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Capítulo 11: Invitaciones, Seamus, y Celos
Harry estaba en la biblioteca. Narcissa y Marissa prácticamente habían
arrastrado a Draco hasta la Torre para tener una charla en privado, que Harry
asumió sería sobre él y la siguiente generación de Malfoys. Draco había lucido
horrorizado ante la idea y trató de escapar, pero no lo logró.
Dumbledore había enviado a Peter Pettigrew al Ministerio con la idea de liberar
a Sirius. Harry tenía la esperanza de que pudiera ser liberado lo bastante
pronto como para que pudiera tenerlo como una figura permanente en su vida.
Amaba al hombre y lo veía como si fuera el padre que siempre le había sido
negado.
No tenía idea de por qué Voldemore le había dado tal regalo, pero sospechaba que
era algo que lo beneficiaba a él también. En privado, pensaba que Colagusano
debía haber hecho algo que lo disgustara, y éste era su castigo. Después de
todo, un Sirius Black furioso y Azkaban era peor que la muerte o cualquier
tortura que el Señor Oscuro pudiera aplicarle.
Había decidido visitar la biblioteca para terminar su ensayo sobre la Poción
Unvelaia. Al parecer era una poción sencilla, pues pocos libros tenían alguna
información útil sobre sus efectos y funciones.
En realidad Harry había revisado varios libros, sin descubrir nada nuevo, así
que tomó el siguiente libro de la pila con poco entusiasmo, anticipando los
mismos resultados. Era un libro pequeño y delgado, el título estaba esculpido en
la cubierta delantera en algo que Harry pensó lucía sospechosamente similar al
oro. Se preguntó por qué un libro cubierto de oro se encontraría en la sección
abierta de la biblioteca pero desechó el pensamiento y comenzó a leer.
“Atracción Magnética, por Claire Sarend”- leyó en silencio.
Abrió el libro y fue a la primera página que tenía un simple párrafo.
Las Veela son quizás unas de las más fascinantes criaturas del
mundo mágico. Son conocidas en todo el mundo por su belleza, su posesividad y su
Atracción Magnética.
Harry pasó a la siguiente página.
Quizás uno de los hechos más ampliamente conocidos acerca de las
Veela es el de que viven para sus parejas. Al cumplir dieciséis años, reciben lo
que se conoce como su Herencia. La Herencia es el momento en que reciben todo su
poder y su Atracción Magnética entra en acción.
Durante los días que siguen a la recepción de su Herencia, usando sus
sentidos buscan hasta encontrar su compañero, hasta descubrir a su pareja
perfecta, emocional, mental y espiritualmente . Al encontrarla, una Veela hará
absolutamente todo para asegurarse la unión con su pareja, enlazándose por toda
la eternidad.
La pareja recibirá la Atracción Magnética y algo de esta atracción
se reflejara en ellos. Desafortunadamente, la pareja atraerá la atención de
otros humanos, encendiendo los famosos celos y furia de las Veela.
Raramente pueden ser controlados cuando pierden el control, y sólo
por sus parejas si es necesario. Generalmente las parejas tienen más control que
las Veelas en su relación, pues la Veela hará todo por complacer a su pareja,
especialmente cuando están desesperados por unirse a ellos.
Agrandando los ojos, Harry giró la página.
EL ENLACE
El enlace de una Veela y su pareja es uno de los momentos más hermosos
en la vida de una Veela. En ese instante se conectan completamente con la pareja
elegida, entregándole su alma y su corazón, enlazándolos con los de su pareja.
Esto pasa cuando ambos llegan juntos al orgasmo.
La pareja también se ve profundamente afectada y aquellos que han tenido
la fortuna de unirse a una Veela claman que es el momento más increíble de sus
vidas, cuando el amor de su Veela los cubre completamente.
El enlace puede ocurrir en cualquier momento luego del dieciseisavo
cumpleaños de la Veela, pero ésta se enardece durante la primavera. Es en esa
época cuando los bebes son habitualmente concebidos y no hay modo de evitar el
embarazo de la pareja de una Veela.
Durante dicho periodo estas criaturas son inmensamente protectoras
y posesivas con sus parejas, necesitando el contacto físico más que nunca.
Anhelan el contacto y es durante esta época cuando las Veelas sufren más,
sabiendo que sus parejas no pueden estar con ellas constantemente.
Se sabe que pueden llegar a matar a cualquiera que toque a sus parejas
en este tiempo y el amor y la necesidad que sienten por su compañero hace que
duden de su fidelidad. Es importante que la pareja esté consciente de eso, y
proceda a mantener un periodo de reclusión alejándose de todos, excepto de
aquellos en quien su Veela confíe.
