El homosexual y su derecho a ejercer la paternidad
Cada vez más mujeres y hombres homosexuales desean ser padres. En muchos países llegan a satisfacer este deseo mediante la adopción, o tienen los propios mediante métodos de inseminación artificial. Y lo eligen hacerlos solos o con sus parejas.
En la mayoría de los países latinos, estos cambios aún no tienen marco legal, pero lo cierto es que están sucediendo de hecho, y quisimos explorar en este artículo si estamos preparados como sociedad, para albergar este nuevo modelo de familia.
Según la Organización Mundial de la Salud, la homosexualidad no es una enfermedad. Partamos de ello y tenemos un inmenso universo de temáticas que abordar, entre ellas los aspectos familiares, que son los que nos conciernen.
Muy a pesar de lo que diga la Organización Mundial de la salud al respecto, como sociedad, aún nos cuesta vencer el resquemor, el rechazo y las fantasías negativas que circundan la homosexualidad. Pues, no debería ser así. De acuerdo con la Asociación Estadounidense de Psicología (A.P.A.), los seres humanos no elegimos ser heterosexuales u homosexuales. La orientación sexual surge para la mayoría en la adolescencia sin haber tenido ninguna experiencia sexual. Los psicólogos tampoco consideran a la orientación sexual como una elección consiente que puede ser cambiada a voluntad.
Ellos mismos son los que nos dicen que los homosexuales pueden ser buenos padres. Además, nos cuentan, los estudios realizados en padres hetero y homosexuales no muestran diferencias de desarrollo de los dos grupos de hijos en cuatro áreas críticas: la inteligencia, la adaptación psicológica, la adaptación social, y la popularidad entre sus amigos. También es importante destacar que la inclinación sexual de sus padres no tuvo efecto sobre la de sus hijos. Claramente, algo que hecha por tierra nuestra reacción inicial al plantearnos la discusión de si un homosexual tiene siquiera la capacidad de criar a un hijo.
Otra fantasía que nos preocupa como padres es la del homosexual que acosa a los niños. Estos mismos estudios indican que no hay evidencia de ello. ¿Acaso creemos que sus propios hijos van a ser víctimas de sus atroces costumbres sexuales? ¿Realmente creemos eso a la luz de los verdaderos delitos que ocurren escondidos en los propios hogares heterosexuales, en donde los padres suelen abusar sexualmente de sus hijos? ¿Por qué no buscamos el delito donde realmente existe, y lo castigamos con toda la fuerza de la ley? Y con esto no habría que excluir a la familia de padres homosexuales, sino que toda familia debería estar sujeta al peor de los castigos en lo que respecta a este tipo de delitos.
La lucha de los homosexuales (ya sea como grupo, o a nivel individual) es demasiado grande. Hay que tener una personalidad muy fuerte para soportar, inclusive, el rechazo o la burla de sus propias familias. Lo más triste es saber que recientes investigaciones demuestran que las actitudes negativas hacia los homosexuales no se basan en experiencias propias, sino más bien en estereotipos. De hecho, dudamos que, si conoces a una persona homosexual, nos digas que eso la hace mala persona, o peor. El tema de nuestros prejuicios es muy importante en este y otros temas que hacen a la lucha de los derechos de la comunidad sexual. Se trata de estar como sociedad mejor educada al respecto. De hecho, los incidentes o sucesos de discriminación en general contra homosexuales (aquí valdría agregar, contra cualquier otra minoría) podrían prevenirse si estamos mejor educados. En muchos países los ataques contra homosexuales están contemplados dentro de los delitos basados en odio, y se encuentran penados por la ley.
Como cualquier persona que desea ser padre, el homosexual se encuentra en la situación de que les cuesta mucho esfuerzo convertir sus deseos en realidad. ¿No haría eso de ellos padres cuidadosos y cariñosos, garantía para que críen hijos felices? ¿No deberíamos repasar algunas lecciones de civilidad? ¿No deberíamos exigir legislación, que les proporcione un marco adecuado? La propuesta en esta nota es reflexionar acerca de nuestros propios prejuicios, y evaluar a conciencia si con ellos no estamos impidiendo que se les brinde un marco legal a las parejas homosexuales a ejercer uno de sus derechos, naturales como seres humanos, de ejercer la paternidad.
Pensémoslo.
Articulo extraído de la pagina t1msn.familiadigital.com, escrito por: Laura Viand