La ermita de San Simón
 
En Sevilla está una ermita
cual dicen de San Simón,
adonde todas las damas
iban a hacer oración.
Allá va la mi señora,  5
sobre todas la mejor,
saya lleva sobre saya,
mantillo de un tornasol,
en la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor,  10
en la su cara muy blanca
lleva un poco de color,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol,
a la entrada de la ermita,  15
relumbrando como el sol.
El abad que dice misa
no la puede decir, no,
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, no,  20
por decir: amén, amén,
decían: amor, amor.



Romance de Fontefrida
 
Fontefrida, Fontefrida,
Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación,
sino es la tortolica  5
que está viuda y con dolor.
Por allí fuera a pasar
el traidor del ruiseñor,
las palabras que le dice
llenas son de traición:  10
-Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.
-Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,  15
ni en prado que tenga flor,
que si el agua hallo clara,
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,
porque hijos no haya, no;  20
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
¡Déjame, triste enemigo,
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga  25
ni casar contigo, no!



Yo me levantara, madre...
Yo me levantara, madre,
mañanica de San Juan,
vide estar una doncella
ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce,  5
sola tiende en un rosal;
mientras los paños se enjugan
dice la niña un cantar:
-¿Dó los mis amores, dó los,
¿dó los andaré a buscar?  10
Mar abajo, mar arriba,
diciendo iba el cantar,
peine de oro en las sus manos
por sus cabellos peinar:
-Dígasme tú, el marinero,  15
sí, Dios te guarde de mal,
si los viste mis amores,
si los viste allá pasar.
 
Romance de Rosa fresca
-Rosa fresca, rosa fresca,
tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos
no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría  5
no vos puedo haber, no.
-Vuestra fue la culpa, amigo,
vuestra fue, que mía no:
enviástesme una carta
con un vuestro servidor  10
y en lugar de recaudar
él dijera otra razón:
que érades casado, amigo,
allá en tierras de León,
que tenéis mujer hermosa  15
y hijos como una flor.
-Quien os lo dijo, señora,
no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla
ni allá en tierras de León,  20
sino cuando era pequeño
que no sabía de amor.
 
Romance de Marquillos
¡Cuán traidor eres, Marquillos!
¡Cuán traidor de corazón!
Por dormir con tu señora
habías muerto a tu señor.
Desque lo tuviste muerto  5
quitástele el chapirón;
fuéraste al castillo fuerte
donde está la Blanca Flor.
-Ábreme, linda señora,
que aquí viene mi señor;  10
si no lo quieres creer,
veis aquí su chapirón.
Blanca Flor, desque lo viera,
las puertas luego le abrió;
echóle brazos al cuello,  15
allí luego la besó;
abrazándola y besando
a un palacio la metió.
-Marquillos, por Dios te ruego
que me otorgases un don:  20
que no durmieses conmigo
hasta que rayase el sol.
Marquillos, como es hidalgo,
el don luego le otorgó;
como viene tan cansado  25
en llegado se adurmió.
Levantóse muy ligera
la hermosa Blanca Flor,
tomara cuchillo en mano
y a Marquillos degolló.  30
 
Compañero, compañero...
-Compañero, compañero,
casóse mi linda amiga,
casóse con un villano,
que es lo que más me dolía.
Irme quiero a tornar moro  5
allende la morería,
cristiano que allá pasare
yo le quitaré la vida.
-No lo hagas, compañero,
no lo hagas, por tu vida.  10
De tres hermanas que tengo
darte he yo la más garrida,
si la quieres por mujer,
si la quieres por amiga.
-Ni la quiero por mujer,  15
ni la quiero por amiga,
pues que no pude gozar
de aquella que más quería.
 
Tiempo es, el caballero...
-Tiempo es, el caballero,
tiempo es de andar de aquí,
que ni puedo andar en pie,
ni al emperador servir,
que me crece la barriga  5
y se me acorta el vestir;
vergüenza he de mis doncellas,
las que me dan el vestir,
míranse unas a otras,
no hacen sino reír;  10
vergüenza he de mis caballeros,
los que sirven ante mí.
-Lloradlo, dijo, señora,
que así hizo mi madre a mí,
hijo soy de un labrador,  15
mi madre y yo pan vendí.
La infanta desque esto oyera,
comenzóse a maldecir:
-¡Maldita sea la doncella
que se deja seducir!  20
-No os maldigáis vos, señora,
no os queráis maldecir,
que hijo soy del rey de Francia,
mi madre es doña Beatriz;
cien castillos tengo en Francia,  25
señora, para os guarir,
cien doncellas me los guardan,
señora, para os servir.
 