La esencia de otra persona en la pareja de la Veela es suficiente para
que pierda todo control y razón.
Harry boqueó sobre el libro. Ya casi estaban en Octubre. Esto significaba que
faltaba menos de medio año para que Draco entrara en celo........cuando
físicamente lo necesitaría más que nunca. Dentro de su corazón, sabía que un
simple toque o los desgarradores besos que habían compartido no serían
suficientes durante la primavera. Ya Draco le había mostrado cuan posesivo era,
sin estar en celo, y sabía que si para entonces no se habían enlazado, el rubio
sería incontrolable.
Mordiéndose el labio, dio vuelta a la página.
Atracción Magnética
Es el nombre dado a la atracción que exuda la Veela después de su
decimosexto cumpleaños. Es un factor importante a la hora de atrapar pareja y
rara vez falla. La atracción simplemente eleva la reacción natural de la pareja
a su Veela, pero no la obliga en modo alguno a la unión.
Desafortunadamente, el encanto es altamente peligroso, especialmente en
humanos, brujas y magos. El tiempo previo al enlace es cuando la atracción es
mayor, cuando todavía no tienen pareja o cambio magnético.
Las parejas, al enlazar sus corazones y almas con las Veelas, comparten
la atracción.
Ha habido varios encantamientos en el pasado para detener el efecto de
la atracción sobre los magos. El primero fue el Repelente Veela, creado por
Mortise Luxembourg, en el 1134. Pero otros encantamientos más modernos han sido
creados desde entonces
El descubrimiento más reciente es la Poción Unvelaia por Leon Bonneau.
Este maestro ha estudiado este tema por años, estudiando a las
Veelas para poder crear la poción perfecta.
Desde entonces, esta droga ha sido aclamada extensamente.
La poción repele la atracción haciendo que quien la tome se
vuelva inmune a los encantos de la Veela. Sin embargo, sólo dura un periodo de
seis semanas y necesita ser retomada inmediatamente para que continúe repeliendo
la atracción.
En las parejas de las Veelas la poción funciona en cierta medida. Sin
embargo, el constante contacto y presencia de la Veela la
desgasta, especialmente si ocurre un contacto más íntimo. Incluso si no es así,
el repelente se debilitará de algún modo, hasta que el que lo toma sea incapaz
de ignorar la atracción.
El encantamiento funciona de un modo similar pero desaparece más rápido.
Harry cerró el libro.
Ahora sabía porque al final Snape le había hecho tomar la poción con él. De
algún modo, estaba tratando de protegerlo lo bastante como para que pudiera
decidir por si mismo. El encantamiento del adorno del pezón que le dio Hermione
pronto fallaría, y eso significaría que estarían más vulnerable que nunca ante
la Atracción Magnética de Draco
Snape le había dado a tomar la poción, para permitirle enamorarse del Veela de
manera natural. Una imagen del moreno Jefe de Slytherin entró en su mente y
sacudió la cabeza. A veces el hombre lo desconcertaba completamente. Siempre
creyó que Snape lo odiaba a causa de los crímenes que su padre había cometido,
pero su profesor le mostraba tanta preocupación y protección como podía
-Madre- discutió Draco disgustado.
-¡Deja de quejarte, Draco! Tu sabes quienees son los amigos de Harry. No puedo
molestar a Harry, ni lo haré, cuando debe estar relajado- dijo Narcissa con un
enojo similar.
-Todavía no hemos consumado el enlace, asíí que no hay ninguna posibilidad de que
Harry esté embarazado- gritó Draco, preguntándose por qué Dios le había dado una
madre que nunca escuchaba ni vivía en el mundo real.
-Lo sé, pero el stress no es bueno para éll. El embarazo masculino es más difícil
que el embarazo normal- agregó Marissa suavemente, recordándole sutilmente el
peligro que el nacimiento de su hijo podría acarrear a su pareja.
Draco palideció. No podía.....no perdería.....a su pareja. Amaba a Harry.
¡Diablos! Adoraba al distraído Gryffindor de pelo color ala de cuervo, aún
cuando sus sentimientos no fueran recíprocos; y Draco sabía que no era
correspondido, al menos no todavía
-Tienes razón- concedió suavemente.
-Él estará bien Draco, no temas. Tu parejaa estará bien- lo tranquilizó Marissa.
