Titulo original: Magnetic Attraction

Titulo: Atracción Magnetica

Autor: Frizzy

Clasificación : R

Comentarios: SLASH-mpreg HP/DM. Draco Malfoy es mitad veela, su instinto lo hace escojer a una pareja: Harry Potter.

Nota Ali y Maria : La traducción de los primeros seis capítulos, con ligeras modificaciones, es cortesía de nuestra amiga Gala, a quien agradecemos de corazón nos permitiera utilizarlos. Un millón de gracias amiga.
 

@ traductoras: [email protected] 

 

 

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Capítulo 9: Las Explicaciones de Dumbledore



Fue al día siguiente cuando Dumbledore envió una lechuza pidiéndole a Harry que lo visitara en su oficina. Éste había esperado que el Director le contactase, pues sabía que querría explicarle todo y trataría de ganarse su perdón.

Leyó la misiva en voz alta, mostrándole a Draco su confianza en él. El rubio le había leído la carta privada que su padre le había enviado y quería devolverle el gesto. Por la mirada en los ojos de Draco, podía decir que esto le había complacido.

        Harry

        Sé que en estos momentos estás disgustado conmigo, pero me disculpo profundamente por herirte. Si vienes esta noche a mi oficina, todo te será explicado.

        Profesor Dumbledore

A partir de ese momento, Harry se había sentado en la cama en silencio, pensando profundamente. Quería darle al viejo mago oportunidad de explicar sus acciones, especialmente por el hecho de que en verdad quería perdonar al hombre. Quería que Dumbledore se disculpase y poder continuar actuando como siempre, pero no deseaba más mentiras. Quería la verdad, por más dura e increíble que fuera.

Draco estaba ansioso por entender lo que Harry deseaba hacer, pero mantenía su máscara. No quería influenciar en la decisión del otro mostrándole cuánto le desagradaba el entrometido viejo. Harry se preocupaba de verdad por Dumbledore y Draco entendía el por qué. Si él no hubiera sido un maestro en el arte de la manipulación, ni siquiera se hubiera dado cuenta de cuan manipulador era el Director. La mayoría de los estudiantes, con excepción de los Slytherins, nunca lo notaban, y el mundo mágico en general, lo adoraba.

Al final, Harry le preguntó su opinión, y Draco, mirando fijamente los confundidos ojos verdes de su pareja, no se sintió con el valor suficiente como para ser completamente honesto. En lugar de eso, intentó decirle la verdad pero minimizando sus propios sentimientos en la materia.

-Esto debes decidirlo tú, Harry. Sabes quee él no me agrada, pero creo que al menos deberías escuchar sus explicaciones. Puedo acompañarte si quieres- ofreció.

Harry sonrió, sus ojos verdes brillando. Apreciaba el comportamiento de Draco, sabiendo que el otro chico tenía una opinión parcial sobre el Director. Puede que Draco Malfoy hubiera ido a pedirle ayuda a Dumbledore para solucionar el asunto Veela con Harry, pero no confiaba en el hombre. No sería hijo de Lucius Malfoy si lo hiciera.

-Lo apreciaría

Harry dudó antes de estirarse y rozar ligeramente sus labios sobre los de Draco en un suave y breve beso. Se retiró para encontrarse con unos deslumbrantes ojos plateados antes de abandonar la habitación precipitadamente, en dirección hacia el saloncito, avergonzado por sus propias acciones.

Draco suspiró con alivio. Era tarde y Harry había pasado todo el día decidiendo si iba o no. Sabía que el chico nunca se perdonaría a si mismo si no lo hacía y que necesitaba entender por qué Dumbledore había actuado de la forma en que lo había hecho.

-Me lo hace tan difícil y aún así es complletamente inconsciente de ello- suspiró sonoramente antes de salir detrás de Harry, una mano delineando ligeramente los labios que el moreno había besado, su piel todavía hormigueando. Pero sabía que estar con Harry valía la pena el tormento. Lo valía todo.

**************

Pronto llegaron a la oficina de Dumbledore y Harry vaciló antes de decirle la contraseña a la gárgola. Era obvio que quería correr de regreso a la Torre, y aunque a Draco nada le hubiera gustado más que permanecer a solas con su chico en la Torre por el resto de la eternidad, sabía que no podía ser. El propio espíritu de auto-sacrificio Gryffindor no lo permitiría.

-Ranas de Chocolate- pronunció Harry quedaamente.

Luego de subir las escaleras, esperaron un momento afuera de la puerta antes que Draco saliera de atrás del otro y la golpeara sonoramente. Harry entornó los ojos. Por mucho que Draco hubiera cambiado, todavía era el arrogante, altivo heredero de la fortuna Malfoy cuando estaba en público.

-¡Adelante!- concedió una voz.

Draco abrió la puerta y la mantuvo abierta tranquilamente hasta que su pareja pasó. Harry miró al Veela divertido antes de entrar. Suspiró, ya deplorando su decisión de ir. Lo lamentó aún más al darse cuenta que la habitación estaba llena de personas, muchas de las cuales nunca había visto antes, y que todos giraron instantáneamente hacia ellos.

-Harry, Draco, por favor entren y siéntensse- invitó Dumbledore inmediatamente, haciendo un gesto hacia dos asientos vacíos, que esperaban a los dos muchachos. Sus ojos azules estaban extrañamente serios, y la expresión del habitualmente jovial rostro era inquietante.

Harry frunció el ceño ante su tono, que parecía condescendiente, y se dirigió a un asiento. Antes que pudiera alcanzar su meta, fue levantado por un par de fuertes brazos y sentado sobre un suave regazo, mientras un par de ojos plateados lo observaban con una traviesa sonrisa.

-¡Draco!- jadeó, indignado por la acción.<

-¿Puedo preguntar por qué estás tan indignnado? Mis derechos como Veela me permiten tocarte en público y no pienso pasar las siguientes horas aburrido sin sentido, escuchando a Dumbledore presentar sus patéticas excusas, cuando puedo ocupar mi tiempo sosteniéndote.

