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Capítulo 2: SENTIR
-Harry- lo engatusó Severus, dirigiéndose hhacia el extremo de la cama- Harry,
voy a ayudarte a superar esto.....
El joven sacudió la cabeza terminantemente.
-¡No!- protestó, haciendo un gesto de dolorr mientras se escurría aún más arriba-
No puede.
A pesar de la situación, Snape enarcó una ceja
-Potter, sugiero que dejes de decirme qué ees lo que puedo o no puedo hacer y me
permitas ayudar. Eso, claro, a menos que planees morir en el parto y dejar a tu
bebé sin ti.
Okey, quizás eso no había sido la mejor ocurrencia para decir. A juzgar por el
modo en que Harry había palidecido ante sus palabras, Severus no lo dudó ni por
un segundo.
Suavizándose lo más posible, suspiró:
-Lo lamento, Harry. Sé que es difícil para ti- el joven rehusó mirarlo a los
ojos- Y quizás bastante incómodo.....pero en este momento soy todo lo que
tienes- hizo una pausa- E intento que ambos sobrevivan.
El hombre en la cama apenas asintió, permitiendo que Severus le quitara los
pantalones y los boxers con magia; luego colocó una sábana limpia sobre él. Le
indicó que se enderezara y abriera las piernas y que respirara del mismo modo en
que lo hacían las mujeres en las películas muggles. El chico apenas captaba la
información que le suministraba el otro hombre. Estaba concentrado, en vez de
eso, en el dolor y la humillación de la situación.
Severus, mientras tanto, gentilmente le explicaba a Harry lo que estaba pasando
en su cuerpo. Tenía que reconocer que más bien lo estaba explicando para su
propio beneficio. Habían pasado más de veinte años desde que estudiara Medicina
Mágica y Biología. Estaba tratando de refrescar su mente sobre lo que tenía que
hacer.. Miró al joven, para verificar que toda la sangre era la habitual en un
embarazo masculino. Ésta era una consecuencia de la formación de un canal de
parto temporal. Se obligó a tranquilizarse. Nunca había asistido en un parto, no
de una mujer, y definitivamente tampoco de un hombre. Retrocedió hasta colocarse
en una posición más cómoda y le informó a Harry que la ubicación y dilatación
estaba casi completa.
Tragó fuerte, esto no iba a ser fácil para el salvador del mundo mágico. De
hecho, aunque el haber usado encantamientos para ocultar no perjudicaron al
padre ni al niño, había provocado que la actual labor de parto fuera más difícil
y dolorosa que en un embarazó masculino ‘normal’. Claro que, si Harry se había
informado en los libros, algo que ya había admitido, debía haber entendido y
aceptado esta situación.
Las siguientes horas pasaron insoportablemente lentas para los dos hombres, con
Harry gritando y llorando la mayoría del tiempo, aferrándose a la cubrecama con
cada contracción, mientras Severus intentaba mantener su calmada y estoica
resolución, tranquilizando al joven diciendo que todo iba a salir bien, y el
niño iba a nacer por si mismo.
Es innecesario decir que una vez el penoso proceso hubo concluido, y el agudo
grito del pequeño perforó el aire, fue imposible determinar cuál de los dos
hombres estaba más aliviado. Severus esperó a que Harry se recuperara del
alumbramiento antes de entregarle al lloroso bebé. Una leve sonrisa cruzó sus
labios mientras observaba a la pegajosa, manchada y roja criatura que se
retorcía entre sus brazos frenéticamente, empujando sus rechonchas piernas.
Convocó un paño y una pequeña vasija, y lavó cuidadosamente al bebé de los
restos de sangre y desechos, antes de lanzarle un encantamiento de luz para
asegurarse que el canal respiratorio estaba limpio, así como el resto de su
organismo. Una vez satisfecho al comprobar que el niño estaba limpio y
saludable, lo rodeó con un material más cálido, sin importarle que fuera el
jersey que se había quitado durante el parto.
Los ojos de obsidiana miraron al joven sobre la cama.
-Felicitaciones, señor Potter- le dijo suavvemente- Ella es muy inteligente. Sabe
como usar sus pulmones adecuadamente.
Una expresión dolorosa cruzó el rostro de Harry mientras Snape se acercaba,
transportando cuidadosamente a la bebé.
-Deténgase- ordenó, girando el rostro- No......no puedo verla.
Severus arqueó una ceja, mirando a la aún rosada y llorosa niña que se retorcía
en sus brazos.
