dio las buenas noches y continuó su camino adentrándose en el bosque. Los
árboles empezaron a adelgazarse, abriéndose hacia un pequeño claro. Se detuvo
completamente. Mas adelante, caído en el claro y bañado por la luz de la luna,
estaba Harry Potter. Su túnica estaba desgarrada y harapienta, y la seca hierba
debajo de él estaba manchada de rojo. Parecía estar inconsciente.
-¡Harry?- preguntó Hagrid, apresurándose hhacia el joven mago y arrodillándose a
su lado, las lágrimas empezando a formarse en sus ojos-. ¿Harry? ¿Puedes
escucharme? Vas a estar bien, ¿vale?.
Sabía que Harry estaba severamente herido, y muy cerca de la muerte. Su
respiración era desigual, y extremadamente baja.
Hagrid se levantó, sabiendo que sería peligroso mover al Gryffindor sin magia, y
corrió tan rápido como pudo de regreso al castillo, y hasta la oficina del
Director. Jadeó la contraseña ante la gárgola, e irrumpió en el despacho de
Dumbledore.
-¡Director! ¡Es Harry! ¡Mal herido, debemoos ir ahora!- jadeó Hagrid.
Dumbledore se paró inmediatamente de atrás de su escritorio, así como la
Profesora McGonagall, quien estaba sentada frente a Albus.
-Hagrid, llévame con él.
Y, tan rápido como pudieron, los tres salieron del castillo rumbo al bosque
prohibido.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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