Harry abrió la boca, como si fuera a protestar, pero no emitió sonido alguno. Parpadeó. Draco tenía un punto válido y debía ofrecerle su apoyo. Podría haberlo influenciado para que declinara la invitación de Dumbledore y aún así había permanecido neutral, sin permitir que su desagrado personal influenciara sus opiniones.

Dumbledore tosió, silenciosamente divertido por el comportamiento del Veela, pero sabía exactamente por qué Draco había actuado así. Era una señal de posesión. Estaba mostrando a los presentes que ahora Harry era su pareja y que éste empezaba a aceptar su posición. También decía que deberían respetar al moreno como en lo que se iba a convertir.....un Malfoy.

El Veela lanzó su habitual sonrisa de superioridad Malfoy en dirección al Director, sabiendo que éste había entendido el mensaje implícito, y Harry no pudo evitarlo.....se echó a reír. Encontraba la arrogante actitud del rubio más divertida que ofensiva.

-Eres un snob- le dijo a Draco entre bufiddos de risa.

-Debes agradecer a Merlín que eres mi pareeja y soy incapaz de herirte, de otra forma hubieras sufrido una muerte dolorosa por ese comentario- Draco arrastró sus palabras, deslizando sus brazos sutilmente alrededor de la delgada cintura de Harry dejando al Gryffindor hábilmente atrapado.

-Y tú eres afortunado de que yo no empiecee a gritar “acoso sexual”- Harry le devolvió la burlona sonrisa.

-No harías eso- dijo Draco con confianza.<

-¿Por qué no?

-Porque entonces mi querida y anciana madrre podría echarle la culpa de todo esto a las hormonas extra- se rió, sus ojos brillando con diversión.

Harry se ruborizó, entendiendo lo que Draco quería decir. Por mucho que quisiera tener niños, no estaba listo para el enlace, mucho menos para la tensión adicional que significaba un embarazo y un niño. No era el momento. Era demasiado peligroso.

-¿Hormonas?- preguntó una voz.

Sobresaltado, Harry giró la cabeza para mirar directo a los pálidos ojos azules de Sirius. Se retorció para liberarse de los brazos que lo apresaban pero no lo logró. Aceptando el hecho de que no podía saludar a su padrino apropiadamente, suspiró y a regañadientes se relajó contra el Veela.

-Su madre al parecer quiere un nieto- infoormó Harry encogiéndose de hombros, peleando con éxito por controlar el rubor.

Sirius sonrió, consciente de que Harry quería una familia. Hizo una nota mental para hablar con Draco sobre la edad de su ahijado, era demasiado joven para tener niños, al menos por el momento. Era demasiado joven para cualquier clase de obligación, sin importar cuan maduro fuera para su edad.

-Yo también quiero un ahijado- gimió, sin mostrar sus pensamientos.

Remus, avergonzado, le dio un brusco codazo en las costillas, sus ojos dorados reluciendo con furia. Sirius puso los ojos en blanco, acostumbrado al comportamiento del hombre lobo. Era bien sabido que Remus era un mojigato y un anticuado con respecto a las relaciones sexuales, sin duda debido a su falta de experiencia. Sonrió internamente.

-¡Moony!- se quejó

-Deja de comportarte como un idiota- le orrdenó Remus, lanzándole una mirada fulminante.

-¡Pero yo quiero un bebé!- gimió Sirius
-No tengo duda de que podrás encontrar algguien con quien procrear- se burló Snape desde el otro extremo del salón.

-¿Por que lo haría, si es más fácil que Drraco embarace a Harry?. Además, si Harry tiene un bebé podremos tener un pequeño Prongs- protestó Sirius tranquilamente, sabiendo por el rostro de Remus que no debería ir más lejos con sus habituales comentarios cuando Snape estaba cerca.

-Sirius, por mucho que aprecie tu apoyo paara que deje a tu ahijado embarazado, creo que sería mejor que Dumbledore dijera lo que tiene que decir para que Harry y yo nos podamos ir- apuntó Draco, notando la vergüenza de Harry.

-Gracias, Draco- sonrió Dumbledore.

-No me sonría....me recuerda a mi abuelo- Draco frunció el ceño.

-Samuel Malfoy fue un hombre muy inteligennte- Dumbledore sonrió nuevamente.

-Fue un hombre agradable para ser un Mortíífago.....sigamos con esto- estalló Draco impaciente.

Harry liberó un brazo y golpeó su cabeza, haciendo que varias personas en la habitación rieran. Draco se limitó a sonreír burlonamente y Harry hubiera podido decir que estaba intentando encontrar algo que lo ruborizara. Parecía como si no hubiera nada que le gustara tanto al Veela como hacerlo ruborizar. Estaba en lo correcto

-Nunca pensé que te gustaría violento, Harrry- le sonrió

-¡Draco!- siseó Harry, estrechando peligroosamente los ojos.

-Está bien. Dejaré que continúes con tu peequeño corazón a corazón- concedió Draco con un suspiro.

-¡No puedo creerlo! Te tiene envuelto alreededor de su pequeño dedo- se rió Sirius, ligeramente impresionado pero no tanto como los demás, habiendo observado a Draco en privado.

Repentinamente cerró la boca ante la mirada de advertencia de Remus. Bajó las pestañas, mirando al hombre lobo con un fingido arrepentimiento en sus ojos azules. Remus se limitó a resoplar, cruzando los brazos sobre su pecho, la boca crispada con diversión contenida.

-Estamos igual entonces, ¿verdad?- sonrió Draco, divertido.

Sirius arrugó el rostro, pero no lo negó. Todos los que conocían al ex- convicto sabían que Remus era capaz de lograr que hiciera cualquier cosa. Odiaba que el licántropo se entristeciera y era fieramente protector con el único sobreviviente de los Merodeadores.....no contaba a Pettigrew, quien había matado a su mejor amigo.

-Te traje aquí para que discutiéramos algoo que debería haberte dicho mucho antes, Harry. Esto, todas las personas reunidas aquí, es la Orden del Fénix- explicó Dumbledore.