Draco asintió, tranquilizándose mientras la urgencia de encontrar a su pareja
crecía dramáticamente, su sangre Veela ansiando asegurarse de que Harry estaba a
salvo
-Vamos a elaborar la lista de todos aquelllos que deberán ser invitados a la
celebración- propuso Marissa, inclinándose hacia un pergamino y una pluma
posadas sobre su escritorio.
-¿A quién querrá invitar Harry?- preguntó Narcissa, ondeando su varita sobre el
pergamino.
-Sirius Black, Remus Lupin, Ron Weasley, Hermione Granger, Fred y
George.....
Mientras Draco hablaba la pluma comenzó a escribir sola hasta
formar una lista con los amigos de ambos. Narcissa agregó rápidamente a toda la
familia Malfoy y cualquier otro invitado que consideraba que no tratarían de
secuestrar a Harry y entregárselo al Señor Oscuro.
-Inivatasium Constrinuena – ordenó Narcisssa y con un giro de su varita, una
larga pila de invitaciones apareció sobre el escritorio.
Draco sonrió, sabiendo que Harry se alarmaría por el gran número de personas que
asistirían a la celebración de su compromiso. Su prometido era tímido, y odiaba
a las multitudes, pero Draco deseaba mostrarle a una gran cantidad de personas
que estaban juntos, unidos ante sus ojos.
Harry acababa de terminar el ensayo cuando un ruido detrás de él le hizo girar
en redondo en su silla, con el ceño fruncido. No había prestado atención a lo
que lo rodeaba y, afortunadamente, lo habían dejado solo. Apenas evitó un
gruñido de frustración cuando vio al Gryffinfor Irlandés parado detrás de él,
con sus alegres ojos brillando. Ocultó su incomodidad mientras Seamus lo miraba
con apreciación, gustándole el estilo con que Harry lucía la ropa nueva, un par
de holgados pantalones negros y una sencilla camisa blanca, entallando su cuerpo
elegantemente escultural.
-Seamus- lo saludó, deseando saber lo que el muchacho deseaba para poder partir.
-¡Harry!- Seamus sonrió, su voz repleta dee entusiasmo.
-¿Qué estás haciendo en la biblioteca?- lee preguntó Harry.
-Mirando a un Gryffidor bellísimo, sexy, mmusculoso, de piernas largas y cabello
oscuro- Seamus lo miró de soslayo.
Harry enrojeció violentamente, reconociendo el descarado flirteo en lo que
previamente siempre había considerado como ‘Seamus siendo Seamus’. Al parecer no
se había dado por vencido y trataba de seducirlo, a pesar de haber escuchado
sobre su compromiso con Draco Malfoy.
-¿Qué quieres, Seamus?- gruñó Harry.
-Hablar contigo- contesto Seamus con la vooz repleta de sinceridad.
Harry suspiró y le hizo un gesto para que se sentara a su lado, incapaz de
negarse a su petición. El otro chico era su amigo, después de todo, y se
preocupaba por él.
Seamus así lo hizo, inclinándose más cerca de Harry ante el horror del muchacho.
-Así que estás comprometido con Draco- solltó Seamus finalmente, un tinte de
acusación en su voz.
-Sí- dijo Harry firmemente, tratando de peersuadir al irlandés de que lo dejara
solo.
-¿Por qué?
-¿Por qué?- repitió Harry sin expresión.
-Sí. ¿Por qué aceptas a Malfoy?- inquirió Seamus, serio.
-Él es....diferente.......a lo que yo penssaba que era. Confía en mí
completamente. Nunca me haría daño y quiere que yo sea feliz- explicó Harry lo
mejor que podía. Era difícil, cuando en realidad ni el mismo entendía sus
sentimientos por el Veela.
-¿Lo amas?- preguntó Seamus directamente.<
-No lo sé- contestó Harry con sinceridad.<
-No me detendré, lo sabes, hasta que sepa que no tengo ninguna oportunidad, por
pequeña que sea- afirmó Seamus sencillamente.
-Lo sé- replicó Harry con una media sonrissa, sin notar la brillante y lasciva
mirada que Seamus le lanzaba en respuesta. Si lo hubiera hecho, habría percibido
el peligro inmediatamente.
-Eres tan ........tan absolutamente perfeccto- confesó Seamus, acercándose más al
otro chico.
Harry enrojeció vivamente, preguntándose por qué últimamente parecía incapaz de
hacer otra cosa. Los comentarios de Seamus eran distintos a los de
Draco.....sabía que el Veela era serio, y pensaba lo que decía, pero con Seamus
se confundía. El muchacho parecía que se sentía atraído hacia él sólo
físicamente.
-Yo no......- protestó, débilmente.
