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Capítulo 1:
El día amaneció brillante y soleado en la imponente mansión blanca, aunque ése
no era necesariamente el caso de sus residentes. Simón James y Samantha Jane
estaban en eso otra vez, sus agudos gritos hacían eco a través de la mansión,
mientras sus soñolientos y aturdidos padres corrían y se tropezaban para
alcanzarlos.
-Dios mío, ¿qué pasa ahora?- preguntó conn exasperación Sirius Black, mientras
junto a su novio, Remus Lupin, caminaban hacia el cuarto de los niños-. Son las
malditas siete de la mañana, ¿qué podrían querer?
- Ni idea- contestó Remus, todavía intenttando frotar el sueño de sus ojos-. Los
alimentamos y cambiamos esta mañana. Quizá tengan hambre otra vez. Vamos, Paddy,
apresurémonos.
Sirius y Remus aceleraron su paso; tan pronto como entraron en el cuarto, vieron
a Harry doblado encima de la mesa que se usaba para cambiar a los niños,
limpiando a Simón. Samantha permanecía en su cuna, aún gritando. Al oír a su
padrino y a su amante entrar, se giró hacia ellos y comentó:
-Simon sintió la necesidad de hacer caca ahora, pero no os preocupéis, lo tengo
cubierto. Aunque debo admitir que es absolutamente repugnante. El pañal de
Samantha todavía está limpio y seco, así que considero que lo que tiene es
hambre.
Sirius parecía aliviado de que Harry hubiera cambiado ya a Simón. Remus lanzó
una mirada de agradecimiento al chico y musitó:
-Gracias Harry, de verdad. Nos encargaremmos desde aquí .
-No hay problema- contestó el joven, sonrriendo-. Chicos, sé que no habéis
conseguido un sueño decente desde que nacieron, así que decidí que sería bueno
serviros de niñero mientras descansabais un poco- le entregó a Sirius el
pequeño, mientras que Remus levantaba a Samantha de la cuna.
- Estoy asombrado con tu habilidad como ppadre, Harry- comentó Sirius-. ¿Estás
seguro que no has tenido ningún niño que estés ocultándonos?
Harry puso los ojos en blanco.
-Bravo, estuviste cerca. Pero la verdad, no lo sé. Puede ser que haya oído a la
señora Weasley diciendo algo sobre eso a Bill y su novia o algo por el estilo.
De todas formas, voy rumbo a la cocina para conseguirnos algo de desayuno, en
vista de que todos lo necesitamos.
Harry salió sin prisa del cuarto, y Sirius y Remus se dedicaron a calmar a sus
bebés. Después de algunos minutos, fueron al rincón del desayuno a unirse a
Harry.
- ¿Estás seguro que todavía planeas almorrzar y cenar, Harry?- preguntó Remus
divertido, mientras que cuidadosamente ataba la correa de la cuna portátil de
los gemelos al banco.
-Bien, si no comes eso puede ser que me llo coma también- amenazó Harry con una
sonrisa-. ¿Té?
-Sí, por favor, gracias- contestó Remus mmientras se sentaba y comenzaba a llenar
su plato con tocino y huevos, al tiempo que Harry iba a la encimera a coger la
tetera llena. Sirius se sentó al lado de Remus y convocó un elfo doméstico para
que le trajera una gran taza de café. Una vez que la bebida le fue traída, tomó
un trago enorme. Remus levantó una ceja.
-Eres afortunado, tu lengua no consiguió escaldarse- bromeó, mientras Harry
volvía a la mesa para entregarle un té.
- Ah, esto se siente mejor- suspiró Siriuus complacido.
-No sabía que amabas tanto el café, Siriuus- comentó Harry. Remus puso los ojos
en blanco.
-Es su cable de salvamento- comentó-. Dicce que es lo mejor después de la cerveza
de mantequilla.
-Bueno, ¡así es!- interpuso Sirius.
-Y aquí estaba yo, pensando que sólo bebees café para mantenerte despierto-
bromeó Harry. Sirius y Remus sonrieron y continuaron desayunando en relativo
silencio, interrumpido a veces por los gorjeos de los gemelos desde sus cunas
portátiles.
-Y entonces, Harry- dijo Sirius-. ¿Has reecibido noticias de tus amigos
últimamente?
-Bien, sí- contestó el chico-. Hermione eestá en España con sus padres, pero
regresará a su casa el sábado. Ron está en el país. Ambos preguntaron si
vosotros, Simón y Samantha, estáis bien, y que si podríais permitir que los
acompañe a comprar los materiales escolares dos semanas antes de comenzar las
clases. ¿Puedo ir?
-Seguro, Harry- contestó Remus con una soonrisa-. Tenemos que ir al callejón
Diagon alguna vez de todos modos, así que podemos ir todos.
-¿Que es lo que vais a hacer en el callejjón Diagon?- preguntó Harry
-Bien, tenemos que comprar ropa y algunoss artículos para los niños, y tengo que
ir a Gringotts a conseguir mi llave. El Ministerio está devolviéndome el resto
de mi dinero- contestó Sirius.
