Poesias by P@ulo Monti
|
Texto
by
P@ulo
Monti
Traducción:
Alberto Peyrano
Te escribo, esta noche, sobre una guitarra. No tiene ningún sentido simbólico. Escribo sobre una guitarra. Sólo esto. Pero, te escribo cómo quién pare: sufriendo al conjugar de nuevas palabras, al descubrir maneras diferentes de percepción. Escribo en la noche.
Por su
tranquilidad que me hace pensar en ti.
Pero, te siento
como nunca, lejos. Estás, no estando. Sientes mi falta, mi espacio
físico, mía caminata, sin embargo, te sitúas en otra atmósfera. Y, te
perdono por que no poder sentirme. Esa atmósfera es más densa, pero no
tanto como para que no puedas penetrarla: en ella, sufro el desgaste
de escribir. Y, aún más, sobre una guitarra. Hasta puedes hallarme
ridículo y poco cómodo. No te censuro. Por el contrario. Concuerdo
contigo. Pero, si no pasáramos una noche en claro, jamás sabremos cuán
gratificante es el amanecer. Y, en el amanecer, me revelo. Así como en
el anochecer me desvelo.
Pero, son
condiciones.
Quién tiene opciones, se reirá. Y reiremos juntos. Es preciso muy poca cosa para tener condición – es preciso que ella exista, simplemente. Y ella existe y eso es maravilloso. Yo me gratifico profundamente. Y, profundamente, voy tejiendo los eslabones de mi cadena. Uno a uno. Hasta que, de repente, el lirismo me sorprenda en una sílaba o en un verbo – amar, siempre tan intransitivo, pero con el que transito!
Pero, ya otros
mundos me vienen a la mente. Asaltan, casi. Finalmente, la vida es
hecha de asaltos. Entonces, cada vez más me convierto en bandolero.
Asalto al sol por la mañana – a las estrellas por la noche. Y, en las
estrellas, el gran misterio: serán realmente poligonales? No lo sé. De
hecho, ya otro asalto me interrumpe.
El poder, la
fascinación que ejercen sobre nosotros ciertas criaturas encantadas
que no quiero desencantar. De hecho, éstas quedarán conmigo, no lo
sabrás. No quiero desencantarlas. A veces, encuentro que el poder
mayor está en el próximo minuto. De él dependen todos mis sentidos. Y,
en él, te encontraré. O te perderé. No, no quiero el próximo instante.
Me basta el que tengo, si es que lo tengo. Creo que hasta él me tiene.
Y, en ese tener o no tener, vamos asaltando y balanceándonos locamente
sobre el abismo. El abismo que nos separa física y emotivamente, pues
jamás estaremos dentro de nosotros.
De hecho, sabia
ley ésta de la física: no ocupar el mismo lugar. Aún podremos intentar
– y debemos hacerlo cuando estemos a solas, aunque sabiendo que nunca
estaremos, pues somos dos – derrumbar este mito. Por hablar en mito,
somos tan carentes de mitos que olvidamos el mayor de ellos: nosotros
mismos. Por qué no ser un mito para si mismo? Por qué necesitas buscar
fuera cuando tienes todo dentro? Necesario es, pues, que broten todas
las cosas, las pocas cosas que, falsamente, pensamos que somos.
Dejemos que vengan a la superficie todos aquellos cuerpos celestes
que fueron fecundados hace siglos, cuando el primer gran contacto fue
hecho: seamos capaces de ser, no de buscar lo que no es solamente
porque lo proyectamos.
Quieres que te
diga que gran contacto es ése, no? Para que quieres saber? No te basta
que él sucedió? Son cosas encantadas en las cuáles es preciso creer.
Creer ciegamente. O, aún, saber que son encantadas, pues ser es
fundamental. Seamos, entonces. De ahí que quiero ser justamente aquél
que está atento, que cuida del mundo, que mira más internamente: que
escribe a la noche, como un suicida, equilibrándose en una tenue línea
– como una bocina en la madrugada. Pero, ya es otro misterio. Y la
necesidad de explicar se hace presente.
Ah! Explicar. Siempre explicar. Acepta el misterio y busca serlo, encantadoramente, como él lo es, sin preguntas. Él es. Eso basta. Y de un ángulo sobre una guitarra. Un guitarra sólo. Pero, cuanta música duerme en él esta noche. Cuánta!
Y no sabrás que
atravieso la noche, con los ojos atentos al menor ruido y los oídos
prestos para divisar el amanecer. Así, voy siendo: medio loco y medio
poeta, rasgando las cortinas de la casa para que el sol nos sorprenda
magníficamente desnudos, aunque estemos cubiertos con el polvo de los siglos.
Pero, lo que importa, ahora, es que la luna se descubrió y es. Luna,
sólo luna. Voy a cerrar la ventana y voy a dormir. Dormiré siendo.
Mil gracias a mí
amígo Alberto por tán preciosa traducción.
Música de fondo: Samba Pa Ti Carlos Santana
|