-¿La Orden del Fénix?¿No es la Orden que ttrabaja contra Voldemort?- preguntó Draco frunciendo el ceño, interesado a pesar de si mismo.

-¿Y cómo sabes eso?- preguntó Ojo-Loco Mooody agudamente, su ojo mágico fijo en Draco con intensidad.

-Mi padre es un Malfoy. Nosotros sabemos ccosas- Draco encogió los hombros con negligencia, su postura indicando que no iba a permitir ser desconcertado por el auror

-Estás en lo correcto. La Orden del Fénix se estableció la última vez que Voldemort llegó al poder- dijo Dumbledor tranquilamente.

-¿Pero por qué están diciéndome esto?- preeguntó Harry con un toque de irritación en la voz. Quería saber por qué Dumbledore no le había dicho la verdad, no una lección de la historia del primer reinado de Voldemort.

-Tu padre fue un miembro de la Orden, Harrry. Se unió por su seguridad. La Orden es exclusivamente para aquellos en que podamos confiar y todos son probados con frecuencia para verificar que no sean espías del lado equivocado. Así fue como tu padre admitió ante nosotros, en una reunión, que la razón por la que Voldemort lo quería muerto era que él era descendiente de Godric Gryffindor. Quedamos impactados pero no sorprendidos, el linaje Potter llegaba hasta los comienzos del mundo mágico.

Teníamos que proteger a tu padre, por lo que debíamos utilizar el hechizo Fidelius. Lamentablemente falló y tus padres fueron asesinados. Sin embargo, fue tu padre quien nos hizo prometer que no te diríamos la verdad. Hizo que la Orden en pleno prometiera que no te lo dirían hasta que tuvieras veintiún años.

-¿Pero por qué no se me dijo cuando murierron? Quiero decir, sé que no tengo veintiún años, pero creo que tenía el derecho de saber por qué habían muerto mis padres- argumentó Harry con disgusto.

-Prometimos por la Orden y estos juramentoos nunca deben ser rotos. Siempre honré la petición de James. Tienes mis disculpas por ocultártelo, nunca quise herirte.

-Ya todo está hecho, nada de lo que diga ppodrá cambiar el pasado- murmuró Harry, con la mirada perdida.

El abrazo de Draco se estrechó ligeramente para ofrecerle confianza y Harry le sonrió, feliz por su apoyo.

-Sin embargo, hay algo que debo decirte. EEntraste en posesión de tus poderes demasiado pronto. La razón por la que prometimos contarte a los veintiún años, fue porque ese día entrarías en posesión de tu Herencia, Sin embargo, para nuestra sorpresa, sucedió antes de lo esperado, de hecho fue en el Gran Comedor, cuando tuviste el acceso de furia- sonrió Dumbledore.

-Por eso perdí el control- dijo Harry penssativo.

-Sí. Debo agregar que tienes a casi toda lla escuela literalmente aterrada- comentó Dumbledore con una risita.

-¿Pero por qué apareció tan temprano?- preeguntó Draco, interesado y preocupado a un tiempo.

-De hecho, parece que tu madre no venía dee una familia muggle. Tu madre viene de una larga lista de descendientes squib cuyo origen no es otro que el mismísimo Merlín- explicó Dumbledore con gentileza.

Harry sintió como el color desaparecía de su rostro. Draco lo aferró un poco más fuerte y con cuidado, el moreno descansó su cabeza contra su pecho, necesitando el amor que Draco le daba sin cuestionar.

-¿Merlín? ¡Cielos! ¿Lily y James lo sabíann?- jadeó Sirius, aturdido más allá de lo creíble. Sabía que Harry era poderoso, pero ser heredero de dos magos tan poderosos era un increíble honor.

-No. Creo que nunca lo supieron.

-¿Qué está tratando de decir?- se burló Snnape- ¿Que Potter es el último descendiente de Merlín?

-Sí- confirmó Dumbledore suavemente, sus oojos repletos de preocupación mientras miraba fijamente a Harry, quien había palidecido drásticamente, los verdes ojos abiertos con repentino terror y aceptación. El anciano sabía lo que el chico preguntaría antes que las palabras salieran de su boca.

-¿Y qué hay de Voldemort? Tiene mi sangre.. ¿Qué pasa si.........

-Harry, Voldemort te entregó algunos de suus poderes la noche que te maldijo pero tu no le entregaste ningún poder cuando tomó tu sangre. Sí, tu sangre fluyó a través de sus venas pero no quedó ninguna cicatriz, ninguna marca que indique que se transformó en otro descendiente. Tu cicatriz fue el resultado de la lucha entre la magia de Slythering y la magia de Gryffindor. Voldemort tomó tu sangre por la fuerza. Al tratar de matarte te cedió su poder voluntariamente, mientras que tu sangre fue tomada a la fuerza- terminó Dumbledore.

-¿Así que él no es heredero de Gryffindor??- preguntó Remus.

-No.

-¿Voldemort sabe sobre mi madre?- preguntóó Harry indeciso.

-No, puedo asegurártelo.

-Así que eres descendiente de Merlin, Gryfffindor y mágicamente de Salazar Slytherin- musitó Draco, impresionado.

-Supongo- dijo Harry con tristeza.

-Sólo tu serías capaz de odiar el hecho dee ser uno de los magos más poderosos del mundo- señalo Draco con frustración.

-A ti lo que no te gusta es que sea más fuuerte que tú- bromeó Harry con una sonrisa.

Draco frunció el ceño. Él era un mago poderoso de por si, proveniente de una familia que había dado famosos magos y la magia de numerosas criaturas mágicas como las Veela, que habían entrado en la familia a través del matrimonio.

-Yo tengo mis genes Veela- apuntó desafiannte.

-¿Así que piensas seducir a Voldemort?- prreguntó Harry divertido.

