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Capítulo I
Un Viejo entrometido y cuatro magos fabulosos
-¿Por qué, en el nombre de Merlín, iba a querer hacer eso?
Severus Snape estaba paseando de acá para allá, frente al escritorio de Albus
Dumbledore. Había sido convocado a la oficina del Director y había estado
escuchando su última idea descabellada por casi una hora. Hasta ahora, Albus
había sido incapaz de convencer a Severus de la validez de su plan.
-Severus, me preocupo mucho por ti, y quiiero que tú y Harry sean felices. ¿Por
qué no haces esto por el bien de ambos?
Severus colocó sus palmas sobre el escritorio de Dumbledore y se inclinó hacia
delante amenazadoramente.
-¡Nosotros ya somos felices sin tu interfferencia, viejo chivo!
Albus se reunió con la mirada furiosa de Severus.
-Ah, sí, mi muchacho, ¿pero por cuánto tiiempo?
-Tanto tiempo como deseemos que continúe nuestra relación- siseó Severus entre
los dientes apretados, mientras se lanzaba sin ceremonia sobre la silla que
había abandonado antes, en cierta forma desalentado por la última pregunta de
Albus.
Albus permaneció en silencio unos momentos antes de contestar.
-Bien, personalmente, me gustaría que durrara eternamente.
-¿Hay algún punto en eso?- Severus pellizzco el puente de su nariz, sintiendo que
estaba empezando a darle dolor de cabeza.
-Severus, acaso tú no me expresaste tu prreocupación de que cuando Harry madurara
podía.....-Albus hizo una pausa.....-buscar pastos más verdes, por así decirlo?
Severus puso los ojos en blanco.
-Genial, ahora estoy siendo comparado conn un maldito animal de granja Muggle.
Sin inmutarse ante el sarcasmo de su Maestro de pociones, Albus continuó en su
línea de cuestionamiento.
-¿Te preocupaba o no?
-Al principio sí, pero el mocoso me ha assegurado repetidamente que no tiene
intenciones de terminar nuestra relación- Severus encontró los ojos de Albus, un
destello de incertidumbre que relampagueó a través de ellos fue rápidamente
cubierto-. Sin embargo, debo admitir que me preguntó qué ve en mí.
-Esa es la razón por la que concerté estaa reunión, Severus. Todo lo que
concierne a ustedes dos me preocupa profundamente. La guerra terminó. Voldemort
está muerto.. Tú eres su maestro. No voy a ordenarte, ni siquiera a pedirte que
hagas esto. Pero me gustaría que consideraras que es hora de que permitas al
mundo ver al hombre del que se enamoró Harry Potter. Es tiempo que aprendas a
preocuparte apropiadamente de ti mismo, mi muchacho. Y esto es precisamente lo
que te ayudará a hacerlo.
-Bien. Estaré esperando en mis aposentos..
-Excelente.
Mientras Severus abandonaba la habitación, cerrando de un portazo la puerta tras
él, Albus rió entre dientes, sus ojos brillando con deleite. Sacudió la cabeza
ante la renuencia de Severus y caminó hacia la chimenea. Lanzó un puñado de
polvos floo al fuego e hizo los arreglos para la transformación de Severus.
¡Harry estaría encantado!
*****
No habían transcurrido más de diez minutos, cuando se escuchó tocar en la puerta
de la cámara de Severus. Tragando su quinto vaso de Firewhiskey, Severus puso
los ojos en blanco, rogando internamente a cualquier deidad que quisiera
escuchar, que abatiera a los cuatro magos que sabía estaban esperando al otro
lado de la puerta. Desafortunadamente, la espera sólo empeoraría las cosas.
Cruzó la extensión de la habitación con agitación y se lanzó a abrir la puerta.
-Oh, mierda, que alguien me lance un ‘Avaada’ ahora. ¡Por favor, díganme que es
una mala alucinación provocada por demasiados Crucios! ¡¿Por favor, díganme que
ustedes no son los ‘Fabulosos Cuatro’ que Albus dijo que esperara?!
Lucius Malfoy sonrió y empujó para entrar a la habitación de Severus.
-Me temo que si, querido Severus. Pero trranquilízate, estás en buenas manos.
Draco Malfoy pellizcó la mejilla de Severus, mientras enlazaba sus brazos y lo
escoltaba hacia el sofá.
-Por supuesto, tío Sev. Somos los mejoress en esto. Cuando terminemos contigo,
Potter será tuyo por siempre. Aunque el por qué querrías que esa pequeña gloria
acose tu vida escapa de mi comprensión.