-¿Pero pensé que ya te habían dado todo?-- observó Harry, desconcertado.
-Se han presentado algunos problemas en lla transferencia de las cosas a mi
nombre otra vez.- explicó Sirius desdeñosamente-. De todos modos, ya arreglé eso
con los duendes, así que puedo tener todo de regreso para el momento en que tú y
tus amigos os veáis.
-¿Tienes tu lista de la escuela?- le pregguntó Remus, cambiando de asunto.
Harry estaba a punto de contestar que no, cuando una lechuza de Hogwarts
descendió entrando a través de la ventana abierta y aterrizó en el hombro de
Sirius. Los gemelos miraron a la lechuza sorprendidos y gritaron. La lechuza
graznó con sorpresa, haciendo que los pequeños gritaran más fuerte. Harry y
Remus cogieron a los bebés y los acunaron suavemente mientras Sirius desataba
las cartas de la pata de la lechuza.
-Aquí está tu lista de la escuela, Harry-- informó, dando un sobre de pergamino a
Harry. Éste colocó a Simón de regreso en su cuna y abrió su carta.
-Hmm, parece que vamos a tener un año inffernal- masculló Harry cuando exploró el
contenido de la carta.
-¿De veras? ¿Qué libros necesitas?- preguuntó Remus.
-Muchos- contestó Harry-. Transformacionees, Encantamientos, Pociones, Aritmáncia.
-¿Aritmáncia?- terció Sirius-. ¿Pensé quee estabas tomando Adivinación?
Harry hizo una mueca.
-No pude seguir soportando a la vieja bruuja, así que cambié. De todas formas,
tengo a Hermione para ayudarme allí, no hay ningún problema. ¿Qué dice tu carta?
Fue solo entonces que Sirius y Remus notaron la otra carta que les habían
enviado. Remus abrió la misiva y la leyó.
-¿Paddy? Dumbledore quiere que vayamos a Hogwarts mañana- le informó Remus.
-¿Por qué? No ha habido ningún ataque o aalgo similar, ¿verdad?- inquirió Sirius,
desconcertado.
-Realmente no lo sé- contestó Remus pensaativamente-. Aquí sólo dice que
tendremos una reunión mañana y que el Director quiere que enseñes Defensa Contra
Las Artes Oscuras-acabó Remus con una sonrisa.
-¿Qué?- preguntaron Harry y Sirius con laa boca abierta.
-Ordinarios- dijo Remus haciendo una muecca-. Cerrar vuestras bocas, no quiero
mirar la comida medio masticada.
Sirius tragó su comida y musitó:
-Debes estar bromeando.
-No, no lo estoy- contestó el licántropo indignado-. Aquí, míralo por ti mismo-
le entregó la carta a Sirius, quien exploró el pergamino rápidamente.
-¡Bien¡ ¡Vas a ser nuestro profesor! ¡Esppera cuando se lo diga a Ron y
Hermione!- exclamó Harry. Sirius sonrió levemente.
-Bien, ¿tomarás el trabajo, Paddy?- preguuntó Remus a su amante.
-Hmm, claro, ¿por qué no?- contestó Siriuus-. ¿Pero no querías tú ese trabajo,
Remmie?
-Dumbledore debe haberte designado por unna razón, Pads, y además, nadie podría
cuidar de nuestros gemelos si consigo un trabajo- razonó Remus-. Estoy realmente
orgulloso de ti.
-Aquí vamos otra vez- bromeó Harry. Siriuus y Remus pusieron los ojos en blanco y
miraron a Harry.
-Harry- comenzó Remus-. ¿Te importaría cuuidar a los bebés mañana mientras
estamos en Hogwarts?
-¿Qué? ¿Dejaremos a nuestros ángeles con Harry?- intervino Sirius, cuya cara
imitaba estar en shock.
-Suenas como si eso fuera tan malo, Siriuus- replicó Harry fingiéndose herido-.
No, no me importa- continuó mirando a Remus-. ¿Cuándo partiréis?
-Mañana por la mañana- informó Remus. Apaareceremos en Hogsmeade y caminaremos
hasta Hogwarts.
***
Al día siguiente, Sirius y Remus se Aparecieron en un punto cercano a la
estación de Hogsmeade, luego de señalar a Harry todas las cosas que necesitarían
los bebés, y de asegurarle que estarían de regreso esa misma noche. Cuando
alcanzaron los peldaños de la entrada de Hogwarts, la Profesora McGonagall les
esperaba en la puerta.
-Buenos días, Sirius, Remus- los saludó-.. El Director os espera en la
enfermería.
-¿La enfermería?- preguntó Sirius, sorpreendido-. ¿Le sucedió algo a Albus?
-No, pero allí hay algo que necesitamos ddiscutir- comunicó McGonagall fríamente,
y se encaminó hacia la enfermería, confiando en que los dos la siguieran. Aunque
estaban desconcertados, Sirius y Remus la siguieron. Al alcanzar la enfermería,
el resto del personal los saludó, pero ellos no los miraron. Sus ojos estaban
centrados en figura golpeada e inconsciente acostada sobre una de las camas.
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°`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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