Parida estaba la infanta...
Parida estaba la infanta,
la infanta parida estaba;
para cumplir con el rey
decía que estaba mala.
Envió a llamar al conde  5
que viniese a la su sala;
el conde siendo llamado
no tardó la su llegada.
-¿Qué me queredes, mi vida?
¿Qué me queredes, mi alma?  10
-Que toméis esta criatura
y la deis a criar a un ama.
Ya la tomaba el buen conde
en los cantos de su capa,
mas de la sala saliendo  15
con el buen rey encontrara.
-¿Qué lleváis, el buen conde,
en cantos de vuestra capa?
-Unas almendras, señor,
que son para una preñada.  20
-Dédesme de ellas, el conde,
para mi hija la infanta.
-Perdónedes vos, el rey,
porque las traigo contadas.
Ellos en aquesto estando,  25
la criatura lloraba.
-Traidor me sois vos, el conde,
traidor me sois en mi casa.
-Yo no soy traidor, el rey,
ni en mi linaje se halla:  30
hermanos y primos tengo
los mejores de Granada.
Revolvió el manto al brazo
y arrancó de la su espada,
el conde, por la criatura,  35
retiróse por la sala.
El rey decía: -¡Prendedlo!;
mas nadie prenderlo osaba.
La infanta, que luego oyera
rencilla tan grande e brava,  40
a una de las damas suyas
lo que era preguntaba.
-Es que el rey, señora, al conde
de traidor lo difamaba
porque en la su falda un niño  45
del palacio lo sacaba,
creyendo que a vos, señora,
el conde vos deshonrara.
Sale la infanta de prisa
adonde su padre estaba,  50
y la espada de la mano
de presto se la quitara,
diciendo: -Oídme, señor,
una cosa que os contara.
El rey, que la quería bien,  55
que dijese le mandaba.
-Mía es la criatura
que el conde, señor, llevaba,
y el conde es mi marido,
yo por tal lo publicaba.  60
El rey, que aquello oyera,
triste y espantado estaba:
por un cabo quería vengarse,
y por otro non osaba;
al fin al mejor consejo  65
como cuerdo se allegaba:
con voz alta y amorosa
dijo que les perdonaba.
Mándales tomar las manos
a un cardenal que allí estaba,  70
y hacer bodas suntuosas
de que todo el mundo holgaba,
y así el pesar pasado
con gran gozo se tornaba.
 
Romance de la infanta de Francia
De Francia partió la niña,
de Francia la bien guarnida,
íbase para París,
do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,  5
errada lleva la guía,
arrimárase a un roble
por esperar compañía.
Vio venir un caballero
que a París lleva la guía.  10
La niña, desque lo vido,
de esta suerte le decía:
-Si te place, caballero,
llévesme en tu compañía.
-Pláceme, dijo, señora,  15
pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo
por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas
y subiérase en la silla.  20
En el medio del camino
de amores la requería.
La niña, desque lo oyera,
díjole con osadía:
-Tate, tate, caballero,  25
no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato
y de una malatía,
el hombre que a mí llegase
malato se tornaría.  30
El caballero, con temor,
palabra no respondía.
A la entrada de París
la niña se sonreía.
-¿De qué vos reís, señora?  35
¿De qué vos reís, mi vida?
-Ríome del caballero
y de su gran cobardía:
¡Tener la niña en el campo
y catarle cortesía!  40
Caballero, con vergüenza,
estas palabras decía:
-Vuelta, vuelta, mi señora,
que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta,  45
dijo: -Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese,
en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia
y de la reina Constantina,  50
el hombre que a mí llegase
muy caro le costaría.
 