Sirius Black si limitó a resoplar al tiempo que entraba, seguido de cerca por
Remus Lupin, quien cerró la puerta detrás de él.
Todavía no puedo creer que mi ahijado eligiera libremente estar contigo, pero ya
que va a conservarte, debería tener lo mejor de todo.
-Y nosotros somos los cuatro magos que vaamos a ayudar a darle lo mejor- sonrió
Remus-. Y el primer paso es no continuar bebiendo y desayunar inmediatamente-
arrancó el vaso de la mano de Severus y confiscó la botella de firewhiskey de la
mesita.
-Normalmente, no estaría bebiendo tan temmprano. Pero en vista de que estaba
esperando tener una irritante mañana, pensé que sería buena idea fortalecerme
ante lo que fuera que me esperaba. Debo admitir que de haber sabido que eras
ustedes cuatro lo que me esperaba, hubiera elegido una bebida mucho más fuerte.
Severus miró a los cuatro, desconcertado-. Explíquense.
Lucius se encogió de hombres.
-Después de la guerra, cuando fue obvio qque Voldemort por fin había muerto
verdaderamente, nos encontramos en el mismo bar una noche. A medida que avanzaba
la noche, los cuatro decidimos compartir una mesa y una botella del whiskey más
fino. Para cuando la botella iba por la mitad, había surgido una brillante idea.
-Si mal no recuerdo, tus ideas brillantess generalmente involucran la tortura de
Muggles.
Lucius desestimó la idea con un movimiento de la mano.
-Por favor, todo eso es pasado. En todo ccaso, hablamos de cómo podríamos
combinar nuestros talentos para ayudar a que el mundo mágico fuera un mejor
lugar. ¿Quien mejor que cuatro sangrepura, dos ex-Mortífagos, un hombre lobo y
un ex-convicto, entrenando a Sangresuc....er.....nacidos de Muggles, en los
diversos aspectosdel mundo mágico?
-¡Tú odias a los nacidos de Muggle, imbéccil!
-Por supuesto, pero ya que no puedo purgaarlos de nuestra sociedad, al menos haré
que encajen un poco mejor- sonrió.
Severus gruñó su respuesta.
-Desagradablemente brillante, como siemprre. Quién más que un confiado hijo de
Muggles creería que tu ayuda para introducirse apropiadamente en la cultura del
mundo mágico es más aceptable que la simple lectura de un maldito libro sobre
nuestras costumbres.
-Quizás, pero están más que dispuestos a pagar por esto, ¡así que a quien le
importa!- lucius parecía aburrido mientras estudiaba las puntas de sus dedos,
perfectamente arreglados-. En todo caso, la idea se propagó como el fuego. Ahora
expandimos nuestra clientela para incluir a los de sangre pura y a los que no lo
son, que ya eran magos. También tenemos un enlace con el mundo Muggle a través
de......¿cómo es que se llama, Draco?
-Estudio de televisión- replicó el aludiddo-. Ellos adaptaron nuestra idea para
asistir a los despistados de su cultura. Graban y luego transmiten la
transformación de un hombre derecho realizada por cinco gay.
-Ustedes son sólo cuatro- señaló Severus..
-Cierto. Pero ellos no cuentan con criatuuras como los elfos del hogar, por tanto
tienen que cocinar por si mismos. ¡Horrible pensamiento!- Lucius contrajo la
boca con disgusto-, Así, emplean un quinto hombre para ayudar los idiotas
Muggles a preparar algunos alimentos, elegir el vino y cosas así, en lugar de
los elfos
-¿Qué es exactamente lo que están planeanndo conmigo?- Severus entrecerró los
ojos, y miró con aprehensión a los cuatro magos.
-Todo a su tiempo, Severus. Primero, déjaanos explicarte nuestro plan de ataque-
Remus le sonrió de manera encantadora-. Harry fue enviado esta mañana a Rumania
junto con Hagrid, a recuperar un dragón de manos de Charlie Weasley, para ser
utilizado en la clase Hagrid. Tienen que volar de regreso, así que no se les
espera hasta el final de la noche. Para entonces habrás sido capaz de reunirte
con tu nuevo tú.
Severus cerró los ojos derrotado y murmuró para si mismo.
- Y por alguna razón, estoy mas asustado de eso que de lo que estuve en toda una
centuria de enfrentamientos contra Voldemort.