-Lo eres, lo sabes. Quiero decir, eres tann perfecto que la mayoría de las
personas no intentarían tocarte, pero eso es precisamente lo que me atrae. Vives
en el hoy, no en el mañana.......
-Eso es porque puede que no esté aquí mañaana- bromeó Harry, tratando de distraer
a Seamus de su confesión.
Seamus frunció el ceño ante el intento, sintiendo de inmediato la intención de
Harry. Había pasado años reconociendo esa táctica, y evitándola, después de
todo. Seducir a Harry Potter era un gran desafío, particularmente cuando el
muchacho era tan tímido.
-Sé que no entiendes por qué me gustas, Haarry, pero quiero que sepas que me
preocupo por ti, seriamente. Me gustaría hacerte feliz- dijo Seamus
obstinadamente.
Harry abrió la boca para contestar cuando sus palabras fueron cortadas por una
firme e insistente presión en su boca. Jadeo, tomando conciencia de que Seamus
lo estaba besando. No eran para nada como los besos de Draco, que hacían que su
cabeza diera vueltas y su sangre hirviera de deseo; esto solamente lograba que
deseara escapar.
Mientras luchaba por alejarlo, la lengua de su amigo salió, empujando para pasar
sus labios que protestaban, y succionar su lengua.
Harry gritó, sin saber qué hacer. No estaba acostumbrado a ser besado contra sus
deseos, y nunca antes había estado en esa situación, y sintió que la culpa
reptaba hasta llenar su corazón, sabiendo que aunque no estaba permitiendo que
Seamus lo besara voluntariamente, había traicionado al Veela de la peor manera
posible.
Draco entró en la biblioteca buscando a Harry. Finalmente había logrado, con
gran alivio, escapar de su familia para tratar de encontrar a su pareja. Había
pasado un largo rato desde la última vez que lo viera y tocara, y lo extrañaba.
La biblioteca estaba vacía. Preguntándose donde se habría ido Harry, se
preparaba para partir cuando capturó su esencia.
Ésta era diferente de la normal, ligada con un inusual miedo o pánico.
Pasó a toda prisa las mesas vacías, temiendo que Harry estuviera en algún
peligro y giró en una de las filas de libros. Lo que vio hizo que su corazón se
apretara con odio y dolor...más dolor del que hubiera sentido jamás.
Harry, su pareja, estaba presionado contra una de las mesas, sus brazos azotando
al viento mientras luchaba por liberarse del muchacho que lo presionaba contra
la mesa. Un chico que había tratado de robarle a Harry desde el comienzo,
incluso desde antes que recibiera su Herencia, cuando todavía trataba de negar
la atracción que sentía hacia el Gryffindor de pelo oscuro.
Capturó los afligidos ojos verde esmeralda de Harry antes de apartar bruscamente
a Seamus de su pareja, una mirada de furia pura grabada en sus habitualmente
imperturbables rasgos. Sintió una repentina necesidad de rodear con sus manos el
cuello de Seamus y apretar hasta que suplicara clemencia....lo cual no quería
decir que se la fuera a conceder. Oh, no, lo sacrificaría brutalmente.
-Te mataré- siseó Draco, estrechando los oojos con odio.
Seamus se le quedó mirando fijamente, enojado por haber sido interrumpido. Había
estado besando a Harry Potter, el muchacho que había tratado de seducir por
años, y de lejos, había sido el momento más asombroso de toda su vida. Y Draco
Malfoy había arruinado ese momento perfecto.
-Todavía no eres su dueño, Malfoy- espetó Seamus.
-Es mi pareja. ¿Qué parte de esa oración nno entiendes, Finnigan?- rugió Draco.
-Pero tú no eres la suya- bufó Seamus. >
Draco se estremeció pero pronto se arrepintió de su comportamiento. Era un
Malfoy, y no daría un espectáculo por mucho que le hubieran herido los
comentarios del otro chico. Ignoró la pequeña voz en el fondo de su mente que le
decía que Harry no había confesado nada, excepto que le gustaba; no había habido
ninguna declaración de amor saliendo de los labios de su pareja.
–Yo nunca lo obligué a soportar mis avances. ¡Tú lo tenías apresado de modo que
no podía escapar!
Una expresión de puro horror apareció en el rostro de Seamus y se volvió
precipitadamente hacia Harry, quien trataba de arreglar sus ropas a toda prisa,
el rostro pálido por la impresión. Los habitualmente calmados ojos verdes
estaban llenos con el recuerdo del miedo, y Seamus se odió por causar esto.
Nunca había deseado herir a Harry. Nunca.