Draco lució completamente asqueado ante la idea, haciendo que varias de las brujas jóvenes prorrumpieran en risas. Inmediatamente bajó la atracción, no quería provocar una escena e interrumpir la reunión.

-¡Eso es detestable! Deberías saber que loos Malfoys tenemos un gusto superior y nunca tomaríamos un consorte tan inferior. Además, nunca desearé a nadie que no seas tú. No quiero a nadie más que a ti- comentó sencillamente.

Sus ojos se encontraron con los de Harry quien sintió la ahora familiar atracción magnética hacia el rubio que lo sostenía. Sabiendo lo que pasaría si no apartaba la mirada, se volvió hacia Sirius con el rostro en llamas y los ojos refulgiendo.

Mentalmente, Draco puso los ojos en blanco. Sabía que Harry no estaba listo para unirse a él, y lo entendía, pero el Veela dentro de él se impacientaba con la espera. El Veela quería clamar por lo que era suyo.

-Deja de hacer eso- peleó Harry.

-Y tú deja de romper el contacto- peleó Drraco de vuelta.

Harry frunció el ceño, claramente disgustado por la conversación. Sus ojos verdes refulgían de ira, estrechándose lentamente mientras observaban al rubio.

-Lo lamento. No tenía derecho a molestarmee contigo- se disculpó Draco, dándose cuenta que se había excedido.

Los últimos días Draco había estado en el cielo. Había sido capaz de abrazar, acariciar e incluso besar al muchacho de sus sueños. Habían compartido la misma cama, aunque de manera inocente, y no quería que eso terminara. Sabía que Harry comenzaba a sentirse cómodo y relajado a su lado y no quería destruir eso. Quería que su relación prosiguiera.

-Está bien- murmuró Harry, aceptando la diisculpa.

-¿Supongo que te estás quedando en la Torrre?- inquirió Dumbledore con una sonrisa.

-Sí- contestó Harry suavemente, evitando llos ojos de Draco.

-¿Está protegida?- preguntó McGonagall, iggnorando a propósito el hecho de que su alumno se alojaba tan cerca de un Veela.

Ella consideraba que era una idea muy impropia. Eran muchachos, niños, y no deberían vivir juntos, solos, cuando se sentían sexualmente atraídos uno por el otro. Al principio, no pudo creer a sus propios oídos cuando Draco Malfoy confesó que Harry Potter era su pareja. Lo único que había evitado que tratara de detener todo el asunto era que no había modo de impedir que un Veela sedujera a su pareja.....¡y Dumbledore los animaba!

-Sí- confirmó Draco.

-De hecho, el señor Malfoy no me quiere alllí y Merlín no me acepta ni a mí- se rió Dumbledore.

-No me gusta usted- apuntó Draco con una ssonrisa.

-Por supuesto- Dumbledore resplandeció, saabiendo que Draco Malfoy había sido educado por una familia que lo consideraba un despistado viejo estúpido. Secretamente, se sentía complacido del modo en que todo estaba sucediendo, Harry tenía a alguien mágicamente fuerte para protegerlo y amarlo y Draco Malfoy y el resto de su familia se habría unido a su lado, ante la necesidad de protegerlo como propio.

-¿No pensará que yo creo que es un cretinoo manipulador?- preguntó Draco, arqueando una ceja.

-No- Dumbledore sonrió. Cuan irónico era qque la gente que intentó engañar viera a través de su máscara, mientras aquellos que lo habían seguido todavía desconocían su lado casi Slytherin. Albus Dumbledore podía haber sido un Gryffindor, ¿pero acaso el propio sombrero seleccionador no había sugerido Slytherin, como en el caso de Harry Potter?

-Bien

-Mortífago- murmuró Ojo-Loco Moody, lanzanndo a Draco una mirada de desconfianza.

El auror había tratado por años , infructuosamente, atrapar y encerrar a Lucius Malfoy por los crímenes que había cometido, pero el hombre era demasiado resbaladizo para atraparlo, y su riqueza y ‘generosas’ donaciones persuadían a Fudge de desestimar los clamores de que era un Mortífago.

-¡Alastor!- Dumbledore lo increpó con disggusto, los azules ojos flameando.

Lucius Malfoy podía haber sido un Mortífago, pero su hijo no había sido marcado. Eran las condenas de hombres como Alastor los que creaban barreras entre los rivales. Draco era la futura pareja de Harry, y Dumbledore no quería que el Gryffindor resultara herido por el comportamiento que otras personas tuvieran hacia el chico que amaba, aunque Harry aún no tuviera conciencia de sus propios sentimientos. Harry necesitaba ser protegido hasta que llegara el momento correcto para que cumpliera su destino.

-No soy un Mortífago- aclaró Draco cortantte, sus ojos plateados entrecerrados en abierto desagrado mientras miraba fijamente al viejo auror, reparando en la gastada túnica con desprecio, su vieja arrogancia apareciendo fácilmente con la acusación. Era un Malfoy y ellos aprenderían que merecía respeto.

-¿Por qué no?- preguntó Arabella Figg, suss ojos fijos en él con intensidad, haciendo la pregunta que muchos querían saber pero temían hacer. Dumbledore frunció ligeramente el ceño pero no interfirió.

-Soy un Malfoy. No me inclino ante nadie- siseó Draco con arrogancia.

-Tu padre lo hizo- apuntó Arabella.

-Mi padre no es a quien están interrogandoo. Sin embargo, seré cortés.....incluso con aquellos inferiores a mí.....- dijo Draco con voz cansina. Ella era una mujer y los Malfoys siempre eran corteses con los miembros del sexo opuesto, al menos en público.

-La lealtad de mi padre está ligada a la mmarca que lleva, algo que no puede controlar. Él no sigue a Voldemort a ciegas, como muchos de los otros Mortífagos, sin ver sus fallos. No me permitiría perder mi propio respeto y cometer sus mismos errores. Cualquier creencia absurda que tenga sobre mi padre, sepa esto: él moriría por cualquier miembro de su familia, igual que yo. Nuestra familia se basa en la confianza. Sólo confiamos en nosotros mismos.

