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PARA
SER DIGNA MADRE DE DIOS
Pues,
volviendo ahora a nuestro propósito, tal convenía que fuese y de tal
manera convenía que naciese aquella que ab aeterno era escogida
para ser madre de Dios; porque costumbre es de Dios, como está ya dicho,
proporcionar los medios con los fines, que es hacer tales los medios
cuales competen para la excelencia del fin para que los instituyó.
Pues
como Dios escogiese a esta benditísima Virgen para la mayor dignidad de
cuantas hay debajo de Dios, que es para ser madre del mismo Dios, así
convenía para la excelencia de esta dignidad. De donde así como aquel
templo material de Salomón fue una de las más famosas obras que hubo en
el mundo, porque era casa que se edificaba no para hombres, sino para
Dios, así convenía que este templo espiritual donde Dios había de morar
fuese una perfectísima obra, pues para tal huésped se aparejaba. Porque
¿cuál convenía que fuese el alma que el Hijo de Dios había tomado por
especial morada, sino llena de toda santidad y pureza? Y ¿cuál convenía
que fuese la carne de donde había de tomar carne el Hijo de Dios, sino
libre de todo pecado y corrupción? Porque así como el cuerpo de aquel
primer Adán fue hecho de tierra virgen antes que la maldición de Dios
cayese sobre ella, como cayó después del pecado (Gn 2, 7) es como así
convenía que fuese formado el cuerpo del segundo de otra carne virginal,
libre y exenta de toda maldición y pecado.
FIGURAS
DE LA PUREZA DE MARÍA
Por
esto, convenientísimamente es figurada esta Virgen por aquella arca del
testamento hecha de madera de Setín (Ex 25, 10), que es madera
incorruptible, para significar la incorrupción y pureza de esta sacratísima
Virgen, que es el arca mística donde estuvo el maná de los cielos y pan
de ángeles y donde estuvo aquella vara de la raíz de Jesé, sobre cuya
flor se asentó el Espíritu Santo (Is 11,1).
Es
también figurada por el hermosísimo trono de Salomón, de que dice la
Escritura que era hecho de marfil, y que estaba dorado de un oro muy
resplandeciente, y que tal obra como aquélla no fuera nunca hecha en
todos los reinos del mundo (1R 10,20). Las cuales cosas, todas perfectísimamente
convienen a esta sacratísima Virgen como a trono espiritual de aquel
verdadero Salomón, pacificador del cielo y de la tierra.
Es
también figurada por aquel huerto cerrado y fuente sellada de los
Cantares (4,12) y por aquella puerta oriental que vio el profeta Ezequiel
(43,2): porque ninguno comió de la fruta de aquel vergel, ni bebió del
agua de aquella fuente, ni entró por aquella puerta, sino sólo el Hijo
de Dios, porque sólo él era su amor, su pensamiento, su deseo, sus
cuidados, su memoria continua.
Porque,
como dice San Agustín, toda la obra y vida de María siempre estuvieron
atentas a Dios, que residía en medio de su corazón, según aquello del
profeta que dice: Dios en medio de ella nunca será movido, y ayudarla ha
el Señor por la mañana muy de mañana (Sal 45,6); o como traslada San
Jerónimo: En el nacimiento de la mañana, que es en el principio de la
vida, donde fue llena de gracia y dones celestiales; porque tales convenían
que fuesen los cimientos de una obra que Dios quería tanto levantar.
Porque si el santo Job (31,18) se gloría que del vientre de su madre salió
con él la misericordia, ¿qué diremos de ésta, que había de ser madre
de Misericordia? Y si Jeremías (1,5) y San Juan Bautista (Lc 1,41) fueron
llenos de gracia en el vientre de sus madres, el uno porque lo escogía
Dios para profeta y el otro para más que profeta, ¿qué diremos de esta
Virgen, escogida para Madre del Señor de los profetas, pues conforme a la
dignidad da Dios la gracia y la santidad?
(Texto
publicado en la Editorial EDIBESA, y reproducidos todos en el sitio de la Conferencia
Episcopal Española)
Ver también
El Dogma de la Inmaculada Concepción
Indice
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