-Oh, Dios. Lo siento mucho, Harry- tartamuudeó una disculpa.
Draco miró a Harry y sintió que su furia aumentaba al doble de su tamaño. Harry,
su pareja, estaba pálido, con los ojos abiertos y tan oscuros que parecían
negros en la tenue iluminación de la biblioteca. Sus labios estaban hinchados y
magullados, las ropas arrugadas y desaliñadas.
-Lo siento.....perdí el control.....¡Cristto! Yo.....
-Está bien, Seamus. Por favor.....sólo vette- pidió Harry finalmente, dando a
Seamus una débil sonrisa.
El rostro de Draco se oscureció. ¡Cómo se atrevía Harry a decir que todo estaba
bien cuando claramente no era así! ¡No iba a permitir que el imbécil se fuera
luego de haber molestado a su pareja! ¡Harry era suyo! ¡SUYO!
-¡No Draco, no le hagas daño, por favor!- le suplicó Harry.
Instantáneamente Draco se alejó de Seamus, incapaz de desobedecer la petición de
su pareja. Seamus le lanzó una mirada cautelosa antes de mirar nuevamente a
Harry, una expresión de auto-censura en su rostro habitualmente sonriente. Draco
apretó las mandíbulas.
-Nunca te heriría, Harry- dijo el irlandéss, suavemente.
-Lo sé......sólo no........me obligues, Seeamus. No me gusta ser forzado a hacer
cosas- dijo Harry suavemente.
-No lo haré- afirmó Seamus de inmediato, ccomplacido de que Harry pareciera
haberlo perdonado tan fácilmente. Hubiera estado de acuerdo con cualquier cosa
con tal de que Harry lo perdonara. No podía creer que no hubiera percibido su
miedo antes, pero sabía que en su deseo había estado ciego ante todo.
-Regresa a la sala común, Seamus- lo instrruyó Harry.
Seamus le lanzó otra mirada pidiendo disculpas y salió, dejando a Harry con un
furioso Veela. Tan pronto como Draco vio que Seamus los había dejado solos,
explotó, deseando que su pareja le explicara exactamente qué había pasado y por
qué había dejado que el otro chico se fuera luego de haberlo molestado.
-¿Por qué demonios me detuviste?- siseó, ffurioso.
Todo lo que podía ver era a Harry, presionado debajo del otro hombre, su hermoso
cuerpo siendo explorado por otro par de manos, su boca violada por otra boca. Su
Harry había sido violado.......
-Él no es malo.......
-¿No es malo? ¡Pudo haberte violado!- atroonó Draco, incapaz de creer que Harry
estuviera siendo tan ingenuo acerca de la situación.
-Él no.......- susurró débilmente.
-¡Admítelo, Harry! No me amas; estás enamoorado de ese mujerzuela irlandés. ¿Por
qué haces esto? Sabes cuanto me preocupo por ti. Podría darte todo- gritó Draco,
iracundo.
Pero Harry vio la inmensa tristeza en sus ojos, una tristeza que él había
causado, y sintió náuseas. Nunca había deseado herir a Draco. Sabía que el Veela
lo amaba, y deseaba corresponder a sus sentimientos, pero no podía, no todavía.
-Yo no.....
-¡No quiero escucharte!
Draco iba a salir como una tromba, pero Harry lo detuvo, sabiendo que una vez
que el chico se fuera y se calmara, regresaría a su actitud distante, y nunca
sería capaz de hablarle apropiadamente.
Mientras presionaba sus labios firmemente contra los de Draco, vio como lo ojos
de éste se abrían impactados, y luego sintió que el Veela se derretía bajo su
toque. Interiormente suspiró con alivio. Necesitaba a Draco, que lo consolara,
que se preocupara por él, que lo amara.
-No lo amo- susurró Harry dentro de su bocca.
Este fue todo el incentivo que necesitó Draco antes de comenzar a extasiarse
completamente en su compañero, cerrando sus brazos alrededor de la estrecha
cintura de Harry para acercar aún más sus cuerpos. Deseaba marcar su territorio,
mostrarle al mundo que Harry era suyo.
Suyo
Y Seamus Finnigan pagaría por atreverse a tocar a su pareja. Los Malfoy siempre
conseguían la revancha, aún cuando tomara una eternidad esperar por el momento
perfecto
A la mañana siguiente Harry llegó a la mesa de Gryffindor con Draco, como era
habitual. Tan pronto como el Veela vio a Seamus, quien todavía estaba un poco
pálido y más serio de lo que le habían visto jamás, cerró su brazo posesivamente
alrededor de la cintura de Harry, jalándolo para acercarlo aún más a su propio
cuerpo.