-Siempre tuviste demasiado orgullo- suspirró Snape, mirando al Veela con una mezcla de diversión y ligera desaprobación.

Harry puso los ojos en blanco. Nunca podría entender a los Slytherins como al resto de las Casas. Los Hufflepuffs eran leales hasta la muerte; los Ravenclaws estudiosos y desarrollaban el conocimiento; los Gryffindors se enfrentaban a la muerte con valentía, sin importarles cuanto tuvieran que luchar; los Slytherins eran los más desconcertantes de los miembros de cualquier otra casa.

Eran demasiado orgullosos para su propio bien, y frecuentemente tomaban el bando equivocado, hacia la oscuridad, pero una vez se comprometían con algo, o alguien, sin importar qué o quien, mostraban la misma lealtad que los Hufflepuffs. Se lanzaban al peligro con tanta frecuencia como los Gryffindors, pero tenían la astucia e inteligencia como para salir de los apuros en que se metían. Aparentemente, eran una mezcla de todas las casas.

-En todo caso, sugiero que les demos las bbuenas noches. Después de todo, mañana tienen clases- sugirió Dumbledore.

Se pararon, luego que Draco permitió a regañadientes que Harry abandonara su regazo. Estaban a punto de salir de la habitación cuando Dumbledore los detuvo, una sonrisa en su arrugado rostro. A Harry no le gustó su mirada. Era casi jubilosa.

-Recibí una carta de tus padres esta mañanna, Draco.

La boca de Severus se crispó para contener una sonrisa ante la horrorizada expresión del Veela. Draco podría dar gustoso su vida por su familia, pero aún así no le gustaban las confrontaciones con ellos, y su estudiante era lo bastante inteligente como para saber que la carta a Dumbledore sólo podía ser una cosa. Considerando su desprecio hacia el Director.

-¿Qué quería mi madre?- preguntó Draco débbilmente.

-Solicita tu presencia en un baile que tenndrá lugar en la Mansión, en honor de tu herencia y tu pareja- Dumbledore resplandeció.

-Oh.....-susurró Draco, mientras algo de ccolor regresaba a su rostro.

-Y también me pidió que te dijera que lleggará mañana en la mañana. Mencionó algo sobre visitar el Callejón Diagón para un regalo a su nieto- parpadeó Dumbledore.

Harry abrió los ojos de la impresión. ¿Un nieto? ¡Pero si él y Draco ni siquiera se habían enlazado! Cómo podrían concebir un niño cuando no.....Harry enrojeció profundamente, pensando apresuradamente algo más.

-Mi madre está demente- gimió Draco impoteente, imaginando claramente a su madre comprando toda la juguetería.

-Parece interesada en hablar con Harry. Avveriguar si es saludable o no.

-¡Por supuesto que Harry es saludable!- ruugió Sirius, encontrando la escena muy divertida, pero ofendiéndole el pensamiento de que alguien considerara a Harry no apto para tener un niño.

-Los visitará mañana- sonrió Dumbledore, cconfirmando la primera presunción de Draco.

Harry miró al rubio dudoso, sintiendo que rápidamente crecía la agitación en este. ¿Qué le pasaba a Draco?

-Por favor, dígame que dejará a Marissa enn la casa- rogó Draco, palideciendo ligeramente.

-Me temo que no.

A estas alturas Dumbledore reía.

-Demonios- murmuró Draco para si mismo, laanzando una oscura mirada en dirección de Severus. El Maestro de Pociones se limitó a alzar una ceja, resoplando otro ladrido de risa

**************

Harry y Draco dejaron la oficina de Dumbledore y regresaron a su Torre. Harry se veía cansado, así que Draco deslizó un brazo alrededor de él, complacido de tener una excusa para tocar a su pareja, atrayéndolo más cerca de forma que parte de su peso fuera soportado entre ambos. Harry le sonrió agradecido, los verdes ojos debilitando el auto control del Veela

-Gracias.

-¿Estás cansado?- le preguntó con gentilezza.

-Sí.

-Entonces cuando regresemos a la Torre te puedes acostar- sugirió suavemente, tratando de evitar que pareciera una orden. Sabía que al otro ya no le gustaba ser controlado y que se resistiría a una orden directa como el adolescente rebelde que era.

Harry asintió, sonriendo levemente, internamente complacido por el comportamiento maternal del Veela. Era raro que alguien se preocupara de su salud. Sirius y Remus lo hacían, por supuesto, y Hermione con frecuencia lo animaba a comer, pero nadie se preocupaba constantemente por él.

Cuando llegaron a la Torre, Harry se dirigió al dormitorio inmediatamente, bostezando con cansancio. Se sentó en la cama, tumbándose sobre las sábanas de seda con un suspiro de alegría, cerrando los ojos. Se recostó por varios minutos, hasta comprender que el sueño lo eludía. Suspiró nuevamente, esta vez con frustración.

Draco estaba abajo, en lo que Harry sabía era el estudio, terminando sus asignaciones. Él no tenía tarea, pues Hermione lo había obligado a terminar todos sus trabajos el fin de semana. Ella también había presionado a Ron para hacerlos, murmurando algo sobre la necesidad de organizarse antes de los EXTASIs

Pensó en Draco. Debía haber sido difícil para el Veela estar tan cerca de él cuando todo lo que quería era consumar la unión. Se preguntó se ya estaría cansado de él, pero desechó la idea instantáneamente. El rubio no había sido otra cosa que comprensivo y afectuoso hacia él desde que habían empezado su extraña relación.

De repente, deseaba al Veela cerca. Draco lo calmaba. Su suave respiración era confortante y disfrutaba de su presencia y suave risa. Se preguntaba si su incapacidad para dormir se debía a que su cuerpo y mente se estaban acostumbrando a dormir con el Veela rodeándolo, protegiéndolo incluso mientras dormía.

Vacilante, desechó su nerviosismo y llamó.

-¿Draco?