-Honestamente, Potter, todos los bebes son feos cuando nacen- comentó
inexpresivo- Le aseguro que luego cambian- entornó los ojos- Aunque no estoy muy
seguro si no serán sólo cuentos de las esposas o......
-Profesor Snape- gruñó Harry, sabiendo exacctamente lo que intentaba hacer
Severus- Deténgase. No quiero ver eso.
-“Ella”, Potter- lo corrigió Severus; al daarse cuenta que la táctica de distraer
la atención del otro con un poco de humor había fracasado, se sintió frustrado-.
Su hija, de hecho- se acerco, todavía tendiéndole la llorosa criatura.
El padre de la bebé se alejó, sacudiendo la cabeza:
-No puedo.....lo veré a él. Cada vez que laa vea.....siempre será él.
Suspirando, el profesor de pociones bajó la vista al bulto entre sus brazos.
Ella tenía una mata de pelo oscuro brotando en lo alto de su cabeza. Esto no le
daba pista. Y a menos que cambiara su rostro pronto, el cabello era lo único que
la distinguía.. Ante esto, preguntó:
-¿A quién?
Harry sacudió la cabeza mientras lágrimas silenciosas rodaban por sus mejillas.
Severus retrocedió, la mini-Potter continuaba retorciéndose y gritando entre sus
brazos. Decidiendo que Potter podría ser mas cooperativo luego de pasar algún
tiempo a solas, con un poco de suerte durmiendo, se giró y regresó a la cocina.
Lo primero que tenía que hacer era preparar algo de leche para bebe y dársela a
la pequeña.
Transformó un cojín en una cuna de mimbre, colocando cuidadosamente a la recién
nacida en ella. Luego tomó los ingredientes y los mezcló en cantidad suficiente
para llenar un tetero. Esta era otra cosa que había aprendido unos veinte años
antes. Una vez que la temperatura fue satisfactoria, transformó una taza en un
tetero. Alzó a la bebe, la acomodó en el pliegue del codo de su brazo izquierdo
y le ofreció el alimento con el derecho.
La niña era, como es natural, bastante quisquillosa. No importa cuanto tratara,
Severus Snape no lograba que la pequeña Potter bebiera. Estaba a punto de dejar
que pasara hambre, cuando se dio cuenta que ella no debía entender lo que él
quería. Presionando nuevamente la tetilla contra los delgados labios, Snape
maldijo su monólogo interno, luego maldijo a la mocosa por ser tan testaruda y
luego se maldijo nuevamente a si mismo por su estupidez.
Lanzando un largo y sufrido suspiro, se dedicó a arrullar a la bebé en un
intento por tranquilizarla aunque fuera por un momento, apenas lo suficiente
para que tomara el tetero que agitaba delante de ella. Por supuesto, no sabía
hablar de ‘cosas de bebé’ o nada parecido, así que mejor le contaba sobre las
pociones o cualquier tema semejante de los que pacientemente enseñaba a todos
los estudiantes de primer año.
Después de unos momentos, su plan empezó a funcionar. Los fuertes lamentos se
transformaron en llantos, que a su vez se convirtieron en sollozos atenuados y
por fin en leves gemidos. La bebé alzó la vista, en un intento de enfocar el
origen de la voz. Otra pequeña sonrisa cruzó los labios de Severus mientras
colocaba la tetilla del biberón en la boca de la pequeña, tomando ventaja de su
silencio. Para su alivió, la niña succionó al instante, obviamente famélica
luego de todos esos condenados gritos.
Inclinó la cabeza a un lado, lo justo para observar cómo bebía, su pequeño puño
frotando el pecho de él. La pequeña tenía unos luminosos ojos azules, pero esto
era común en los recién nacidos y en su mayoría cambiaban de color en los meses
siguientes.
Habría que observarla cuando creciera.
Un momento, ¿por qué tenía tales pensamientos? Esta no era su niña. ¿Y Potter?
Lanzó un bufido de burla. Prefirió no pensar en eso.
El delgado y húmedo sonido de la bebé dejando ir la tetilla del biberón sacó a
Severus de su ensoñación, y bajo la vista para observar que se había tomado todo
el contenido del biberón. Sacudiendo la cabeza ligeramente divertido, levantó a
la adormilada criatura hasta su hombro y dio unos golpecitos en su espalda,
haciendo que botara los gases para prevenir la acidez, indigestión o cualquier
dolencia similar que pudiera afectarla.
Sus esfuerzos fueron recompensados cuando eruptó sobre su hombro antes de
sucumbir al sueño.