*****
El resto de la mañana y la tarde fue más dolorosa para Severus que lo que la
maldición Cruciatus había sido alguna vez. Miraba horrorizado como lentamente
cada semblanza de normalidad era arrojada de su vida. Pero lo resistió todo
porque una duda se alojaba en el fondo de su mente. Amaba a Harry y, ¡maldita
sea, si realizar todos esos cambios garantizaba que el Niño-Que-Vivió
permaneciera en su vida, entonces lo haría!
Primero le tocó a Draco. El rubio insistió en que Severus necesitaba un corte de
cabello. Clamaba que dado que los vapores de las pociones le daban un aspecto
grasiento, le sería más fácil manejarse con un estilo más corto, que pudiera
proteger con los productos adecuados con mayor facilidad. Severus aceptó a
regañadientes. Dos horas después, cuando Draco terminó con él, tenía un corte
estilo Muggle, ligeramente largo en la parte superior, pero corto a los lados y
la espalda. También, con un agente colorante, había aclarado su color negro
hasta llevarlo a un marrón oscuro con destellos rojizos, que declaraba era más
acorde con la complexión de Severus. Cuando el Maestro de Pociones miró su
propio reflejo en el espejo, se dio cuenta que si tuviera barba, sería una copia
del villano de la primera película del maratón de ‘Duro de Matar’, que Harry lo
había arrastrado a ver una noche, en el Londres Muggle. Harry siempre aseguraba
que se veía igual que ese chico Rickman, pero hasta ahora, para ser sinceros,
Severus no había sido capaz de notar el parecido.
Sin embargo, Severus no tuvo tiempo de ponderar este cambio. En breve, Draco lo
estaba instruyendo sobre los productos que podía usar para lavar, endurecer y
hechizar su cabello, , así como otros que podían ayudar al tono de su piel,
dañado por años de trabajar sobre tantos calderos calientes.
En segundo lugar le tocó Lucius, quien insistió en llevar a Severus de tiendas.
El Slytherin pasó las siguientes horas buscando ropa en ambos mundos, el Muggle
y el Mágico. Lucius consideraba que la mayoría de sus ropas eran anticuadas, y
aunque estaba de acuerdo con que Severus conservara sus ondeantes túnicas
exteriores para protegerlo cuando impartiera clases, insistía en que cambiara el
resto de su ropa por un estilo más moderno tan pronto como las clases
terminaban.
Snape apretó los dientes mientras Lucius quemaba la mayoría de sus viejas
prendas pero no se resistió. “Harry se lo merece”, había sido su silencioso
mantra durante todo el día. Cuando finalmente terminaron, Lucius había vestido a
Severus con una larga túnica de terciopelo negro, que lucía abierta sobre una
camisa de seda de color marfil sobre unos pantalones gris oscuro, y unos
mocasines negros. Había surtido el closet de Severus con artículos similares,
con estilos tanto Muggle como Mágico.
Luego de un rápido almuerzo en sus habitaciones, afortunadamente en solitario,
el maldito chucho de Sirius Black, llegó para redecorar sus habitaciones.
Básicamente, lesto significaba, para disgusto de Severus, desaparecer todas las
revistas de pociones que estaban tiradas de forma desordenada a lo largo de la
habitación, las cajas con ingredientes y los montones de libros que atestaban la
mesa del comedor, y los montones de pergaminos que estaban apilados sobre un
pequeño escritorio, en una esquina de la habitación. Severus esperaba que Black
hubiera enviado los artículos a su oficina o al laboratorio.
Sirius luego transformó prácticamente todos sus muebles en piezas más
contemporáneas. Se deshizo de los colgantes de la cama verde Slytherin, y del
algo usado pero increíblemente cómodo sofá de cuero. Además instaló un juego de
televisión y estéreo Muggle, luego de haberlos encantado para que transmitieran
las películas y la música favorita de Harry.
Por último, le tocó el turno a Remus. Dios bendiga el corazón del hombre lobo,
hizo el intento. Y al final, tuvo éxito. Remus comenzó por enseñarle a Severus
las normas de etiqueta apropiadas para una cita. El mago había planificado que
se reuniera con Harry cuando éste entrara por las puertas principales del
castillo, y de allí lo escoltara hasta sus aposentos para una cena romántica a
la luz de las velas. Remus había trabajado diligentemente en la postura y la
expresión facial de Snape, cuestionándole sus maneras, y en general enseñándole
como ser un compañero de cena atento e interesado para Harry, encontrando que el
Maestro de Pociones era un estudiante sorprendentemente ansioso.
Sólo había un problema. Severus Snape no había bailado en su vida. Y Harry amaba
el baile. Así que Remus estaba decidido a enseñarle. Finalmente, momentos antes
que Harry llegara, Remus y Severus bailaban con confianza.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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