Harry le regaló una sonrisa, entendiendo las acciones del Veela. Sabía que la
furia de Draco todavía hervía a fuego lento por debajo de la superficie, y
quería evitar un posible estallido. Otra pelea en público no ayudaría a
persuadir a la gente de que Draco no pensaba seguir los pasos de su padre.
-No lo quiero- le susurró.
-No hay problema- dijo Draco con idéntica suavidad, pero sus ojos brillaron con
animosidad mientras se fijaban en Seamus.
Harry se sentó rápidamente, jalando con él al otro muchacho. Seamus, por
fortuna, no dijo nada, pero no dejó de mirar abiertamente a Harry, cosa que,
Harry siendo tan Harry, no notó. Sin embargo, Draco sí lo notó, y Hermione
empezó a hablar a Seamus rápidamente, logrando que la mirara a ella en lugar del
objeto de su deseo.
-¿Todo bien, Harry?- preguntó Ron. Había llogrado que Seamus le explicara la
situación, y miraba alternativamente al Gryffindor irlandés y a Harry, luciendo
preocupado.
-Sí.....estoy bien.
-¿Ya hiciste el ensayo para el Profesor Snnape?- le preguntó Hermione, intentando
actuar con normalidad.
-Sí.....-contestó, sin escuchar realmente..
-¿Qué libro utilizaste?- preguntó Hermionee, curiosa.
-Atracción Magnética de Clare Sarend- repllicó Harry automáticamente,
mordisqueando una tostada.
-¿Dónde demonios encontraste ese libro?- iinsistió Hermione, impresionada.
-En la biblioteca- Harry se encogió de hommbros.
-Pero ese libro es excepcionalmente raro.......leí sobre él en otro
texto.......hay unas pocas copias.......-jadeó Hermione, una mirada de asombro
en sus ojos marrones.
Harry parpadeó.
-Mi madre debe haberlo colocado ahí para tti- interrumpió Draco, frunciendo el
ceño hacia su madre que estaba sentada en la mesa principal al lado de Marissa.
Narcissa capturó su mirada, y discretamente le hizo un guiño, tan rápido que
Draco apenas pudo captar el movimiento.
-¿Pero por qué?- preguntó Harry, confuso.<
-Para que pudieras encontrar algo más sobrre el enlace- Draco sonrió con malicia.
-¡Draco!- siseó Harry con el rostro al rojjo vivo.
-Amo cuando te ruborizas......la pregunta es, ¿te ruborizas por todos lados?- se
rió Draco.
No se sorprendió cuando Harry repentinamente le dio una palmada detrás de la
cabeza, en un gesto ahora familiar....Harry lo hacía cada vez que Draco se
comportaba de manera ‘inapropiada’ en público.
-Bueno, eso responde mi pregunta de si ti........-comenzó Draco.
-Termina esa frase y te castro- amenazó Haarry directamente.
-Tamaño diez, ¿cierto Harry?- susurró el VVeeela inclinándose más cerca de él.
Harry gimió impotente, enterrando el rostro entre las manos para ocultar su
profundo rubor. Sabía que no había nada que pudiera decir para que el Veela
dejara sus bromas, y regresar el comentario sólo sería causa de futuro bochorno.
Draco sonrió burlonamente, sabiendo que había triunfado. Esperó hasta que Harry
apartó las manos para colocar un amoroso beso directamente sobre la infame
cicatriz en forma de rayo como una disculpa silenciosa. Harry, comprendiéndolo,
sonrió su aceptación.
Fue durante la cena cuando aparecieron las invitaciones al lado de los platos de
todos. Arrebatándola de las manos de Ron, Harry parpadeó cuando vio una hermosa
carta, grabada en oro, con una imagen de lo que parecía ser un escudo.
-Es el escudo de la familia Malfoy- expliccó Draco, sobre el hombro de su pareja.
Asintiendo, Harry la abrió.
Usted está invitado a la celebración del compromiso del Señor Harry
Potter y el Señor Draco Malfoy.
La celebración se efectuará en la Mansión Malfoy la noche del 1ro de
Octubre a las 6:00 p.m.
La invitación debe ser presentada a su llegada.
-Oh...- fue todo lo que Harry consiguió deecir débilmente.
-Es una fiesta- comentó Draco directamentee.
-Sí......
-¿Entonces por qué luces como si fuera unaa carta de Voldemort?- le preguntó, con
ojos preocupados pero tono calmado, como siempre que estaba en público.
-Es sólo que me preguntaba si tendría que pasar más tiempo siendo interrogado
por tu familia- mintió Harry.
