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Aquel
dia... |
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La
mañana del 24 de agosto del año 79, el cielo estaba azul; sin
una nube. El sol resplandecia, cada vez mas calido, iluminando los barrios y
las villas, brillando sobre Pompeya, sobre Herculano, sobre Misena y sobre Napoles,
cuya bruma de calor difuminaba la blancura.
En Pompeya,
en la villa de Diomedes, donde se realizaba el comercio del vino, cerca de
la via de los Sepulcros, cada uno estaba entregado a sus ocupaciones. La dueña
de casa se hallaba en el jardin con sus hijos. Era esbelta y bonita. Vestia
con elegancia, llevaba al cuello un pesado collar de oro y sus puños
estaban repletos de brazaletes.
Le gustaba ese lugar, cerrado, intimo, recogido, protegido de los vientos
y de la curiosidad de los vecinos.
Habia hecho disponer con simetria plantas y flores, entre las que predominaban
violetas, rosas y lirios.
Las minusculas alamedas, los adornos de marmol, aparecian a traves de los
arbustos cerca los unos de los otros y colocados a igual distancia; otros
adornos de marmol estaban suspendidos en lo alto del portico, sostenidos por
una columnata. En el centro del jardin un pequeño estanque, con un
chorro de agua, brindaba un poco de frescura. |
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«...Abierta
estaba la casa de Diomedes, y Medon, el esclavo anciano, sentado al pie de
las escalera.
Aun puede verse extramuros de la ciudad no lejos de la puerta de Herculano
y en el sitio donde comienza la Via de los Sepulcros, la suntuosa mansion
del rico mercader de Pompeya. Ocupaba una magnifica situacion, y rspirabase
alli gozosamente, aun a presencia de los monumentos funebres.
Al otro lado, y algunos metros mas cerca de la puerta, habia una hosteria
donde a menudo se detenian a tomar un refrigerio las personas a quienes las
diversiones o los asuntos llamaban a Pompeya."
B.Lytton
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En
la villa de Diomedes, las ventanas (contrariamente a la mayoria de las de
Pompeya) dejaban entrar a raudales aire y luz, el peristilo estaba sostenido
por columnas cuadradas; tambien habia unas comodas instalaciones de baños
privados y habitaciones; tres aberturas en un muro concavo, cuya forma era
unica en Pompeya; en otro lugar se descubrieron ventanas con cristales que
dejaban penetrar la luz en los apartamentos. Era la primera prueba de la existencia,
en la epoca romana, del cristal para ventanas, muy raro y costoso; solo los
ricos podian permitirse semejante lujo
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Los
pajaros callan
La dueña
de casa estaba nerviosa. Desde hacia cuatro dias se habian escuchado fragores
del lado del Vesuvio produciendose sacudidas. Se habia enterado de que en
las villas de las laderas proximas al volcan los muros estaban agrietandose,
habian caido objetos y los pozos se secaban.
El mar, por
lo general tan apacible, estaba encrespado y las olas desenfrenadas venian
a golpear la costa. Habia observado que los pajaros, que por lo general llenaban
su jardin con sus cantos, callaban y volaban presos de agitacion.
Sus dos perros ladraban sin motivo.
Sin embargo,
esa mañana del 24 de agosto del año 79, todo estaba tranquilo.
De pronto,
dos horas antes del mediodia, una gran sacudida hizo temblar el suelo, y del
lado del Vesuvio se escucho una formidable detonacion.
Los niños gritando se precipitaron hacia su madre, cobijandose contra
ella. A pesar de su propio terror trato de calmarlos y los llevo hacia la
casa.
Fue entonces
cuando al levantar los ojos vio con estupefaccion que la cima del Vesuvio
se habia dividido en dos. Tras el estruendo de las explosiones, una columna
de humo se elevo para luego desaparecer reemplazada por un inmenso hongo de
humo negro.
Con su hijo y su hija la dama entro en la casa.
Los esclavos corrian en todos los sentidos. Uno de ellos se acerco llevando
en brazos al pequeño, un niño de ocho meses que su madre cogio
y apreto con ternura contra su seno |
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"...pronto
sonrieron de satisfaccion al llegar a la quinta y franquear el umbral, pues
creian que ya habia desaparecido todo peligro para ellos.
