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de diciembre
LA
CONCEPCIÓN DE LA SACRATÍSIMA VIRGEN NTRA. SRA.
Sermón de Fray Luis de Granada (siglo XVI)
Dos
casas tuvo Dios en este mundo señaladas entre todas las otras. La Una fue
la humanidad de Jesucristo, en la cual mora la divinidad de Dios
corporalmente, como dice el Apóstol (Col 2, 9) y la otra, las entrañas
virginales de Nuestra Señora, en las cuales moró por espacio de nueve
meses. Estas dos casas fueron figuradas en aquellos dos templos que hubo
en el Viejo Testamento, uno de ellos que hizo Salomón (1R 7,1) y el otro
que se edificó en tiempo de Zorobabel, después del cautiverio de
Babilonia (Esd 6,17).
Estos
dos templos concuerdan en una cosa y difieren en dos. Concuerdan en ser
ambos templos de un mismo Dios, y difieren, lo primero, en la riqueza y
primor de las labores, porque mucho más rico fue el primero que el
segundo, y lo segundo, en la fiesta de la dedicación de ellos (1R 8,1).
Porque en la dedicación del primero todos cantaban y otros lloraban:
cantaban los que veían ya acabada aquella obra que tanto deseaban y
lloraban los que se acordaban de la riqueza y hermosura del templo pasado,
viendo cuán baja obra era ésta en comparación de aquélla.
Pues
esto mismo nos acontece ahora en el día de la dedicación de estos dos
templos místicos de que hablamos. Y por el día de la dedicación
entendemos el día de la concepción; porque este día fueron estos dos
templos dedicados y consagrados. Pues en el día de la concepción del
Hijo, todos cantan, todos alaban a Dios, todos dicen que fue concebido del
Espíritu Santo, y por eso su concepción fue santa y limpia de todo
pecado, y donde no hay pecado, no hay materia de lágrimas, sino de alegría
y de alabanza. Mas en la concepción de la madre, unos cantan, otros
lloran; unos cantan y dicen: Toda eres hermosa, amiga mía y en ti no
hay mancha (Ct 4, 7). Otros lloran y dicen: Todos pecaron en Adán
(Rm 3, 23)[1] y
tienen necesidad de la gracia de Dios. Mas todos concuerdan en que la
sacratísima Virgen, antes que naciese, fue llena de todas las gracias y
dones del Espíritu Santo, porque así convenía que fuese que ab
eterno era escogida para ser madre del Salvador del mundo.
Cuán
grande fuese esta gracia y estas virtudes, no hay lengua humana que
lo pueda declarar. La razón es porque Dios hace todas las cosas conformes
a los fines para que las escoge, y así las provee perfectísimamente de
lo que para ellas es necesario. Escogió a Dios Oliab para maestro de su
arca (Ex 36,1), escogió a San Pablo y a todos los otros apóstoles para
maestros de su Iglesia. Pues, conforme a esto, los proveyó perfectísimamente
de todas aquellas habilidades y facultades que para eso se requerían.
Y
porque a esta sacratísima Virgen escogió para la mayor dignidad que se
puede conceder a pura criatura, de aquí viene que la adornó y engrandeció
con mayor gracia, con mayores dones y virtudes que jamás se concedieron a
ninguna pura criatura.
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