-Por supuesto- sonrió Draco, sabiendo que no era la verdadera razón pero sin
forzar el asunto. Harry se lo diría cuando estuviera listo, no antes.
-¿Así que será en dos días?
-Sí. No es la boda Harry- Draco frunció ell ceño.
-Lo sé, es sólo la sorpresa- Harry se encoogió, evitando los penetrantes ojos
grises de Draco, pues sabía que el rubio sospechaba que algo andaba mal. Era muy
observador cuando se trataba de sus emociones, para su disgusto.
El día siguiente Harry esperaba para dirigirse a la Mansión Malfoy, donde
tendría lugar la fiesta de compromiso. Dumbledore había estado de acuerdo con la
fiesta, siempre y cuando se le permitiera revisar la seguridad de la Mansión con
antelación. La residencia estaba despejada.
Narcissa y Marissa habían insistido en que los muchachos llegaran antes para
prepararse. Lo que Harry no sabía era que Draco había planeado una sorpresa para
él esa noche.
-Harry, vamos, mi madre debe estar a puntoo de un ataque de pánico- gritó Draco
desde la salita.
Suspirando, tomó su encogido equipaje y lo deslizó en su bolsillo. Se reunió con
Draco y ambos caminaron a la oficina de Dumbledore, desde donde serían
transportados hasta la Mansión Malfoy.
Dentro, Harry se reunió con un radiante Profesor Dumbledore, quien le ofreció
una pastilla de limón, que rehusó educadamente. Todavía se sentía receloso
respecto al Director, aún no confiaba en él y se sentía un tanto resentido con
la situación en general.
-Te complacerá saber que Sirius será libree en los próximos días- le informó
Dumbledore. Harry sonrió ampliamente, complacido. Le alegraba que al menos su
padrino hubiera sido exonerado, aunque con casi década y media de atraso. Sirius
merecía pasar el resto de su vida en paz.
-No puedo esperar- confesó.
-El muchacho se lo merece.....-Dumbledore bajó la voz, sumido en sus
pensamientos.
-¿Dónde está Narcissa?- preguntó Harry finnalmente, rompiendo el silencio.
-Ustedes usarán la chimenea de mi oficina para trasladarse a la Mansión Malfoy-
les comunicó Dumbledore.
-¿Así que mi madre regresó a casa?- Draco arrastró las palabras.
-Por supuesto. Mencionó algo sobre preparaar su habitación- Dumbledore bajo el
tono, un inusual rubor cubría su rostro.
-Oh.....-musitó Harry, desviando la miradaa
Draco sonrió, fijando sus maliciosos ojos plateados en el incómodo Director, lo
que hizo que Harry resoplara como si luchara por contener la risa. Ver a
Dumbledore avergonzado era definitivamente divertido
-Mejor nos vamos- comentó el rubio, deslizzando su brazo alrededor de la cintura
de Harry e inclinándose hacia la chimenea.
Dumbledore tomó una bolsita de una de las muchas colecciones de gavetas que
tenía y se lo entregó a Draco con una sonrisa. El rubio la abrió y le indicó a
Harry que tomara una pizca de polvo.
-Odio el polvo floo- murmuró éste, tomándoolo, mientras veía la bolsita con una
oscura mirada. La primera vez que había utilizado polvos floo, había terminado
en el Callejón Knockturn, un lugar que esperaba no tener que visitar nunca más.
Era un lugar escalofriante, lleno de partidarios de Voldemort y gente que amaba
las Artes Oscuras. Harry Potter definitivamente no estaría seguro allí.
-Di Mansión Malfoy- le indicó Draco, sonriiendo ligeramente para ofrecerle
consuelo.
Harry se metió en el fuego y giró el rostro hacia ellos. Tragó audiblemente, y
puso los brazos cerca de su cuerpo. Lanzó el polvo a sus pies y gritó ‘Mansión
Malfoy’ en voz alta y clara, no quería terminar el algún sitio completamente
diferente.
Mientras desaparecía con un estallido y relámpagos de flamas verdes, Draco se
giró hacia Dumbledore. Levantó una ceja interrogante pero el anciano se limitó a
sonreírle. Impaciente, y esperando reunirse con su pareja para verificar que
había hecho un viaje seguro, preguntó directamente:
-¿Lo consiguió?- su sarcasmo era obvio.
-Por supuesto- Dumbledore resplandeció, exxtrayendo de su túnica un pequeño
saquito de terciopelo. Se lo entregó a Draco con ojos brillantes, haciendo que
el chico frunciera el ceño, ante la diversión de Dumbledore-. Lo veré en el
baile- le dijo sonriente.