“Vaya, esto es perfecto” pensó Severus con sarcasmo, regresando la bebé a su
cuna y quitándose la camisa. Tranquilamente lanzó un áccio para conseguir otra
limpia, así como una vieja túnica. Entonces se sentó a trabajar, cortando
mágicamente la túnica en pedazos para luego transformarlos en numerosas piezas
para bebé. Se aseguró de crear una cantidad razonable de pañales, aunque
internamente planeaba comprar una variedad de pañales muggle a la primera
oportunidad que tuviera.
Una vez que hubo terminado, sacó cuidadosamente a la bebé de la cuna, junto con
su jersey, teniendo cuidado de no despertarla. La vistió tan rápida y
cuidadosamente como le fue posible, asegurándose que estuviera lo bastante
abrigada en el trajecito que le había colocado, antes de regresarla a su cuna
temporal.
El maestro de pociones bostezó, antes de lanzar una mirada al reloj. No se
asombraba de estar exhausto; esto había comenzado a primeras horas de la mañana.
Otro bostezo escapó de sus labios mientras tomaba la cuna y se encaminaba hacia
su habitación. Una vez allí, colocó la bebé a un lado, y se hundió en su cama,
saboreando la suavidad de las cobijas y la almohada. Iba a dormir por unos
minutos
~*~
El sonido de un lloriqueo se introdujo en los sueños de Severus, regresándolo a
la realidad de la vida. Abrió los ojos con cansancio, tratando de identificar
qué era el sonido exactamente y de dónde venía. El sonido era increíblemente
similar al llanto de un bebé, pero eso era imposible considerando que no había
ningún bebé en su vida, en especial en su mansión familiar......
Entonces el recuerdo de los eventos ocurridos el día anterior impactó contra él,
haciendo que saltara de su cama y caminara hacia la cuna. Allí estaba, la
pequeña Potter, agitando los brazos y su rosado rostro dando vueltas mientras
sus gritos iban en aumento. La levantó, notando de inmediato que necesitaba ser
cambiada y probablemente comer una vez más.
Lanzó una mirada al reloj mientras llevaba a la bebé a la cocina, donde había
dejado todos los suministros. Apenas había conseguido tres horas de sueño y
ahora el sol empezaba a aparecer sobre el horizonte, iluminando la mansión con
una especie de resplandor etéreo.
Colocando la formula sobre la estufa para calentarla, llevó a la pequeña a la
sala, negándose a cambiarle el pañal en la mesa de la cocina. Cuidadosamente se
sentó en el piso, extendiendo ante él una vieja manta que había tomado antes de
bajar las escaleras. Coloco la criatura que seguía gritando y procedió a
quitarle el pañal manchado, cambiándolo por uno limpio y vistiéndola de nuevo.
Desechó el pañal sucio, decidiendo con más fuerza comprar los pañales
desechables muggles.
Suspirando una vez que hubo terminado se levantó, abrazando contra su pecho a la
ahora limpia y seca bebé. Regresó a la cocina, probando la temperatura de la
fórmula y ofreciéndosela a la pequeña, orando porque esta vez la tomara sin
pelear. A juzgar por sus intermitentes chillidos, dudó de que eso fuera posible.
Al menos, pensaba para si mismo mientras utilizaba la misma táctica de la noche
anterior, cuando terminara esta terrible experiencia, la pequeña Potter sabría
más sobre pociones que el mismo Potter.
~*~
Harry abrió los ojos atontado mientras la luz del sol lo golpeaba en el rostro.
Después de uno o dos momentos de no sentir la presión del bebé sobre la vejiga,
o sus patadas, entró en pánico. Entonces el recuerdo de la noche anterior
invadió sus sentidos y cerró los ojos, deseando que lo que acababa de pasar
fuera sólo una pesadilla, esperando contra toda esperanza que al abrir los ojos
se encontrara en su cama de Hogwarts, terminando su sexto año.
Por supuesto, cuando abrió los ojos, éste no era el caso
En lugar de eso estaba acostado en una cama en casa de Snape, las sábanas y la
parte baja de su cuerpo manchados con su propia sangre. Se obligó a levantarse,
dirigirse al baño y prepararse una ducha caliente, estremeciéndose ante el dolor
cada vez más frecuente. Después de meses de transportar al bebé en su interior,
se sentía repentinamente estéril, y su canal de nacimiento temporal se estaba
cerrado nuevamente, lo cual era la fuente de la mayor parte del dolor.
Una vez bañado y vestido, abrió la puerta del baño, sólo para encontrarse frente
a frente con su maestro de pociones.
-Harry- el hombre lo saludó en un tono de vvoz entre serio y compasivo-. Creo que
necesitamos hablar.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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