Hubo un silencio y luego el rubio muchacho apareció en el dintel, una interrogante expresión en su rostro. Se inclinó contra el marco, observando a su pareja, controlando internamente el deseo repentino que le asaltó ante la vista de Harry. El moreno estaba arrellanado negligentemente en la cama, las sábanas de seda arrugadas bajo su delgado cuerpo; los verdes ojos estaban observándolo, girando con emociones en conflicto; el oscuro cabello caía sobre su frente, haciendo que Draco deseara correr sus dedos sobre el para comprobar si era tan suave al toque como recordaba. Elevó una ceja ante la inquietud de Harrry, claramente divertido por su nerviosismo.

-¿Qué pasa?- preguntó suavemente.

-¿Me querrías besar?- pidió Harry sin más,, sus ojos abriéndose al tomar conciencia de lo que había dicho.

Draco parpadeó, no esperaba esa petición. No sabía si Harry hablaba en serio, y no quería decir algo que pudiera dañar su relación. Lo único que quería decirle era que besarlo sería un sueño hecho realidad, pero controló el impulso.

-¿Perdón?

-Yo...bien...

Draco no pudo evitar que el asombro adornara su cara cuando finalmente entendió que Harry quería besarlo. Miró al Gryffindor de pelo oscuro con cuidado, notando un extraño brillo verde en sus ojos. Harry estaba ruborizado, mirando al piso avergonzado. Por un momento, se limitó a observarlo antes de avanzar, una enamorada sonrisa en su cara.

-¿Quieres que te bese, Harry?- le preguntóó, esperando haber leído las señales correctamente.

El aludido alzó la vista antes de asentir levemente, su rostro profundamente carmesí y sus ojos brillando con una extraña curiosidad que Draco encontró adorablemente conmovedora. De pronto se encontró sonriendo ampliamente, con deleite; Harry, el chico que amaba, quería que lo besara.

Había temido que Harry hubiese querido besarlo en el Gran Comedor sólo buscando consuelo, y aunque había estado agradecido por el breve momento de intimidad con el Gryffindor, le había dolido pensar que éste no quería nada más.

Se movió hacia delante y se sentó en la cama al lado del moreno, quien lo observaba con sus grandes ojos verdes. Distraídamente, hizo un repaso mental de el rostro de Harry. Era un rostro hermoso....sus ojos las más asombrosas esmeraldas.

Deslizó una mano y cubrió su mejilla, atrayéndolo hacia si. Los ojos de Harry se cerraron y el Veela colocó sus labios ligeramente sobre su boca en un beso tierno, breve, persistente, sus respiraciones mezclándose, antes de alejarse.

-¿Esto es lo que querías?- bromeó suavemennte.

-No....quiero......que me beses como Dios manda- susurró Harry, roncamente.

Los párpados se abrieron para revelar unas deslumbrantes órbitas verdes. Miró fijamente los ojos del Veela, sintiendo que la ya familiar atracción magnética hacia el otro chico crecía mientras la emoción del deseo calentaba su sangre.

-¿Qué quieres decir?- bromeó Draco, no desseando otra cosa que estrujar al pequeño cuerpo contra él.

-Quiero que me beses como Dios manda.......cómo lo hiciste en el sofá- admitió Harry ruborizado.

Draco contuvo la respiración. Había soñado con ese momento incontables noches, añorando ser capaz de repetirlo, pero obligándose a contenerse por miedo a asustar al otro chico, alejándolo, pero ahora Harry le estaba dando permiso.

-Recuéstate- le dijo con suavidad.

Harry cayó en la cama, obedientemente. Confiaba en que Draco no fuera más allá de lo que él deseaba ir. En realidad, no quería el enlace, al menos no de momento, pero quería que el Veela hiciera que todo el mundo, excepto ellos, se desvaneciera, algo que pasaba cuando Draco lo tocaba.

-Cierra los ojos- lo tranquilizó el rubio..

Harry lo hizo. Luego de unos segundos sintió que Draco se movía sobre la cama y luego sintió el ligero peso de su cálido cuerpo cubriéndolo. Los ojos de Harry se abrieron y miró fijamente, directo en un par de ojos plateados, aturdidos y llenos de deseo.

Lo miró con impaciencia, amando las sensaciones que el rubio podía crearle. Abrió la boca para hablar cuando sintió una ligera presión que lo detenía. Los labios de Draco presionaban los suyos, acariciando su boca cuidadosamente antes de probar con su lengua, trazando el contorno de su labio inferior juguetona, los dientes mordisqueando la suave carne

Harry se entregó ansiosamente al beso, amando los sentimientos que Draco generaba en él. Abrió la boca y gimió suavemente cuando la lengua del Veela la exploró, estableciendo un duelo con su propia lengua. Ni siquiera intentó luchar contra la atracción magnética que lo empujaba hacia el otro chico, quería ser tocado, ser amado.

Draco deslizó sus labios hacia la garganta de Harry, chupando ligeramente, deseando marcarlo como suyo. Sabía que no podrían unirse. Sabía que Harry no estaba listo para una gran obligación, pero necesitaba marcarlo de alguna manera. Necesitaba marcarlo como suyo.

-¿Draco?

-¿Si amor?

-Bésame de nuevo

Lo miró con sus ojos grises llenos de pasión y supo sin lugar a dudas que no podría negarle nada. No podría. Ya fuera que el Gryffindor se diera cuenta o no. Estaba desesperadamente enamorado y procuraría darle a su pareja todo lo que pudiera. Nada sería lo suficientemente bueno para Harry.

-Con placer.......

*************

Harry despertó al siguiente día sintiéndose cálido y satisfecho. Se acurrucó más cerca, suspirando complacido, cuando un par de brazos lo rodearon, acercándolo más. Sus ojos parpadearon para abrirse y encontrarse con los divertidos ojos grises.

-Buenos días, amor- murmuró.

Recordando repentinamente lo que habían hecho la noche anterior, Harry enrojeció violentamente. Bajó los ojos, incapaz de reunirse con la mirada de Draco, mientras la vergüenza lo inundaba.

