Transcripción del
comienzo en castellano medieval:
"De los sos oios tan fuertemientre llorando,
tornava la cabeça e estábalos catando;
vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcándaras vazías sin pielles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiró Mío Cid, ca mucho avíe grandes cuidados;
fabló Mío Cid bien e tan mesurado:
"Grado a ti, Señor, Padre que estás en alto!"
"Esto me an buelto mios enemigos malos".
Versión modernizada:
"De los
sus ojos tan fuertemente llorando,
volvía
la cabeza y estábalos mirando;
vio
puertas abiertas y cerrojos sin candados,
alcándaras vacías sin pieles y sin mantos
y sin
halcones e sin
azores mudados.
Suspiró
Mío Cid, pues tenía grandes cuidados.
Habló
Mío Cid bien y tan mesurado:
"¡Gracias a ti, Señor, Padre que estás en lo alto!"
"Esto
me han preparado mis enemigos malos".
II
El Cid ante el león
En
Valencia con los suyos vivía el Campeador:
con él
estaban sus yernos los infantes de Carrión.
En un
escaño dormía tendido el Campeador.
Un mal
sobresalto entonces, sabed, les aconteció:
escapóse de una jaula, saliendo fuera, un león.
Los que
estaban en la corte tuvieron un temor:
recogiéronse sus mantos, los del buen Campeador,
y
rodean el escaño en guarda de su señor.
Allí
Fernando Gónzalez un infante de Carrión,
ni en
las salas ni en la torre ningún refugio encontró;
metióse
bajo el escaño: tan grande fue su pavor.
Diego
González, el otro, por la puerta se salió
diciendo con grandes gritos: "¡Ay, que ya no veré Carrión!"
Tras la
viga de un lagar metióse con gran temor;
todo el
manto y el
brial sucios de allí los sacó.
En esto
que se despierta el que en buen hora nació;
de sus
mejores guerreros cercado el escaño vio:
-¿Qué
es esto, varones míos? ¿Qué queréis? ¿Qué aconteció?
-Es
que, mi señor honrado, un susto nos dio el león.
Apoyándose en el codo, en pie el Cid se levantó.
El
manto se pone al cuello y encaminóse al león.
La
fiera cuando vio al Cid al punto se avergonzó;
allí
bajó la cabeza y ante él su faz humilló.
Mio Cid
Rodrigo Díaz por el cuello lo tomó,
y lo
lleva de la mano y en la jaula lo metió.
A
maravilla lo tiene el que lo contempló.
Por sus
dos yernos Rodrigo preguntó y no los halló;
aunque
a gritos los llamaban, ninguno les respondió,
y
cuando lo encontraron aún estaban sin color.
Veríais
allí qué burlas corrían por la reunión;
mandó
que ésto no se hiciese Mio Cid Campeador.
Sintiéronse avergonzados los infantes de Carrión;
bien
pesarosos están de lo que les ocurrió.