Romance de Landarico
Para ir el rey a caza
de mañana ha madrugado;
entró donde está la reina
sin la haber avisado,
por holgarse iba con ella,  5
que no iba sobre pensado.
Hallóla lavando el rostro,
que ya se había levantado,
mirándose está a un espejo,
el cabello destrenzado.  10
El rey con una varilla
por detrás la había picado;
la reina que lo sintiera
pensó que era su amado:
-Está quedo, Landarico  15
le dijo muy requebrado.
El buen rey cuando lo oyera
malamente se ha turbado;
la reina volvió el rostro,
la sangre se ha cuajado.  20
Salido se ha el rey,
que palabra no ha fablado,
a su caza se ha ido,
aunque en ál tiene cuidado.
La reina a Landarico  25
dijo lo que ha pasado:
-Mira lo que hacer conviene,
que hoy es nuestro fin llegado.
Landarido que esto oyera
mucho se [ha] acuitado.  30
-¡En mal punto y en mal hora
mis ojos te han mirado!
¡Nunca yo te conociera
pues tan cara me has costado!
que ni a ti hallo remedio,  35
ni para mí le he hallado.
Allí hablara la reina
desque lo vio tan penado:
-Calla, calla, Landarico,
calla, hombre apocado;  40
déjame tú hacer a mí
que yo lo habré remediado.
Llama a un criado suyo,
hombre de muy bajo estado,
que mate al rey, le dice,  45
en habiéndose apeado,
que sería a boca de noche
cuando hubiese tornado.
Hácele grandes promesas
y ellos lo han aceptado.  50
En volviendo el rey decía
de aquello muy descuidado;
al punto que se apeaba
de estocadas le han dado.
-¡Traición! -dice el buen rey,  55
y luego ha expirado.
Luego los traidores mismos
muy grandes voces han dado:
criados de su sobrino
que habían al rey matado.  60
La reina hizo gran duelo
y muy gran llanto ha tomado,
aunque en su corazón dentro
otra cosa le ha quedado.
 
Romance de la gentil dama y el rústico pastor
Estase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
desde lejos me llamara,  5
no le quise responder.
Respondile con gran saña:
-¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:  10
-Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es del mediodía,
que ya es hora de comer,
si querrás tomar posada  15
todo es a tu placer.
-Que no era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer y hijos,
y casa de mantener,  20
y mi ganado en la sierra,
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.
-Vete con Dios, pastorcillo,  25
no te sabes entender,
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura,
blanca soy como el papel,  30
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas,  35
que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.
-Ni aunque más tengáis, señora,
no me puedo detener.  40
 
Las señas del esposo
-Caballero de lejas tierras,
llegáos acá y paréis,
hinquedes la lanza en tierra,
vuestro caballo arrendéis.
Preguntaros he por nuevas  5
si mi esposo conocéis.
-Vuestro marido, señora,
decid ¿de qué señas es?
-Mi marido es mozo y blanco,
gentil hombre y bien cortés,  10
muy gran jugador de tablas
y también del ajedrez,
En el pomo de su espada
armas trae de un marqués,
y un ropón de brocado  15
y de carmesí al envés;
cabe el fierro de la lanza
trae un pendón portugués,
que ganó en unas justas
a un valiente francés.  20
-Por esas señas, señora,
tu marido muerto es;
En Valencia le mataron,
en casa de un ginovés,
sobre el juego de las tablas  25
lo matara un milanés.
Muchas damas lo lloraban,
caballeros con arnés,
sobre todo lo lloraba
la hija del ginovés;  30
todos dicen a una voz
que su enamorada es;
si habéis de tomar amores,
por otro a mí no dejéis.
-No me lo mandéis, señor,  35
señor, no me lo mandéis,
que antes que eso hiciese,
señor, monja me veréis.
-No os metáis monja, señora,
pues que hacerlo no podéis,  40
que vuestro marido amado
delante de vos lo tenéis.
 
Romance del rey don Rodrigo
Los vientos eran contrarios,
la luna estaba crecida,
los peces daban gemidos
por el mal tiempo que hacía,
cuando el buen rey don Rodrigo  5
junto a la Cava dormía,
dentro de una rica tienda
de oro bien guarnecida.
Trescientas cuerdas de plata
que la tienda sostenían;  10
dentro había cien doncellas
vestidas a maravilla:
las cincuenta están tañendo
con muy extraña armonía.
las cincuenta están cantando  15
con muy dulce melodía.
Allí habló una doncella
que Fortuna se decía:
-Si duermes, rey don Rodrigo,
despierta por cortesía.  20
y verás tus malos hados,
tu peor postrimería,
y verás tus gentes muertas,
y tu batalla rompida,
y tus villas y ciudades  25
destruidas en un día,
tus castillos fortalezas
otro señor los regía.
Si me pides quién lo ha hecho,
yo muy bien te lo diría:  30
ese conde don Julián
por amores de su hija,
porque se la deshonraste
y más de ella no tenía
juramento viene echando  35
que te ha de costar la vida.
Despertó muy congojado
con aquella voz que oía;
con cara triste y penosa
de esta suerte respondía:  40
-Mercedes a ti, Fortuna,
de esta tu mensajería.
Estando en esto ha llegado
uno que nueva traía
cómo el conde don Julián  45
las tierras le destruía.
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