Diomedes mando a sus esclavos que bajasen a los sotanos aceite para las lamparas
y toda clase de provisiones, y alli fue donde Clodio, Julia, la joven madre
y su hijo, y los servidores que no habian huido, buscaron asilo"
B.
Lytton |
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La dueña de cada, esbelta y bonita vestia con elegancia, llevaba al
cuello un pesado collar de oro y sus puños estaban repletos de brazaletes
y las criadas asustadas contemplaban aterradas, "una inmensa nube que
se elevaba de la cumbre del Vesubio, a manera de gigantesco pino, de negro
tronco y abrasadas ramas, ora de un color rojizo muerto, apagado, ora de un
brillo tan luminoso que la vista no podia resistirlo"
Dos
rostros de mujeres escuchando, fragmento de "Tetis en la fragua de Vulcano" |
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| Un
tumulto de apocalipsis
Resonaban
detonaciones ensordecedoras. Comenzaron a llover motas de tierra, piedras,
escorias, lapilli, pequeños trozos de proyecciones y polvo volcanico,
de manera tan abundante que el sol se oscurecia cada vez mas. En pleno dia
caia la noche rasgada por relampagos lividos.
Esta vez ya
no cabia duda: los dioses del Olimpo descendian sobre la tierra para castigar
a los hombres. Iban a sumergir al universo en el caos.
¿Donde
escapar? ¿Donde ir cuando todo se transformaba en escombros, cuando
el sol desaparecia del cielo y la tierra se agitaba en un tumulto de apocalipsis?
La lluvia de escorias y de lapilli lo cubria todo.
Solo el dueño de la villa conservaba su sangre fria. Dio ordenes: que
todos se refugien en el criptoportico.
La casa, ademas de su peristilo poseia un gran pasaje abovedado al que se
accedia por una escalera que recibia la luz a traves de ventanas estrechas
que daban sobre el jardin.
En este criptoportico se conservaban las anforas de vino cuya base puntiaguda
estaba hundida en el suelo.
Las bovedas a los ojos del propietario debian ser lo suficientemente solidas
para asegurar la proteccion de todos los habitantes de la casa.
Alli condujo a su familia y a los servidores que encontro. Luego hizo llevar
a ese refugio pan, frutas, agua y otras provisiones. El mismo introdujo en
un gran saco de tela diez piezas de oro y ochenta y ocho monedas con la efifie
de Neron, de Vespasiano y de Vitelio.
Fuera, el
lapilli se acumulaba, las piedras purulentas penetraban por todas partes.
De tanto en tanto bloques de seis a diez kilogramos se estrellaban sobre la
villa con sordo estrepito. Ante el choque algunos techos se derrumbaban.
Comenzo a
caer agua mezclada con cenizas.
El amo, llave en mano, se dirigio entonces hacia la puerta de salida. Un esclavo,
hombre de confianza encargado de la plateria, lo acompaño.
Intentaban asegurarse de que era posible huir por el lado del mar antes de
ir a buscar a los restantes ocupantes del criptoportico.
Desgraciadamente en el umbral les esperaba la muerte. El amo y el esclavo
cayeron sin vida sobre la capa de cenizas y piedras que alcanzaban ya unalatura
de mas de un metro: murieron asfixiados por el gas deletereo que traia el
viento.
Por encima
del Vesuvio las llamas se retorcian escapando del crater. Por instantes iluminaban
la noche opaca y humeda saturada de azufre. ¡Infernal espectaculo!
En el criptoportico se suplicaba a los dioses, pero los dioses permanecian
sordos.
Rapidamente
la ceniza penetraba por las aberturas al mismo tiempo que las emanaciones
deletereas, aun mas nocivas porque la ventilacion era nula.
Las dieciocho personas que se apiñaban en el criptoprotico iban a morir
al intentar luchar contra la asfixia despues de haberse cubierto la nariz
y la boca.
La hija adolescente intento protegerse la cabeza con su preciosa tunica de
lino que levanto, sin preocuparse de su desnudez, hasta el talle.
Cerca de ella dos jovenes esclavas se habian enlazado la una a la otra.
La dueña de casa murio apretando al mas pequeño de sus hijos
contra su seno y con otro de ellos a su lado, aferrado al bajo de su tunica.
En lo alto de la escalera la cabra con una campanilla al cuello yacia a pocos
metros de los dos perros que encadenados no habian podido huir. |
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