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Campania
Felix |
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Asi
rapidamente enumeradas, estas ciudades, las mas importantes de la Italia clasica,
no son mas que nombres; llegamos a tomarlas por simples palabras en un mapa
y se hace dificil creer que fueran moradas de hombres vivos y activos, afanados
en la busqueda de comida y bebida, mujeres y oro. Removiendo las cenizas de
Pompeya, una tipica ciudad romana de la zona, y a traves de sus vestigios, conservados
por extraño azar, es que logramos captar algo de la vida que un dia animo
aquellas viejas calles. |
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La isla de Capri, surge de las aguas azules como un exquisito y templado
vergel. Enfrente se levantaban gozosas quintas, entre ellas, la suntuosa
villa de Luculo, que le habia costado diez millones de sestercios (1.500.000
dolares). De este magnate romano eran famosas sus comidas, que constituian
los maximos acontecimientos gastronomicos del año en Roma. Aunque no era
un hombre que solo se cuidara de comer: Sus residencias eran verdaderos
museos de arte selecto y sus bibliotecas punto de reunion de eruditos
y amigos; y el mismo era hombre versado en las dos literaturas clasicas
y en todos los sistemas filosoficos, aunque, naturalmente, se inclinaba
con preferencia al de Epicuro.
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"Algo
vibrante y suave a la vez en el aire; algo tibio aun en el suelo, cual si
apenas ayer los griegos, dueños de la armonia y el equilibrio, hubieran
dejado la gracia de sus pasos en esos mismos rincones de Puglia, Campania,
Lucania o Sicilia. Cualesquiera sean los contrastes o las coincidencias que
estas tierras ofrezcan, cualquiera la personalidad de cada una, cierta extraña
sugestion las ata.
Es que son las fabulosas tierras del Occidente europeo de las cuales hablan
los historiadores y donde se urden las leyendas; son algunas de las cuales
Ulises toco cuando despues de sortear infinitos riesgos o vencer monstruos
y seres magicos retorno a su nativa Itaca para vengarse de los cortejantes
de su esposa Penelope y abrazar a su hijo Telemaco. ¿No habria pasado
por alli tambien el mitologico Hercules luego del esfuerzo para abrir las
columnas de su nombre, actual estrecho de Gibraltar? ¡Cuantos otros
griegos en el escenario permanente del mar, complices los vientos que hinchaban
las velas de las ligeras naves, llegaron hasta alli, alzando Agrigento, Taormina
o Paestum! De colonos se trataba; de colonos conducidos por un Dios y actuando
casi siempre por motivos mas pedestres se asentaron sobre las costas, arrojados
de sus tierras originarias, ya por suelos fertiles y hostiles como el de Eubea,
ya por degradantes situaciones sociales como las de la plebe en Esparta, ya
para buscar nuevos mercados a sus productos como los corintios, los rodios
y los sibaritas.
Fue
asi como estos, cerrando la serie de asientos sobre la costa y a fin de asegurarse
una via maritima entre el Jonico y el Tirreno, levantaron Poseidonia en la
parte mas oriental de la provincia de Salerno, cerca de un rio navegable,
en la llanura del Sele, tan rica como paludica; lo hicieron en el mismo emplazamiento
ocupado antaño por una base precaria, Pisthu, cuyo nombre reaparece
en la forma latina de Paestum
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Las
playas de Ischia, de naturaleza volcanica. Sus playas, aguas termales y jardines
alguna vez fueron hollados por pescadores, pobladores y turistas romanos que
supieron apreciar, conmoverse y disfrutar a pleno de una naturaleza prodiga.
En nuestro
fondo: estatua procedente de Baiae
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En
el mar emergen islas celebres en la historia del mundo por su encanto: Procida,
donde Lammartine escribio y protagonizo su inmortal romance con Graziella; Ischia,
"la siempre verde" como se la denomina, o Capri, que desde Augusto
fue solaz de los emperadores, sobre todo de Tiberio, quien desde alli goberno
el Imperio entre el 23 y 37 de nuestra era.
A sus pies el mar de aguas cristalinas y el laberinto de las sirenas; acaso
a la distancia se repitan los ecos de sus canciones seductoras, o las voces
profeticas de la Sibila de Cumas. Estan las otras, las pequeñitas, sembradas
como al boleo en la serenidad de las aguas con sus esmeraldas resplandecientes.
Y
luego, cuando la tarde cae, los postreros rayos de sol visten de color naranja
o violaceo la multitud de casas, campanarios, campiñas y al paisaje
de Posilipo -tan sedante que por algo en griego su nombre significa "el
que calma las penas"- o el Vesubio, soberbio, brumoso ahora, ayer fumante.
Confieso que de la ribera me atrae en forma muy especial Posilipo, esa larga
dorsal que yendo de nordeste a sudeste separa el golfo de Napoles de Pozzuoli,
adonde ibamos por las noches a comer pescados frescos del golfo en una enorme
y rustica mesa de pino, mientras los restos del mal llamado templo de Serapis
-en realidad mercado- ayudaban a evocar aquellos dias en que el mar llegaba
hasta alli y arribaban de lontanas tierras navios cargados de purpura, seda,
especies.
El campo nos trae el perfume incisivo de los asfodelos y si dejamos jugar
las miradas mas atras, estan las antiquisimas viñas tan complicadas
que mas bien semejan redes tendidas al sol, propicias en las noches estivales,
para alfombras de danzas de gnomos, hadas, elfos... porque Napoles es tierra
mitica.
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En
Capri se encontraba la «Villa Iovis» de Tiberio al borde de un
enhiesto acantilado desde donde se gozaba de una magnifica vista que abarcaba
todo el golfo
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Si
de su geografia pasamos a su historia, ella sintetiza una gesta de rebeldias,
de luchas por la libertad, de la defensa del hombre en su derecho de tenerla.
Camino por la ribera: adelante conversan en su dialecto dos viejisimos pescadores;
me digo: ¡cuantas sangres se funden en ellos desde aquel inimaginable
siglo VIII antes de Cristo, cuando los habitantes de la vecina Cumas -donde
la sibila hablao a Eneas- la fundaron; Nea-polis, la vieja, centro de poblacion,
el mas antiguo que se conoce o sospecha.
Era la ultima colonia griega que habia comenzado sus asientos con Sibaris,
Crotona, Stabia, Velia y Paestum. ¡Golfo de Gaeta!, la nave de Eneas
lo surco rumbo a Roma y fue en el cabo Miseno donde el trompetero de la misma
cayo en las aguas. El recuerdo de su nombre cruzo las centurias y el sitio
lo evoca aun. Una lejana cancion llega hasta mi; parece brotar del mar y me
recuerda a Ulises, que se hizo atar al palo mayor de la barca para no ceder
a los llamados de la maga Partenope.
Los
romanos gustaron de la dulzura del clima napolitano y de la belleza del lugar,
construyendo villas famosas, entre ellas la de Luculus, en lo que es hoy Castel
dell'Ovo, y la de Velius Pollion en Posilipo. Aqui compuso Virgilio sus "georgicas"
y aqui deseo ser sepultado. La admiraron tanto que Neron ordeno la construccion
de un teatro del cual restan algunas columnas y en sus veleidades poeticas
intento cantarla. Tan intensa fue la impronta romana que aun en el barrio
historico hay trazados, conforme a las decumanas y los cardos.
Noemi
Vergara de Bietti, "Aguafuertes italianas"
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