-Eres hermoso- musitó Draco, besando tiernnamente su enrojecida mejilla.

Harry sonrió débilmente, elevando sus ojos ligeramente hasta el rostro del otro. El Veela sonreía ampliamente, una mirada de afecto en su rostro mientras sus ojos observaban a su pareja. Estaba claramente complacido por los progresos que habían hecho.

No habían hecho otra cosa que besarse, y la única ropa removida había sido la camisa de Harry, con gran regocijo de Draco que había estado fascinado con el anillo del pezón desde que lo había visto. Draco había demostrado que era capaz de limitarse a tocarlo, a decirle lo hermoso que era y murmurarle otras palabras cariñosas. También habían hablado sobre su unión y Harry le había mencionado que quería que fuera especial.

“Haré que sea la mejor noche de su vida”, pensó Draco, apartando con ternura el cabello de Harry de sus ojos.

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Finalmente habían logrado estar listos. Harry casi había corrido al baño para tomar una ducha, dejando a un sonriente Draco en la cama. Este buscó un par de pantalones negros, una camisa blanca, un par de boxers y unas medias y los dejó justo en el interior de la puerta, cuidando no perturbar la privacidad de Harry. Éste apenas era consciente de su propia apariencia, aún cuando Draco claramente lo adoraba por como era.

Media hora más tarde Harry emergió. Las ropas le quedaban algo grandes pero se veía cómodo. Su húmedo cabello se enroscaba sobre la frente, un par de ojos verdes entornados con expectación.

-Te ves bien- le aseguró Draco.

Harry se relajó visiblemente. Sabía que el rubio no dejaría que se presentara en público luciendo de una manera inaceptable. El Veela tenía una fijación por guardar las apariencias en público, algo que no dudaba había aprendido en su casa.

-¿Qué medida de zapatos usas?- preguntó Drraco.

-Diez- Harry se encogió de hombros.

Draco le lanzó una mirada lasciva, sus ojos suavizados mientras se llenaban de travesura. Se rezagaron en el rostro del moreno por un minuto, admirando su bajo estómago apreciativamente

-¿Sabes lo que dicen sobre los pies grandees....?

Harry se ruborizó violentamente, sabiendo sin duda a qué se refería Draco. Puede que fuera novato en las relaciones pero no había lugar a error en su comentario, especialmente porque estaba desnudándolo con los ojos.

En silencio, el Veela sacó un par de zapatos de su guardarropa y les lanzó un hechizo para transformarlos al tamaño correcto. Pretendió no notar el rojo rostro de Harry mientras le entregaba los zapatos. Amaba hacer que el chico se avergonzara.

Este lo aceptó y le sonrió inocentemente. Luego observó como el Veela se encaminaba al baño con rapidez. A través de la puerta escuchó como reía alegremente y sacudió la cabeza. Sonrió y se movió hacia el tocador, donde había dejado su varita.

“Removerio wrinklentia”- musitó, ondeando la varita hacia la cama.

Las sábanas se alisaron instantáneamente removiendo todas las arrugas. Sonrió con satisfacción, agradecido de poder utilizar la magia.

Tenía que admitir que estaba sorprendido de cuan lejos habían llegado la pasada noche. También estaba agradecido de que Draco no lo hubiera forzado al sexo completo. Necesitaba tiempo para acostumbrarse a la idea, y quería que fuera especial, tal como admitió ante el rubio la noche anterior.

-¿Pensando en mi?

Harry parpadeó y sus ojos se reenfocaron para ver que Draco Malfoy estaba parado delante de él, vestido con su infame uniforme de Slytherin, el cabello plateado húmedo y despeinado. Debió haber estado pensando durante un buen rato.

Sonrió, divertido al ver al muchacho en un estado inferior al de la perfección. Draco parecía incluso más adorable cuando era capaz de observar al orgulloso Veela en sus momentos más vulnerables. Además, disfrutaba al ser capaz de bromear con el muchacho, pero podía hacerlo avergonzar con mucha facilidad, por lo que eligió cuidadosamente sus palabras.

-Necesitas cepillar tu cabello.

Draco agarró el cepillo que Harry había utilizado anteriormente y rápida pero eficientemente cepilló su cabello hasta colocarlo en su lugar. El Gryffindor se dirigió a la puerta. Reuniéndose con los interrogantes ojos de Draco a través del espejo, sonrió.

-Necesito buscar mis libros en la Torre Grryffinfor- dijo suavemente.

Draco asintió y observó como el otro muchacho abandonaba la habitación, comprendiendo que probablemente querría hablar con sus amigos, Ron y Hermione en particular. Había obligado a sus instintos Veela a retroceder, los instintos que deseaban asegurarse que Harry no se alejara ni un par de pasos de él, de donde pudiera verlo, protegerlo, amarlo.

Sabía que Harry necesitaba espacio. Se moría por poder demostrarle su amor físicamente, pero no sólo por el sexo, que estaba seguro sería maravilloso, sino para crear un enlace entre ellos. El enlace que los convertiría en inseparables.

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Harry caminó hacia la Torre Gryffindor. Se encontró con una preocupada Dama Gorda que le preguntó si todo estaba bien. Después de asegurarle que sí, lo dejó entrar. Ella siempre había tenido debilidad por él, probablemente porque no tenía padres, y más tarde, desde el ‘incidente Veela’ como lo llamaban los Gryffindors, se había portado más maternalmente con él.

-¡Harry!

Una figura se arrojó contra él y Harry jadeó, tropezando. Al encontrar lo inteligentes ojos de su mejor amiga, Hermione Granger, sonrió.

-Que bueno verte- le sonrió.

-¿Estás bien?- le preguntó ella ansiosamennte.

-Sí.....er......discúlpenme por perder el control- dijo Harry.

-No fue tu culpa- lo tranquilizó Hermione,, desestimando su disculpa con un movimiento de la mano.