Draco asintió ligeramente, aunque despreciara al anciano seguía siendo educado,
y dio un paso dentro del fuego. Mientras sentía que desaparecía, capturó la
visión de la risilla de Dumbledore y puso los ojos en blanco, sin preocuparse si
el acto estaba por debajo de un Malfoy. El anciano estaba chiflado.
Harry dio un traspié fuera del fuego e inmediatamente alguien lo detuvo para
estabilizarlo. Sobresaltado, levantó la vista para encontrarse con el
inexpresivo rostro del mismísimo Lucius Malfoy, Mortífago y padre del Veela con
quien Harry planeaba enlazarse.
-Señor Potter- le saludó fríamente, notanddo la sorpresa de Harry pero
ignorándola deliberadamente.
-Señor Malfoy- replicó Harry, con una vaciilante sonrisa.
Lucius lo empujo alejándolo para estudiar al chico que se iba a unir a su hijo
con ojo crítico. Podía entender la atracción; Harry Potter se había convertido
en un joven muy guapo. Poderoso, sabio, era quizás más grande que Lord
Voldemort, y había tenido la inteligencia para sobrevivir incontables veces. Lo
haría.
Harry se ruborizó, al darse cuenta que Lucius estaba estudiando si era o no, lo
bastante bueno para su hijo y heredero. Frotó su túnica, esperando lucir
presentable. No quería dar una mala impresión inicial, aunque podía decir que ya
la había dado el día en la librería del Callejón Diagon, donde el hombre había
colocado el diario encantado de Tom Riddle entre los libros de Ginny Weasley.
-Bienvenido a la Mansión Malfoy, señor Pottter. Espero que disfrute su estancia
aquí- saludó Lucius arrastrando las palabras.
-Gracias, señor- murmuró Harry.
-Me puedes llamar Lucius. Después de todo,, vas a ser mi yerno- le pidió Lucius,
observando como el chico abría los ojos ligeramente.
-Gracias, señor....quiero decir, Lucius.
El joven se ruborizó al tropezar, mirando al piso en lugar de a Lucius. Sin
poderlo evitar, el hombre mayor puso los ojos en blanco mentalmente. Al chico
nunca se le había enseñado la etiqueta que necesitaría para relacionarse con la
elite de la sociedad mágica. Eso era algo que necesitaría ser corregido.
En ese preciso momento, Draco emergió del fuego. Sus ojos se fijaron por un
instante en Harry, y al tiempo que avanzaba, Lucius retrocedió un paso, sabiendo
que el Veela era muy posesivo y comprendiendo la necesidad de Draco de
tranquilizarse respecto a la seguridad de su pareja.
-Padre- saludo Draco, sus ojos todavía fijjos en Harry.
-Draco- sonrió Lucius con el rostro severoo, pero Draco pudo ver en su ojos el
amor que el hombre le profesaba. Era difícil de descubrir, pero Draco, quien
sabía dónde mirar, lo encontró con facilidad. Después de todo, tenía toda una
vida de práctica en leer las emociones de su padre.
-¿Estás bien?- preguntó ansiosamente, giráándose hacia su pareja y cepillando su
túnica. Miró su esbelta figura, asegurándose que no hubiera resultado herido, y
suspirando con alivio al descubrir que estaba bien.
-Estoy bien- dijo Harry suavemente, sus ojjos observando a Lucius con cautela.
Draco se inclinó hacia delante y rozó sus labios contra la mejilla de Harry en
un breve beso, deseando ofrecerle el consuelo y alivio ante el desasosiego que
le producía estar en un medio ambiente extraño. El beso también le permitía el
contacto físico con su pareja, algo que deseaba constantemente, ante la
necesidad de asegurarse que su pareja estaba seguro y con él.
- Bienvenido a casa- Lucius sonrió, observvando como Harry Potter se ruborizaba
ante el breve beso de su hijo, notando como el chico bajaba los ojos
instantáneamente, avergonzado. Harry Potter era claramente inexperto
sexualmente, lo cual le quitaba una preocupación. Le preocupaba la posible
reacción de Draco si descubría que su pareja no era virgen, si Harry había
perdido la virginidad, algo que había sospechado en vista de la larga lista de
admiradores del Niño-Que-Vivió.
En realidad, pensaba distraídamente, girándose y dirigiéndose de regreso al
salón, seguido de los dos chicos que susurraban suavemente, estos podrían ser
unos días muy entretenidos, especialmente cuando llegara el resto de la familia.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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