Se alejó y Harry se encontró con el preocupado rostro de Ron. Su roja cabeza le dio una débil, genuina sonrisa y Harry se la regresó alegre. Ron instantáneamente lució aliviado, al ver cuan feliz estaba su amigo. Esto era mejor que la furia que había mostrado el día anterior.

-¿Dónde has estado?- le preguntó.

-Con Draco- Harry se encogió de hombros siin comprometerse.

-Ohhhh- Ron se ruborizó-

Al darse cuenta de lo que su amigo estaba pensando, Harry iba a empezar a negar que hubiera hecho algo con el Veela cuando recordó la noche anterior. Se ruborizó y desvió la mirada. Hermione lanzó una risita, encontrando la vista divertida.

-¿Completaron la unión, Harry?

-¡Qué? ¡No!- Harry jadeó.

Ron lució aliviado. Aunque sabía que a Harry estaba empezando a gustarle el Veela, no quería perderlo todavía. Era su mejor amigo. Amaba a Hermione, pero era diferente al amor que le tenía a Harry.....afortunadamente. Draco Malfoy lo mataría si se preocupaba por Harry del mismo modo que lo hacía por Hermione.

-Sólo me quedé en su Torre para calmarme. Él hizo que aceptara ver a Dumbledore. Éste me explicó todo y aunque todavía sigo alucinado, supongo que tenía una excusa razonable- Harry suspiró, deslizando su mano por su pelo húmedo.

-Nos diste un susto de muerte- confesó Ronn.

Harry se removió incómodo. Sabía que su despliegue de magia sin varita había sido muy impresionante, para los niveles de cualquiera. Ni siquiera podía negar que era un mago poderoso.

-Perdí el control de mi magia- murmuró.
-¿Estás bien, Harry?- interrumpió Seamus FFinnegan quien acababa de entrar en la habitación.

-Sí.....estoy bien, Seamus- sonrió Harry.<

-Bien- sonrió el irlandés, acercándose.
Viendo la intención del otro chico, Harry se dirigió precipitadamente hacia las escaleras. Se había vuelto cauteloso con el muchacho desde que Draco le había abierto los ojos acerca de las verdaderas razones ocultas tras lo que el Irlandés llamaba ‘amistad’ y no quería que el Veela perdiera nuevamente el control, luego que había conseguido estabilizar su relación.

-Necesito mis libros- gritó, antes de diriigirse apresuradamente hacia la salida.

-¿Qué hice mal?- se acongojó Seamus hacienndo pucheros, sus ojos fijos en la retirada de Harry.

-No hiciste nada- lo tranquilizó Hermione,, pasando la mano por su espalda distraídamente mientras se dirigía a tomar su morral. Lo aferró y caminó hacia el retrato.

-¿A dónde vas?- le preguntó Seamus confunddido.

-Biblioteca- dijeron Ron y Hermione a un ttiempo.

Hermione le lanzó una fea mirada, que Ron pretendió no notar, y abandonó la habitación con un bufido.

-Chicas- murmuró Ron.

-Chicos- agregó Seamus.

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Harry caminó hacia el Gran Comedor con Ron, Seamus y Dean. Estaban riendo mientras entraban al recinto, mientras los demás trataban de evitar que Harry notara las miradas que le dirigían. Justo cuando pasaban a través de la puerta y antes de que el Gryffindor entendiera lo que estaba pasando, una hermosa mujer caminó hacia él.

Vestía una túnica de seda azul, elegante y obviamente costosa. Su pálido cabello rubio se amontonaba sobre su cabeza en un elegante moño francés, del cual escapaban unos pocos mechones que enmarcaban su aristocrático rostro, donde unos inteligentes y serenos ojos azules emparejaban con unas largas pestañas, casi antinaturales, ligeramente delineadas con una traza de maquillaje que sólo enfatizaban su superioridad y sofisticación, pues no necesitaba realzar su apariencia.

-Narcissa Malfoy- se presentó suavemente, tendiéndole la mano.

-Es un placer conocerla- saludó Harry nervvioso.

La mujer sonrió complacida, contenta por su saludo. Se veía más amistosa que la última vez que la había visto, en la Copa Mundial de Quidditch el verano anterior a su cuarto año en Hogwart. Todavía era bella; al parecer, Draco había heredado sus rasgos de su madre- meditó Harry

-Debo admitir que fue una sorpresa enterarrme sobre mi hijo y tú, aunque siempre pensé que había mucha carga emocional entre ustedes dos- dijo Narcisa sonriendo, guiñándole el ojo.

Harry parpadeó, preguntándose si acaso había imaginado ver a la madre de Draco lanzándole un guiño. Esta mujer era completamente diferente a sus expectativas y a la mujer que había conocido brevemente en el partido de Quidditch

-Eres muy parecido a tu padre, muchacho- ccomentó una suave y culta voz.

Sobresaltado, giró para ver a una alta mujer de mediana edad, quien supuso acertadamente sería Marissa. Sus ojos eran de un azul penetrante, demasiado intenso, y su cabello era marrón oscuro, arreglado espléndidamente. Su vestimenta era costosa, una túnica similar a la de la mujer más joven a su lado. Era obviamente la madre de Narcissa, sus rasgos faciales eran idénticos.

Esta era la mujer a quien Draco temía más, pensaba Harry.

-Gracias- Harry la obsequió con una genuinna sonrisa y el rostro de ella se suavizó, apenas lo suficiente para que lo detectaran aquellos que supieran reconocerlo, y Harry, quien había estado viviendo con Draco, lo notó de inmediato.

-Abuela, deja de tomarle el pelo- Draco arrrastró las palabras, apareciendo repentinamente y remolcándolo deliberadamente lejos de sus parientes. Narcisa sonrió ante esto, lanzándole a Harry otro rápido y discreto guiño. El chico suspiró mentalmente, parecía que la buena apariencia no era lo único que Draco había heredado de su madre.

Marissa, atrapando su mirada, sonrió, los ojos azules evaluándolo por debajo de las pestañas, de forma que Harry pudo captar un destello de divertida sorpresa en su mirada.

Harry se ruborizó.


 



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